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jueves, 5 de febrero de 2009

Antony and the Johnsons



Hope there's someone
Who'll take care of me
When I die, will I go

Hope there's someone
Who'll set my heart free
Nice to hold when I'm tired

There's a ghost on the horizon
When I go to bed
How can I fall asleep at night
How will I rest my head

Oh I'm scared of the middle place
Between light and nowhere
I don't want to be the one
Left in there, left in there

There's a man on the horizon
Wish that I'd go to bed
If I fall to his feet tonight
Will allow rest my head

So here's hoping I will not drown
Or paralyze in light
And godsend I don't want to go
To the seal's watershed

Hope there's someone
Who'll take care of me
When I die, Will I go

Hope there's someone
Who'll set my heart free
Nice to hold when I'm tired

jueves, 8 de enero de 2009

Copenhague (La Vetusta Morla)

El corría, nunca le enseñaron a andar,
se fue tras luces pálidas.
Ella huía de espejismos y horas de más.
Aeropuertos. Unos vienen, otros se van,
igual que Alicia sin ciudad.
El valor para marcharse,el miedo a llegar.
Llueve en el canal, la corriente enseña el camino hacia el mar.
Todos duermen ya.Dejarse llevar suena demasiado bien.
Jugar al azar,nunca saber dónde puedes terminar... o empezar.
Un instante mientras los turistas se van.
Un tren de madrugada consiguió trazar
la frontera entre siempre o jamás.

Ella duerme tras el vendaval.
No se quitó la ropa.
Sueña con despertar
en otro tiempo y en otra ciudad.




martes, 23 de septiembre de 2008

Rareza gratificante






sábado, 6 de septiembre de 2008

Blues del pescador

Quisiera ser el pescador que se revuelca en el mar, lejos de la tierra firme y de los sueños amargos. Tiro el sedal con dejadez y amor y no encuentro nada, excepto ese cielo estrellado, que me limite. Con la luz sobre mi cabeza y tú en mis brazos


A veces desearía ser el hombre del freno, en un tren que se conduce desbocado que choca sin recato contra el corazón de la tierra, como un cañón a través de la lluvia; Sintiendo a los que duermen y el calor del carbón; atravesando la noche y contando ciudades que parpadean y desaparecen. Con la luz sobre mi cabeza y tú en mis brazos.

Estoy seguro que todas estas cadenas que me atan, que todos los vínculos, por fin van a caer. Y cuando llegue ese día magnifico y fatídico, te cogeré la mano, te montaré en mi tren y seré tu pescador. Con la luz sobre mi cabeza y tú en mis brazos.

Letra original de Mike Scott (The Waterboys) “Fisherman’s blues”. “Adaptación” libre al castellano y foto por el que firma.

La grabación de Fisherman's Blues llevo tanto tiempo y fue el resultado de tantas sesiones y tomas alternativas que, cuando se mudaron de los estudios Windmill de Dublín a Ringsend Road, tuvieron que alquilar un camión para transportar todo el material grabado.




lunes, 19 de mayo de 2008

Cruce de caminos

Hoy, repasando los viejos artículos que escribí, durante la década y media en la que trabajé para el San Francisco Chronicle, como columnista de lo cotidiano y lo excepcional, he rescatado, de entre mis papeles, los apuntes de aquel viaje inolvidable que me llevó, en el curso del caluroso verano de 1938, hasta Greenwood, Missisipi.

Debía cubrir la crónica de un concierto que resultó ser, a la postre, uno de los últimos que dio aquel bluesman que más tarde, el tiempo, se encargó en convertir en leyenda. Ya circulaba, por aquel entonces, de boca en boca, el rumor de que aquel tipo al que yo sólo conocía por un par de fotos y un EP grabado dos años antes -que adquirí para documentarme- había vendido su alma al diablo, en un cruce de caminos, a cambio de poder tocar el blues mejor que nadie. Una historia a todas luces increíble que yo intuía como un filón lleno de posibilidades. En realidad mi idea de entonces era la de llegar más allá… quería recorrer todo el delta del Missisipi, cuna y escenario de esa música que era llanto desconsolado de un pueblo largamente esclavo; un canto lleno de rabia y dolor que nos cuenta -a todos los que aprendimos a escucharla con atención- a través de los siglos y de los hechos más cotidianos, la historia de una injusticia manifiesta. Quería documentarme profusamente para intentar acometer luego un proyecto que nunca llegué a consumar: escribir un ensayo en el que se trazase la lucha de los esclavos americanos y cuyo hilo conductor sería su música, desde el tam-tam hasta el incipiente blues eléctrico.

Fue ese rumor sobre almas y diablos, cazado en medio de una conversación de bar al hilo de una sus canciones, el detonante de que el interés, que ya hacía algún tiempo venía fraguando en mi interior, tomará la forma del deseo incontrolado, de la obsesión irracional. Veía en él la oportunidad de poder convencer a mi jefe de que me permitiera emprender aquel viaje descabellado que me llevaría hasta lo más profundo de la América rural y paleta, en donde un negro valía lo mismo que el estiércol con el que abonaban los campos de algodón. Amplias extensiones de algodonales que, junto a los pantanos, eran casi el único paisaje que parecía vislumbrase a lo largo de kilómetros y más kilómetros.

Cuando por fin di con él, con Robert, ya llevaba casi tres semanas de rutas inverosímiles, en las que recorrí decenas de pueblos de miseria, en los que casi todos -blancos o negros- me miraban con recelo: nadie se explicaba que hacía un tipo del oeste rastreando la pista de un bluesman apenas conocido, que arrastraba tras de él, el estigma de haberse sometido a los designios del más negro de los vudús por una frivolidad tan evidente como era la de tocar la mejor música.

Recuerdo ahora con nitidez la estampa: el sol del tardío atardecer se filtraba tenue y oblicuo por entre las rendijas que dejaban los tablones mal colocados que componían, con precario equilibrio, aquel bar llamado Three Forks, situado, como no podía ser de otra manera, en mitad de un cruce de caminos. Las figuras de Robert y de su guitarra se recortaban fantasmales encima de un paupérrimo escenario que había sido improvisado con una tabla y seis cajas de cerveza. Apenas unos cuantos negros habían acudido aquella tarde a presenciar su actuación y él, ajeno a todo, sentado en un viejo taburete, de espaldas al público y fumando, elegantemente vestido con traje, corbata y un sombrero de fieltro, tocaba su guitarra y cantaba un blues que, desde su quejumbrosa y perfecta cadencia, se desperezaba con soltura por entre las mesas, esquivando los últimos rayos del sol y hechizando, a su paso, a todo los que lo escuchábamos.

Fue una experiencia arrebatadora en la que el tiempo y el espacio parecieron comprimirse en torno a aquel lugar mísero y decrépito, y tras la que puedo atestiguar, sin temor a equivocarme, que nací como un hombre distinto. Recuerdo que juré, en medio de la embriaguez de güisqui y blues, que seguiría la pista de aquel tipo hasta el mismísimo infierno para poder dar fe ante el mundo de que su historia era cierta, de que era del todo imposible tocar así sin que hubiese mediado la intervención de alguna fuerza sobrenatural, se llamase Belcebú o Ishu. Mis intenciones se disiparon, al día siguiente, con la resaca machacando mi cabeza y la amenaza de despido de mi jefe aún fresca en mis oídos.

Unos días más tarde, de regreso a San Francisco, escuché en un bar de carretera que Robert Johnson había muerto víctima de envenenamiento. Al parecer, poco tiempo después de aquel concierto al que tuve la suerte de asistir, el dueño del destartalado Three Forks había regado el güisqui de Robert con una buena dosis de estricnina ya que sospechaba, no sin base, que aquel hijodeputa, acólito del diablo, se estaba beneficiando a su bella esposa delante de sus mismísimos bigotes. “No hay nada más peligroso que un negro paleto y cornudo”, oí decir a un viejo desdentado sentado al fondo del bar en donde apuraba mi desayuno.

Fue entonces cuando la historia, la de Robert y su blues, se convirtió en leyenda.




sábado, 29 de diciembre de 2007

Soy esnob





Sucede a menudo que descubres un grupo, un cantante, que poca gente conoce y esto, en mi caso, suele tratarse de un valor añadido. Este extremo, es de por sí, una gilipollez lo reconozco, una marca de elitismo absurdo que tiene poca razón de ser pero que, sin duda, en mi caso, no me queda más remedio que reconócerlo, es.
Sucede que cuando estos grupos o cantantes, ganan como se merecen, el olimpo de la masiva fama, parecen descender escalones y experimento una necesidad de sacarles punta, en algunos casos inmerecida, tildándoles de haberse tornado excesivamente comerciales, haberse vendido al vil metal, abandonando en el camino esa crisálida de pureza artística que es el semi anonimato underground. Es un esnobismo que trato de evitar y buena prueba de ello es la pública confesión.
Lo cierto y verdad es que no hay cosa que más le joda a un músico que le digan que su último trabajo no es el mejor, porque generalmente han puesto la misma ilusión en su realización como la que puso en el anterior y para él es como un hijo recién parido, pulcro y sin defectos. Siempre hay un estímulo dentro que, si es un auténtico músico, le lleva a intentar mejorar en cada trabajo.
A modo de expiación por mis pecados de esnob dejo un par de temas de Fito Cabrales, un tipo que hace una música muy a tener en cuenta, que tiene un directo muy potente y que comencé a criticar por estimar que se repite como el ajo; y que ahora, escuchándole, me arrepiento porque lo cierto es que un músico como la copa de un pino.
Ah, y lo siento Fito, sé que “Por la boca vive el pez” es ahora tu niño predilecto, pero tus dos primeros discos son los mejores.





domingo, 9 de diciembre de 2007

Recuperando el tono





Heart in a cage - The strokes

jueves, 6 de diciembre de 2007

I`m listening

Hace tiempo que no encuentro esos momentos en los que una mañana me levanto y todo parece encajar, cada cosa en su lugar y yo en perfecta sincronía con mi mundo, que es mío y de los míos y de nadie más. ¿O quizás debiera decir que hace tiempo que esos momentos no dan conmigo?. Los echo de menos. Todo transcurre a demasiada velocidad. La vida se condensa en apenas unas décimas de segundo. Y me pregunto que debo hacer para que acudan a mi rescate, para que se tornen de nuevo, aunque sólo sea por un instante efímero, en tabla de salvación en este mar salvaje que es mi vida colapsada de nimiedades, de olas que se hicieron enormes sin darme tiempo a batirme en retirada hacia aguas más tranquilas . Y me pregunto quién tendrá la respuesta... porque estoy escuchando.








What do you want me to do

I've tried to do things my own way
I've tried to do what people say
And I'm going nowhere fast
and I'm turning to you at last

What do you want me to do?
What do you want me to do?
What do you want me to do Lord?

I can see the lights of home
but I can't get there on my own
I can see the landing strip
but I need you to steer my ship

What do you want me to do?
What do you want me to do?
What do you want me to do Lord?

I've been a foll and I've been a clown
I let the enemy turn me around
I've wasted love and I've wasted time
I've been rpoud and I've been blind

What do you want me to do?
What do you want me to do?
What do you want me to do Lord?

I've got a lot of things to change
a whole man to rearrange
And if you show me how
I'll begin right now

What do you want me to do?
What do you want me to do?
What do you want me to do Lord?

I'm listening...

The Waterboys

lunes, 3 de diciembre de 2007

El universo sobre mí - Amaral



Unas ponen triste... otras alegran el alma

domingo, 18 de noviembre de 2007

La estación Seca - Buenas noches Rose

Noto tu ausencia como un arañazo en el pecho que corto los lazos que ayer sujetaron el mismo sueño.
Se ha marchado el sol, se ha secado el pozo y nuestro joven brote es un tronco hueco y pesado.
He asumido ya que todo aquello se nos fue de las manos, mientras barro del suelo nuestros pedazos.

No puedo evitar sentir mi corazón girando dentro del sumidero; masticando los cristales del espejo donde tu reflejo empaño mi reflejo; de mil cosas rotas hago un puzle nuevo en mi cabeza, algo que me ayude a echar raíces en la estación seca.

Aún asi busco aquel sendero en la luna, respirando el polvo que casi nada cura; ahora si me importan una mierda las palabras bonitas, tus bonitos ojos, son dos bonitos recuerdos, dolorosos.

No puedo evitar sentir mi corazón girando dentro del sumidero, masticando los cristales del espejo donde tu reflejo empaño mi reflejo, de mil cosas rotas, hago un puzle nuevo en mi cabeza, algo que me ayude a echar raíces en la estación seca.




Es de todos conocido lo injusto que es el negocio de la música. Buenas noches Rose es un claro ejemplo de ello. Son, en mi opinión, uno de los mejores grupos que ha habido en el reciente (quizás ya no tanto) panorama musical de este país. Comenzaron cu carrera con un espléndido disco titulado con el nombre del grupo y actuaron en la practica totalidad de los festivales de música independiente, cuando todavía no eran un fenómeno de masas como lo son hoy en día. Se separaron tras editar tres LP's y, en la actualidad, su guitarrista, Ruben, un tipo de indudable talento musical, goza las mieles del éxito en el grupo Pereza que hace una música mucho más digerible y, por tanto, más susceptible de ser promocionada en radios y programas de masivo consumo. Le conozco personalmente y lo cierto es que me alegra mucho que finalmente haya conseguido triunfar dentro del difícil mundo de la música sobre todo teniendo en cuenta que, dentro de lo que cabe, hace una música con cierta consistencia y que su manera de tocar la guitarra (muy a lo Keith Richards, muy rockanrolera) me sigue encantando. Lo triste de todo este asunto es que Buenas noches Rose hacía una música de mucha mejor calidad que la que ahora practican Pereza, una música nacida desde las entrañas y muy poco contaminada desde los despachos de una productora, más interesada siempre en el negocio desde la perspectiva de la industria que desde el de la propia música. No voy a ser yo el que les acuse de ser unos perversores porque hay muchos grupos que no se han dejado pervertir aunque eso les halla costado quedarse en la carretera. Porque en el momento en que la música, como casi todo, se convierte en negocio debe renunciar, ineludiblemente, a determinados parámetros, que la alejan del arte libre. No siempre sucede así pero si en la inmensa mayoría de los casos.

Yo tocaba la guitarra en un grupo, nada interesante, nada más allá de la diversión adolescente. El caso es que compartíamos local con otros de los de que a mí entender son de lo mejor que ha dado el rock and roll de este país, Sex Museum. Compartir significaba que ellos podían disponer del local hasta las cuatro PM, si no recuerdo mal, y nosotros hasta la hora de cierre. Muchas veces acudía antes para poder sentarme en el suelo y ver su ensayo porque eran todo un espectáculo y me dejaban. Me sentaba en el suelo, liaba mi porrito y me quedaba flipando con como aquellos tipos apenas eran conocidos mientras que en las radios de todo el país sonaban grupos ¿musicales? tales como Modestia aparte, Hombres G o los inhumanos. así de injusto es este negocio de la música. Pero a diferencia de otros muchos, Sex Museum no renunció nunca a su esencia y ahí siguen, desde el 85, apenas conocidos pero practicando una música cojonudísima.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

I want to hug you

Les recomiendo el disco en su totalidad.




Al ritmo de un tipo como este, cantando este tema, sólo se me ocurren cosas positivas, es como un exorcista del mal royo. Se me comienza a mover el cuerpo, marcando el compás. Alguien podría llamarlo bailar, pero soy un hombre coherente conmigo mismo y no bailo… yo simplemente, en un alarde de benevolencia, me muevo al compás, y me retrotraigo a un estadio de evolución parecido al de un cavernícola por primera vez ante el fuego. Comienzo a hacer extrañas muecas (al compás) y me siento menos aferrado a la tierra, menos presa de mis tonterías cotidianas y más vencido a las ancestrales.

Ya cada vez me pasa menos y es menos intenso que antes…

****

Hace unos días terminé “Al sur de la frontera, al oeste del sol” de Haruki Murakami, un tipo interesante, me gustó bastante. Una amiga me recomendó comenzar por este por considerarlo mejor que su más famoso “Tokio blues” y como soy tipo manso y de fácil consejo, lo hice. Me sentí bastante reflejado en muchos de sus pasajes; a pesar de ser, la suya y la mía, culturas tan distantes y distintas, resulta que ambos tenemos parecidas comeduras de tarro; imagino que más propias de la opulencia que de la cultura porque cuando tienes que preocuparte por las habichuelas más de la cuenta, no desperdicias pensamiento en cosas superfluas.

El caso es que el protagonista atraviesa desde la adolescencia hasta la temprana madurez, y nos va contando episodios de su vida a un ritmo suave, a tempo de jazz, compás de pensamiento pausado y atento, plagado de matices, rico en diálogos aparentemente insustanciales. El retrato de insatisfacción que hace a través de este lacónico personaje es demoledor. A pesar de tener todas las necesidades ampliamente cubiertas, de que su vida transcurre como un río arremansado, sin grandes sobresaltos, se las arregla para vivir en constante estado de ansiedad fruto de su perpetua insatisfacción. Y, muy a mi pesar, según fueron transcurriendo los hechos de su vida los fui haciendo míos, hasta que los tuve calados… en mi reflejo.

En un momento dado el personaje, inmerso en tremenda crisis existencial, se da cuenta de que ya no siente la música como antes, que ya no le penetra como le penetraba antes, hasta el último poro… y es verdad… a mí me pasa lo mismo… no es que no sienta los periodos de embriaguez, es que cada vez son menos frecuentes. Probablemente porque cada vez llevo más carga y me resulta más complicado desprenderme de su totalidad cada poco tiempo. La satisfacción que me producirá no me merece el esfuerzo… hay que joderse.


Escapar





Ante la falta de palabras propias... palabras ajenas. ¡Qué bella voz la de esta chica!

sábado, 27 de octubre de 2007

Masters Of War





Come you masters of war, you that build all the guns
You that build the death planes, you that build the big bombs
You that hide behind walls, you that hide behind desks
I just want you to know, I can see through your masks

You that never done nothin' but build to destroy
You play with my world like it's your little toy
You put a gun in my hand and you hide from my eyes
And you turn and run farther when the fast bullets fly

(Like Judas of old you lie and deceive
A world war can be won you want me to believe
But I see through your eyes and I see through your brain
Like I see through the water that runs down my drain)

You fasten the triggers for the others to fire
Then you set back and watch when the death count gets higher
You hide in your mansion as young people's blood
Flows out of their bodies and is buried in the mud

(You've thrown the worst fear that can ever be hurled
Fear to bring children into the world
For threatening my baby unborn and unnamed
You ain't worth the blood that runs in your veins)

(How much do I know to talk out of turn
You might say that I'm young you might say I'm unlearned
But there's one thing I know though I'm younger than you
Even Jesus would never forgive what you do)

(Let me ask you one question is your money that good
will it buy you forgiveness do you think that it could
I think you will find when your death takes its toll
All the money you made will never buy back your soul)

And I hope that you die and your death'll come soon
I will follow your casket in the pale afternoon
And I'll watch while you're lowered down to your deathbed
And I'll stand o'er your grave 'til I'm sure that you're dead

Lo que queda entre paréntesis no se escucha en la versión puesta

Bob Dylan, compuso esta canción en el 63 sobre una melodía de la veterana cantante folk Jean Ritchie. El tema tiene su mérito y la letra, aunque plagada de muchos de los tópicos de la época, escupe con rabia verdades como puños a la cara del sistema y contribuyó notablemente a extender, entre los jóvenes norte americanos, el sentimiento anti bélico que el conflicto en Vietnam había comenzado a levantar y que fue poco a poco afianzándose hasta convertirse en determinante en la resolución final del conflicto que no fue otra que la retirada de las tropas de territorio Vietnamita y, consecuentemente, la derrota tras miles y miles de vidas tiradas a la basura. El comienzo del fin del sueño americano.Puso letra a un sentimiento que, según sus propias palabras, flotaba en el aire... como la respuesta, supongo.

Con motivo de la guerra de Irak se produjo un tímido resurgimiento pseudo pacifista , ya olvidado, por cierto, que fue, como no, promovido espontáneamente desde los estamentos más progresistas del mundo de la farándula, en connivencia con algunos estamentos políticos, justo antes de las elecciones legislativas de 2004. Perseguian el noble objetivo de acabar con la guerra pero ganando primero las elecciones, es por ello que decidieron, en un alarde de inteligencia sin precedentes, apoyar y potenciar con sus voces la candidatura de John Kerry (¿qué habrá sido de este tipo?) y denostar sin contemplaciones la de ese demonio postmoderno que es Bush Jr, a la postre vencedor por goleada. Algunos artistas, en un intento de sensibilizar a la población en contra de una guerra que tiene muchas similitudes con la que se libró en Vietnam, realizaron versiones del tema con mejor o peor fortuna. Pero no nos engañemos, hoy son otros tiempos, ya no hay hippies, ya no hay ideales que no sean un cliché... y hasta la rebeldía es un argumento más de venta para estos nuevos estrategas del siglo XXI que son los hacedores de marketing.

Es imposible que las palabras de Dylan, aunque sea a través de los nuevos iconos musicales, no suenen a otra cosa que no sea pólvora mojada, aunque no hayan dejado de ser ciertas. Podrían utilizarse en un anuncio de Coca - Cola, si nos despistamos demasiado. "Al mundo entero quiero dar, un mensaje de amor.... tralalalala, tralalalala"

sábado, 13 de octubre de 2007

Adrenalina




Cojo el coche y me dirijo a toda velocidad hacia ninguna parte, porque sí, porque hoy me apetece conducir a toda hostia, sin rumbo y con la música a todo volumen. Concentro mi mirada en la carretera y dejo que la música me envuelva, no es música para ir viendo el paisaje, es música para derivar hacía el salvajismo incivilizado de ráfagas de largas tras de mí. Directa al difusor de adrenalina, sin más contemplaciones que el momento de una mano en el volante y otra en el cambio de marchas, de cambios a 7.000 vueltas, de combustible y aceite quemados a más velocidad de la habitual. Ya lo decía un amigo… “A estos coches hay que apretarles de vez en cuando porque de lo contrario se amariconan y acabas escuchando a Sting camino de algún lugar al que no tienes ningunas ganas de ir”.

Yo Only Live Once - The Strokes



jueves, 4 de octubre de 2007

Better Together




Hoy escucho a través de mis casquitos a Jack Jonhson, música difícil de clasificar y a la que yo denomino genéricamente de descerebre. Podría recorrer algunas webs, informarme e informarles de cómo otros han clasificado la música que ahora escucho, pero prefiero dejarles, aunque sea poco elaborada, rayando lo naif, mi propia definición: Guitarras acústicas, melodía fácil y buen feeling. Música de buen rollo. En cualquier caso, y por si no han tenido la suerte de conocerle, dejo un par de muestras para que puedan corroborar, si les place.

Antes de todo esto, y para celebrar (o mejor dicho, cerebrar) el día, me he liado un canuto que, a fin de cuentas, es lo que mejor pega con el recién amigo Jack. Y creánme que me arrepiento… me está costando horrores hilvanar frases con mediana coherencia. Hay que sumarle a la ecuación, en este caso, que también vengo de ver el resumen del partido del Madrid y… ¿Qué decir?... si no les gusta el fútbol les tocará un pie y si les gusta, no creo que les haga falta mayor comentario.

En realidad yo deseaba hablar de otros (de algún) temas pero todos los medianamente interesantes, a los que iba dando forma mientras conducía de regreso a casa, han desaparecido por el efecto de la confluencia de las ya, por otro lado, comentadas circunstancias.

Puedo asegurar, en cualquier caso, que escuchar estas canciones bajo los efectos de la marihuana es del todo improductivo pero muy reconfortarte y eso, bien merece hacer participe a todos los congéneres que les apetezca, a pesar del titánico esfuerzo que constituye escribir algo, buscar letras y videos, seleccionar apropiadamente y ordenar todo en un post con algo de sentido… en semejante estado.

Con lo agustito que estaba yo de pasivo.



jueves, 27 de septiembre de 2007

Revival


Aprovechando que hoy regresan los Police a los escenarios, continuando con ese fenómeno tan rentable que es reunirse para recordar viejas batallas, me he puesto en los casquitos el último concierto que dieron en una gira llena de plenitud, antes de separarse y de que un inclemente Sting se dedicará a martirizarnos con sus experiencias de solitaria madurez.

The Police es uno de esos casos en los que coinciden varios genios y juntos consiguen hacer lo que luego nunca más podrán lograr cada uno por su lado. Las novenas de Summer a la guitarra, la pegada de Copeland con los palitos y, como no, el bajo y la enérgica voz del mencionado Sting, consiguieron un sonido único y nunca más repetido. El concierto, en concreto que estoy escuchando es la hostia, parece mentira que se separaran cuando todavía eran capaces de hacer semejante directo. Bien pensado, seguro que también renegaría si se hubieran separado cuando ya no dieran pie con bola. Diría algo así como “parece mentira que no se hayan separado antes de perder toda esa energía que tenían a finales del 83”. Es lo que tiene la perspectiva histórica, puedes renegar siempre.

No digo que luego Sting se dedicara exclusivamente a hacer mala música, lo que sucede es que bajó tanto el nivel y me toco tanto las bolas, que automáticamente le agarre manía al tipo. Me imagino que el hecho de que se convirtiera en un meapilas y se auto proclamara el alma de the Police, también tuvo que ver. Es algo personal, no lo voy a negar.

Otra cosa que tengo que decirles es que me jode bastante que hayan acabado subiéndose al carro recaudatorio de las reuniones-homenaje (o mejor auto-homenaje, porque son como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como). Ahí están esta noche, en Barcelona, ganándose el pan de sus descendientes, simulando que todavía son los mismos y que el tiempo no ha pasado por ellos… y no, queridos amigos, ustedes, con total probabilidad, no tendrán nada que ver con aquellos de entonces. Es probable que sus más acérrimos y algunos medios, digan, como pasa con sus colegas los Rolling, que estuvieron de putísima madre y que mantienen toda su energía. Es seguro que su audiencia de entonces, que les escucha ahora, lo piense, sin darse cuenta por unas horas que ellos también han cambiado y que todo su desmelene y posterior euforia no es más que una pos nostálgica que desaparecerá en cuanto, medio piripis e incluso puede que fumaos, se acuesten esta noche y comiencen a pensar en la dura jornada laboral de mañana. Eso sí, mañana se lo contarán, con pos renovada, a los coleguitas del curro. "¿Sabes dónde estuve anoche?". “La hostia, tío, la hostia, que pedo”. Vamos Paco, no jodas, ¡qué ya tienes hipoteca y dos hijos!, ¿qué coño se te ha perdido a ti en un cocierto de unos recaudadores fumando porros?. en fin... lo típico.


Hablando de hacer caja, no me quería ir sin comentarles, que me he bajado el último de Springsteen, “Magic”. Me lo he bajado (y no es una excusa porque bajo muchísima música) porque no podía aguantar hasta el 2 de octubre que sale a la venta en España. No me ha defraudado en absoluto, más bien todo lo contrario, creo que se va a quedar perenne durante una temporada en el reproductor del coche. Bruce y su banda de superdotados han conseguido, una vez más, que aquí el menda que les comunica, mueva el culo hasta una tienda, se rasque el bolsillo y pague por lo que el interpreta, merece ser pagado. A este tipo, que sí conserva toda su energía, hay que darle de comer no vaya a ser que pierda la inspiración y le de por hacer una canción dedicada a las madres del 2 de Mayo o alguna mariconada semejante.

¿Será está canción, que dejo más abajo, una especie de profecía de lo que acabaría siendo Sting, no muchos años después de componerla?

Coronel Kurtz

lunes, 24 de septiembre de 2007

Live at Fillmore East



“Live at fillmore east”, así se llama el disco que estoy escuchando ahora y que interpretan, en memorable concierto para los que asistieran, unos melenudos con pinta de moteros desfasados, llamados The Allman brothers. No sé si serían hermanos o no, ni soy mitómano, ni excesivamente ágil a la hora de buscar datos en lo referente a casi nada, lo que si puedo decir es que en directo son una banda que practica rock sureño con un grado de compenetración que produce momentos de insana satisfacción. Una música muy apta para ser escuchada en los días de depresión aguda.

Envidio sin recato a los tipos que tuvieron el placer de asistir al espectáculo que quedo grabado en “Live at fillmore east” porque tuvieron que disfrutar como auténticos enanos, los muy hijos de puta. No es que tenga nada personal contra aquellos que asistieron al concierto de marras, lo que sucede es que mi carácter tiende a la envidia indisimulada. Es algo que no me preocupa demasiado reconocer, lo interpreto como una forma de admitir lo evidente. Hay mayoría de personal que niega la mayor en este espinoso asunto. Existe, para tales casos, un amplio catálogo de excusas que justifican su ausencia que, en su mayoría, resultan ridículas por manidas y absurdas, valgan como ejemplo:

“No, que va… si yo soy feliz con lo que tengo, mis tres cositas y mis vacaciones en la playa…”

“Me alegro por él, en serio, siempre me alegro cuando le van bien las cosas a la gente que quiero…”

Y como no, las más clásicas:

“… seguro que no es feliz…”

“Todo el mundo tiene penas…”

¿Alguien se las traga?

Seguro que el refranero español es fecundo en la temática que tratamos pero ya les he dicho que no era muy amigo de buscar datos, así que no haré una excepción en este caso que nos ocupa y les dejaré que otros googleen o hagan memoria por mí, si les place.

En cuestión de aspecto físico no soy ni feo ni guapo, diría que soy bastante corriente… moliente… pero les aseguro que ustedes me atribuirían un carácter que yo no tengo e, incluso, me encontrarían más atractivo de lo realmente soy, si me vieran bajar de un Ferrari F40 con mis cuatro pelos engominados. El primer problema que ofrece la cuestión se centraría en dirimir si es el coche el que hace al hombre o viceversa. Podríamos pensar que el sujeto que baja del coche (yo, en este supuesto) es un exitoso hombre que gracias a sus aptitudes ha alcanzado un nivel de fortuna suficiente como para pegarse el lujo de un Ferrari y ahora lo luce orgulloso y seguro de sí mismo. O quizás podríamos aventurar que se trata de un niño pera al que papá ha nutrido de agasajos desde su génesis y que, tras realizar un master en el instituto empresa, ha comenzado a tomar poco a poco las riendas del prospero negocio familiar. Pero si fuese hombre hecho a si mismo o heredero profesional, en ambos casos, podría ser un perfecto imbécil o un tipo afable y cercano. ¿Por qué tendemos a pensar que este tipo de personajes tienden a la arrogancia y a la estupidez? ¿Un problema de envidia mal llevada o una realidad extendida y generalizable?

Lo que parece quedar claro es que es el coche el que cambia la percepción que el observador tenga sobre mi persona, independientemente de si soy un capullo o no. Puede cambiar la percepción en dos sentidos opuestos: Recelo o admiración… pero cambia, habitualmente hacia el recelo, y su origen no es otro que la envidia que sentimos. ¿Por qué entonces negamos que nos joda no tener un F40 para que, fundamentalmente, todo quisqui se nos quede mirando con cara de panoli mientras hacemos rugir su 480 CV?

Probablemente casi nadie que tiene un Ferrari sepa conducir adecuadamente semejante máquina y el hecho mismo de conducirlo fuera de un circuito es una aberración contra el propio motor del vehículo y el medio ambiente, por no hablar de los consumos, algo que a mí me duele en el bolsillo con sólo imaginarlo pero que muy probablemente al propietario se la pele a dos manos. Todo, y esta es la primera gran conclusión, es una cuestión de poder. Yo puedo… tú no.

El poder se puede ejercer a muchos niveles, como todo, es una cuestión de escalas. Pero en la cúspide de la pirámide está el dinero, un elemento intrínsicamente ligado y, en general, determinante. Cada cual acapara su cuota en función de sus posibilidades, que no de sus necesidades. Excusarse por ser envidioso no es más que otra manera de querer renegar del lugar que te corresponde, mostrar la insatisfacción con tu cuota, sacar a relucir ese sentido del orgullo mal entendido de no creerse menos que nadie. Y en todo esto, y esta es la segunda gran conclusión, tiene mucho que ver el materialismo mezquino del ser humano, casi de cualquier ser viviente, algo, que como la envidia, también niegan muchos. Todo se resume en “vales lo que tienes”. Cuanto más posees, más poder se te supone, mejor colocación social ostentas, más puertas se te abren. Me viene a la cabeza el ejemplo, tan tratado en literatura y cine, del aristócrata arruinado y decadente que ve como no le queda más remedio que aceptar que la sangre de su progenie se contamine de impureza plebeya en aras de conseguir una buena dote y recuperar, de este modo, el poder que le fue paulatinamente arrebatado con cada venta, con cada subasta, y que le había expuesto, en su inexorable recorrido, a la ignominia de sus iguales, esos que antes podían criticarle abiertamente pero que ahora no tienen más remedio que hacerlo a sus espaldas. Es también la clásica venganza del plebeyo rico, hecho a sí mismo, que casa a su hija con un decadente aristócrata porque es el camino más corto para que su descendencia adquiera rancio abolengo. Un muestra más de que le dinero es poder y no los títulos o cualquier otro concepto que queramos suponer. Una muestra más de que las clases son una realidad social porque la naturaleza del humano así lo dicta. Es la única realidad posible y cualquier sistema político, como ya sucedió, que trate de negar este extremo está abocado al fracaso.

Tendemos, en general, a renegar de nuestros instintos más básicos, esos que nos ponen en alerta y que nos han ayudado a sobrevivir y a progresar como especie. Tratamos de encubrirlos bajo capas de excusas que resultan absurdas porque en el fondo, todo el mundo sabe que la envidia (mal llamada mal) es algo inevitable. Pero admitir esto es colocarte en un lugar en el que a lo mejor no te apetece estar, en el que no te reconocerías tal y como te has concebido. Porque la concepción que generamos nosotros mismos de nuestra propia persona tiende a dejar de lado los puntos flacos, las carencias y los defectos. Y la envidia es considerada un defecto cuando en realidad debiera ser tratada como un elemento instintivo e inherente que nos alerta y nos situa y que debiera servir de incentivo para evitar la parálisis vital, el conformismo.

Y que quieren que les diga, a mi me jode no haber podido asistir a aquel concierto del que les hablaba antes de comenzar este desvarío, y eso no lo consigue ni el dinero ni nada porque aquel momento es irrepetible. Pero si tuviese pasta reuniría a aquellos tipos, que todavía viven, alquilaría un buen garito, lo llenaría de humo y colegas, y les pagaría porque desplegasen en el escenario que yo habría creado para ellos, todos y cada uno de los temas contenidos en esa grabación. Sé que no sería más que un sucedáneo pero, ¿qué creen que les diría?: yo puedo… tu no.

Coronel Kurtz.