Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


Mostrando entradas con la etiqueta Es. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Es. Mostrar todas las entradas

21 mar 2010

EL CONOCIMIENTO

EL CONOCIMIENTO SIEMPRE ESTÁ EN EL TIEMPO

El otro día, una amiga me contó que había tenido una revelación al darse cuenta de que en realidad ella no podía saber nada. Esto es muy cierto. Utilizamos el conocimiento como si fuese una realidad; sin embargo, el conocimiento nunca puede ser lo que Es.

Claro, en cada uno de estos ensayos se utiliza el conocimiento. Las palabras son sólo palabras y forman parte del conocimiento, pero lo que aquí se intenta es apuntar a la realidad que está entre las palabras y antes del conocimiento.

Si pudiéramos simplemente abandonar todo conocimiento y ver directamente lo que tenemos delante de nosotros, entenderíamos la vida. No "conoceríamos" la vida, sino que la entenderíamos, lo cual significa convertirnos en ella.

Ver lo que sucede, tanto interior como exteriormente, es ser la Esencia de lo que Es. Tenemos una experiencia y luego la recordamos, convirtiendo lo real en una mentira. El conocimiento siempre está en el tiempo. Es historia, y la historia no puede ser la Vida Misma.

Todos nuestros dioses, nuestras creencias, nuestra nacionalidad, raza, historia familiar y todo lo demás que hay en nuestras vidas son conocimientos.

Cuando era niño y miraba a la gente que había a mi alrededor no sabía quiénes eran. Ni siquiera tratándose de mis padres. El cerebro tenía que dar marcha atrás y ponerse un poco más torpe para acceder al conocimiento y saber quiénes eran. En la escuela si el profesor escribía algo en la pizarra y nos pedía que prestásemos atención, mi mente sólo veía el contraste entre blanco y negro. No había ningún conocimiento. Por este motivo, me resultaba muy difícil hacer los trabajos de la escuela y los maestros creían que simplemente era un holgazán, o poco inteligente. Huelga decir que suspendí en todos mis primeros años de escuela; sin embargo, aprendí algo más importante. Aprendí a ver más allá de los conocimientos, a ver el interior de cualquier cosa en la que centraba la atención. Eso, con el tiempo, me proporcionó una auténtica libertad.

Sólo podemos ver una cosa realmente cuando la vemos por primera vez. La segunda vez que la vemos, lo hacemos a través de los conocimientos que tenemos de ella. Estos conocimientos sepultan a esa cosa bajo un montón de ideas. Decimos que conocemos a esta o aquella persona, pero la gente siempre está cambiando. Si creemos que una persona es de cierta manera, basándonos en la historia que conocemos de ella, perderemos de vista la maravilla que está teniendo lugar bajo la forma de ese ser. El hecho de que estemos fuera de sincronía con la realidad del otro puede llevar a conflictos.

Cuando nos enamoramos de alguien creemos que será para siempre. Luego, con el tiempo, ese amor se empieza a desvanecer. Y se desvanece debido a nuestro conocimiento de esa persona. Ya no estamos viendo a la persona directamente. Vemos una historia, con toda una serie de pequeños sufrimientos y malentendidos. Así, tomamos a un ser vivo y lo convertimos en tiempo, en historia.


Necesitamos utilizar el conocimiento para conseguir que se haga algo en el mundo. Lo necesitamos para construir cualquier cosa, para funcionar en nuestra vida cotidiana. Pero también debemos comprender los límites del conocimiento. Dejemos que ocupe su lugar como una herramienta útil. No permitamos que gobierne nuestras vidas.

Como dije antes, en todo lo que está escrito aquí hay conocimiento. No es la verdad de las palabras lo que tiene significado, sino la realidad de la que emanan. Espero que los lectores perciban que sólo estamos apuntando hacia la Realidad. Las palabras no os llevarán a ella y nunca pueden expresar lo que es real. De hecho, ya estás en la Realidad.

El amor no está en el tiempo. Está directamente en este momento. La vida no está en el tiempo. No podemos conocer la vida. Para que la Vida sea, debemos estar completamente presentes con relación a ella. Sólo entonces podremos comprender aquello que es anterior a toda la historia, a todas las ideas y a todos los condicionamientos. Cuando nos damos cuenta de que nunca podremos conocer realmente nada, entonces ser instala en nosotros un estado de serenidad, una quietud del Corazón. En los niveles más profundos de esta revelación, se pierde toda separación. Sólo existe Lo Que Es. Sea lo que sea, está bien; estamos en paz. Somos el Único Ser de todo lo que existe. Y ese Ser no necesita ninguna explicación, ninguna historia y está más allá de todo condicionamiento.



MELVYN WARTELLA (Ego, Evolución e Iluminación)