Adiós Ana Joaquina
El día 18 de Agosto, Ana Joaquina, cabeza de lista del PSOE en Antas y ex-alcaldesa, dimitió. Corresponde darle las gracias por los servicios prestados y esperar que el que venga, el ex-alcalde Bartolomé Soler ya indultado(como líder), lo haga mejor, si cabe. Que caber, cabe. De todas formas, no es el momento de hacer leña del árbol caído. Al fin y al cabo se va y con su dimisión se acaba el derecho (y el deber) a exigir por parte de los ciudadanos.
En todo caso parece adecuado preguntarse sobre las causas de su dimisión. La causa última es, sin ningún tipo de duda, la serie de malísimos resultados que ha obtenido el PSOE en Antas. Arrastrado por unos resultados en la provincia desastrosos, en Antas, el PSOE ha obtenido, en las tres últimas elecciones, francamente peores a la media del partido en la provincia. En un país con partidos más anclados en la sociedad y con un espíritu crítico más desarrollado, Ana Joaquina hubiera tenido que dimitir el mismo día en que perdió las elecciones municipales hace poco más de dos años. No por perder, que también, sino por hundirse. Pero resistió y el PSOE se hundió en dos elecciones más (generales y europeas).
Además de la causa última a la que me refería, ha habido más. La dimisión de su número dos, Juana María, su sustitución por Bartolomé Soler, que tengo por seguro que si vuelve es para mandar, la reciente imputación por una licencia obras y el distanciamiento del partido, han debido de presionar a la persona de una manera determinante. La soledad suele ser triste, en política da frío.
Dice Ana Joaquina, o al menos eso dice el comunicado de prensa que ha envidado el PSOE, que dimite por razones personales. Dijo ella también en una entrevista que dimitía porque la familia se lo pidió. Seguro que también es cierto. En mitad de la soledad en la que se estaba quedando, sin el apoyo del partido ni provincial ni local, con Bartolomé presionándola, sin resultados electorales que la amparen, y cobrando únicamente cincuenta euros por asistencia a los plenos (cada dos o tres meses), si la familia te pide que lo dejes acabas por dejarlo. Y haces bien.
Lo que son las cosas, el único que permanece del anterior equipo de gobierno es Roque Soler. Roque le disputó a Ana Joaquina la cabecera de la lista por el PSOE, se la ganó y desde Almería impusieron a Ana Joaquina. Y ahora Roque, concejal por el PA, cómodamente instalado en el equipo de gobierno, con poco poder y el sueldo intacto, ve dimitir a Ana Joaquina. Capacidad de supervivencia no se le puede negar que tiene. Eso no.
Dimitir es, al menos, un acto de dignidad. A pesar de los pesares, Ana Joaquina pudo haberse quedado contra viento y marea, haciendo daño a los que la querían echar. Y no lo ha hecho. Ha preferido irse y eso la honra. Nadie podía obligarla a dimitir. El sillón de concejal pertenece al concejal que lo ocupa y dimitir es una opción que finalmente escoge el propio concejal. Es pues un acto libre que, en general, dignifica a quien lo practica, al cargo y a la institución. Más en un país en el que para que alguien dimita ya tienen que caer chuzos de punta. Más en un consistorio en el que tenemos ejemplos muy recientes de actitudes completamente distintas, con algún concejal manteniendo posiciones indignas que degradaban el cargo, la institución y la percepción que los ciudadanos tenemos de la política.
Como decía al principio, corresponde agradecerle los servicios prestados. Y también desearle un buen futuro en su vida “civil”.
En todo caso parece adecuado preguntarse sobre las causas de su dimisión. La causa última es, sin ningún tipo de duda, la serie de malísimos resultados que ha obtenido el PSOE en Antas. Arrastrado por unos resultados en la provincia desastrosos, en Antas, el PSOE ha obtenido, en las tres últimas elecciones, francamente peores a la media del partido en la provincia. En un país con partidos más anclados en la sociedad y con un espíritu crítico más desarrollado, Ana Joaquina hubiera tenido que dimitir el mismo día en que perdió las elecciones municipales hace poco más de dos años. No por perder, que también, sino por hundirse. Pero resistió y el PSOE se hundió en dos elecciones más (generales y europeas).
Además de la causa última a la que me refería, ha habido más. La dimisión de su número dos, Juana María, su sustitución por Bartolomé Soler, que tengo por seguro que si vuelve es para mandar, la reciente imputación por una licencia obras y el distanciamiento del partido, han debido de presionar a la persona de una manera determinante. La soledad suele ser triste, en política da frío.
Dice Ana Joaquina, o al menos eso dice el comunicado de prensa que ha envidado el PSOE, que dimite por razones personales. Dijo ella también en una entrevista que dimitía porque la familia se lo pidió. Seguro que también es cierto. En mitad de la soledad en la que se estaba quedando, sin el apoyo del partido ni provincial ni local, con Bartolomé presionándola, sin resultados electorales que la amparen, y cobrando únicamente cincuenta euros por asistencia a los plenos (cada dos o tres meses), si la familia te pide que lo dejes acabas por dejarlo. Y haces bien.
Lo que son las cosas, el único que permanece del anterior equipo de gobierno es Roque Soler. Roque le disputó a Ana Joaquina la cabecera de la lista por el PSOE, se la ganó y desde Almería impusieron a Ana Joaquina. Y ahora Roque, concejal por el PA, cómodamente instalado en el equipo de gobierno, con poco poder y el sueldo intacto, ve dimitir a Ana Joaquina. Capacidad de supervivencia no se le puede negar que tiene. Eso no.
Dimitir es, al menos, un acto de dignidad. A pesar de los pesares, Ana Joaquina pudo haberse quedado contra viento y marea, haciendo daño a los que la querían echar. Y no lo ha hecho. Ha preferido irse y eso la honra. Nadie podía obligarla a dimitir. El sillón de concejal pertenece al concejal que lo ocupa y dimitir es una opción que finalmente escoge el propio concejal. Es pues un acto libre que, en general, dignifica a quien lo practica, al cargo y a la institución. Más en un país en el que para que alguien dimita ya tienen que caer chuzos de punta. Más en un consistorio en el que tenemos ejemplos muy recientes de actitudes completamente distintas, con algún concejal manteniendo posiciones indignas que degradaban el cargo, la institución y la percepción que los ciudadanos tenemos de la política.
Como decía al principio, corresponde agradecerle los servicios prestados. Y también desearle un buen futuro en su vida “civil”.