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Mostrando las entradas etiquetadas como Cielo cromado

Evan (Cielo cromado: 12 - final)

Justo entonces, aunque carecía de ojos reales, Evan los pudo abrir de par en par.

Cero (Cielo cromado: 11)

Harold La taza se cayó de la mesita y se derramó todo el té por el suelo. La anciana dio un respingo del susto y luego evaluó los daños desde su sillón. La taza se había hecho añicos y el pequeño charco que había formado la bebida caliente todavía humeaba.

La reunión (Cielo cromado: 10)

― Espero que tenga respuestas para mí ―deseó el presidente, reclinándose en su asiento de cuero negro―, porque estoy harto de dar largas a la prensa y a todo el mundo.

El nuevo feligrés (Cielo cromado: 9)

El templo estaba a rebosar. El último que había conseguido entrar se había tenido abrir paso entre la congregación para encontrar un lugar desde donde poder ver el altar. Se detuvo donde tenía una buena visión, inclinó la cabeza en señal de respeto y se cruzó de brazos para escuchar con toda su atención las palabras del pastor:

Tarot (Cielo cromado: 8)

― Aquella tía no nos quita ojo de encima ―comentó Vince, entre sorbo y sorbo de su cubata. Sin dejar de apoyar los codos sobre la barra, Joel miró sin ganas hacia el lado indicado. Vio a un corro de chicas muy arregladas que conversaban entre risitas despreocupadas. A Joel no le pareció que ninguna mostrase el más mínimo interés en ninguno de ellos. Aun así, le siguió la corriente a su amigo.

Tu cena favorita (Cielo cromado: 7)

Aquella madrugada, las campanadas sonaron tres veces cuando Esteban lloraba solo en el callejón. Abajo, muy abajo, desde las simas oscuras de su dolido corazón, deseó que alguien escuchase su llanto y luego se acercase hasta él para preguntarle un simple “¿qué te pasa?”. Pero estaba solo, como siempre. Y el único alivio que encontró su desconsuelo fue el del silencio indiferente de una ciudad que dormía durante la noche y le daba la espalda durante el día.

Supermán (Cielo cromado: 6)

Llevaba demasiado tiempo callado. Marianne echó un vistazo por el retrovisor del interior para saber qué era aquello que estaba haciendo su hijo y que requería tanto silencio por su parte. El pequeño estaba sentado en el asiento de atrás, tranquilo y atento, sin apartar la mirada ni un segundo de la ventanilla de la puerta.

¿Por qué? (Cielo cromado: 5)

Al principio, solo era un simple grafiti más garabateado sin delicadeza sobre un muro a punto de desplomarse. Nadie le prestó la más mínima atención. “Tan solo se trata de un ejemplo de vandalismo urbano”, pensaba la mayoría, cuando leía aquel mensaje escrito con trazos negros anchos y chorreantes. Ninguno se detuvo a reflexionar sobre su significado. Todos los que pasaban delante estaban demasiado ocupados con su ajetreo diario, y con el miedo reciente e incierto que aceleraba sus pasos por la acera. “¿Por qué?” era la pregunta que se planteaba en aquella pared. Y no había respuesta alguna al lado del último interrogante. Tan solo había bloques de hormigón desnudos asomando por una superficie deteriorada por la humedad.

Piedra fría (Cielo cromado: 4)

“ Seguro que no esperabas verme aquí. Sobre todo, después de que haya pasado tanto tiempo. ¿Cuánto hace ya? ¿Un año y medio? Para mí ha sido como un siglo en el desierto. De veras. No sé si me has estado vigilando desde donde quiera que estés, pero, si lo has hecho, seguro que ya sabías que no ha sido fácil. Bueno..., espero que no pensaras que me había olvidado de ti. Eso, jamás. Aunque no me vieras pasar por aquí, he seguido pensando en ti, siempre. Cada día, cada mañana. De hecho, en ese fugaz momento cuando me despierto y mi mente está en blanco, es cuando creo que aún estamos juntos en la misma cama. Al menos hasta que vuelvo a recordar que estoy solo. Pero bueno, no he venido para contarte eso. En fin, supongo que a estas alturas te debo una explicación. Nunca antes había vuelto aquí. Al menos, desde el entierro. Ahora te extrañará verme aquí, de repente, sin motivo aparente. Verás. La última vez que te vi aquí, fue insoportable para mí. Todavía tiemblo recordando es...

San Valentín (Cielo cromado: 3)

La mirada temblorosa de Trish se iluminó con destellos de alivio cuando por fin vio aparecer a Gille. Sintió que el alma le volvía al cuerpo cuando comprobó que su amado había mantenido su promesa un año más, a pesar del toque de queda. El joven caminaba a paso rápido y echando vistazos en todas direcciones, por si alguien lo había visto salir de su escondite entre los setos del parque. Los dos llevaban sin verse desde su despedida tras las clases de ese día, pero, para ambos, la tarde que había transcurrido desde entonces se había convertido en una eternidad insoportable. La enamorada Trish, por mucho que se esforzaba en encontrar algún defecto, fue incapaz de localizar una sola pega al aspecto de su amado. El corazón se le desbocó y los labios le temblaron, tratando de acomodar las palabras que se disponía a pronunciar delante de él dentro de unos minutos.

Harold (Cielo cromado: 2)

“ Hoy estoy un poco asustada, Harold. No lo digo por el horrible temporal del que te hablé ayer, que afortunadamente ya pasó. Sí, lo sé, es muy extraño. Tan rápido como llegó, desapareció... Sé lo que estarías pensando justo ahora: que esta anciana asustadiza está preocupada por el estado en que ha quedado nuestra casa después del mal tiempo. Y no, tampoco estoy asustada por eso, porque la casa ha resistido bien el viento y la lluvia. De hecho, nuestra casa está bien, no te preocupes, y el techo que arreglaste antes de... Bueno, que la casa está bien y no hay que lamentar daños más allá de algunas humedades.

Última hora (Cielo cromado: 1)

“ Buenas tardes. Interrumpimos la emisión para ofrecerles un avance de última hora. El fenómeno meteorólogico adverso, que desde el pasado lunes recorre el país de norte a sur, se ha recrudecido sobre la capital, y en estos momentos llueve con una fuerza nunca antes vista sobre la ciudad. Sobre la una de la tarde, comenzó a caer una lluvia muy intensa que ha superado la tremenda cifra de doscientos setenta litros por metro cuadrado, sobrepasando con creces todos los registros históricos anteriores de agua recogida en la misma zona. Desde esa hora, no solamente no ha parado de llover, sino que ni siquiera ha amainado la lluvia. Los daños causados por el agua empiezan a ser cuantiosos. La lluvia ha dejado anegada gran parte de las calles principales y ha colapsado múltiples alcantarillas, con lo que las inundaciones han obligado a que muchos comercios y viviendas improvisen barricadas en las entradas para atajar la entrada de agua. Casi la mayoría de sótanos y garajes se ha inundado y a...