Cualquier lector de este blog conoce mi amor por los singles que se decantan por la disimilitud, incluso por la antítesis. Y éste compuesto por dos canciones del debut de Ian Hunter de 1975 es uno de ellos. La primera, la titular del sencillo, es uno de los mejores rocanroles jamás grabados. Partiendo de un riff arquetípico, Once Bitten Twice Shy desarrolla con espíritu seminal y fornido sonido de los setenta un tema descomunal en el que la banda de Hunter (Mick Ronson incluido) recoge e inflama el espíritu de Chuck Berry, Lafayette Leake, Willie Dixon y Fred Below. 3,000 From Here, sin embargo —como construida e instalada ad hoc en la cara B para ser parte de este espacio—, se declara acústica, intimista y de menor duración, es decir, en los antípodas de su compañera de viaje. Artistas versátiles, no; artistas sensibles y creativos. Categorías ambas que nunca han abandonado en solitario a quien fuera miembro esencial de Mott The Hoople.
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jueves, 16 de mayo de 2024
Once Bitten Twice Shy
lunes, 20 de enero de 2020
Rant
No solo publicó tres discos en la segunda mitad de los años setenta —Ian Hunter, All American Alien Boy, You're Never Alone With A Schizophrenic— que igualaban el nivel de la que había sido su banda —Mott The Hoople—, sino que siempre ha mantenido la dignidad artística sin venderse al mejor postor a cambio de un mayor reconocimiento comercial. Es por ello que durante este siglo ha continuado grabando muy buena música y dando conciertos llenos de calidez y vida.
Rant (2001) es la obra de un tipo que ha superado los sesenta a quien cuya madurez no le impide gritar que todavía ama el rock and roll (y no por ello hacer el ridículo). Still Love Rock And Roll abre el álbum (en las versiones norteamericanas, en la inglesa y en la alemana el orden es diferente) como obvia, pero irresistible, declaración de principios del rocker rebelde, convencido, testarudo y, básicamente, sincero:
"Y todavía amo el rock and roll, lo escucho todos los días
Tarareando, cantando la canción
Es la única manera que tengo de expresar lo que tengo en la cabeza".
La edad no es declive para Hunter, es confirmación y celebración a través del género al que ha dedicado su vida y del que ha compuesto algunos de sus mayores himnos: Walkin' With A Mountain, All The Way From Memphis o Once Bitten Twice Shy. Y esto es solo el comienzo de una serie de temas brillantes, variados y espléndida y poderosamente ejecutados. Wash Us Away es rock de regusto folk o la música que debería hacer Rod Stewart si no hubiera sucumbido al designio de los horteras. Death Of A Nation es un precioso réquiem fantasmagórico u onírico por Gran Bretaña. Morons lleva el sello del Hunter más glam, aquél que quedó marcado por David Bowie, y me trae a la cabeza el Golden Opportunity que encabezaba Overnight Angels. Funk rock diseñado para mover el esqueleto, Purgatory es una delicia que se yuxtapone a otra con la que también podemos bailar, American Spy, aunque aquí haya menos funk y más roll. Por su duración (seis minutos largos), por su piano de inspiración clásica, por su bellísima letra y por sus espléndidos arreglos de imitación orquestal, Dead Man Walkin' (Eastenders) se me antoja la pieza central de Rant o, como mínimo, la de mayor emoción. Rock recio y grave, el de Good Samaritan va seguido de una triste y hermosa balada, Soap 'N' Water. Rock and roll y power pop informan Ripoff, cuyo enardecedor estribillo no tiene desperdicio: "Realmente no sé por qué Inglaterra es tal estafa", bofetón al país de origen de Hunter que enlaza con Death Of A Nation. Knees Of My Heart y los fuertes sentimientos que encierra es una canción a emparentar con Wash Us Away. Poseída por el romanticismo, No One concluye el disco con acordes y sonidos de amor. El mismo que la música del diablo y el autor de Rant sienten de forma recíproca. No hay discusión acalorada como anuncia su título y sus letras corroboran: un trabajo muy notable de uno de los grandes.
miércoles, 3 de julio de 2013
Ian Hunter
Una cosa hay que destacar desde el primer momento: Ian Hunter estuvo a la altura de las expectativas y de la banda que le había dado un lugar entre los grandes del rock and roll —Mott The Hoople— cuando entregó al escrutinio público su primer y homónimo elepé en 1975. Porque Hunter fue inteligente, y por si sus (estupendas) composiciones, su voz y su guitarra no eran suficientes, se cubrió las espaldas con ese maestro llamado Mick Ronson; es lógico, entonces, que Ian Hunter siga siendo, junto a You're Never Alone With A Schizophrenic, el máximo exponente de una carrera que todavía en 2013 sigue viva y bien (a sus setenta y cuatro años, hasta que el cuerpo aguante).
El álbum da comienzo con una de las canciones más maravillosas que el ser humano haya escrito e interpretado jamás: Once Bitten Twice Shy. Hunter se trae un riff de los años cincuenta, lo pone al día y, junto a Ronson y el resto de su grupo, se marca un tema soberbio que desarrolla espectacularmente (¡qué guitarras, qué piano, qué coros!) una idea musical de lo más sencilla y básica. Boogie-woogie endurecido es lo que nos ofrece Who Do You Love para que la fiesta no decaiga y el nivel compositivo se mantenga muy alto. La cadencia de Lounge Wizard se repetirá en futuras canciones de Hunter (ya se había asomado en Mott The Hoople), si bien el estribillo la acelera y solidifica. Boy es el único corte que coescribe Ronson, y sus casi nueve minutos traen ecos (cómo no) de David Bowie, tan importante en la carrera de aquél y en la de Ian Hunter. 3,000 Miles From Here, una hermosa miniatura acústica, precede al momento más agresivo del disco, The Truth, The Whole Truth, Nuthin' But The Truth, medio tiempo que en su estrofa suena a funk pero que en el estribillo se transforma en hard rock con el fervor del converso (atentos al solo de Mick Ronson, por favor). It Ain't Easy When You Fall es una de esas baladas conmovedoras que tan bien se le dan a Ian Hunter —estribillo grandilocuente incluido—, y que incorpora en su tramo final, mientras el volumen disminuye, un poema recitado por el cantante, Shades Off. Para elevarnos el ánimo, I Get So Excited hace honor a su nombre y despide el trabajo con un chute de adrenalina que no viene nada mal y compensa la tristeza que le ha antecedido.No esperen que equipare Ian Hunter a las obras maestras que también en 1975 publicaban Bruce Springsteen y Bob Dylan —Born To Run y Blood On The Tracks respectivamente—, pero tampoco crean que las he citado por nada. Que no alcance aquél la soberanía de éstas no significa que no se acerque a su gloria, ésa que nos embarga durante la escucha y sigue hablándonos mucho después de que la última nota, el último sonido se hayan extinguido. La gloria del arte auténtico, profundo y honesto, adjetivos todos ellos aplicables a quien un día liderara Mott The Hoople.
jueves, 1 de septiembre de 2011
You're Never Alone With A Schizophrenic
Con Mick Ronson de vuelta y media E Street Band en la base rítmica y el piano (Gary Tallent, Max Weinberg y Roy Bittan), sólo Ian Hunter podía haber arruinado su cuarto disco. Pero no lo hizo, claro, y escogió una excelente colección de canciones que estuviera al nivel de los protagonistas para conformar la que generalmente suele ser reconocida como su obra maestra, You're Never Alone With A Schizophrenic (1979), título que Ronson sacó de un grafiti callejero y sustituyó al inicial The Outsider.
Son precisamente los socios de Bruce Springsteen quienes acompañan a Hunter durante el primer tramo de Just Another Night antes de que la guitarra de Ronson engrandezca tan delicioso medio tiempo, al que se encadena la feliz cadencia de Wild East, o como sonar al Boss sin dejar de ser uno mismo. El ambiente se caldea con el tercer corte, Cleveland Rocks, uno de los himnos definitivos de Hunter aunque ya lo hubiera grabado dos años antes como England Rocks. (Lo que no ha sido óbice para que los habitantes de la ciudad de Ohio la hayan convertido en himno extraoficial de su población.) Ships es la primera balada del disco (nunca faltan en los álbumes del que fuera líder de Mott The Hoople), con los coros tan característicos de su autor y los sentimientos a flor de piel. When The Daylight Comes trae inevitablemente a la cabeza a Bob Dylan y su Street Legal, publicado el año anterior. Life After Death va en la línea de Cleveland Rocks, los dos únicos momentos del elepé en los que que Hunter, Ronson y demás pisan el acelerador. Tremenda. Standin' In The Light es otra balada, quizá la menos brillante con la que nos encontramos, pero aun así disfrutable. Bastard, un poderoso medio tiempo de reminiscencias psicodélicas que resulta la canción más larga del redondo y cuenta con el piano de John Cale, da paso a la tercera y —esta vez sí— mejor balada del álbum y quizá de toda la carrera de Ian Hunter, The Outsider, llamada a titular el disco completo con todo derecho —de no haber sido por la mentada intervención de Mick Ronson—, pues le pone espléndido broche.
Desluce un poco el conjunto, para mi gusto, una producción algo rimbombante que anuncia la que triunfará en la década siguiente, hinchando donde no hace ninguna falta. Lo cual no significa que You're Never Alone With A Schizophrenic no sea un trabajo de sólidas hechuras cimentado por grandes músicos en el que la personal voz de Hunter suena mejor que nunca. La calidad lograda en el estudio no la perderán Hunter y Ronson en directo durante la gira consecuente —como dejó constancia el doble elepé Welcome To The Club— a pesar de que Tallent, Weinberg y Bittan ya no estaban. Pero, como se suele decir, ésa es otra historia cuya enjundia merece capítulo aparte. Quizá en otra ocasión lo escribamos.
viernes, 23 de octubre de 2009
All American Alien Boy
Sin el reconocimiento que han merecido Ian Hunter y You're Never Alone With A Schizophrenic, considerados sus dos mejores discos, el segundo elepé que publicó Ian Hunter en solitario (All American Alien Boy, 1976) tiene, para empezar, el mérito del riesgo. Y eso no es poco.
De la mano nada más y nada menos que de Jaco Pastorius al bajo y Aynsley Dunbar a la batería, Hunter no abandona sus características baladas (entre las que destaca You Nearly Did Me In, con la práctica totalidad de Queen a los coros), ni el hard rock a la Mott The Hoople (Restless Youth) pero se atreve con el jazz y el funk en el fantástico tema que da título al álbum y expone a las claras las influencias de Bob Dylan en las dos canciones con las que cierra el disco, sobre todo en la hermosa God [Take 1].
Típico ejemplo del olvido enciclopédico, All American Alien Boy demuestra que no hay que dejarse llevar por los tópicos y hay que tratar de escuchar la música sin prejuicios, pues se cae en el peligro de aparcar grandes obras (o al menos interesantes) olvidadas en su época por caprichos coyunturales y que merecen (para bien o para mal) la revisión con el paso de los años. Casos sangrantes como el de Flick Of The Switch de AC/DC así lo atestiguan.
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