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28 junio 2021

Cerdita


La cosa era que teníamos que tirar un colchón viejo. 
Pero viejo, viejo. 
Para que os hagáis una idea, normalmente cuando le decimos a mi abuela que algo está roto o que habría que cambiarlo siempre dice: "Pero si está nuevo". 
Que yo lo entiendo, que cuando tienes 87 años todo lo que no sea la piedra Rosetta te parece recién comprado, pero es que la tele "nueva", por poner un ejemplo, tiene el teletexto en latín, vamos a ver.
Pues el caso es que mis padres le dijeron a la abuela que habían comprado un colchón nuevo y que iban a tirar el viejo y mi abuela dijo que muy bien, que ya le iba haciendo falta, así que el colchón debía de tener más años que el timbre de Atapuerca.
Así que mis padres compraron el colchón nuevo y todo bien, salvo que había que deshacerse del viejo. Y el viejo estaba en el pueblo. Y el pueblo está a doscientos kilómetros. Y, para complicarlo más, el ayuntamiento sólo recoge muebles viejos las noches de los miércoles. Y, como lo fácil nos da urticaria, mi padre trabaja los miércoles. Por la tarde.
Así fue como llegamos al pueblo un miércoles a las diez de la noche porque claro. Y digo "llegamos" porque yo la visión de mis padres bajando el colchón del Cid por la escalerilla de caracol y luego arrastrándolo a oscuras por todo el pueblo no me la quería perder por nada del mundo, así que me apunté. Con los niños. Y ZaraJota también habría ido, pero es que tenía que ir a un concierto de los Hombres G.
Total, que llegamos mis padres, los niños y yo al pueblo así como a las diez de la noche de un miércoles cualquiera a tope con la idea de tirar el colchón, y me dice mi padre: 
-Espera un momento, que voy a preguntar si podemos bajarlo a la calle o no.
Que a mí aquello me dio muy mala espina, porque me da la impresión de que es la típica cosa que uno ya se trae preguntada de casa, no sé. 
Efectivamente, mi padre volvió al rato con cara de circunstancias: 
-Que no podemos tirar el colchón esta noche porque están rodando una película, Cerdita.
-Oye, que tampoco hace falta insultar.
-No, que la película se llama Cerdita. Va del bulling y eso. Le dieron un Goya este año.
-Pues sí que avanza rápido la piratería, que no han terminado de grabarla y ya tiene hasta un Goya. 
-No, no, el premio se lo dieron porque era un corto.
-Ya, el típico "al menos es cortito". 
-Y ahora están haciendo el largo.
-Vale pero, entonces, ¿podemos tirar el colchón o no?
Que no es por nada, pero ya habíamos bajado el dichoso colchón por la dichosa escalera, causando dos víctimas mortales (un cuadro caído y un escalón partido, sí, partido, que mis padres decían que dormían mal porque el colchón era viejo, pero después de ver el escalón empiezo a pensar que era porque el colchón estaba hecho de cemento armado), y sólo de pensar que teníamos que volverlo a subir me entraban unos sudores fríos muy malos.
-Mañana, pero tiene que ser a primera hora, que van a cerrar el centro por el rodaje.
-¿A primera hora cuándo?
-Antes de las ocho. 
Por entonces yo todavía no había visto el corto, pero empezaba a sospechar que a lo mejor la tal Cerdita se merecía todo el bullying que le estuvieran haciendo. Y luego un poco más. Mis padres me debieron notar algo en la cara, porque rápidamente dijeron:
-No te preocupes, lo podemos dejar abajo hasta mañana.
-Menos mal. 
A la mañana siguiente, cuando me levanté, el colchón había desaparecido.
-Ya nos lo hemos llevado -me dijo mi madre muy sonriente-. Nosotros solos.
-¿Cómo?
-Con un patinete.
-¡Pero haberme esperado!
-¡Que lo teníamos que tirar antes de que empezaran a grabar!
Yo no quise decir nada, pero así a ojo y sin saber cómo será la película creo que ganaría mucho con dos viejos empujando un colchón de los años cincuenta subido a un patinete por esas calles de pedruscos y cuestas, pero bueno. Ahí dejo la idea por si todavía no han terminado de grabar y le sacan partido.
-Además, teníamos que sacar el coche de la placita, que van a rodar ahí.
-Pero... ¡por ahí es por donde salimos!
Técnicamente, la calle tiene otra salida. Pero es cuesta arriba, Cerdita, cuesta arriba
-Pues vamos a tener que irnos para Madrid prontito, que si no nos vamos a quedar encerrados, jajaja.
A mí la idea de quedarme encerrada en la casa del pueblo con mis padres, mis hijos y cero internet me causaba una inquietud profunda nivel: la última vez que pasó escribí Villamatojo, esa gran historia de humor. 
-Será mejor que vaya a comprar el pan ya -dije.
Así que a las nueve de la mañana cogí a los dos niños y los arrastré fuera de la casa a comprar pan. Porque yo de ese pueblo no he salido jamás sin queso, pan y lombrices: son las normas, no me las he inventado yo.
Por suerte, la placita estaba todavía desierta, pero la iglesia estaba rodeada de gente bohemia y de mal vivir. 
Bueno, había muchos técnicos de iluminación y sonido y esas cosas y un señor dirigiendo el tráfico y vigilando que los lugareños no se pimplaran el catering, y la iglesia tenía las puertas abiertas de par en par y estaba de bote en bote, que no sabía yo si la habían llenado con extras del rodaje o cotillas del lugar. 
-¿Podemos pasar por aquí, que vamos a comprar el pan? -le pregunté a un joven amable que había por allí.
-Claro, si estáis en silencio.
A ver, Cerdita querida:
Puedo bajar un colchón a altas horas de la noche para nada, puedo madrugar, puedo salir de casa cuesta arriba, puedo cargar con las maletas hasta las afueras porque no se puede aparcar en el centro... pero no me pidas que me calle, que hay sacrificios que no estoy dispuesta a hacer.







Os dejo por aquí el corto y un disclaimer: la piscina suele estar mucho más limpia de lo que se ve aquí.
Y sí, hay que meterse en ella con cangrejeras o similar, que si no te dejas la planta de los pies.

19 octubre 2020

Conversaciones casuales

Empiezo a tener dificultades para explicar a qué me dedico. 
Por desgracia para mí, Nena-chan no tiene dificultades en absoluto.
Hace un par de semanas, salimos del colegio y empezamos a subir la cuesta con unos amiguitos de Nena-chan y su papá, con el que yo no había coincidido nunca y dicho sea de paso, todavía tenía posibilidades de perecerle normal.
-¿Esta es tu mamá? -le preguntó el señor a Nena-chan.
-Sí. Escribe libros de zombis.
Por suerte (o no) entre la mascarilla, el griterío de los niños, el ruido del tráfico y que el señor es extranjero no lo acabó de entender bien del todo.
-¿Libros de samba?
Pensé que ese sería un magnífico momento para callarme y asentir.
Por desgracia, Nena-chan no pensó lo mismo.
-NOOOO... de zombis, ZOM-BIS, de los que matan gente y comen CEREBROS.
-¡NENA-CHAN!
-¿Qué? Si es verdad.
-¡También escribo más cosas!
Intenté explicarle al buen hombre que no sólo escribo libros de samba zombis, pero cuanto más explicaba más lo empeoraba, sobre todo porque luego me enteré de que el buen hombre es escritor pero de verdad, no como yo.
Cuando llegué a casa tuve una conversación muy seria con Nena-chan.
-¡No puedes decirle a la gente que escribo libros de zombis!
-Pero es que es verdad. 
-Ya sé que es verdad, pero si lo sueltas así a la primera de cambio y sin venir a cuento suena... como si estuviera loca de atar raro. Además, he escrito más cosas.
-¿Como el libro del #lorzfunding?
-...quizá sea mejor que dejemos eso fuera de las conversaciones casuales con desconocidos también.
-Entonces, ¿no puedo contar nada?
-Claro que sí, hago muchísimas cosas que puedes contar.
-¿En serio? ¿Cómo qué?
De pronto, toda mi vida pasó ante mis ojos. Bueno, no toda. Lo que pasó ante mis ojos fue Nena-chan explicando en clase su versión de algunas de las cosas a las que me dedico, segura de una reunión incómoda con los servicios sociales.
-Bueno, pues más cosas... o sea, ¿qué crees que hago todo el día tecleando en el ordenador?
-No sé, ¿mirar twitter?
Me tiene calada.


Editado a las 15:00 del mismo día.
A Dios pongo por testigo de que hoy, nada más salir del cole, Nena-le ha dicho a un amiguito que escribo libros.
-¿Ah, sí? ¿De qué? 
-De zo... -me mira, la miro-. De estupideces. 
Parece que vamos mejorando.



- - - - - - -
No lo puedo evitar: me gusta más un crowdfunding que a un tonto un lápiz.



27 julio 2020

La casa de las cajas

Lunes
-Mamá, ¿hoy vamos a la pisina?
-No, Nene-kun, hoy no podemos ir a la piscina, mamá tiene que esperar a que le traigan unas cajas de libros.
-¿De Villamatojo?
-No, los de Vayamos por partes.
-Oh. ¿Y por qué no los recoge papá cuando vengan?
-Porque son muchos libros. ¡Cientos de libros! ¡Miles de libros!
Media hora más tarde, un mensajero apareció con dos cajitas de libros.
Nene-kun me mira con rencor.
-¿E-esto es todo? -pregunto. 
-Sí.
El mensajero parece totalmente convencido. 
-Vaaale -le dijo. 
El mensajero se va y yo abro la caja: 
-Vaaaale, se ve que me han mandado por un lado la primera parte y por otro la segunda... ¡Lo han mandado por partes, Nene-kun! ¡JAJAJAJA! ¡Me mondo yo sola!
A Nene-kun, sin embargo, no le hacía gracia.
-Entonces, ¿ya podemos ir a la pisina?
-No, pedorrillo, tenemos que esperar a que lleguen el resto de las cajas.

Martes
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No, lechoncillo, tenemos que esperar a que lleguen las cajas.
-¿Y cuándo van a venir?
-Pues espero que hoy, la verdad...
Justo en ese momento suena el teléfono.
-Hola, soy el mensajero, que tengo aquí unas cajas...
-Gracias a dios...
-Lo que pasa es que pesan mucho. 
-...ya, son libros. 
-¿Van a estar ustedes en casa?
-Sí, claro. 
O sea, ¿dónde vamos a ir? ¿A la piscina? ¿En julio? ¿Estamos locos o qué?
-Bueno, yo les llevo las cajas pero me tienen que ayudar ustedes porque pesan mucho.
-...
Creo que no lo he contado nunca: mi cuñado tiene una empresa de portes y mudanzas. Una grande, con su flotilla de camiones, incluso de los que tienen una plataforma elevadora para meter y sacar cosas por los balcones.
En aquel momento me di cuenta de que mi cuñado tiene el negocio muy mal planteado, o sea: ¿para qué necesitas una plataforma elevadora cuando puedes decirle al cliente que el sofá pesa y que ya lo suba él si eso?
-¿Señora?
-Está bien, no se preocupe, yo le ayudo. 
Que hace mucho que no me rompo y en urgencias me deben estar echando de menos. 
-¿Tienen ascensor, no?
-Sí, pero está en la entreplanta.
-[&%*%$]
-Hombre, son seis escalones, tampoco es para ponerse así...
-Bueno, yo le dejo las cajas en el portal y ustedes las suben. 
Bueno, son sólo unos doscientos libros y pesan sólo medio kilo cada uno, ¿qué puede salir mal?

Miércoles
-Me... muero...
-Mamá, ¿hoy podemos ir a la pisina?
-No... yo... espalda... cajas...
-¿Hoy también tienen que traer cajas?
-Sí, de ibuprofeno. En vena.


Jueves
-Mamá, ¿hoy podemos ir la pisina?
-No, mi amor, hoy me tienen que traer más libros.
-¿De Villamatojo?
Cuando Nene-kun dice Villamatojo con su vocecilla me imagino a los zombis como peluches de colores pastel que lanzan arcoiris por el culete.
-Sí, de Villamatojo.
Media hora más tarde, tenemos en la puerta a la mensajera. Una señora. Que pudo subir la caja con los libros ella solita y todo (eran muchos menos, esto también es verdad).
Mientras firmo la entrega, Nene-kun asoma la cabeza.
-Mamá, ¿quién es?
-Una señora que ha venido a traernos los libros.
-¿Los de Villamatojo?
-Sí.
-Pues pregúntale si ya nos podemos ir a la pisina.


- - - - - - 
¿Quién dijo que quería Villamatojo en papel?


23 marzo 2020

El emprendedurismo

Me dicen por ahí que no he sido lo suficientemente pesada.
Con esto.


No he sido lo suficientemente pesada con esto.
Con otras cosas sí, ¿eh? Que no decaiga la fiesta.
Así que os cuento: me he vuelto tó loca y ahora soy autónoma freelance de las sinergias proactivas.
Me he unido al emprendedurismo.
El emprendedurismo no es exactamente como yo pensaba: para empezar, ZaraJota sigue sin dejarme prender fuego a nada.
Las cosas como son: tampoco he necesitado nunca su permiso.
Y luego, que ha venido la plaga y eso.
Que en sí misma no es que afecte mucho al desarrollo de mi actividad pero, francamente, una pequeña editorial que nace no tiene ninguna oportunidad frente a todas las grandes que, sin duda con la mejor intención, están ofreciendo libros y descargas gratuitas estos días.
Mucho me temo que mi iniciativa empresarial ha nacido muerta (ojalá me equivoque).
Por suerte para mí, mientras dure la cuarentena no tendré que enfrentarme a la realidad y puedo fingirme empresauria todavía unos días más.
¡MUAJAJA! ¡CHÚPATE ESA, REALIDAD!
¡Pero con cuidao, no vayas a pillar algo!
Por el lado positivo, ha sido necesaria una epidemia a nivel mundial y el práctico colapso de la economía para pararme.
Soy el Godzilla del emprendedurismo, y a mucha honra.
En fin, pase lo que pase, dure lo que dure, podéis encontrar mis libros en Lektu.
Y si os da pereza leer, aquí tenéis a ZaraJota haciendo una lectura en directo de Villamatojo I.
Cuidaos, sed buenos y no salgáis a la calle salvo que sea imprescindible.






10 septiembre 2018

Lo del wifi, 2

Previously in Lorz...
50%

Bueno, me están preguntando que por qué si soy de Córdoba la casa de mis abuelos está en Villanueva de la Vera, que no está ni en la misma provincia y yo casi diría que ni en la misma comunidad autónoma, y del país no digo nada porque seguro que ofendo a alguien tanto si digo que sí como si digo que no. 

Esta es la historia muy resumida: 

cuando mi abuelo (natural de Rute pero nacido en Iznájar, guardia civil en Blanes y otros puntos de Cataluña, después vivió muchos años en Madrid, donde falleció) tenía cerca de setenta años, se fue a pasar un fin de semana a la comarca de la Vera (Cáceres), donde no había estado en toda su vida, y aquello le gustó tanto que vendió la casita de la playa y se compró una casa semirruinosa en Villanueva con la idea de irla reformando poco a poco, lo que pasa es que en el entretanto le detectaron un cáncer y se murió y la casa se quedó así un poco de aquella manera. 

Para ser justos, el abuelo nos preguntó en su momento qué nos parecía todo el proyecto y le dijimos que era su casa y su dinero y que hiciera lo que le pareciera bien, pero a la hora de la verdad fue como si vendieran el único trozo de mi infancia que quedaba entero (la casa donde crecí se cae a cachos, la casa de mi bisabuela se echó abajo para hacer pisos, la casa de mis otros abuelos... bueno, esa es otra historia), cosa que me dejó muy j*d*d* y que hizo que le cogiera tanta manía al pueblo que empecé a llamarlo, nunca lo adivinaréis Villamatojo (del Arbustillo). 
Ahora que tengo hijos y veo cómo el pueblo se va convirtiendo en un trozo sin playa de su infancia empiezo a reconciliarme con la dichosa casa, y creo que ha llegado el momento de pedir disculpas al pueblo, que es muy bonito y os recomiendo visitar, a ser posible hablando en voz baja, que en esas calles retumba todo, j*d*r, un respeto.

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Que ZaraJota encontrara la llave de paso del agua nos vino muy bien porque así nos pudimos duchar, que es una cosa que no hacemos a menudo pero las vacaciones están para eso, para salirse de la rutina y tal.
ZaraJota se duchó el primero porque yo albergaba la esperanza de que se acabara todo el agua y no tuviera que ducharme, pero resulta que los veranos en esa zona no tienen NADA que ver con los veranos en Córdoba y hay agua para aburrir a un tonto, incluso si ese tonto soy yo, que no tengo hartura.
Por eso me extrañó mucho cuando ZaraJota salió de la ducha y me dijo:
-El agua tiene poquísima presión.
-Bueno, es que si está estresada en plenas vacaciones es para preocuparse.
-No, no: que sale muy floja.
-Bueno, tú también me has salido muy flojo y no te lo voy echando en cara todo el día.
-Que apenas sale agua, Lorz.
-Ah. Pues antes he llenado la regadera y ha salido perfectamente.
-Ya, pero en cuanto levantas un poco la alcachofa el agua deja de salir.
-Pues no levantes la alcachofa, que de verdad que no hace falta que limpies las verduras mientras te duchas, que hay agua de sobra.
-Es que si no levanto la alcachofa no me puedo mojar la cabeza.
Ahí me quedé un poco pillada, que lo mismo es que usa la alcachofa como tratamiento capilar y yo todo este tiempo comprándole champús anticaspa como una g*l*p*ll*s.
-Pues agáchate, yo qué sé, y de verdad deja de mojar las alcachofas que luego se ponen marrones y me dices que no te gustan.
Que tengo que estar yo a todo.
-Bueno, dúchate tú y verás.
Y eso hice: me metí en la bañera, cogí el duchatrón, abrí el grifo, y no salió ni una gota por arriba, porque toda salía por abajo.
-Creo que el tubo se ha pasado -le dije a ZaraJota-, vamos a tener que cambiarlo.
Obsérvese el plural mayestático, que se debe a que yo no tenía la menor intención de cambiar nada porque en casa tenemos las tareas perfectamente divididas: yo rompo las cosas y ZaraJota las repara.
ZaraJota no se alteró lo más mínimo porque está más que acostumbrado a las averías acuáticas y además no me estaba escuchando, pero al día siguiente, cuando volvió a ducharse (ahora que lo pienso, ZaraJota se ducha mucho cuando tiene que estar en casa conmigo) decidió por su cuenta que, efectivamente, había que cambiar el tubo, y lo cambió y con eso todos felices.
Casi.
El día siguiente me fui a duchar, que ahora que lo pienso yo también me estuve duchando mucho en el pueblo, que lo mismo va a ser un virus o algo, y cuando abrí el grifo no salió nada por arriba.
Me agaché para mirar la unión del tubo con el grifo y le hice toc-toc con el dedito Y DE PRONTO EMPEZÓ A SALIR AGUA POR TODAS PARTES, EN SERIO, AQUELLO ERA COMO EL TITANIC SOLO QUE EN VEZ DE LLEVAR UN VESTIDO CHULO ESTABA EN PELOTAS, Y ME CAÍ PARA ATRÁS, Y ME RESBALÉ PORQUE LA ALFOMBRILLA ANTIRESBALONES DE LA BAÑERA TIENE MÁS AÑOS QUE LLAMARSE ANGUSTIAS Y YA NO SE QUEDA PEGADA A LA BAÑERA, Y ME FUI A AGARRAR DE LA CORTINA Y NO SÉ CÓMO AGUANTÓ AQUELLO, Y ADEMÁS DIO IGUAL PORQUE ME PEGUÉ UNA TORTA QUE HE ESTADO TRES SEMANAS CON UN MORATÓN EN EL MUSLO TAN GRANDE COMO MI MANO.
Cerré el grifo como pude y lo estudié de cerca: corrosión generalizada. La unión grifo-tubo estaba totalmente podrida.
-¿Y ahora cómo solucionamos esto? -le pregunté a ZaraJota cuando conseguí cerrar el grifo y salir de allí.
-Pues habrá que esperar al lunes, porque un sábado por la tarde y en mitad del puente de agosto ya me dirás dónde encontramos un fontanero.
-¡Pero es que mañana viene mi familia al completo, acuérdate!
-Anda, Lorz, es verdad. Pues entonces ya sé lo que voy a hacer.
-¿Sí?
-Sí: volverme a Madrid.
Así entre nosotros, no estoy segura de que eso sea exactamente una solución.

Continuará...



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16 abril 2018

Un poco más, Lorz

Estoy sufriendo viviendo una etapa de trabajo intensivo.
Justo mientras escribo esto se cumplen tres meses desde que empecé a trabajar entre cincuenta y sesenta horas semanales, salvando la semana santa que me volví tó loca y me fui cuatro días a Barcelona.
La gente, que se coge vacaciones y así va el país. 
La verdad, si no me gustara tanto lo que hago no sé si habría aguantado...
Y si no fuera tan cabezota y tan absolutamente incapaz de reconocer cuando estoy agotada. 
Entre semana, cuando llego a casa los niños están o dormidos o muy cansados y de mal humor.
Como yo, vaya. 
Y los fines de semana intento estar con ellos de día y quedarme trabajando de noche, pero no acaba de funcionar del todo bien porque paso más tiempo con ellos, sí, pero estoy tan cansada y tan irritable que sería mejor que no lo pasara.
O eso dice la culpa de madre trabajadora™.
Y me voy durmiendo por todas partes.
La semana pasada estuve en un evento austenita que me hacía una ilusión loca, pero había estado trabajando hasta las cinco de la mañana, así que a media tarde empecé a cabecear y me tuve que ir a casa. De camino me dormí en el autobús, y cuando abrí el ojo ya iba camino a cocheras.
-¡Eso te pasa por ir mirando el móvil! -me gritó el busero.
-¡SÍ, ESO, IBA MIRANDO EL MÓVIL, POR ESO HA SIDO! -le contesté yo, secándome la baba de la barbilla.
Al menos esta vez no iba vestida de época...
Lo que peor llevo es que he tenido que aparcar todos mis proyectos personales: otro Quiero volver, otro Villamatojo, una saga épica que me encontré en un cajón y, lo que más ilusión me hacía, otro #Lorzfunding. También los proyectos de otras personas, que estaba corrigiendo con mucha emoción.
Bueno, no, eso no es lo peor.
Lo peor es que ahora en casa cocina ZaraJota.
Que yo llevo la fama pero vaya...
Lo primero que hizo fue cuscús. Siguió las instrucciones de la receta paso a paso, literalmente. Tan literalmente que el primer paso era "hidrate el cuscús siguiendo las instrucciones del envase", y como tengo la costumbre de meter el cuscús en un tarro transparente, ZaraJota hizo exactamente lo que ponía ahí, que es absolutamente nada. Jamás había comido una gravilla tan sabrosa.
Por suerte tengo reservas acumuladas estratégicamente en todo el cuerpo y entre eso y los trozos de galleta que los niños esconden en mi cama creo que podré resistir una temporada.
Resistir es bueno, resistir es divertido, resistir aleja a los señores de la bata blanca.
El caso es que entre unas cosas y otras últimamente no me siento muy Lorzagirl.
De hecho me imagino a Lorzagirl con los brazos en jarras y mirada de desaprobación.
Vale, puede que los señores de la bata blanca no anden tan lejos como parece...
Pero ya queda poco.
Tres días más y recuperaré mi preciada anormalidad.
O empezaré a valorar más a los señores de la bata blanca.

Gracias por seguir en antena.
(También podéis seguirme en twitter. que escribo más)

09 abril 2018

Me han robado el móvil

Hace unos días me robaron el móvil mientras iba en el autobús de pie (por supuesto) cargando con dos niños, dos mochilas, un bolso tamaño cabina, el paraguas y el abrigo de Bebé-kun, que había manifestado amablemente su disconformidad cuando intenté ponérselo.
-¡¡¡NOOOOOO!!! ¡¡¡NO QUEROOOO!!! ¡¡¡MAMÁÁÁ!!!*
*reconstrucción dramática.
La verdad es que no sé con qué me pude distraer.
El caso es que me bajé del autobús y las dos cremalleras del bolso (la general y la del bolsillo interior) estaban abiertas y el móvil había desaparecido y solo quedaba la cartera, porque alguna ventaja debía de tener el ir por la vida con cara de pobre, digo yo.
Como consuelo era un poco escaso. 
-¿Tenías algo importante en el móvil? -me preguntó mi padre en cuanto se lo conté.
-TODO.
Las fotos de los niños, pensé en el primer momento de pánico.
Pero luego me acordé de que había hecho una copia de seguridad justo la semana anterior.
Chúpate esa, ladrón de móviles.
¿Qué más podía tener ahí metido?
Villamatojo III.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, quizá pueda recuperar una parte...
Vale, solo he recuperado un párrafo.
J*d*r, j*d*r, j*d*r...
Bueno, Lorz. Respira.
Has perdido un cuento entero.
Pero, PERO, lo había dejado en un cliffhanger muy difícil de resolver, así que...
Chúpate esa, ladrón de móviles.
A ver, a ver... ¿Qué más he podido perder?
Nada importante. Solo la segunda parte del #Lorfunding.
JODER, JODER, JODER, CAGONLALECHE CON TOAS SUS LETRAS.
Lo estábamos montando para septiembre, pero en las últimas semanas me había animado para lanzarlo en julio. Ahora tendrá que esperar a diciembre.
No pasa nada, lo sacaremos adelante de todas formas.
Chúpate esa, ladrón de móviles. 
Esa misma tarde le estaba contando toda esta movida al policía que me estaba tomando la denuncia, cuando me preguntó si no me daba pena el terminal.
-Ja, ja. No.
-¿Era muy viejo?
-No, pero la pantalla me estaba dando problemas.
-Anda, ¿y no probaste a hablar con el servicio técnico?
-Sí, pero no podían hacer nada porque técnicamente no estaba rota.
De hecho, el problema de la pantalla era que funcionaba bien. 
Demasiado bien.
Tan bien, que se activaba con la luz. Ella solita. Los días que hacía bueno se volvía loca, empezaba a recibir como ocho mil estímulos al mismo tiempo, hasta el punto de que atinaba a quitar el bloqueo por su cuenta y riesgo.
Yo ya le había pillado el truco y la postura y me medio apañaba, pero la verdad es que era un p*t* engorro.
Y en casa era peor,  porque el único sitio donde lo podía enchufar era en la cocina, justo debajo del plafón del techo.
Y la luz del fluorescente lo volvía LOCO de verdad.
Pero en plan SUPERLOCO.
Se desbloqueaba solo y empezaba a llamar a todos mis contactos, uno por uno.
Y, desgraciadamente, el primero de la lista de contactos es mi ex, porque su nombre empieza por A.
Os podéis imaginar la conversación.
-Lorz, ¿te encuentras bien?
-Sí, claro. ¿Por?
-Me has llamado tres veces.
-Ah, no he sido yo, ha sido el plafón de la cocina.
-Eh... clarooo, clarooo.
-De verdad, el móvil se activa con la luz del plafón.
-Ya veo. ¿No habrás estado haciendo manualidades con pegamento otra vez, verdad?
Pues le conté esto al policía y estuvo de acuerdo conmigo en que quizá lo mejor para todos era que tuviera que comprarme un móvil nuevo, porque según él ningún juez, en ningún caso, habría aceptado "yo no fui, fue el plafón de la cocina" como defensa válida en un caso de acoso.
Mucho prejuicio es lo que hay, me parece a mí.
-Volviendo al robo -siguió el policía-. ¿Sabes quién ha podido ser?  
-Pues ni idea... Pero ojalá que tenga un ex cuyo nombre empiece por A.







PD. Lo que sí me ha j*d*d* viva es que en la carcasa del móvil llevaba este dibujo de Ana. 

26 febrero 2018

Villamatojo II

Lo he vuelto a hacer: he escrito otra historia de zombis que, según su único lector beta (el otro estaba "ocupado" porque, según él, tenía que "trabajar" y "déjame en paz que son las tres de la mañana") está muy bien.
Bueno, en realidad lo que ha dicho es que "da mucho repelús" y que "va a peor", lo que, ahora que lo pienso, es más o menos lo mismo que dice de mí.
No importa.
Seguro que Mary Shelley oía lo mismo todos los días: su marido también tenía pinta de quejica.
"Is qui siy in piiti rimíntico, is qui siy in piiti rimíntico". Anda y calla, mediatorta.
El caso es que Villamatojo II está o estará disponible en breve (Amazon y sus cosas), junto con Villamatojo I, aquí.
Espero que os guste: he tardado en escribirlo por lo menos siete viajes en metro.






Pd: ¿He dicho ya por aquí que ZaraJota ha empezado a dibujar para la segunda parte del #Lorzfunding?

18 diciembre 2017

Más publicidad

Una vez más me toca hacer publicidad, pero es por una buena causa.
Se acerca la navidad y seguro que tenéis que hacer mogollón de regalos para gente especial. 
Ya sabéis, para gente que no os cae bien y eso. 
Hacer un regalo a una persona que odiáis, o, peor, que os da totalmente igual es una tortura, y aquí vengo yo a recomendaros mis libros: de todas formas, a esa persona no le va a gustar nada que le regaléis, y a mí me hacéis un favor.
Tenéis tres a vuestra disposición. 

Este ya lo conocéis, es el que sacamos adelante con vuestra ayuda en el #Lorzfunding. 
Es una recopilación de entradas del blog, mejoradas, ampliadas y con dibujos de ZaraJota. 
Lo podéis encontrar en ebook; también me queda alguna copia impresa en casa, podéis escribirme a lorzagirl@gmail.com si queréis una.



Tan breve es esta historia que solo tiene 12 páginas. 
Por eso solo está disponible en ebook
Villamatojo cuenta la historia de una familia que está de vacaciones en el pueblo cuando de pronto aparecen los zombis. 
Me temo que cuando la escribí se me había agotado el sentido del humor, y me ha quedado bastante oscura. 



Está tanto en ebook como en papel
Llevo casi treinta años dándole vueltas a esta historia, y ahora que por fin la he publicado la echo de menos: me había acostumbrado a que me rondara, y me arrepiento un poco de haberla soltado. 
¡Todavía podía haberle dado más vueltas! 
Es la historia de una niña que va a una fiesta y es testigo de un intento de asesinato. A partir de ahí la vida se le complica. Un poco. Tampoco es que le quedara demasiado margen para complicar. 
Yo la considero juvenil, aunque tiene palabrotas y se menciona la palabra "sexo" al menos una vez. 


Ya que me pongo con esto de la publicidad, os animo a seguirme en la otras redes sociales: FaceBook, Instagram, Twitter. En Twitter me paso la vida, y contesto al segundo.


Como siempre, también estoy disponible en lorzagirl@gmail.com.

¡Nos vemos! 






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Ruegos y preguntas. 

¿Puedo encontrar tus libros en librerías?
No. En ninguna. A no ser que el librero se haya comprado alguno y se lo haya dejado por ahí. 

¡Muy mal, Lorz! 
Para poner un libro en librerías se necesitan, entre otras cosas, imprimir una cantidad mínima que garantice que habrá libros en las librerías, aunque luego no se vayan a vender. 
Y lo más probable es que la mayoría no se vendan y acaben en una incineradora.
Hasta que no esté segura de que mis libros van a encontrar un hogar, prefiero no matar más árboles de los necesarios.

¡Pero hay que apoyar a las librerías! 
Yo las apoyo. Comprando. Aunque no mis libros. Hay libros de sobra en todas. 

Vale, pero ¿por qué los libros solo están disponibles en amazon, que es El Mal Encarnado?
Porque llega a todo el mundo y así me aseguro que mis tres seguidores en Brasil (por ejemplo) pueden tener el libro si lo quieren. De hecho me proporciona herramientas para saber que en Brasil hay tres personas que compran mis libros. Y así puedo decirles hola. ¡Hola! 

Pues yo conozco una plataforma maravillosa que...
En estos momentos no dispongo de tiempo para adaptar, subir y gestionar mis libros en todas las plataformas maravillosas que hay.
Además, muchas plataformas tienen mínimos de ventas, es decir, que si subo mi libro a diez plataformas y vendo cinco en cada una, lo más probable es que no cobre absolutamente nada por ninguno. 
Mis cifras de ventas son tan bajas que, de momento, necesito centralizar. 

¿Y qué más da vender? ¡La escritura no es un negocio, es una pasión! 
Es una pasión a la que hay que dedicarle tiempo. MUCHO tiempo. Cuanto menos tiempo deba dedicar a ganarme la vida, más tiempo tendré para escribir. Luego el dinero es importante, aunque solo sea para poder seguir escribiendo.
En ese sentido, somos los lectores los que decidimos quién se convierte en escritor profesional y quién no. 

Pues yo me lo pienso bajar pirata. 
Vale. Menos probabilidades hay que escriba otro. Como he dicho, son los lectores los que deciden. 
Aunque si crees que mi trabajo no vale nada, quizá no deberías perder tu valioso tiempo leyéndolo.  

Pues mira, tienes razón: paso de leerlo. De todas formas no me gusta como escribes.
¿Y qué haces aquí, entonces?

No puedo irme. Soy tu voz interior. 
M**rd*.

FRACASAAAAAAAADA....
Si crees que a estas alturas voy a picar con el síndrome del impostor...

¡ERES TONTA Y FEA Y TUS PADRES NO TE QUIEREN!
Me parece que lo que le he echado al pollo no era tomillo. 

06 noviembre 2017

Villamatojo

Lo he dicho en Twitter, lo he dicho en Facebook, lo he dicho en Instagram... el único sitio en el que no se me ha ocurrido decirlo es aquí, y lo mismo debería.
Pues nada, que este verano estaba en el pueblo y en una de esas noches en las que el puro cansancio no me dejaba dormir me volví toda loca y escribí un cuento.
Sí, del tirón. 
Sí, en una sola noche. 
Sí, me había dado mucho el sol en la cabeza. 
Y ya que lo tenía y no sabía qué hacer con él lo subí a Amazon en formato ebook.
No, no está en otras plataformas. 
No, no voy a hacer versión impresa.
No, esto no le ha quitado tiempo a la segunda parte del #Lorzfunding porque cuando lo escribí no tenía ordenador a mano y dejadme que os diga, sin relación con lo anterior, que escribir con boli sobre papel higiénico no es tan fácil como podría parecer. 


Se llama Villamatojo, y no es ni de reírse ni de pasarlo bien ni nada, sino de mucho sufrir y de perder la fe en la raza humana y eso.
Además hay zombis aunque dentro del cuento no los llaman así porque lo de zombi suena muy glamuroso y en plena Extremadura como que no me pegaba.
Lo mejor que puedo decir de él es que al menos es breve y si os animáis a leerlo no sufriréis mucho tiempo.
Eso y que a mi madre le ha gustado, aunque también es cierto que se dio un golpe en la cabeza cuando era pequeña y desde entonces no ha vuelto a ser la misma.
Pues eso, que avisados estáis.