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domingo, 25 de enero de 2026

30 Años De... The Smashing Pumpkins : Mellon Collie And The Infinite Sadness (1995)

 "Obra monumental y atemporal..."

Hora de escribir respecto a uno de los álbumes más extraordinarios de nuestra era. Por lo mismo, la tarea no es cosa fácil y la pregunta cae de cajón: ¿Por dónde comenzar? Quizás lo más sensato sería recordar en donde se encontraban The smashing pumpkins para 1995. Ahí habría que mencionarle a los más jóvenes que por aquel entonces la banda no era considerada "consagrada" dentro de la escena e incluso, pese a que hoy álbumes como Gish (1991) o Siamese dream (1993) son mirados como objetos arqueológicos de culto, los pumpkins aún eran mirados como una "apuesta alternativa" al lado de otros como Nirvana, Pearl Jam y toda esa ola grunge que había consumido todo a comienzos de los noventa. Lo anterior a pesar del éxito de hitazos como 'Disarm' o 'Today', que gozaron de bastante rotación en radios o canales de videoclips (como MTV, que en aquellos años era el claro eslabón que separaba a los artistas del anonimato). Dicho lo anterior, este disco llega para cambiarlo todo y registrar con letras doradas a William Patrick Corgan como un compositor de elite. En simple: hiciera lo que hiciera Corgan después de este 1995, un álbum como Mellon collie and the infinite sadness ya lo había dejado anotado en la historia. Bueno, a él y a sus nobles compañeros de banda.  

Si tuviera que resumir en una sola virtud la gloria alcanzada por este álbum tendría que mencionar la impresionante diversidad que ostenta. El disco es un desborde de melodías y canciones, un álbum doble de veintiocho canciones en total en donde la banda explota el amplio espectro sonoro/emocional que habían sido capaces de insinuar en el pasado, yendo desde furiosas guitarras hasta pasajes tremendamente tristes y melancólicos, los cuales se complementan con más de algún momento ameno e incluso tierno, esto en un álbum que en lugar de apostar por el viaje "coherente" decide a propósito ser una especie de "álbum blanco" de The Beatles, es decir, una mezcolanza de sonoridades con giros bruscos, una especie de collage de manchas en donde alternan deliberadamente distintos colores que arman un cuadro que luce sorprendentemente armónico. 

Lo anterior se declara en el disco desde un comienzo, abriendo con una hermosa y delicada pieza instrumental al piano que se enlaza con la grandilocuencia pop de 'Tonight, tonight', un himno destinado a la inmortalidad que entre potentes vientos dedica sus líneas a abrazar la esperanza en medio de ese camino que significa el volverse adulto ("Cree que la vida puede cambiar / Que no estás atascado en vano / No somos los mismos / Esta noche somos diferentes..."), para luego meter de golpe la fuerza incontenible de algo como 'Jellybelly' o el rock duro de la fantástica 'Zero', dos que beben un tanto del sonido del anterior Siamese dream (1993) y que coquetean incluso con el metal. Por cierto, en todas las mencionadas comienza a brillar con luces propias el trabajo en batería del increíble Jimmy Chamberlin, un tipo capaz de entregarle identidad a cada canción, ya sea en momentos agresivos como otros más en calma. 

En adelante el álbum continuará con esta oscilación entre emociones. Sonará, por ejemplo, la ira desatada del neo clásico 'Bullet with buttlefly wings', que fue el primer single promocional del álbum e impactó por sus rabiosas reflexiones en torno a la fama y el éxito con líneas tan sinceras como "El mundo es un vampiro..." o "A pesar de mi rabia aún soy una rata enjaulada...", la cual se conectará con la tristeza en acústico de 'To forgive' (de las más oscuras en todo el álbum) donde Billy Corgan volverá a referirse (como en el pasado con 'Disarm') a los fantasmas más dolorosos de su infancia ("Hijo bastardo de un hijo bastardo / Un niño de ojos salvajes del sol / Y justo como la lluvia / No soy el mismo, pero me siento igual..."). De igual forma el rock salvaje de 'An ode to no one' se enlazará con el sobrecargo psicodélico de 'Love' y la delicadeza de 'Cupid of locke', esto para anticipar una recta final del Disco 1 impresionante, con una conmovedora pasada introspectiva en 'Galapogos' ("No negaré el dolor / No negaré el cambio / ¿Y si cayera en desgracia ? / Aquí, contigo / ¿Me dejarás también...?") la cual deriva en  'Muzzle', una intensa canción de amor que recae en varias de las reflexiones más brillantes en la carrera de Corgan ("Y conocía el vacío de la juventud / La soledad del corazón / Y conocía los murmullos del alma..."), esto para cerrar el primer acto con la extensa y potente 'Porcelina of the vast oceans' seguida de la calma de 'Take me down', la primera interpretada y compuesta por el guitarrista James Iha

Lejos de bajar el nivel, la avalancha que significó toda esa primera parte del trabajo encuentra perfecta consecución en la segunda. Acá momentos tremendamente agresivos que se viven en 'Where boys fear to tread' + 'Bodies', una saturada 'Tales of a scorched earth' o la derechamente violenta 'X.Y.U', se conectan con la delicadeza de 'Thirty three', la oscuridad de 'In the arms of sleep', ternura de 'Stumbleine' o la emocionalidad de la espacial 'Thru the eyes of ruby', que destaca por las exquisitas atmósferas que generan sus guitarras. Y como si todo lo anterior fuese poco, entre estas sonará el hitazo '1979', un medio tiempo notable que gracias a su singularidad logró transformarse en un verdadero clásico generacional. 

Si hay algo que algunos reprochan a este álbum es su pasada final. Hay quienes consideran que canciones como 'We only come out at night' o 'Lily (my one and only)' en su simpleza no logran estar a la altura del resto. En lo personal las acepto pues estas me parece traen de regreso una calma necesaria considerando la locura de disco que venía sonando, además de que se complementan con cosas preciosas como 'Beautiful', 'By starlight' o la hermosa 'Farewell and goodnight' (la segunda escrita por James Iha) cerrando así una lista extensa de canciones que arman una verdadera montaña rusa de emociones pero que logra destacar debido a la inspiración constante que derrocha. 

Mellon collie and the infinite sadness acabó quedando en la historia como una obra monumental atemporal que a la vez resulta muy difícil de clasificar. En estas 28 canciones encuentras rabia, violencia, momentos tremendamente melódicos, melancolía, tristeza, reflexión, esperanza, enamoramiento, entrega, decepción o desamor. Así como se lee. Hay guitarras frenéticas, rock acelerado, medios tiempos, pasajes psicodélicos, producciones limpias y otras cargadas a la saturación. De todo en un álbum enorme que dio muestras de un Billy Corgan en absoluto estado de gracia. La historia ya estaba escrita, y bueno, desde acá la banda solo se podía comenzar a desmoronar. Y así efectivamente fue...

¿Canciones? 'Tonight, tonight', 'Bullet with butterfly wings', 'Muzzle', 'Bodies', '1979' y 'Thru the eyes of ruby'.

domingo, 8 de septiembre de 2024

The Smashing Pumpkins: Aghori Mhori Mei (2024)

 "El último recurso..."

"Los Smashing pumpkins tienen un nuevo álbum. Un regreso a sus raíces. Billy, Jimmy y James vuelven al estilo de guitarra de la vieja escuela..." - afirmaba Billy Corgan en un video viralizado semanas atrás hablando en múltiples idiomas con ayuda de una inteligencia artificial, tratando de meternos el eterno golazo de la vuelta a lo básico. Y es que cuando ya nada te resulta, ¿qué queda? Pues el último recurso: el guiño a la nostalgia. De esta forma, tras la intrascendencia de un Shiny and oh so bright (2018), la fallida aventura synth pop de Cyr (2020) o la verborrea insoportable de ATUM (2023), William Patrick Corgan nos quiere convencer de que este Aghori mhori mei recupera el sonido de sus inicios y entregará a sus fans "lo que quieren oír". El problema, sin embargo, de estos ejercicios se da cuando el autor olvida (o quiere olvidar) que el principal motor del artista es su contexto y que la música no funciona como un ejercicio mecánico donde la mera inclusión de unos cuantos ingredientes implicará un gran álbum. Debe haber algo que decir, algo que transmitir, y eso es lo que termina fallando en cada nuevo disco de Billy Corgan, por más que insista en utilizar la marca Smashing pumpkins e insisto, tratar de convencernos de que "ahora si que si" están de vuelta. 

Y si, que a lo largo de estas diez canciones encontramos peso. Ahí tienes las guitarras de 'Edin', 'Pentagrams' o 'War dreams of itself', pero...¿basta con el peso? ¿basta con que Jimmy Chamberlin acelere? ¿Era eso lo que volvió tan grande a cosas como 'Cherub rock', 'Jellybelly' o 'The everlasting gaze'? ¿O fue acaso la capacidad de Billy (en colaboración con el productor de turno) para construir intensidad? Y ojo, que ni siquiera hay que ir demasiado lejos para comprender de lo que hablo. Ve ahora mismo y dale play a 'Quasar' + 'Panopticon', la apertura de Oceania (aquel sub valorado álbum de 2012 y que mirado a distancia resulta ser el último buen disco de Billy), y compara aquello con lo que hacen aquí en 'Edin', una canción que evidentemente no saben como resolver en su sección intermedia (entre el minuto tres y cinco) o la misma 'War dreams of itself', donde efectivamente le meten todo el peso que pueden, sin embargo, la pregunta es: ¿para qué? Fuera de la aceleración de Jimmy, ¿qué queda? Pues un riff insulso y composición que no consigue lo que promete. No hay filo. Algo similar a lo que le ocurre en la lánguida '999'.

En la lista, mucho mejor quedan cosas como 'Pentagrams' o 'Sighommi', ambas caras de una misma moneda y funcionando en lo suyo, la primera debe ser la mejor en todo el álbum y una que se extiende de manera justificada mientras que la segunda va más al grano y en tres minutos funciona, sin embargo, dos canciones no hacen un álbum y el resto, fuera de las ya mencionadas, van por donde Corgan viene yendo desde hace una década, es decir, esos temas flojísimos que se construyen sobre teclados ('Pentecost', 'Who goes there' o el empalagoso cierre a cargo de 'Murnau') o esos medios tiempos que intentan ser la enésima emulación de '1979' pero que sencillamente no funcionan ('Goeth the fall').

En 2017 Billy Corgan logró convencer a James Iha de volver a la alineación y desde entonces han realizado múltiples giras. En este período, la "banda" ha publicado cerca de 60 canciones bajo la marca The smashing pumpkins, sin embargo, ¿cuántas de estas interpretan en vivo? Muy pero muy pocas. Y es que realmente nadie, ni siquiera ellos mismos, tienen ganas de defender estas canciones, las cuales siguen pareciendo meros caprichos de un megalómano que luce completamente superado por el personaje.

¿Canciones? 'Pentagrams' y 'Sighommi'.

5/10
Nada muy especial...

miércoles, 4 de septiembre de 2024

30 Años De... The Smashing Pumpkins: Siamese Dream (1993)

(31 en realidad, pero que más da...)

"Dolor e inocencia..."

La primera mitad de los noventa fueron una cosa de locos. El mundo al revés, con los chicos oscuros, tristes, depresivos y rabiosos tomándose la escena. Y ahí, hubo de todo pero por sobre todo franqueza y un desgarro muy puro, incluso inocente. Y si existió un álbum que en cierto modo plasmó todo aquello a la perfección fue Siamese dream de The smashing pumpkins, disco que desde ya dio muestras del carácter creativo de un William Patrick Corgan ("Billy" desde ahora) que muy joven se mostró como un artista superior respecto a sus pares generacionales, un joven artista hambriento por salir al mundo y exponer en el camino sus esperanzas, dolores y angustias. No por nada incluso a día de hoy el vocalista sigue hablando en distintas entrevistas de cuanto representó en su vida la figura del mítico Kurt Cobain, a quien sin lugar a dudas pudo entender mejor de lo que se cree (sin ir muy lejos, Billy ya por aquel 1992/3 vivenció fuertes ideas suicidas, varias de ellas expresadas a lo largo de este álbum). De esta forma, Siamese dream transita un ir y venir brillante en el amplio sentido, desde su icónica portada (tierna y dulce, haciendo un total contraste con el contenido del álbum), pasando por sus aperturas musicales y las mencionadas notables líricas de Corgan. 

El disco es ante todo un "álbum de guitarras", con una producción a cargo de Butch Vig marcada por la tendencia al rock ruidoso de comienzos de aquella década. Prueba de esto es el combo  'Cherub rock' + 'Quiet', ambas directas, afiladas y de peso, donde la batería del gran Jimmy Chamberlin también comienza a mostrar credenciales luciendo sin alardes pero con una consistencia pasmosa. También en la Cara A encontraremos otros pasajes cargados al noise, aunque con una mirada algo más introspectiva, rozando incluso la psicodelia como en el caso de 'Rocket' y sobre todo 'Hummer', no sin antes haber matizado y anticipado la capacidad de Corgan para saber llegar a aristas extremadamente emocionales (algo que explotaría un par de años más adelante mediante el colosal Mellon collie and the infinite sadness), primero mediante 'Today' (una en donde el vocalista se canta a si mismo, animándose a disfrutar de cada día y abandonar los pensamientos suicidas) y luego con el clásico 'Disarm', una de las canciones más dolorosas de aquella década y una que supo expresar como pocas veces el dolor que puede llegar a significar la infancia ("Te desarmo con una sonrisa / Y te dejo como aquí me dejaron / Marchitado en negación / La amargura de quien está en dolor..."), esto enmarcado en preciosos arreglos de cuerdas dispuestos a pasar a la historia. 

De igual forma la Cara B del disco se explayará sobre estos mismos conceptos, oscilando entre la calma de cosas como 'Soma', la acústica 'Spaceboy' (que intenta transitar también los caminos de 'Disarm' aunque con menores resultados) o la dolorosa 'Mayonaise' (implorando por paciencia en aquel notable "Y fallo / Pero cuando pueda... lo haré"), y los guitarrazos de 'Geek U.S.A', otra que anticipa con claridad el sonido más duro que la banda exploraría en su siguiente disco, para terminar cerrando con la tranquilidad de 'Luna'

Como detalle podría mencionarse el que el disco va claramente de más a menos con una segunda parte que a veces no logra sostener el nivelazo de la primera ('Sweet sweet', por ejemplo, es una balada que si no aparecía en la lista nadie reclamaba), esto por buscarle algo a un disco casi perfecto que compensa esos pequeños baches con el sentir a flor de piel que transmite en todo momento, un equilibrio perfecto entre dolor e inocencia, fuera de una constante búsqueda musical que desde entregaba señales de un talento enorme. 

¿Canciones? 'Rocket', 'Today', 'Disarm', 'Mayonaise'. 

martes, 23 de mayo de 2023

The Smashing Pumpkins : ATUM - Act II (2023)

"Frío, mediocre y agotador..."

Vamos a seguir con esta travesía, que si decidí comenzar con esto hay que ser responsable y continuarlo. El caso es que meses atrás escribí respecto a la primera parte del coloso último proyecto de Billy Corgan usando la marca The smashing pumpkins, titulado ATUM, armado en tres "actos", cada uno compuesto por once canciones. Así que hoy vamos por esa segunda parte, una que insiste en aquellos sonidos que poblaron la primera: el constante vaivén entre baterías electrónicas, sintetizadores, teclados y guitarras, situando siempre a la voz de Billy en un lugar protagonista, muchas veces de manera totalmente injustificada. 

Es demasiado evidente el que Corgan ha intentado emular con descaro en esta obra a su Mellon collie and the infinite sadness, enlazando canciones que desde lo musical tienen poco y nada que ver entre si. Sin embargo, ese lujo (que fue llevado al extremo en esa obra maestra de 1995) te lo puedes dar cuando tienes en tus manos cosas como 'Tonight, tonight' + 'Jellybelly' o 'Bodies' + 'Thirty three', es decir, canciones TAN brillantes que son capaces por su sola presencia de iluminar un momento estén donde estén... cosa que acá no ocurre. 

Esto último a propósito de la apertura acá que corre por cuenta de 'Avalanche', cuatro minutos que te dejan totalmente frío a causa de la evidente falta de gancho, para luego pasar al rock desafiante (al menos en el texto) de 'Empires' y seguir con la monotonía de 'Neophyte', que no deja de repetir en bucle un desesperante "It ain't right, it ain't right, it ain't right, oh! it ain't right". Esta tendencia a suceder canciones diversas de nivel mediocre hacia abajo será constante en la lista. 'Moss', por ejemplo, no está del todo mal, desprende mal rollo con su riff principal pero rápidamente se queda con poco que decir pues (una vez más) acude a la repetición como arma. ¿Será que Billy cree que repitiendo algo hasta el hartazgo nos terminará gustando? En fin, el caso es que a esta le seguirá otra de teclados como 'Night waves', que no solo es agotadora si no que recurrirá a un recurso que al mismo Billy Corgan se lo hemos oído muchas veces antes (a las pruebas me remito: vayan a 'One diamond, one heart' de Oceania (2012) y niéguenme que es la misma idea... y peor), asunto que no mejorará con 'Space age', 'Every morning' ni 'To the grays', tremendamente aburridas todas, haciendo abuso del sonido electrónico/plástico pero tremendamente frío a la vez. 

En la recta final se agradecen las guitarras de 'Beguiled' (con ese riff que recuerda al 'Eye of the beholder' de Metallica), pese a que la canción no sea más la constante repetición de un riff (y ya van...), así como el cierre de este acto con la pasada más experimental de todo el trabajo, primero con 'The culling', la cual instala un emocional solo al 1:50 tras el cual vendrá una sección instrumental que al menos suena interesante, lo mismo que 'Springtimes', que comienza con la voz de Billy a todo dar (¡demasiado e innecesario protagonismo hombre!) pero pasado el primer minuto irá internándose en una atmósfera reflexiva que algo agradable transmite (esta vez en acústico).

Alguien debería decirle a Billy Corgan que la electrónica no es lo suyo y si la búsqueda de melodías. Un productor, claro. Uno bueno quizás le habría recordado que ya tuvimos unos años atrás a Cyr (2020) como prueba de que el tener y tener canciones no funciona porque si o haberle recomendado armar con algunas de estas canciones un correcto álbum de rock en lugar de aburrir(nos) con sus constantes alardes de extravagancia. Como sea, ATUM en su segundo acto es aún peor que el primero, lo cual ya es bastante decir. Me falta ahora abordar la tercera parte y final de esta obra, a ver si en unos meses me animo pues por ahora no quiero saber más de esto...

¿Canciones? 'Empires'.

sábado, 28 de enero de 2023

The Smashing Pumpkins: ATUM - Act I (2022)

 "Indefendible..."

Aún con sus pocos altos y bastantes bajos, debo ser de los pocos defensores de la etapa post 2010 de Billy Corgan usando la marca (su marca) The smashing pumpkins. Siendo preciso, a una década de distancia un disco como Oceania (2012) me sigue pareciendo un trabajo sólido (el último buen disco de Corgan a día de hoy), digno sucesor de aquel sub valorado y más que correcto Zeitgeist (2007). Y si bien los posteriores Monuments to an elegy (2014), Shiny and Oh so bright, Vol 1 (2018) y Cyr (2010) lucieron todos como verdaderos manotazos de ahogado por parte de un compositor cada vez más ensimismado, de todas maneras en cada uno de ellos podías encontrar algo a lo que aferrarte, algunas canciones que te invitaban a creer que la chispa creativa seguía ahí. Esto de ATUM, sin embargo, ya no hay por donde agarrarlo. Cuarenta minutos para el olvido que suponen ser el inicio de una trilogía (serán treinta y tres canciones en total, así que agárrense) que Corgan anticipó como una continuación tanto del mítico Mellon collie and the infinite sadness (1995) y Machina: The machines of god (2000). Ok Billy, Ok...

El álbum abre con un instrumental (si esto iba a jugar a ser Mellon collie no podía ser de otra forma) insípido a más no poder y tras el cual sonarán una serie de canciones que por lo general insisten en el camino trazado por el antecesor Cyr, es decir, un coqueteo constante con la electrónica aunque carente de toda magia. Algo interesante se percibe en la electrónica de algo como 'Embracer', así como en 'Butterfly suite', donde Corgan acierta con la melodía pop y parece tener algo que decir musicalmente, más todo lo demás luce lamentable, dejándonos indiferentes en cosas como With ado I do' o 'Hooligan', aburriéndonos en 'Where rain must fall' (espantosa esta, un ladrillo) o sonando derechamente ridículos en 'Hooray'. Todas estas complementarán con pasadas un tanto más rockeras (?) aunque sin filo alguno, me refiero a 'The good in goodbye', 'Steps in time' o 'Beyond the vale', canciones que no están mal, es más, todas cuentan con una producción acertada (de la mano de, por supuesto, el mismísimo Billy Corgan) y vueltas de tuercas atractivas en sus respectivas estructuras, sin embargo, la falta de agresividad, incluso la pasión, lo cual no hace sino verificar que cuando Corgan hoy toma la guitarra tiene poco y nada que añadir a su repertorio. Y es que el rock compuesto con manual pierde demasiado y eso le pasa a este disco. Las ideas estaban, más no la garra y el hambre.

La primera parte de ATUM no es más que otro proyecto en solitario de William Patrick Corgan usando la marca, uno más en la lista, solo que esta vez realmente poco inspirado, un álbum tedioso e incluso triste compuesto por un tipo desesperado por volver a ser relevante, un hombre que evidentemente se percibe más genial de lo que realmente es. Y por cierto: paren de mentir, James Iha NO ESTÁ en la banda, es solo un invitado a las presentaciones en vivo.

¿Canciones? 'Butterfly suite' y 'Embrace'.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

The Smashing Pumpkins : Cyr (2020)

"Excesivo y auténtico en dosis similares..."

Si algo ha caracterizado la carrera de William Patrick Corgan (a.k.a Billy Corgan) a lo largo de los años ha sido su espíritu inquieto y creativo, al punto de ser uno de aquellos personajes que, para bien y para mal, durante los últimos treinta años no ha parado de componer. Realizo el alcance considerando que el calvo vocalista pese a su innegable talento ha llevado adelante una carrera particularmente irregular, además bajo una serie de nombres y proyectos, muchos de ellos inacabados. 

Repasemos: durante los años noventa lo vimos al frente de The smashing pumpkins para luego, tras la disolución de estos, intentar revitalizar su camino junto a Zwan (acompañado de Jimmy Chamberlin en batería y Paz Lenchantin en el bajo) para luego intentarlo en solitario mediante el electrónico The future embrace (2005). Los resultados en términos de repercusión fueron tibios por lo que a Corgan no le quedó otra que volver a utilizar la marca pumpkins a partir de 2007, publicando primero un poco comprendido Zeitgeist (nuevamente junto a Chamberlin más un par de músicos de apoyo) seguido de dos álbumes aceptables y de momentos como fueron Oceania (2012) y Monuments of an elegy (2014). El bache definitivo llegó, sin embargo, en 2018 tras la forzadísima reincorporación de James Iha a la banda (?) y el lanzamiento del pésimo Shiny and Oh so bright Vol.1, un trabajo carente de toda magia y que sirvió únicamente como excusa para que Corgan y cia. realizaran una nostálgica gira. 

Considerando por tanto desde donde venía el asunto, un álbum como Cyr inevitablemente se agradece. Ahí a Corgan hay que darle un punto de entrada: el hombre ha hecho bien al escapar del rock más duro, primero porque su dañada voz ya no está para aquello pero también porque al abordar atmósferas marcadas por teclados y baterías electrónicas ha logrado generar ambientes más frescos y creíbles. En esa línea el disco regalará momentos contagiosos y dinámicos en 'The colour of love', 'Cyr' o 'Ramona' (que son los claros singles del álbum), pasadas más íntimas que aportan tonalidades emocionales en 'Save your tears' o 'Purple blood' (probablemente la mejor de todas), contundentes desates electrónicos en 'Telegenix' o 'Black forest, black hills' (que dejan la sensación de haber llegado a la profundidad que el Corgan efectivamente buscaba encontrar) y alguna concesión a las guitarras en la oscura y excelente 'Wyttch'.

Los buenos momentos que vive el álbum no lo eximen, sin embargo, de resultar a (largos) ratos excesivo y redundante durante sus setenta y dos minutos de música. Veinte canciones es demasiado (salvo que te encuentres inmensamente inspirado como para componer un Mellon collie and the infinite sadness, que no es el caso) por lo que cosas como 'Wrath', 'Starrcraft', 'Adrennalyne' o 'Haunted' acaban perdiéndose entre direcciones similares al punto de volver el disco bastante pesado durante toda su recta final, con un montón de canciones que perfectamente se pudieron haber ahorrado en función de un mejor resultado. Pero bueno, es lo que ocurre también cuando compones solo en tu estudio, produces tu música y no escuchas otras voces... 

Con todo, Cyr está bien. Un álbum creado en cuarentena y que responde a dicha lógica. No es un disco que logre volar demasiado alto pero que si al menos trae de regreso a un Billy Corgan más atractivo de seguir. 

¿Grandes canciones? 'Save your tears', 'Purple blood' , 'Wyttch' y 'Cyr'.

viernes, 21 de febrero de 2020

20 Años De... The Smashing Pumpkins: Machina / The Machines Of God (2000)

"Contundencia incomprendida..."

Seamos francos: muy vanguardista habrá sido el fantástico Adore (1998) pero en términos comerciales el disco representó un absoluto y total fracaso para la banda. Vender hoy un millón de copias de tu disco no es una mala cifra pero en 1998 si lo fue, más considerando que venían de vender dieciséis millones alrededor del mundo con Mellon collie and infinite sadness (¡siendo este un disco doble!). Dicho en simple: lo que vendió Adore fue meramente gracias al nombre, al eco de su antecesor y a las expectativas que estaban depositadas en el lanzamiento, pero la promoción del álbum fue tímida por parte de una productora que no terminó nunca de creer en el proyecto (se sabe que tras los videos ‘Ava adore’ y ‘Perfect’ estaba inicialmente la idea de lanzar dos promocionales más pero que aquello finalmente quedó en nada) y las caída abrupta en las ventas acabaron por restar crédito a Billy Corgan frente a su sello discográfico. De ahí que en 1999 cuando este propusiese la idea de volver a realizar un álbum conceptual doble la respuesta fuese negativa. La banda debía centrarse en grabar un álbum “normal”, que vendiese y recuperase terreno en lo comercial. A esta relación de desconfianza con la productora se sumaría un clima enrarecido en la interna, el baterista Jimmy Chamberlin regresaba a la formación (y desde entonces se mantendría fiel a Corgan en cuanto proyecto este decidiese llevar adelante) tras su alejamiento en 1996 a causa de un proceso de desintoxicación pero D’arcy Wretzky (bajista histórica de los pumpkins) abandonaba en pleno proceso de grabación por lo que Corgan debía acudir de manera excepcional a Melissa Auf Der Maur (entonces bajista de Hole) quien ayudaría a terminar el proceso y acabaría acompañándolos en la gira. En definitiva, todo confuso, enredado y complicado en términos relacionales. El final de la banda de cierto modo se comenzaba a anticipar y todo parecía presagiar el que podría ser un desastre de álbum, sin embargo, no fue así...

Un 29 de febrero de 2000 Machina/ The machines of god (desde ahora simplemente Machina) veía la luz. Un disco de nivel que en su global cuenta con suficiente diversidad como para brillar con luces propias y en lo individual encuentra momentos enormes dignos del talento de un Corgan que volvía a dar muestras de su labor compositiva. En este sentido un primer aspecto a destacar es que Machina recupera a la guitarra como protagonista en el sonido pumpkins pero también el que el disco viene con una propuesta sonora curiosa, cargada a las murallas de sonido. De esta forma, en la gran mayoría de sus canciones el disco propone una saturación en las guitarras que entrega un efecto de suciedad y contundencia bastante singular para el auditor. El disco por tanto se encuentra lejos de ser una "vuelta a lo básico" sino más bien continúa el proceso exploratorio que se inició con la grabación de Adore (de hecho varias canciones de este álbum "maduran" en cierto modo el sonido de su antecesor) solo que esta vez recuperando el rock, dejando absolutamente de lado la electrónica para volver al complemento guitarra + batería  elemento esencial en el sonido.  

De esta forma, la primera parte del álbum concentrará varios de los momentos más contundentes que la banda habrá entregado en su carrera. Instantes donde se conjuga la fuerza y pasión de la interpretación ('The everlasting gaze' o 'Stand inside your love') con un sonido envolvente ( 'Raindrops + sunshower'y marcado por la emocionalidad ('I of the mourning', una canción enorme que estaba destinada a hacer historia pero que la productora incomprensiblemente decidió no lanzarla). 




La guitarra volverá a lucir más adelante inmersa en la producción mencionada anteriormente, ahí los murallones se volverán evidentes en 'Heavy metal machine' o 'The imploding voice', momentos que se verán complementados por la pantanosa oscuridad de 'Glass and the ghost of children' o 'Blue skies bring tears', con esta última bebiendo aún de la melancolía de Adore aunque llevando el sonido hacia otro nivel, algo que también ocurrirá en la singular 'The sacred and profane''This time' o en el enorme lamento que es 'The crying tree of mercury'

Entre estas aparecerá también la melodía exigida por la productora, canciones limpias que no responden al concepto sonoro que el disco en general propone pero que de todas formas ayudan a alivianar un tanto la densidad de este. Ahí sobra claramente 'Try, try, try' (incluida evidentemente por el sello que necesitaba una canción que pudiese sonar en las radios) pero en la recta final canciones como 'Wound', 'With every light' y 'Age of innocence' aparecerán como algunas de las más hermosas que haya compuesto Corgan (y vaya que el hombre ha escrito temas lindos). 

En definitiva, pese a ser un trabajo que recuperaba las guitarras y fuerza de Smashing pumpkins, la osada apuesta sonora y los constantes afanes exploratorios de Corgan acabaron por (nuevamente) desembocar en un proyecto poco comprendido por las masas. Machina obtuvo resultados comerciales peores aún que los obtenidos por Adore, lo cual sumado a las divergencias internas (el ego de Corgan era imposible cupiese en un proyecto colectivo), acabo por desembocar en el fin de la banda. Meses más tarde Billy Corgan publicaría la noticia y junto con esto regalaría todo el material que el sello no aceptó como parte del proyecto original que él pretendía lanzar (en un compilado llamado Machina II / The friends and enemies of modern music), donde pudimos verificar que afuera quedaron varios temas de rock duro ('Glass', 'Dross' 'Sould power'), canciones que llevaban al extremo el murallón de sonido ('Saturnine', 'Speed kills', 'Real love') y otras tantas piezas preciosas que el gran público nunca llegó a disfrutar ('Slow down'). 

Material para un gran disco doble había pero siempre nos quedaremos con la duda respecto a como habría resultado aquello. En 2015 sonó fuerte el rumor de que el disco sería lanzado en formato doble como originalmente se pensó pero aún seguimos esperando. De todas maneras Machina/The machines of god sigue ahí, un disco imcomprendido y sub valorado que quedará en el recuerdo como la despedida de los pumpkins como alguna vez los conocimos, en plenas facultades...


8 / 10
¡Excelente!
  


Otras reseñas de The Smashing Pumpkins:

lunes, 24 de diciembre de 2018

The Smashing Pumpkins: Shiny And Oh So Bright, Vol 1 / LP : No Past. No Future. No Sun. (2018)

"Triste caricatura de un pasado brillante..."

Son difíciles las reuniones. Te juntas con viejos amigos pero, tan pronto comienzas a compartir, notas que más allá de las risas en torno a viejas anécdotas hay poca química en el presente, y del futuro mejor ni hablemos. Algo así supongo es lo que les debe ocurrir  a las bandas cuando de manera forzada se reúnen con algún fin (normalmente comercial). Existirá una que otra idea trabajada por separado que intentarán hacer cuajar en el estudio hasta finalmente rendirse frente a la cruda evidencia y asumir que "esto es todo lo que hay". Lo mencionado viene a colación a propósito del regreso de The Smashing Pumpkins, o más que regreso, la inclusión tras dos décadas de distanciamiento de James Iha a la formación que Billy Corgan ha venido trabajando durante la última década, participación que inevitablemente ilusionó a muchos con el regreso de la inspiración o al menos de una voz disidente al interior de la formación. Pero no. Shiny and oh so bright ... (¡vaya pomposidad de título!) continúa la linea de sus predecesores, con un Billy Corgan al mando de todo lo que se oye, lo cual no necesariamente sería negativo si el disco al menos mantuviese el nivel de cualquiera de sus antecesores, asunto que ni por asomo ocurre.  

Inofensivo y confuso creo son los adjetivos que mejor pueden definir un álbum que en ningún pero ningún momento se inclina por alguna línea, que en treinta minutos intenta tirar por la épica en 'Knights of Malta' o en 'Alienation', aunque sin lograr emocionar, también tirar por el pop y medios tiempos (a la '1979') en 'Silvery sometimes (ghosts)' o en la sosa 'Travels', o desempolvar las guitarras en la terrible 'Solara', que solo constata que la ira y el filo han desaparecido por completo, y así, durante el trayecto de tan solo ocho temas que estos descafeinados Pumpkins nos proponen encontramos muy poco desde donde afirmarse, quizás la dinámica de 'Marchin' on' (la única en todo el disco que me atrevería a decir que funciona), 'With sympathy', que en su simpleza y ese bajo marcado resulta realmente agradable y ese cierre con 'Seek and you shall destroy', donde la banda efectivamente encuentra algo de química.

El décimo álbum de The smashing pumpkins es el peor que ha editado la agrupación en cualquiera de sus formaciones. Incluso al lado de discos "menores" de Corgan y cia., como Zeigeist (2007) u Oceania (2012) luce pálido, y la participación de James Iha no hace sino completar el chiste de mal gusto. ¿Alguien lo ha oído en el álbum? Yo en ningún momento. Si no me lo cuentan no me creo que participó. 

5 / 10
Nada muy especial. 


Otras reseñas de The Smashing Pumpkins:
2014 // Monument to an elegy
2012 // Oceania
1998 // Adore

martes, 16 de octubre de 2018

20 Años De... The Smashing Pumpkins: Adore (1998)

"La revolución electrónica y emocional de los pumpkins..."


En 1995 (si, como pasa el tiempo) The Smashing pumpkins se transformaban en todo un suceso. El lanzamiento de un impresionante álbum doble titulado Mellon collie and the infinite sadness (al cual le debo reseña, lo sé) le entregó a la banda un estatus absolutamente inimaginable unos años atrás y consagró ciertamente a William "Billy" Corgan como uno de los compositores más talentosos de su generación (si es que no el más), situación que ciertamente impactó en el ego del vocalista. Se sumaría al éxito obtenido una extenuante gira de promoción no exenta de dificultades, siendo la más importante de ellas el episodio de sobredosis experimentado por Jimmy Chamberlin y Jonathan Melvoin (tecladista de la banda) que desembocó en el arresto del primero y la muerte del segundo. Tras este suceso Chamberlin fue despedido por lo que la banda debió finalizar su gira con baterista alternativo y ciertamente replantear su futuro inmediato. El escenario se prestaba por tanto para una temprana reconversión, la cual llegaría en 1998 de la mano de un álbum completamente revolucionario dentro de lo que fue la carrera los estadounidenses: Adore, la aventura electrónica y emocional de los Pumpkins.

Un 2 de junio de 1998 Adore veía la luz. Meses previos a su lanzamiento llegó a nosotros su adelanto promocional, 'Ava adore', tema que entregaba evidentes señales de cambio. Elementos electrónicos en las percusiones (asunto quizás esperable, considerando la partida de Chamberlin) y una lírica romántica / erótica / adulta ("Tu siempre serás mi puta porque eres la única a quien adoro...") inédita hasta ahora en la agrupación. Posteriormente, con el disco entre nosotros confirmaríamos por donde irían los tiros. Adore llegaba a nosotros como un álbum decidido a romper absolutamente con el pasado inmediato de los pumpkinsAhora, mirado a distancia cabe mencionar el que este, analizado canción a canción, resulta ser una experiencia fantástica, repleta de matices exquisitos que seguían dando cuenta de un talento enorme, sin embargo, constata también el comienzo del fin para la banda, la cual desde 1998 comienza a ser "la banda de Billy Corgan". 





El mismísimo Corgan ha reconocido en años recientes que Adore fue incluso cuestionado al interior de la banda, mencionando que la bajista D'arcy Wretzky (quien de hecho abandonaría el buque tan solo un año más tarde) insinuó que este debía ser más bien el primer álbum en solitario del cantautor, sin embargo, el ego de Corgan pudo más. Su espalda sostenía el éxito de Mellon collie and the infinite sadness y frente a aquello, ¿quién se atrevería a negarle algo? Había que dejarlo, que el hombre hiciese su disco a antojo y lo presentase como quisiese, de hecho, armó una banda plagada de excesos, con dos percusionistas + un tecladista que se sumaron a los fijos D'arcy y James Iha. El caso es que Corgan actuó como quiso y bueno, la ruptura fue total: el disco no calzaba en absoluto con lo que se esperaba de un nuevo disco de The smashing pumpkins por lo que no fue aceptado por el público, la crítica lo catalogó como un capricho experimental del vocalista y la venta de discos (en tiempos donde estas realmente importaban) fueron bajas. 

Pero abordemos el contenido. Temáticamente Adore es un álbum que gira en torno al concepto de la pérdida. La partida de Chamberlin, el fin de su matrimonio y la reciente muerte de su madre mantienen a Corgan dentro de un torbellino emocional, lo cual se manifiesta a lo largo del disco. 

De esta forma, abrirá de manera tierna mediante la desnuda 'To Sheila' para a partir de ahí desenfundar un camino marcado por el sentir, con referencias clarísimas. Dialogará dolorosamente con su madre en la acústica 'Once upon a time' ("Madre, estoy cansado / Ven a rendirte hijo mío / El tiempo ha desbastado mi alma / No hay planes para partir pero igualmente me iré"), en la intensa 'Behold! The nightmares' ("No puedo seguir cavando rozas de tu tumba") y le dedicará explícitamente 'For Martha' ("Si te tienes que ir no te despidas / Yo seguiré adelante / Te veré en el otro lado"),  abordará el contradictorio deseo post ruptura mediante el rock de 'Ava Adore' + 'Pug' ('Deséame fuertemente/ Dréname y patéame con fuerza / Susúrrame secretos al oído / Intenta irte muy lejos"), desatará la ira por la pérdida en la contundente 'Tear' ('"Y por primera vez el cielo se volvió insano"), la sensible 'Crestfallen' ("Y todo lo que pido es otra oportunidad...") y en la impresionante 'Blank page' ("Una página en blanco fue toda mi rabia..."). 

En una arista más experimental navegaran 'Perfect' y 'Apples + oranges' , dos que se sostienen sobre baterías electrónicas y por esto mismo lucen algo desencajadas respecto al resto e incluso conectan con mayor claridad con The future embrace, el debut en solitario de Billy Corgan que años más tarde vería la luz (2005 para ser más exacto). 'Daphne descends' es una donde la mixtura maquinitas + guitarras funciona a la perfección (el trabajo de James Iha en esta es perfecto) mientras que la pasada por 'The tales of Dusty and Pistol Pete' + 'Annie-dog' + 'Shame' brilla a causa de su simpleza y naturalidad, permitiéndonos disfrutar de la banda (batería, bajo, guitarra y voz) sin aderezos ni exceso de producción. 

A más de dos décadas de su salida Adore sigue pareciendo un álbum osado y rupturista, contundente y minucioso. Un disco incomprendido en su momento debido al violento contraste que marcó frente a su antecesor pero que de cualquier forma se sostiene en base a un conjunto de canciones enormes a las cuales el tiempo se ha encargado de colocar en su merecido lugar. 


9 /10
¡Brillante!


Otras reseñas de The Smashing Pumpkins:
2015 // Adore (Versión de lujo)
2014 // Monument to an elegy
2012 // Oceania

domingo, 10 de junio de 2018

Adelanto... The Smashing Pumpkins : Solara


En 2007 Billy Corgan decidió revivir artificialmente a los Pumpkins. Escogió a dedo un guitarrista y una bajista que le fuesen funcionales, los cuales se sumaron al siempre fiel Jimmy Chamberlin en batería, armando así una agrupación que le permitió editar un álbum en solitario pero bajo la marca The smashing pumpkins. Aquel experimento se tituló Zeitgeits, al cual le siguieron Oceania (2012) y Monuments to an elegy (2014), todos discos correctos, cual más cual menos, todos con altos y bajos, ninguno de ellos un desastre pero si carentes del filo característico de la agrupación original. 

El caso es que tras dieciocho años de alejamiento, finalmente Corgan logró su ansiado objetivo: convencer a James Iha de volver a grabar junto a él. Por lo que ahora tenemos al 75% de la banda original reunida para realizar una futura gira de grandes éxitos (¡era que no!) y un adelanto promocional del que suponemos será un nuevo disco de estudio, el cual probablemente vea la luz en 2019.

'Solara' se titula lo nuevo de The smashing pumpkins y a juzgar por el resultado, estoy esperando la confirmación de que esto es solo un demo, que el verdadero single viene en camino. Mira que reunirse para esto ... 

miércoles, 14 de enero de 2015

The Smashing Pumpkins: Adore (Edición DeLuxe)


Esta no es la reseña de aniversario de Adore de los Smashing Pumpkins. Aquella debería llegar en 2018 (cuando cumpla veinte años de existencia) si es que la vida y salud me acompañan hasta ese entonces. 

Quizás la hago antes eso si, no se, nunca se sabe. Quizás un día me animo a abrir el baúl de mis recuerdos y me decido a escribir acerca de uno de los discos que marcó con fuerza mi vida. El caso es que hoy pasaré de aquello y me concentraré en darle una pasada al extenso material que Billy Corgan decidió en septiembre pasado compartir con quienes amamos este disco y aquella etapa de los Pumpkins. ¡Y es que así dan gusto las ediciones de lujo! Sin medias tintas y exponiendo todo el material que existía. En esta ocasión, y rindiendo honor a la fama de prolífico que tiene Corgan, llegan a nosotros seis discos dispuestos a dejar extasiados a los que llevábamos años soñando con este momento (algo similar ocurrió tiempo atrás con la edición de aniversario del increíble Mellon collie and the infinite sadness). 

Pero entremos en materia. ¿De qué tratan estos seis discos? Los dos primeros de la caja contienen el álbum original en versión stereo y mono, ahí por ende no hay mucho que mencionar más allá de la curiosidad de oír la diferencia sonora entre ambos formatos, que no deja de ser. En el tercer CD se concentran las caras b del álbum, todas en acústico más una que otra maqueta de tema que si entró al disco pero que acá aparece en versión primitiva. Hay dos versiones de "The tale of Dusty and Pete", una de "Annie dog", un par de tomas para "For Martha" y una exquisita curiosidad, que es una versión acústica de "Apples + oranges" pero que acá se titula "What if" y aparece con letra modificada incluso. Dentro de los temas que no quedaron en el álbum destacan las versiones de "Blissed and gone" o "My mistake", ambas se notan muy trabajadas pero parecen nunca haber madurado lo suficiente como para ser incluidas en el disco.



Tanto el cuarto como el quinto disco abordan de lleno los temas que están en Adore, ya sea en versiones primitivas, editadas de manera especial o derechamente "re imaginadas" en versión 2014 por Matt Walker, quien fue baterista de la banda por un tiempo tras la salida de Jimmy Chamberlin en 1996. Aparecen acá la hermosa "To sheila" acompañada solo de un banjo, preciosas tomas acústicas de "Once upon a time" o "Perfect" (que también aparece en otra toma solamente sobre secuencias de batería) ,"Behold! the nightmares" y "Blank page" a medio lograr, "Tear" centrada en sus arreglos orquestales y una desnuda versión de la ya íntima "Shame". Las adaptaciones electrónicas realizadas por Matt Walker para "Crestfallen", "Pug" , "Daphne descends" o los lados b "Saturnine" y "Cash car star" la verdad es que como freakerio quedan bien pero mucho más que eso no son. Y finalmente están los descartes, entre todos destaca "Let me give the world to you", una canción que perfectamente pudo estar en el álbum (en lugar de la prescindible "Annie dog", por ejemplo). Ojo también con "Eye" y "The beginning is the end is the beginning", canciones que en su momento aparecieron en las bandas sonoras de "Lost highway" de David Lynch y la nefasta "Batman & Robin", y que acá han sido rescatadas en versiones alternativas. 

El último CD contiene las tradicionales tomas en vivo pero acá siento que el asunto quedó en deuda y lo plantearía como el único "pero" en esta edición de lujo. Son diez canciones, casi todas en versiones acústicas lo cual me parece redundante considerando que parte importante de los discos anteriores ya eran en acústico, además de ser poco representativo en relación a lo que la banda presentó en directo por aquellos años. Las versiones eléctricas de "Ava adore", "Daphne descends", "Pug" o "For Martha" merecían estar acá, eso sin contar además la re invención que los Pumpkins realizaron en esta gira para clásicos como "Tonight, tonight" o "1979". Todas ellas debieron estar. 

En definitiva, una edición deluxe que es manjar para el fanático. Han metido todo y en general con bastante buen tino. Interesante el constatar con las versiones previas el que Adore fue un álbum bien acabado en donde cada pieza fue escogida y trabajada al detalle. Que el público no haya aceptado el paso desde la ira y las guitarras a la calma y la electrónica es otra historia, pero visto a casi dos décadas de distancia me parece que el experimento Corgan convence más aún de lo que lo hizo en su momento y esta edición especial está a la altura esperada. 



Otras reseñas de The Smashing Pumpkins: