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lunes, 8 de diciembre de 2014

Imagen y percepción. Los principios de la imagen raster, los telares y el ejemplo de los retratos bordados de Cayce Zavaglia




Siguiendo la estela de nuestra anterior entrada, volvemos a los mundos fronterizos entre pintura y fotografía, pero ahora no desde la recreación fotográfica de pinturas ilustres  o la sustitución digital de elementos o personajes de imágenes bien conocidas de la historia del arte sino desde el análisis de los elementos físicos que componen el soporte ópticamente visible, perceptible, de la imagen.
Del mismo modo que Seurat analizó mediante el puntillismo la composición del color, o, tal y como constataron los primeros experimentos de Du Hauron para componer imágenes fotográficas en color (que le llevaron casualmente al redescubrimiento de los anaglifos de Rollman para patentar el primer sistema 3D con gafas), los artistas han experimentado con todo aquello que sirve a nuestro cerebro para identificar objetos y colores en la realidad y en sus diferentes formas de reproducción y representación.
La pintura impresionista delataba las enseñanzas de la fotografía y de los nacientes sitemas fotomecánicos de reproducción de imágenes en una nueva era marcada por la revolución industrial y los descubrimientos científicos. El tiempo se aceleraba al acelerarse los medios industriales utilizados por los medios de difusión cultural escritos e impresos, así como los transportes de los que se servían para su distribución. Nacía la locomotora, la fotografía y los sistemas industriales de producción, cuyo primer representante indiscutible fue el telar. Pero el telar no solamente constituye la primera máquina que encarna el espíritu de la revolución industrial y el advenimiento de una nueva sociedad, sino que produce telas estampadas bajo pautas ortogonales que constituyen una forma embrionaria de imagen digital rasterizada, como ya lo fueran en su día las pautas aplicadas a los cartones para la elaboración de tapices.
Hoy en día, tanto los sitemas de estampación como en general todos los procesos de reproducción de imágenes han evolucionado tanto y se han combinado tanto entre sí que a menudo no somos del todo conscientes de lo poco que han cambiado sus principios básicos. El ojo sigue siendo engañado por la aliteración de partículas cromáticas que componen la imagen, y, con esta premisa, artistas como Don Eddy, Chuck Close, John de Andrea o Ron Mueck imitan hasta el más mínimo detalle las texturas que creemos observar en la realidad o en sus repoducciones fotomecánicas para darnos lecciones de hiperrealismo. Y es en este sentido que hallamos una artista que, literalmente, lo borda: se trata de Cyce Zavaglia, que se mueve entre los terrenos propios de la pintura y la fotografía a través del retrato de fuerte carga psicológica, de empático cruce de miradas, pero Zavaglia retorna a la composición cromática de las imágenes de los telares. No obstante, aunque recurre al uso de hilos multicolores para componer multiplicidad de matices cromáticos, su mano es libre de direccionar dichos hilos al igual que un mosaico romano se adapta a los contornos de las figuras que compone, a diferencia de la rigidez ortogonal de las rejillas de píxeles de las imágenes digitales de mapas de bits. El resultado, no obstante, resulta sorprendentemente exacto y "fotográfico".
Lo que me decide a traer a Cayce Zavaglia a nuestro blog no es tanto la hiperrealista y pseudopictórica calidad de sus retratos bordados, sino su decisión de mostrar como obra de aunténtico interés el reverso de éstos, que apuntan tanto a su exactitud como a su mera sugerencia visual, recordándonos todavía más a una pintura, a medio camino entre el impresionismo y el expresionismo, como si Kokoschka sustituyese sus pinceles por carretes de hilo, agujas y bastidores de tela.

COLOSSAL ha dedicado ya tres posts a esta artista, de los que extraemos parte de las imágenes de nuestra entrada, junto con algunas seleccionadas de su página web, que os recomiendo visitéis, así como las entradas de COLOSSAL para disfrutar al completo de los comentarios de Chrsitopher Jobson y de los videos que muestran los procesos de trabajo de Zavaglia.








COLOSSAL


http://www.thisiscolossal.com/2014/11/thread-paintings-densely-embroidered-portraits-by-cayce-zavaglia/


Cayce Zavaglia creates these impossibly layered embroidered portraits using methods more akin to delicate brush strokes with perfectly mixed paint than your mother’s cross-stitch. Via her website:
Initially, working with an established range of wool colors proved frustrating. Unlike painting, I was unable to mix the colors by hand. Progressively, I created a system of sewing the threads in a sequence that would ultimately give the allusion of a certain color or tone. The direction in which the threads were sewn had to mimic the way lines are layered in a drawing to give the allusion of depth, volume, and form. Over time the stitches have become tighter and more complex but ultimately more evocative of flesh, hair, and cloth.


 Stitch by stitch and color by color St. Louis based figurative artist Cayce Zavaglia (previously) utilizes her background as a painter to embroider excruciatingly detailed portraits that look almost like photographs. The process, which she refers to as a “renegade approach to embroidery”, begins with a photo-shoot consisting of 100-150 portraits from which she selects the best image and then moves to the canvas where she works with one ply embroidery thread on Belgian linen to create each piece which is often not larger than 8″ x 10″. Her four most recent works, some of which are included above, will be shown at Art Miami through Lyons Wier Gallery in December. I highly encourage you to watch the video above by Garrett Zavaglia to see quite a bit more detail about how she works.

When scouring through the minute details of artist Cayce Zavaglia’s embroidered portraits (previously), it’s difficult imagine each work is scarecely larger than 8″ x 10″. Her process, which she refers to as both “thread painting” and “renegade embroidery,” begins with a photoshoot of each subject, namely friends, family, and fellow artists. Roughly 100-150 photos are winnowed down to a single selection which she then begins to embroider with one-ply embroidery thread on Belgian linen. She shares via her artist statement:
Over the years, I have developed a sewing technique that allows me to blend colors and establish tonalities that resemble the techniques used in classical oil painting. The direction in which the threads are sewn mimic the way brush marks are layered within a painting which, in turn, allows for the allusion of depth, volume, and form. My stitching methodology borders on the obsessive, but ultimately allows me to visually evoke painterly renditions of flesh, hair, and cloth.
Zavaglia is also interested with the backs of her portraits, a tangled mesh of thread and knots resembling a more abstract version of the exacting portrait on the reverse. In a return to her roots as a painter, she creates gouache and large format acrylic paintings of the backsides, effectively creating a painting of an emboirdery of a photograph. Included here are several works from the last two years including works that will be on view at Art Miami this December through Lyons Wier Gallery. (via Booooooom)

http://www.caycezavaglia.com/

http://www.thisiscolossal.com/2012/10/new-photorealistic-portraits-hand-embroidered-by-cayce-zavaglia

http://www.thisiscolossal.com/2014/11/thread-paintings-densely-embroidered-portraits-by-cayce-zavaglia//


























martes, 4 de noviembre de 2014

Amores selváticos de Ana Teresa Barboza



Una buena amiga me ha llamado la atención sobre un artículo de Josune Imízcoz para Playground acerca de la obra de Ana Teresa Barboza, en particular sobre su proyecto "Animales familiares"


Yo ya conocía su proyecto "Tejiendo el instante", una interesante reflexión sobre nuetra percepción del tiempo y de la naturaleza a través del mundo vegetal y su representación mediante técnicas textiles.




No creo que merezca una mención en nuestro blog simplemente por ofrecernos imágenes de animales mediante una técnica más o menos original, ya que también remite a la puntada manual, a los tejidos bordados con punto de cruz como un recuerdo sobre el origen natural de los tejidos, por una parte, y un apunte de que la evolución de los tapices y la trama que constituye sus imágenes desembocaría en los telares, las primeras máquinas que desencadenan la revolución industrial, responsables de las primeras imágenes rasterizadas, análogas las imágenes digitales de mapas de bits que invaden y soportan nuestra cultura visual.










Es frecuente que, en los trabajos de esta artista peruana, los seres humanos sean reproducidos con carboncillo o con grafito, en blanco y negro, sin textura táctil, mientras que las formas animales y vegetales se reproducen con tejidos llenos de textura y color, que invitan a una experiencia táctil, aunque la textura óptica de sus dibujos destaquen precisamente los rasgos naturales del ser humano que normalmente domesticamos por asociarlos a nuestra animalidad, especialmente el cabello.




Los humanos de las obras de Barboza envidian la misteriosa condición que los demás animales no han perdido, y que en cuya piel qusiéramos reencontrar.



Sus trabajos evocan también una cierta culpabilidad por la muerte de un mundo natural rico en color y en textura, no racionalizado.




Recomiendo la visita de su blog/página web para una mejor comprensión del alcance de sus obras, de las que selecciono una pequeña muestra de aquellas que ilustran los intereses antrozoológicos del Animal Invisible.






Reproduzco a continuación la presentación de su serie Animales Familiares a cargo de la poetisa Tilsa Otta, seguida del artículo de Josune Imízcoz y su selección de imágenes de la artista.

ANIMALES FAMILIARES

 Si quieres puede ser puro
 Pero para mí puro es salvaje


 Como el primer día del sol

 Ana cose para descocerse, compone para descomponerse a colores.
Antes hizo latente la condición material del vestido, deshilándolo, deshilachándolo, y continuó con su piel y órganos internos.
Una buena/nueva temporada de cosecha, de excavaciones, deja al descubierto otra capa de pintura: bajo la civilización y las buenas maneras subyace la profundidad animal de la tierra. Tal como suena.

 (Hoy la naturaleza es representada con una frivolidad que espanta. Es un decorado, styling, un look, un recurso estético sin mayor discurso o significado. Como si fuera una fantasía.
A inicios del siglo veinte los futuristas hablaban de las máquinas sin aliento, con el arrobamiento del tesoro descubierto; en nuestros tiempos ¿la representación reiterada del reino animal evidencia un universo antiguo y sublimado, un sueño recurrente?)

En las escenas de Ana la fauna encarna, la piel no es animal print. Nos recuerda que somos nosotros, bajo esta construcción residencial y funcional. Cuando aceleras el auto y tocas el claxon, cuando sales de cacería, cuando saciar el hambre o el sueño es lo único, cuando no piensas en nada, y miras al vacío…
y estamos iluminados, cuando nos chupamos los dedos, unos a otros, protegemos con la vida a nuestros hermanos, cuando volamos, amaestramos y depredamos; cuando somos vitales y sencillos, invasión bordada, peluda, de piel desbordada. Si errar es humano, el lado salvaje es nuestra piel más perfecta. Cuando amamos, somos humanos y nos mordemos. Cuando amamos, perdemos el control y nos lamemos.  
Cuando los animales atacan.

 Tilsa Otta
8 de septiembre de 2011

http://anateresabarboza.blogspot.com.es/

http://www.playgroundmag.net/noticias/historias/Puntadas-salvajes-pasion-animal_0_1340865906.html





Historias

Puntadas salvajes para una pasión animal

Las creaciones de la peruana Ana Teresa Barboza reproducen, con carboncillo e hilo, escenas de amores selváticos
"Si errar es humano, el lado salvaje es nuestra piel más perfecta. Cuando amamos, somos humanos y nos mordemos. Cuando amamos, perdemos el control y nos lamemos.
Cuando los animales atacan".
Estas palabras de la poeta Tilsa Otta acompañan a la serie Animales Familiares de Ana Teresa Barboza, una artista plástica peruana que teje universos humanamente salvajes en sus creaciones.
Combinando la técnica del bordado y la del dibujo, Barboza nos transporta, puntada a puntada, a lienzos en los que el instinto animal se vuelve humano, y el humano, animal. Como bestias que se besan ferozmente, que se lamen las heridas en un gesto compañero, o que sucumben a un certero mordisco en la yugular, sus personajes reproducen las texturas de una pasión selvática.
Los hilos que recorren sus dibujos a carboncillo crean un relieve que invita al espectador a alargar la mano y pasar los dedos por encima; las ganas de tocar son las mismas que las que sentimos cuando como somos víctimas de un zarpazo de lujuria. Y es que, cuando los humanos aman, se parecen mucho a los animales que atacan.