AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



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viernes, 19 de marzo de 2021

Línea discontinua, José Manuel Mora-Fandos. Ed. Pre-Textos

 

Pues muy contento de la reciente publicación de esta colección de poemas en la cuidada edición de Pre-Textos. Una línea discontinua de estilos, temas, miradas... hay veinte años en esta línea, que discurre discontinua, pero línea al fin y al cabo. La vida misma. Espero que guste. 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Dios no va conmigo, de Holly Ordway. Reseña en Aceprensa

 


Dios no va conmigo, Holly Ordway. Universidad Francisco de Vitoria. Madrid. 2019

Aquí está mi reseña en Aceprensa de esta narración autobiográfica de la profesora de literatura Holly Ordway. No es fácil relatar un proceso profundo de cambio, pero la autora lo hace bella y persuasivamente bien, y me dejó abiertas muy buenas vías de reflexión. 

Un buen ejemplo de construcción artística de la imagen narrativa de uno mismo, guiada por el deseo de conocer y comunicar la verdad.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Interpreting our cultural and personal malaises, mis notas a The Burnout Society de Byung-Chul Han, Stanford University Press

Aquí tenéis mi reseña de The Burnout Society, de Byung-Chul Han (Stanford University Press, 2015), aparecida en el journal Church, Communication and Culture, en su último número monográfico dedicado a Dostoievsky, preparado por la profesora Federica Bergamino, de la Università della Santa Croce, Roma. Este número refiere a un congreso organizado por Bergamino en dicha universidad, cuyo libro de actas es este: Dostoevskij, abitare il mistero. Otro día comentaremos esta publicación.

Han no deja de publicar breves libros que abordan con perspicacia y razonabilidad aspectos de nuestra vida contemporánea. Desde hace un par de años, editoriales académicas norteamericanas (Stanford University Press y MIT Press) se han sumado al gran fenómeno difusivo de sus obras, comenzado en Europa y en Hispanoamérica bastantes años antes. 

En la edición de Stanford University Press aparecen contenidos inéditos en la primera versión española de Herder Editorial, que ya han sido incorporados en su segunda edición de 2017

domingo, 21 de agosto de 2016

Dulcia in fundo... en la escritura creativa

Decían los clásicos que lo dulce está en el fondo, al final. ¿De qué? De un camino, de un proceso. Una idea esencial de la escritura creativa es que escribir es un proceso. La tradición norteamericana de la enseñanza de la escritura conecta con la idea clásica de que hay que caminar con el deseo de llegar al final. 

Caminar así nos hace llegar a lo dulce, pero también nos hace dulces. Las asperezas, lo inservible, lo paralizante, lo tóxico... va desapareciendo cuando hay una voluntad que se despoja de lo que desdibuja la ruta, que desestima lo que aparta del proceso.

*
Descubro estos días unos tilos en un bosquecillo cercano. Mi app para identificar árboles dice que el tilo es el árbol sagrado de los antiguos pueblos germánicos y bálticos. Ha llegado una brisa y las hojas del tilo difunden un rumor, como un secreto de muchos en una lengua que aún no sé leer.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Adviento

Recuerdo, cuántos años, la preparación de la Navidad. No la escapada a por el tierno musgo para el Belén, ni al ultramarinos a por las lustrosas castañas, la redecilla de nueces, los higos secos, de prieta enjundia y piel emblanquecida, como un cuento antiguo… Lo que ahora recuerdo es el Adviento, la preparación del advenimiento del Niño Dios. Cuántos advientos… Intento recuperarlos y me desdoblo en alguien que escava y descubre entre estratos el dibujo de un deslizamiento que corta los lechos depositados por los años…
Me pregunto, al recorrer el dibujo hondo de las líneas de la palma de mi mano, si en tantas ilusiones en la vida —perdidas, ganadas, transfiguradas— no volví cada vez, inconsciente, por esa senda antigua aprendida en un Adviento de niño: “Prepararte para lo que vendrá; ponte en camino”. Como esos libros que en la lectura te recomponen de las trizas de los días, te juntan por tu nombre y te llevan hacia un brillo. Como las esperanzas.

Bueno, ya está, ya estoy, otra vez aquí: el Adviento.

lunes, 6 de abril de 2015

Aprender a escribir con Jane Austen y Maud Montgomery, de Inger Enkvist. Una invitación


Está a punto de salir esta ingeniosa obra de Inger Enkvist, catedrática de español de la Universidad de Lund (Suecia). Investigadora rigurosa y entusiasta, intelectual humanista, a menudo le pone las peras al cuarto a lo políticamente correcto en los ámbitos académicos. Desde Vargas Llosa (de quien es una autoridad mundial) hasta los programas de la pedagogía moderna, entra con paso firme hasta la cocina, y sus propuestas son luminosas, operativas, esperanzadoras. 

¿Puede enseñarse a escribir literatura? ¿En qué sentido? ¿Qué se se puede aprender de autores sólidos, aunque la distancia cultural sea importante? ¿Y si hubiera algo transcultural, humanamente plausible? ¿Qué tiene que ver esto con la identidad?

Pues todo eso en este libro accesible y sensato, que en primer lugar puede enriquecer la lectura/relectura de estas dos autoras, y aportar a continuación orientaciones para quien esté bregándose en la escritura. 

Publicado en la colección del Máster Universitario en Escritura Creativa del Departamento de Filología III, de la Universidad Complutense de Madrid.

Se presenta el jueves 9 de abril, a las 16:30 en la Sala Naranja de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, Avd. Complutense s/n. Contará con la presencia de la autora. Entrada libre.


jueves, 15 de enero de 2015

Calipso, Ulises y nosotros


Chopos, JM MF


I.
"Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo, rico en ardides, ¿así que quieres marcharte enseguida a tu casa y a tu tierra patria? Vete enhorabuena. Pero si supieras cuántas tristezas te deparará el destino antes de que arribes a tu patria, te quedarías aquí conmigo para guardar esta morada y serías inmortal por más deseoso que estuvieras de ver a tu esposa, a la que continuamente deseas todos los días..."

Uno de mis pasajes favoritos de la Odisea: Ulises, en el retrato sentimental que le hace la diosa Calipso, nos llega bajo una potente luz retórica. Ella, que le impide volver al hogar, reconoce la verdad del corazón de su cautivo; y esa verdad, al conocerla nosotros los lectores en este espejo adverso, nos imprime la ilusión de hallarnos asomados al brocal del alma del desdichado, con más efectividad que si el narrador desnudara el pecho cuitado de Ulises. Triángulo entre lector, mediación narrativa y objeto de conocimiento. Paradójica oblicuidad, cuanto más confeccionada, más invisible, y eficaz.

II.
Pienso en la vida que escribimos viviendo: la fuerza del reconocimiento, la validación del yo en las manos de un tú, esa paradoja redentora de la identidad que exige desarmada exposición, ordalía que de normal da vértigo. Luego, quizás, éxtasis.

III. 
Pero aún me impresiona más la elección de Ulises: despreciar la eternidad de los placeres que le ofrece Calipso, por la mortalidad en compañía de su esposa, Penélope. Mujer, mortal. 

"Venerable diosa, no te enfades conmigo, que sé muy bien cuánto te es inferior la discreta Penélope en figura y en estatura al verla de frente, pues ella es mortal y tú inmortal sin vejez. Pero aún así..."

Pero aún así... Porque si uno asintiese a esta perpetuidad de placer, no habría narración, sino abdicación de la identidad, eutanasia del yo en una algodonosa amnesia, cancelación de futuro. Y con ella su inevitable consecuencia: el borrado del nombre propio. El placer, hecho sentido vital, es el menguante hatillo para el viaje hacia la nada.

Pero si Ulises vuelve a la mar... navega hacia el entretejimiento de dos, a la intertextualidad en un decir antropológico. Intertextualidad presentida en los efímeros textos que Penélope teje cada noche, premonición del gran texto que se interrumpió y que volverá. 

IV.
Volver a Ítaca, la paradoja de volver a ser quien se es. Si Ulises se hubiese quedado, el ominoso silencioso de aquella omisión, de aquella no-escritura, nos alcanzaría ahora con la intuición segura de un formidable pecado original. Incapaces de nombrar un quién, andaríamos sin palabras con que indicar la exacta transgresión. Como animales que olfatean un momento el aire raro, volveríamos a nuestros asuntos. A nuestros asuntos ya imposibles de narrar. 


viernes, 22 de noviembre de 2013

De enseñar a leer y a escribir: aulas y paellas


Una por cuatro, por cuatro, por ocho, por doce: horas por días, por semanas, por meses, por años de un niño sentado tras un pupitre en el sistema educativo español: 1536 horas de “Lengua”. Paradójico resultado: escaso hábito lector, nulo hábito escritor, un vivero de faltas de ortografía, calvicie de tildes, frases descalzas de puntuación…

¿Qué hemos estado haciendo con los alumnos durante este millar y medio de horas?

Algo semejante a haber tenido una asignatura llamada “Paella” y después de esa alucinante ristra de horas, el joven a las puertas de la universidad no supiera cuándo hay que poner la carne o el arroz; pero, por otro lado, hubiera estudiado concienzudamente temas como “Variabilidad de resistencia al fuego en aleaciones”, “Los arrozales en Escandinavia: una propuesta”, “Estructura, taxonomía y quaestiones disputatae de la cerilla” o “Análisis de la cohesión, coherencia y adecuación de ingredientes heteromorfos según la teoría de conjuntos aplicada a técnicas culinarias I, II y III”.

Vale, ya sé que exagero: los niños son los niños, los padres son los padres, la vida es la vida... Hipérbole, sí. Pero no hay nada como una hipérbole para despabilarse... "avive el seso y despierte"...

A ver si a quien le competa, en algún órgano de decisión -qué curiosa expresión-, toma nota.

¡Con lo buena que está la paella!




  

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La vocación del maestro: Rita Pierson



Every child needs a champion, Rita Pierson


Vi esta charla en TED hace unos meses, y la descargué en el ordenador inmediatamente. Rita Pierson es una señora simpática y divertida, pero sobre todo una maestra sabia.

Me quedo con todo lo que dice: puede haber muchos problemas en la educación, muchos enemigos externos; pero el peligroso de verdad es el que amenaza la propia vocación: la que nos hace crecer cuando nos esforzamos por hacer crecer al alumno.

Para ver la charla con subtítulos en castellano, aquí.

martes, 10 de septiembre de 2013

¿"Escribe de lo que sabes"?

Seguro que si has asistido a un taller de escritura creativa, o has andado espigando ideas por los blogs del gremio, te habrás encontrado con el consejo: "Escribe de lo que sabes". Hay quienes lo afirman, y hay quienes lo denostan a escobazos -generalmente se escucha más a los segundos-. Y la pequeña polémica continúa, como todo lo que se expone a "blanco o negro". Me gustaría aportar una escala de grises.

Habitualmente, propongo la versión positiva: alguien que escribe de lo que no sabe es pillado inmediatamente -o casi- en la lectura del buen lector (véase tanta novela histórico-esotérico-cientificista): se pilla antes a un Dan Brown que a un cojo. Pero sobre todo, un escritor solo da lo mejor de sí cuando sabe mucho de algo; y con "mucho" no me refiero a un sentido cuantitativo -o no principalmente-, sino cualitativo: mucho es profundidad, y sobre todo, identificación. Aquí vuelvo a mi filósofo de cabecera, Gabriel Marcel: lo valioso en la vida es lo que nos envuelve y nos afecta con hondura. 

El denostador tiene razón cuando argumenta que si Tolkien solo hubiera escrito de lo que sabía, no tendríamos El señor de los anillos. Bien, pero este "saber" o "no saber" refiere a cuestiones muy concretas, al aspecto de la imaginación. Ahí estoy de acuerdo. Pero si Tolkien se inventa un orco, no solo es un alarde imaginativo -basado en un gran conocimiento de una tradición literaria, por cierto-, es, sobre todo, que ha conocido alguno al subir a un autobús, entre sus colegas de Oxford, o entre el pandemonium de un pub... incluso el que él y todos llevamos dentro.

Así que la afirmación y su negación son verdad, si las entendemos cada una en su nivel (un poco de escolástica a vece evita innecesarios derramamientos de sangre).

Apostilla curiosa: este verano estuve en Florencia. La última novela de Dan Brown tiene su escenario allí. No la encontré en casi ningún escaparate de las librerías de la ciudad del Arno. Si alguien sabe de Florencia -y la ama- son los florentinos. Entiendo perfectamente el veto.

viernes, 5 de julio de 2013

Recomendación de lectura para el verano: evasión… hacia uno mismo

—¿Me recomiendas algo para leer este verano?

—Sí, evasión, evasión, evasión… hacia ti.

—¿?

—Han pasado meses, uno ha estado corriendo, atendiendo a muchas cosas diversas, ¡y hay tantas cosas, cositas, que no han dejado de requerir nuestra atención! Uno ha estado surcando superficies, donde se dan las tormentas, los vientos, los cambios repentinos del aire… es verdad: había que estar también ahí, es el ámbito de las urgencias. Pero con qué facilidad uno se acostumbra al ajetreo y llega a creerse que es su habitat natural.

Mientras tanto, uno ha descuidado las profundidades. Si ha leído, ha leído multa, sed non multum, se ha dejado llevar por los imperativos de las opiniones, del marketing, del estar a la última… En el paladar del alma le ha quedado el regusto de la química de una gran piruleta, una larga, ya demasiado larga piruleta que casi le hace olvidar lo que era un roast beef…

Pero es verano, y hay tiempo. Tiempo para la evasión, la huida… de toda esa superficie cansina donde se ha estado faenando y muchas veces perdiendo el tiempo. Verano, lectura: es la gran evasión.

Una voz, como la de las sirenas de Ulises, pero buena, familiar, íntima, invita a las profundidades de uno mismo. Hay que pertrecharse de buenos libros, libros de inmersión que hacen recuperar el buen oído para el silencio, el buen paladar para los matices, el buen ojo para los sutiles contrastes…

Por fin el descanso que uno iba buscando.


¿No?

lunes, 1 de julio de 2013

Unos pensamientos sobre el escribir



I. La escritura no hace personas mejores -por sí misma-, pero qué herramienta tan estupenda, cuando la persona aspira a lo alto.

II. Es un engaño pensar que escribir bien es una cuestión de técnicas. Con las técnicas conseguimos efectos. Cuando hemos puesto nuestra ilusión y expectativas en la lectura de un libro, esperamos que el autor haya ido más allá de la búsqueda de efectos. 

III. Madurez, quizás hoy es una palabra out. No se la ve por los libros de autoayuda, pero tiene esa metáfora vegetal, frutícola y luego fructífera, tan gráfica. Para la buena escritura, madurez personal.

IV. Muchas lecturas, muchos efectos, muchas cosas vistosas y novedades. Pero se adensa la nostalgia de lo genuinamente humano. La humanidad a la que hay que aspirar, no como escritores, sino como personas.

V. Quizás soy políticamente incorrecto al unir escritura con desarrollo personal, y no limitarme a decir que la escritura te permite expresarte, vivir más vidas, etc... Eso es algo, pero es muy poco.

VI. La escritura es indagación, a veces dolorosa, en quién soy, qué sé, y en que quizás he perdido tiempo, en que uno se ha perdido por las ramas, y que faltan experiencias de verdadero crecimiento. Mucho sería darse cuenta de esto, por la escritura.


viernes, 31 de mayo de 2013

Escribir-escribir

Escribir-escribir, solo comencé a hacerlo cuando descubrí que había alguien más. Sí: alguien más que yo, y algo más que un papel. Recuerdo que la escritura al principio fue ejercicio escolar —donde la áspera musa del cumplimiento apenas conseguía arrancarme unas líneas—; y que años más tarde giraron las tornas, y que se me presentaba por doquier como una invitación al juego, la expresión, el desahogo, la exploración, el estilo… Veo la sucesión: tormento, luego deseo de placer... pero también un matiz común: la soledad. 

Sin embargo, la escritura ganó su estatura cuando apareció el otro. Fue al iniciar un blog: ahí se expresó su estructura de diálogo, su alma responsable. Escribir era responder, y aún no he conocido acicate más poderoso. Se acababa la obsesiva re-decoración del interior de la propia torre de marfil, el hacer monadas en la mónada del yo autoclausurado y autocompasivo. Al menos se abría una brecha, y se colaba una presencia personal, tenue a veces, y otras nítida. 

Como todo en la vida, la escritura también es una partida donde el primer movimiento nunca es nuestro. Todo lo valioso va así: alguien puso algo, mostró primero, preguntó, rogó, invitó... ¿No entramos en una red de preguntas al venir al mundo? ¿Acaso no hemos sido llamados, o es que alguien se llamó a sí mismo? Escribir, pero escribir-escribir, es mucho más que un disponer palabras según los protocolos de algún pequeño placer; es uno de los modos más dignos de estar en apertura, novedad, exposición al otro. 

Y poco tiene que ver con lo que nos viene a la cabeza cuando pensamos en "publicar", y con otras fiebres inducidas por el ego. El escritor-escritor tiene una felicidad de hierro. Le asiste el hábito de responder a alguien, la esperanza del diálogo que disuelve la soledad.

viernes, 10 de mayo de 2013

Inteligencia musical, de Íñigo Pirfano: cuatro notas de lectura



I.

A medida que lo iba leyendo, pensaba: “¡Qué bien le harán estas páginas a tantos músicos, sobre todo a los jóvenes”. El músico con formación “clásica” posee grandes hábitos, sabe de grandes renuncias en medio de una sociedad que grita sin desmayo: “No renuncies a nada”. Pero a menudo la perfección formal, la alta exigencia y competitividad, las inexorables verdades del cuerpo —del que radicalmente depende su trabajo—, generan ciertos espirales obsesivos y neuróticos que dejan poco tiempo y sensatez para cualquier otra cosa que no sea la lucha acérrima por mantener la forma… y los conservatorios —como las universidades de hoy— se sitúan programáticamente a salvo de lo que podríamos llamar “formación personal del músico” (basta recordar que si algo se repite como un mantra en la pedagogía de la educación obligatoria y el Bachillerato es esta meta insuperable: “formar para el mercado laboral”; el virus está en todas partes).
En este sentido, Inteligencia musical me ha recordado a otro fantástico libro, Estética musical, de Alfonso López-Quintás: el mismo empeño en ir a lo que verdaderamente necesita un músico cuando le pide a la música, a la que le está entregando todo, que le ayude a ser mejor persona, y a ayudar a sus oyentes.


II.

Pero no es un libro “para músicos”. O no solo. Se dirige a la persona, a cualquier persona, porque hay una falla profunda entre el hombre de hoy y la música: y a esa fractura, que es la que Pirfano quiere suturar (como diría Alejandro Llano), se alude, como si fuera su remedio, en el título del libro: se trata de inteligencia cordial, y por eso está latente en estas páginas esa robusta tradición de pensamiento que en el siglo XX ha reivindicado inteligentemente el corazón, tanto frente a su olvido en la modernidad, como a su apoteosis banal en la postmodernidad —qué bueno en este sentido el capítulo “Supertramp tenía razón”—. Y esa sutura Pírfano la acomete en un ir y venir entre términos y realidades de la profesión musical, y las aspiraciones de bien, verdad y belleza de la vida cotidiana. Metáforas, comparaciones, anécdotas, bien traídas y articuladas, magníficas orientaciones de audición de piezas concretas, iluminan las dos riberas para que dejen de mirarse con extrañeza. Se han construido puentes. Pasen, pasen.


III.

En nuestros tiempos alejandrinos, saturados de voces vanas, carcajadas huecas, siempre contrasta el sotto voce de los pocos maestros; su metrónomo y su diapasón nos retraen a las sencillas verdades. Y no perdemos nada: lo sencillo es enorme; la vida, hermosura enorme y sencilla. El yo, terrible y menesteroso, anhela voces sanadoras que reconoce en la sencillez. Y aquí Pirfano nos invita a una polifonía, conjuntada con verdadero arte musical: Shakespeare, George Steiner, Oliver Sacks, John Blacking, Unamuno, Orwell, Graham Greene, Orson Welles, Verlaine, Vargas Llosa… Y Bruno Walter, Giulini, Celibidache, Von Karajan… Y las numerosas audiciones sugeridas y comentadas, como un selecto “menú” espiritual, para quien se acerca por primera vez, y para quien se encuentra desde hace tiempo en su patria: Beethoven, Schubert, Ravel, Chopin, Rachmaninov, Bach, Stravinsky, Mozart, Haendel, Mahler…


IV.

Afectividad, relación, servicio, liderazgo, simpatía, silencio… ideas desde la cordialidad, expresadas con la afabilidad y la firmeza de un director de orquesta que ha escrito un libro urgente; pensamiento para traernos de nuevo por la vía musical, una vía insustituible, a lo humano, nunca demasiado humano.

martes, 23 de abril de 2013

El hombre y sus alrededores, de Higinio Marín: cuatro notas de lectura



I.

Probablemente, el mejor ensayo que he leído en meses. Muchos meses. Y más que demostrar, me gustaría mostrar y, brevemente, comentar:

Se equivocaba Heidegger cuando alegó que la filosofía y la indagación intelectual devienen inauténticas entre quienes tienen una fe que supuestamente les adelantaría las respuestas. Y se equivocó porque pensó que el preguntar imprecedido era el primer acto filosófico, en vez de apercibirse de que la admiración requiere precisamente, si no de una fe, sí al menos de una disposición aquiescente al mundo, una suerte de aprobación original que es casi una invocación. Por eso, bien puede decirse que la admiración es la síntesis inaugural de la visión religiosa e intelectual del mundo, y no porque haga depender la una de la otra, sino porque no pone enemistad entre ellas, y supone el modo de mirar que preserva el eco de aquella primera vez y que alienta en el seno mismo de la razón una capacidad para el asombro que es casi un privilegio de la infancia. pp. 214-5.

Con esta lucidez y elegancia, critica un apriori de la modernidad racionalista y autonomista. En el principio del pensar fue, es, el asombro.


II.

La esperanza entraña, pues, la dificultad de reconquistar la fantasía moral de la infancia que es, curiosamente, la que evita que nos infantilicemos en la pánfila indiferencia de todo. Esa fantasía moral es la que se expresa en la épica contenida en las fábulas para niños. En esas fábulas la confianza en la victoria de los buenos nunca es ajena a la conciencia de la propia debilidad que, sin embargo, no desespera porque de continuo espera ser asistida por una conjura en su favor, por una orientación general que vigila para colaborar a que las cosas acaben bien. pp. 197-8.

Un argumento narrativo y literario para ejercer la esperanza.


III.

Tal vez la situación no fuera tan grave si los propios maestros no hubieran batallado tanto para despojarse de esa investidura [la autoridad] que, ciertamente, les hace grave y personalmente responsables. Intuyo, aunque tal vez me equivoque, que entre tanto falso democratismo y supresión de modelos autoritarios se coló no poca comodidad -odium professionis- que aspiraba a hacer de la educación algo tan poco personal y fatigoso como cualquier otro oficio, y que deseaba apartar sus ojos de lo sustancial: la experiencia del otro como pasión propia y, en particular, la experiencia del crecimiento del educando como fatigosa realización interior del que enseña. p. 235.

Un poco de autoexamen para el docente, y sobre todo aliento para reenfocar la tarea educativa.


y IV.

Y el libro habla de la familia, la sexualidad, el matrimonio, el respeto, los claroscuros del deseo, el ocio, la cultura del espectáculo, el perdón, el pecado y la libertad, la esperanza y la desesperación, la fe y la razón, y el sentido de la universidad. No me resisto a copiar un último texto sobre la esperanza, existencialmente luminoso (sobre todo en nuestro presente):

La desesperación acecha siempre y a todos pero anida en la pretensión humana de tener la última palabra respecto de sí mismo o de los demás, respecto de lo que investigamos y anhelamos saber, respecto de aquellos a los que se cuida, se cura o se enseña, respecto de lo bueno y lo malo. Quien no se resiste a la sugestión de erigirse en la sede de las últimas palabras para tener un control completo de su vida, está incubando en su seno la clase de soledad que en las últimas horas forcejeará por tornarse desesperación. 
La pócima para conjurar la desesperanza está compuesta de modestia y paciencia, de realista y tierna lucidez para lo humano, de magnanimidad, de humildad y del coraje para no abandonar, pese a todo, la expectativa de lo mejor. p. 206


viernes, 19 de abril de 2013

Dos ideas para enseñar a escribir a jóvenes



Ayer di un taller de escritura a algunas profesoras de lengua de un colegio. Un taller de reciclaje, porque en la escritura todos andamos expuestos a la contaminación del lenguaje oral, y porque a esta ladera de los Pirineos la pedagogía ministerial o autonómica ha preferido desde hace unas cuantas décadas que dediques el tiempo a aprender otras cosas en el aula, antes que a leer y a escribir.  

La última parte la dedicamos a la posibilidad de iniciar un taller de escritura con los alumnos. Llevábamos un buen rato ocupados con las fases del proceso de la escritura, descubriendo errores típicos, rasgos de elegancia y estilo, procedimientos para la claridad informativa, la imagen del lector inscrita en el texto... así que era el momento de descansar y ascender un poco al mundo de las ideas. Y principalmente hablamos sobre dos:

La primera, que enseñar a escribir no puede ser una obsesión colectiva por evitar el error. ¿Una definición?: enseñar a escribir es facilitar el descubrimiento de la escritura como expresión y comunicación de ti -no escribo "de la persona" porque quiero que suene aún más personal-. Los errores gramaticales se disuelven cuando el chico o la chica desean escribir: entonces  la escritura pasa a ser una dimensión importante de su vida; entonces las reglas se aprenden a una gran velocidad (como se aprenden las de la informática de usuario para estar en Internet); entonces, el error... sí, siempre hay algún error, ¿quién no los comete?

Y la segunda: cuando el alumno te entregue un escrito, busca e indica primero lo positivo: siempre hay mucho más de positivo -si estamos pensando en términos de expresión y comunicación-; siempre es mucho más importante el esfuerzo, la ilusión, el ejercicio de introspección, el tiempo pasado en la habitación de la intimidad, el deseo de comunicar, la confianza para mostrar lo escrito, la apertura a las orientaciones de la persona a la que se le ha otorgado la autoridad... sí, esa persona con una vocación maravillosa: nada más y nada menos que el profesor. 

Ilustración: Caminando por la playa, JM Mora Fandos (ceras sobre papel).

miércoles, 3 de abril de 2013

Sobre la ordenación de los libros según la física

Los libros pueden ser ordenados según su estado físico: a saber, sólidos, líquidos, gaseosos.

Sólidos son los que, después de muchos años, puedes palpártelos, están en ti, innegables como las rótulas.
Los líquidos son dúctiles y durante un tiempo se amoldan con facilidad, aparecen, desaparecen, con motivo de una anécdota, un recuerdo, un sueño, una mudanza.
Los gaseosos son una efervescencia, la exhalación de la botella de cava recién abierta.

La deontología de la ciencia física de la lectura recomienda frecuentar los tres estados. Desgraciadamente, no se dispone de aparatos fiables para medir la oportunidad de un estado u otro, según el estado, sólido, líquido o gaseoso del lector. Aunque existen orientaciones. Lamentablemente, no tienen nada que ver con la física. 

  

sábado, 23 de marzo de 2013

Siestas con viento sur, de Miguel Delibes: cuatro notas de lectura




I.
Hace unos días, después de cenar, había algo de tiempo: era el momento. Me planté frente a los estantes de la biblioteca, zigzagueé en busca de una promesa de lectura… y me detuve en Siestas con viento sur, de Miguel Delibes. Con la línea más rural de Delibes tengo un prejuicio. Los prejuicios son necesarios, son el suelo sobre el que se vive (no se puede estar en el vacío). Pero tan importante como tenerlos es ponerlos a prueba, porque pasan a ser verdades, o desaparecen.  

II.
Algo de tiempo, así que solo pude leer uno de los cuatro relatos, “Los nogales”. Hay algo único en hacer una lectura entera, de un tirón. Es difícil, y no creo que saludable, leer una novela de un tirón. Pero un relato largo da esa satisfacción de lo que fluye sin costuras. Se adensa el tiempo, es “más tiempo” porque es un tiempo unificado por un sentido, libre y necesario en un mismo tiempo. Como nos gustaría que fuese la vida. Un buen cuento. 

III.
El cuento, por su brevedad, se acerca al poema. En la novela hay extensión, a veces tanta, que amenaza con cubrir la vida como un mapa escala 1/1, como en aquel cuentecito de Borges. El cuento ha de darse prisa, decidirse, replegarse y decirlo todo con casi nada, y muchas veces lo hace repitiendo, como lo hace un poema. Como en “Los nogales”, de Delibes.

IV.
Han pasado unos días desde aquel tiempo prodigioso. Recuerdo a grandes rasgos el argumento de “Los nogales”, el final… pero sobre todo ese discurrir de la narración, tan aquí y tan allí, tejida con hebras sueltas de ese tiempo de la vida nuestra que tan bien conocemos, y al mismo tiempo, con esas otras que dan consistencia, de ese otro tiempo al que aspiramos. 

viernes, 8 de marzo de 2013

La lectura responsable, de Alessandro D'Avenia

Vengo del prof. 2.0, el blog de Alessandro D'Avenia, de leer un magnífico artículo que me ha puesto enseguida a escribir. Allí el autor comenta una charla sobre literatura, que ha dado ante 2000 jóvenes, así como lo que le escuchó a un crítico literario sobre la lectura y lo que le responde.

Sí: hemos experimentado muchas veces que la pedagogía oficial sobre la literatura privilegia leer libros sobre libros antes que el libro que fundó esa fecunda cadena de lecturas. Es importante "responder" al gran libro con nuestra opinión, impresión, con el nuevo texto que escribimos o que decimos oralmente. Sí: es importante la creatividad. 

¿Pero, no hay algo de mala educación, descortesía... -o cosas peores-, cuando ocultamos las palabras fundadoras con nuestras palabras? D'Avenia habla de la lectura responsable, capaz de responder a las grandes preguntas que hace el buen libro. Y para responder hay que, paradójicamente, callar primero, escuchar, y luego decir, y dejar que siga resonando la pregunta, siempre.

Pero además, ser responsable, es también hacerse cargo de el emisor humano del libro, el autor, pero en su humanidad, en la realidad doliente, esperanzada, trágica, triunfante, asombrada que estuvo en esa persona: porque lo sigue estando en cada buen lector.

La lectura responsable nos hace responsables de las personas en las que descubrimos esas realidades, personas ante quienes hemos de responder, porque no tenemos excusa: nosotros hemos leído el mismo libro.