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Mostrando entradas con la etiqueta normas y límites. Mostrar todas las entradas
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viernes, 13 de septiembre de 2019

PARA DECORAR EL AULA | Normas de la clase en globos 🎈


Desde hace unos años en mi clase tengo siempre estas normas. Hasta hace un año las tuve en una cartulina, pero las imprimí de nuevo y las coloqué en e estos globos, cada una en uno que luego dispongo en la clase con una cuerdecita como si estuviesen volando. Se trata de una forma curiosa de poner las normas de nuestra clase. Lo dejo disponible para vosotros en PDF, listo para imprimir. 


👨‍🔧AUTORÍA: Óscar Alonso      📚LUGAR DE PROCEDENCIA: La Eduteca 

jueves, 14 de diciembre de 2017

CLUB DE IDEAS | Palabras mágicas


Hoy en este "Club de ideas" quiero proponeros esta divertida opción para decorar nuestra clase con las palabras mágicas. Seguro que muchos de vosotros ya conocéis esta técnica para recordar a los alumnos algunas reglas de cortesía y comportamiento hacia los demás. Existen multitud de opciones trenes, estrellas, nubes... pero esta sin duda es muy pero que muy bonita. Se trata de una chistera de la que van saliendo las palabras que nosotros queremos reforzar en nuestros alumnos. Aquí os dejo algunas ideas inspiradoras que he visto por Pinterest y que seguro os encantarán. 


Las posibilidades son infinitas y los materiales también. Si bien es cierto que dentro de estas chisteras podemos incluir todas las palabras que queramos, es bueno no sobrecargar la composición para que los alumnos no dispersen la atención sobre multitud de palabras.


Os recomendamos elaborar este recurso en gomaeva u otros materiales resistentes. Queda chulísimo como veis en las paredes o los huecos entre ventanas. ¡Yo pienso hacer el mío! 



Como ya os he comentado hay multitud de opciones, por ejemplo esta, en forma de tablillas desplegables. 


miércoles, 6 de julio de 2016

MALETÍN DEL PROFE | Colección de imagenes para ilustrar normas de aula


Aquí os dejo esta colección de imágenes que utilizo siempre para ilustrar las normas del aula que realizo con mis alumnos al inicio de cada curso escolar. Son muy divertidas y seguro que harán las delicias de vuestros alumnos. Espero que os sean útiles.

Puntualidad

Atender a las explicaciones

No reirse de los demás

Levantar la mano para hablar

No insultar

Mantener el pupitre ordenado

Sentarse correctamente

No pelear

Cuidar el material de clase

lunes, 23 de marzo de 2015

ARTÍCULO | Los límites son un aprendizaje fundamental para la vida adulta


Cuando se marcan límites en casa es inevitable que surjan disputas: lo más probable es que el niño intente saltárselos. Un actitud serena, tranquila y consecuente por parte de los padres es fundamental para superar el conflicto y para que el niño aprenda que no siempre puede hacer lo que quiere. Por un lado, esta actitud resulta más convincente que dar gritos y proferir amenazas; por otro, le sirve de modelo al niño, que imitará la manera de comportarse de sus padres cuando tenga que solucionar sus propios conflictos.

Si los límites y sus consecuencias -tanto del cumplimiento como del incumplimiento-están correctamente definidos, el niño aprende a tomar decisiones, según su propio criterio. Por ejemplo: "¿Qué hago?, ¿me como la cena y así luego puedo tomar un helado o elijo no probar bocado y renuncio al helado?". Esto ayuda a los niños a hacerse responsables de las consecuencias de su comportamiento. Así, poco a poco, van aprendiendo que son ellos quienes marcan sus propios límites. Al principio necesitan que el límite venga de fuera, que lo fijen sus padres, pero, con el tiempo, serán ellos los que establezcan las normas que dirijan su comportamiento. Una vez que se conviertan en adultos, no precisarán que alguien les diga cómo actuar, porque ya habrán aprendido e interiorizado cuándo un comportamiento es adecuado y cuándo no.

lunes, 16 de marzo de 2015

ARTÍCULO | Los límites enseñan cuáles son las conductas adecuadas


Cuando los límites están claros y no cambian constantemente, los niños saben si la conducta que practican es la adecuada o no y también qué consecuencias tiene el incumplimiento de una norma.

Todos los padres tienen una idea sobre cómo comportarse adecuadamente y han de trasmitírsela a sus hijos, decirles cómo quieren que hagan las cosas. Por mucho que se quejen de que el niño no recoge los juguetes, si no se lo transmiten claramente es difícil que lo haga. No es infrecuente que el padre le diga al niño que tiene que recoger sus juguetes después de jugar mientras él mismo los está recogiendo. De esta forma el niño aprende que no tiene por qué molestarse, ya que lo hace su padre, aunque le diga muchas veces que recoja. Si en casa no guarda los juguetes porque ha aprendido que los demás lo hacen por él, seguramente en el colegio tampoco se molestará en hacerlo, porque repetirá el comportamiento aprendido en casa, aunque no hacerlo dificulte su integración en clase.

lunes, 8 de diciembre de 2014

ARTÍCULO | Normas de comportamiento para los padres

Fuente imagen | http://vaninaytusalud.com.ar/
Los adultos deben comportarse y no hacer uso de:

  • Chantaje emocional. No  usar frases como: "Eres malo y no te quiero" o "cómo me puedes hacer sufrir tanto". Es mejor decir: "Te quiero mucho, pero me enfado cuando saltas encima del sofá". 
  • Amenazas. No recurramos a la amenaza para que el niño obedezca. Puede resultar eficaz en el momento, pero desarrollará miedos posteriores o acabará amenazándonos a nosotros y también a los demás. 
  • Negociación de las normas o justificación de nuestra actitud. No hay que darle opciones para elegir; hasta los cinco años el niño no es capaz de tomar decisiones sencillas entre dos o tres alternativas. Los niños pequeños no entienden de tratos y les confunde alto que traducen como un cambio continuo de la norma sin saber a qué atenerse. Como consecuencia, dejan de respetarla. 
  • Risas mientras damos una orden. Haga lo que haga el niño, no debemos eludir la seriedad que el momento necesita y no podemos permitir que interprete que estamos jugando o que las normas son algo que se puede tomar a broma. 
  • Forcejeos y descalificaciones. Por supuesto, no debemos recurrir a ningún tipo de forcejeo o descalificación para obligar al cumplimiento de la norma. Existen otras muchas formas de hacer cumplir una orden, como dejar de atender cualquier actividad que inicie el niño y repetirle el mensaje: "Cuando hagas lo que te he dicho, te atiendo". 
FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 22 de septiembre de 2014

ARTÍCULO | Qué hacer con las rabietas

Fuente Imagen | edukame.com
Las rabietas son una conducta típica de los niños de dos y tres años. Es entonces cuando hay que ponerles solución. Si un niño le pide a su madre en el supermercado que le compre una piruleta y su madre le dice que no, es probable que se ponga a llorar, incluso que se tire al suelo y empiece a patalear. Si con esta conducta se sale con la suya, aprenderá que cuando su madre dice que no, lo que hay que hacer es insistir e intensificar la conducta.

En cambio, si el niño entiende que no obtiene atención mediante las rabietas, el comportamiento cesará, ya que dejará de considerarlo útil. Pero esto requiere mucha constancia por parte de los padres.

Éstos son los pasos a seguir cuando el niño tenga una rabieta, desde que empiece a llorar, gritar, arrojar objetos, insultar o a mantener una conducta indeseada:
  1. Ignorar la conducta y continuar con lo que se estaba haciendo o iniciar una nueva tarea. 
  2. Expresarle en primera persona el efecto que provoca su actitud: "Me estoy enfadando mucho". 
  3. Utilizar palabras clave o frases cortas, como: "Basta" o "Se acabó". 
  4. Decirle tranquilamente al niño que no va a conseguir lo que quiere: "Lo siento, no voy a comprarte chucherías". 
  5. Añadir con firmeza cuál es el comportamiento que se espera de él: "Cuando te tranquilices y dejes de llorar, te atiendo". 
  6. Retirarse de la situación y darle al niño un tiempo para que reflexione (un minuto por cada año del niño). 

Pasado el tiempo de reflexión:
  • Si no se le ha pasado, repetir los pasos cuarto y quinto aumentando el tiempo de reflexión.
  • Si se le ha pasado, reforzar la conducta: "Cómo me gusta que estés así, tranquilo,  y que podamos seguir comprando"
Ante una rabieta es muy importante no perder los nervios ni gritar. Los adultos son los encargados de calmar la situación tensa mostrándole al niño la actitud válida a la hora de afrontar conflictos. Por eso es importante mantener un tono de voz tranquilo y bajo, pero firme.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 1 de septiembre de 2014

ARTÍCULO | Factores causantes de la agresividad

Fuente Imagen | agesividadjesica.blogspot.com

Hay factores que influyen decisivamente en el desarrollo de la conducta agresiva, pero no dependen propiamente del niño, sino del ambiente en el que se encuentra y de las respuestas que recibe.
Respecto al género como riesgo se han plateado una serie de interrogantes para los que aún no hay respuestas. Los problemas de conducta son más frecuentes en los niños que en las niñas. ¿Es debido a diferencias biológicas relacionadas con el género? ¿Puede que en algunos casos se les eduque de forma diferente? ¿Tal vez copian y perpetúan los estereotipos sociales?

Se sabe que la agresión física es bastante más frecuente en los niños que en las niñas desde la infancia, aunque en los primeros años la diferencia no es significativa. Ésta va aumentando de forma progresiva. Las estadísticas indican que entre los 6 y los 12 años, sólo el 13% de las niñas utiliza la agresión física, frente al 69% de los niños. Parece ser que las niñas aprenden más rápidamente que los niños a utilizar conductas alternativas.

En cuanto al temperamento, se sabe que los niños muy activos se alteran con más facilidad y tienen más probabilidades de manifestar conductas agresivas.

El padre al no conseguir controlar la situación, experimenta un sentimiento de ineficacia. Por su parte, el niño consigue lo que desea y aprende a hacerlo a través del enfrentamiento y la desobediencia. Si este aprendizaje se generaliza a otros contextos, el pequeño realizará sus demandas utilizando métodos agresivos.

Como factores de riesgo relacionados con la comunidad podemos señalar la carencia de estructuras asistenciales y de apoyo comunitarias, las sociedades en crecimiento sociodemográfico rápido, los procesos de adaptación ligados a la inmigración, la vivienda precaria y el paro.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 30 de junio de 2014

ARTÍCULO | El comportamiento agresivo

Fuente Imagen | de10.com.mx
Un comportamiento agresivo es el resultado de ciertas disposiciones o tendencias personales, unidas a factores externos que las activan emocionalmente. La agresividad en los niños puede presentarse de dos formas:
  • Directa: bien como acto físico (patadas, empujones, manotazos) o bien como acto verbal (insultos, palabrotas, gritos). 
  • Indirecta: el niño arremete contra los objetos de la persona que ha originado el conflicto o bien realiza gesticulaciones o expresiones que demuestran su frustración. 
La frustración es la situación en la que se halla el niño cuando encuentra un obstáculo que no le permite alcanzar un deseo o una meta. Esta frustración no tiene por qué generar agresividad, a menos que el niño experimente una importante emoción negativa al no poder conseguir lo que desea. Que la frustración provoque o no una reacción agresiva también depende de la experiencia previa y del aprendizaje: de cómo el niño ha aprendido a reaccionar ante las frustraciones y a resolver los conflictos, y de las consecuencias asociadas a las respuestas que el niño da. Estas consecuencias o refuerzos son determinantes para que aumente o disminuya la probabilidad de que se repita la conducta agresiva.

Las situaciones que con más frecuencia provocan comportamientos agresivo en el niño suelen deberse a problemas de relación con otros niños, que a su vez le agreden o no le permiten satisfacer sus deseos, y con adultos que aplican consecuencias, no le dan lo que él quiere o le exigen que cumpla unas normas.

FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 19 de mayo de 2014

ARTÍCULO | El comportamiento agresivo

Fuente Imagen | Banco imágenes INTEF
Es uno de los comportamientos más comunes en la infancia y está en relación con la evolución social y el valor que ésta le otorgue a las variables que lo componen. Las repercusiones sobre el desarrollo infantil serán negativas en todos los órdenes. Se presenta con frecuencia asociado a la hiperactividad.

Existen múltiples conceptualizaciones teóricas acerca de la agresividad. Sistematizando, encontraríamos autores que se incluyen en modelos de base innatista, otros que se apoyan en la importancia del ambiente y otros que admiten ambos patrones actuantes, y manifiestan una visión eléctrica y situacional del problema.


Características

La conducta agresiva NO es patológica en sí misma. Es preciso analizar la finalidad de la misma para poder evaluarla. En los bebés, se observan con frecuencia explosiones de rabia que no van dirigidas hacia otros, sino que constituyen la expresión de frustración por la no satisfacción de sus deseos. Las conductas propiamente agresivas no aparecen hasta los dos años, cuando ya existe capacidad de dirigir el daño hacia uno mismo o hacia otros.

Desde esta perspectiva, es necesario distinguir entre agresiones manipulativas y agresiones hostiles. 
  1. En las primeras, el niño utiliza la conducta agresiva como medio para conseguir un fin determinado. Está relacionado con el objetivo de preservar la propia identidad, encontrar la satisfacción a las necesidades y conocer y controlar el entorno. Continúan hasta que el niño adquiere recursos más adecuados socialmente para conseguir sus propósitos. Son, por lo tanto, un recurso adaptativo de duración circunstancial. A veces, aún cuando el sujeto posea y conozca estos recursos (lenguaje, capacidad de análisis del entorno, solución de problemas, etc.), se produce, lo que indicaría una regresión circunstancial en el proceso madurativo del nuño y la existencia de un conflicto.
  2. En las segundas, la conducta no es utilizada como medio, sino que suponen un fin en sí mismo. Son conductas estables, que persisten a lo largo de la evolución del niño. Podrían ser comprendidas como llamadas de atención del sujeto que se encuentra en dificultades de ajuste personal y social y utiliza su comportamiento como fin para conseguir estabilizar sus emociones y calmar la ansiedad que le produce su estar en el mundo. El medio, el entorno, puede ayudar a potenciar ese comportamiento agresivo o contribuir a extinguirlo. 

Factores relacionales


Son las relaciones entre el adulto y el niño, las que nos definirán la etiología del problema. La mayor parte de los comportamientos agresivos infantiles, proceden de las interacciones del niño con el entorno familiar y educativo:
  1. Familiar: rechazo a los hijos, agresividades encubiertas, falta de sensibilidad ante las necesidades del niño trastornos psíquicos en los padres, crisis en los adultos, normas educativas rígidas o contradictorias, también es frecuente encontrar inconsistencia en las estrategias de control sobre la conducta del niño, “abandonos” de la responsabilidad paterna, imposiciones inadecuadas de normas, grupos familiares asociales, etc.
  2. Educativas: exigencias mayores a las posibilidades reales del niño, escuela que potencia la rivalidad y la competitividad, programas inadecuados, tensiones en los grupos escolares y de clase, dificultades de integración en los grupos de iguales, normas rígidas y contradictorias, modelos autoritarios de profesor, etc. 

Implicaciones educativas


La actividad escolar cuenta con los recursos idóneos para favorecer la aparición de conductas adaptativas y de autocontrol. La educación, entendida en un contexto amplio, no es sólo transmisión de información, se pueden encontrar fácilmente actividades que fomenten la cooperación la elaboración y asunción de normas, la aplicación de las mismas en consenso, los trabajos y proyectos de grupo, la elaboración de juegos y actividades no competitivas, etc.

No está de más repasar la teoría de liderazgo, que nos sugiere que en función del estilo de liderazgo los grupos reaccionan de un modo u otro.

A partir de los estudios sobre el liderazgo de Lewin, Lippit y White, en 1938, se distingue entre liderazgo autoritario, democrático y laissez faire. Los resultados de sus estudios, en líneas generales fueron: 

  1. El tipo de liderazgo del grupo está en conexión íntima con las vivencias y los comportamientos de los niños.
  2. El tipo de liderazgo es en gran medida independiente de la personalidad, la misma persona puede aprender y practicar diversos estilos de liderazgo y alcanzar idénticos resultados.
  3. El estilo de liderazgo establecido por los niños en el pasado, les influye durante un cierto tiempo frente a un líder nuevo del grupo, con otro estilo. 
Con respecto a los tipos de líderes, específicamente, los resultados fueron:
  • Liderazgo autoritario: fuerte control, dirección intensa, dominante, autocrático. Sus expresiones verbales suelen ser: “haz esto”, “recoge aquello rápidamente”, “tienes que…”, “quiero que…” “no hagas eso…” Abundan las órdenes, los reproches, las amenazas; no suele aparecer la comprensión de los otros, etc.
    • Las reacciones de grupo, van desde las tensiones en los niños y en el ambiente del aula, hasta la abierta hostilidad, agresiones, intentos de dominar, irritabilidad. Las reacciones a las órdenes del líder, son de servilismo o agresión. Se pone de manifiesto un comportamiento marcado por las amenazas del líder, y la actividad de trabajo de los niños, depende de la presencia del mismo en los grupos. Aparece la figura del “chivo expiatorio” que carga con los errores cometidos por otros. El vocabulario de los niños se ajusta a los pronombres posesivos, “mío”, “a mí” y demostrativos de individualidad, “yo”, frente al “nosotros” que debería caracterizar al grupo. La estructura del grupo y de los subgrupos es rígida, siendo infrecuente acciones comunes de grupo. Aparecen comportamientos de posesión del material. Para terminar, los alumnos suelen estar deseosos de terminar la actividad.
  • Liderazgo democrático: comprensión, tolerancia, social-integrador, cooperativo. Su lenguaje está enfocado a pedir información, sugerir, solicitar respuestas, etc. Proclive al debate y a las discusiones en común y explica y justifica las órdenes. Comprende el comportamiento individual y lo tiene en cuenta, promoviendo la espontaneidad en los comportamientos. Tiene en cuenta las vivencias y emociones del niño, siendo esta la base para entender y transformar el comportamiento considerado poco adecuado.
    • Las relaciones de grupo, giran en torno a comportamientos amistosos, enfocados al beneficio del grupo aún cuando el líder no esté presente. No suele aparecer la figura del “chivo expiatorio”, pues se asuenen los errores y se practica la autocrítica individualmente y en grupo. Aparecen con frecuencia los términos definitorios del comportamiento grupal: “nosotros”, “nuestros”, etc. y no suele producirse escapada general al finalizar las actividades. Se incrementa al grado general de actividad y rendimiento, favoreciéndose el enfrentamiento razonado con los problemas y los conflictos que pueden surgir en el grupo.
  • Liderazgo laissez-faire: se caracteriza por la indolencia, la pasividad, la indiferencia, la falta de interés y de objetivos. El niño puede realizar los comportamientos libremente, no se pone reparos a discordancias. El líder participa pasivamente en las reuniones de grupo y no se formulan prohibiciones ni castigos.
    • Las relaciones de grupo, no son de escasa satisfacción con las metas alcanzadas, y, aunque la actividad de grupo suele ser intensa, no suele realizarse lo que se plantea ni a organizarse estrategias para ello, pues no se establece consenso. Los niños aprenden un comportamiento anárquico que en ausencia del educador genera una actividad sin objetivos. La tendencia de los niños, cuando estos asumen la dirección, es a reproducir un comportamiento autoritario. Se debilita la cohesión del gruño y los individuos tienden a la pasividad, a la conformidad. 
FUENTE | El manual de Supernnany (2007) Extracto

lunes, 31 de marzo de 2014

ARTÍCULO | El clima de clase

Fuente Imagen | Banco de Imágenes INTEF
En nuestras aulas surgen de manera habitual conflictos que nos producen desasosiego e insatisfacción y que obstaculizan e impiden el normal desarrollo del aprendizaje entre el alumnado que a ella asiste. Desde la perspectiva de entender que el conflicto es algo natural en los grupos humanos y que debe ser afrontado de una manera constructiva, y por tanto, educativa, Vaello aporta ideas, normas, rutinas y experiencias que están dando buen resultado en otros compañeros y compañeras que la desarrollan de manera habitual en su práctica educativa.

Las propuestas ofrecen ideas para que cada cual las traslade a su realidad cotidiana y las haga suyas desde su estilo y el de su alumnado y suponen una forma de entender el proceso de enseñanza y aprendizaje alejado del posicionamiento transmisivo tradicional para contribuir a crear un clima cordial y acogedor que favorezca las habilidades relacionales y necesarias y un clima de convivencia en el aula para favorecer el aprendizaje de todos y todas sin excepción.

Las condiciones ambientales del aula permiten crear unas relaciones personales acogedoras y un clima favorecedor de trabajo necesarios para el mejor aprendizaje. Para construir un clima de clase adecuado, Juan Vaello propone una serie de medidas que pueden contribuir a favorecerlo:
  • Es necesario establecer límites en la primera semana del curso y mantenerlos a lo largo del curso. Disponer de normas efectivas de convivencia que regulen los comportamientos más frecuentes. 
  • Mantener una relación de confianza con el alumnado. Entrenarles en relaciones de colaboración y respeto.
  • Conocer los roles del alumnado y propiciar que contribuyan a la convivencia y no la perturben, reconduciendo su actitud cuando sea necesario.
Establecer límites en la primera semana del curso y mantenerlos. Disponer de normas efectivas.

Establecer con el grupo clase qué conductas son aceptables y cuáles npo en las primeras semanas porque, si no es asi, las normas las acaban imponiendo los líderes negativos quienes inician conductas de tanteo e incumpliendo normas desde el principio de curso. Aunque a lo largo del curso, las normas tienden a relajarse ligeramente, conviene esforzarse en mantenerlas. A pesar de que cada profesor tiene su estilo, las normas no deben ser ambiguas para nadie, sino claras, realistas, aceptables y funcionales.
Esto nos obliga a consensuarlas para toda la comunidad educativa y especialmente para el claustro.


Las normas de clase

En todos los centros existe un ROF (Reglamento de Organización y Funcionamiento) en vigor. Debemos analizar cuál es la realidad del mismo, consensuar cómo nos gustaría que funcionara el centro, qué normas están funcionando y qué no y analizar las causas. También analizar las normas no escritas instaladas como rutinas y qué, en muchos casos, condicional grandemente el funcionamiento del centro y de las aulas.

Es conveniente consensuar por el Claustro y el Consejo Escolar las normas generales del centro que configurarán un determinado clima, especialmente dirigidas a 3 aspectos: en relación al aprendizaje, en relación a las personas, en relación al entorno.

En la primera quincena de septiembre el claustro puede abordarlo y realizar una primera propuesta genérica de trabajo, que cada tutoría concretará en el aula durante la primera quincena. Esta será abordada de nuevo con posterioridad por el claustro en octubre para su aprobación e inclusión en el Plan de Convivencia y PAC.
  1. Elaborar normas explícitas en las aulas: normas efectivas que regulen los comportamientos más frecuentes. Redactadas por escrito (pocas, claras, redactadas en positivo, cumplidas- no admitir incumplimiento, flexibles, no fijar las que no se puedan hacer cumplir). 
  2. Desvelar las normas implícitas: establecidas por rutinas, que marcan en gran medida el funcionamiento del aula y que, en gran medida, conforman su clima para hacerlas explícitas, si son adecuadas, o eliminarlas si no lo son. 
  3. Velar porque no exista contradicción entre unas y otras: ya que si es así, éstas se resuelven siempre a favor de las implícitas. Si tenemos como norma establecida la puntualidad pero se consiente reiteradamente su incumplimiento, se terminará imponiendo la conducta contraria a la deseable. 
  4. La efectividad de la norma depende de las consecuencias de su incumplimiento y de su cumplimiento. 
  5. Conviene aplicar, de vez en cuando, estímulos positivos ante el cumplimiento de las normas para consolidarlas. 

Sugerencias de normas básicas

Asistir a clase puntualmente, con el material y trabajar sin molestar a los demás
  • Consecuencias de su incumplimiento… 
  • Consecuencias de su incumplimiento reiterado… 
Respeto a las personas y las cosas para que te respeten a ti y a tus cosas.
  • Consecuencias de su incumplimiento… 
  • Consecuencias de su incumplimiento reiterado… 
El profesorado ha de atender a todo el alumnado y ocuparse de que todos/as aprendan adaptando su enseñanza a sus capacidades e intereses.
  • Consecuencias para su cumplimiento… 
  • Consecuencias de incumplimiento… 
Se propone, pues, elaborar en clase de manera progresiva, durante las primeras semanas, aquellas normas que conforman las rutinas necesarias, más frecuentes y significativas del aula, pero dejando este proceso abierto a lo largo del año para revisar e introducir otras normas que se crean necesarias. El proceso puede ser:
  1. Explicación de las razones de dotarnos de normas. 
  2. Mediante lluvia de ideas o trabajo en grupo que establezca la norma que regule la rutina positiva, su incumplimiento y su reiteración. 
  3. Aceptación en asamblea del grupo de la norma propuesta y el sistema de sanciones ante su no cumplimiento. 

lunes, 3 de marzo de 2014

ARTÍCULO | Situaciones familiares que causan agresividad infantil

Fuente Imagen | Banco de Imágenes INTEF
Hay algunas situaciones familiares que, si son habituales, pueden generar comportamientos agresivos en los hijos:
  • Mantener en casa un clima de discusión constante. Hay familias en las que la bronca es la forma habitual de diálogo; este comportamientos e lleva a cabo delante de los niños y con ellos mismo, convirtiéndose en parte de su repertorio de conductas.
  • Establecer situaciones de competitividad. Algunos padres se empeñan en que sus hijos sean los mejores, no en que sean sencillamente buenas personas. Esto hace que no tengan ningún problema en pisar a quien haga falta para conseguir sus objetivos.
  • Buscar culpables en lugar de buscar soluciones. Insistir en que es necesario saber quién tiene la culpa.
  • Usar la disciplina como un castigo. Lo ideal es que los niños aprendan a respetar la disciplina, no a odiarla, que es lo que ocurre si se les amenaza con ella.
  • Emplear cualquier tipo de amenaza para hacerles obedecer. Suele ocurrir que la amenaza es efectiva al principio, pero cuando se repite no tiene validez para cambiar el comportamiento de los niños, porque aprenden que detrás no hay ninguna consecuencia.
  • Demostrarles que cuando uno se enfada consigue lo que quiere en tiendas, restaurantes, ventanillas, etcétera. Es conveniente que los niños no vean a sus padres usando comportamientos agresivos fuera de casa.
  • Negarse a hacer las paces si ha habido alguna situación de enfado. 

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 2 de diciembre de 2013

ARTÍCULO | ¿Cómo dar una orden?



Una vez que hemos evaluado y corregido aquellos aspectos de la comunicación no verbal que pueden aumentar la sensación de tranquilidad y seguridad que requiere el momento, pasamos a aprender cómo dar la orden:
  1. Limitamos a una sola instrucción. Hay que usar un lenguaje que el niño entienda en función de su edad y sus características personales. Si nos dirigimos a él en estos términos: “Deja de jugar, recoge, prepara el pijama y, cuando estés en el baño, avísame”, el niño, a mitad del pasillo, ya no se acordará de lo que le hemos pedido y, lo más probable, es que siga jugando en su cuarto para nuestra desesperación. Su capacidad de atención y retentiva es limitada.
  2. Ser claros. Los niños necesitan que les pidamos con mucha claridad y de manera específica lo que queremos de ellos. La diferencia entre “arréglate” y “lávate las manos y péinate” es notable también para los adultos.
  3. Marcar una pausa para ver si el niño nos ha entendido. Pedirle que repita lo que tiene que hacer y las consecuencias de hacerlo o no, para comprobar que ha entendido nuestro mensaje y, a partir de ese momento, dejaremos de decírselo, ahorrándonos el enfado que supone esta situación. Si el niño ha escuchado y repetido lo que queremos que haga, no hay por qué insistir: sabe perfectamente lo que tiene que hacer.
  4. Repetir el mensaje. Este paso sólo es necesario si el niño no ha sabido hacer lo que le hemos pedido.
  5. Hacer con él lo que le hemos pedido. Podemos acompañarle e iniciar la acción con él. Una vez que empiece a hacerlo, nos retiramos para que continúe él solo. Así le ayudamos a que se centre en la tarea sin que pueda despistarse con otros asuntos. Por ejemplo: “Vamos, te ayudo yo a recoger los juguetes”, le cogemos tranquilamente de la mano y vamos hasta su habitación, donde le ayudamos al principio para poco a poco ir retirándonos.
  6. Reforzarle cuando nos haga caso. Es importante premiar al niño con frases como: “Estoy muy contento por lo bien que lo has hecho” o “creo que te has esforzado muchísimo en preparar tu ropa”. Si, además, le damos un beso, resultará perfecto.
  7. No iniciar otra actividad hasta que no se haya cumplido la orden. 
FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 25 de noviembre de 2013

ARTÍCULO | Frases clave para niños insistentes


Hay niños más insistentes que otros. Algunos son capaces de volvernos locos con sus "mamá, por favor, sólo esta vez y ya", "papá, ¿qué te cuesta?" o "si me dejas, a cambio yo hago...", e incluso los hay que empiezan a utilizar amenazas del tipo: "Si no me das esto, me voy a enfadar y...".

Cuando el niño hace peticiones poco razonables, y sólo en estos casos, conviene buscar una frase que resuma lo que queremos expresar. Una vez elegida, el procedimiento consiste en que cualquier acción de tinte coercitivo que lleva a cabo encuentre una misma reacción por parte de los padres. Hay que repetir la frase elegida como si fuéramos un disco rayado.

A continuación describimos la aplicación de esta técnica paso a paso:

  1. Antes de aplicar la frase clave, habremos intentado que el niño abandone su actitud sin atender lo que dice hasta que modifique su comportamiento. Este tipo de técnicas provoca cierta agresividad, y por eso sólo las llevaremos a cabo cuando haya amenazas o coacción en la actitud del niño. 
  2. Decidida la necesidad de aplicar la frase clave, el tono de voz ha de ser tranquilo y firme, intentando trasnmitir serenidad. No podemos irritarnos ni levantar la voz. 
  3. La frase siempre será la misma y podemos repetirla tantas veces como sea necesario hasta que abandone su actitud. Requerirá cierta persistencia. Irá precedida de la consideración hacia su estado de ánimo: "Ya veo que estás enfadado, pero ésta es la comida que hay hoy". 
  4. No podemos permitir que nada de lo que diga nos afecte o nos haga cambiar nuestra actitud serena y firme. Hay que estar preparados, porque esta técnica le enfadará mucho, ya que desmonta los argumentos que hasta ahora le han valido para conseguir lo que quería. 
  5. Repetiremos tranquilamente la frase, sea cual sea el argumento o excusa que plantee el niño ("No me gusta", "quiero otra cosa"...)
  6. En el momento en que abandone la actitud que nos ha llevado a utilizar la frase clave, habrá que reforzarle con algo así: "Me encanta que te sientes a comer. ¿Cómo te ha ido hoy en el colegio? 
FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 18 de noviembre de 2013

ARTÍCULO | Los estilos de comunicación en la familia


La forma en que nos comunicamos en la familia es fundamental para establecer con éxito los límites y las normas.

Todas la cosas que hacemos en la vida se acompañan de comunicación. Cuando no se expresa claramente un mensaje o el interlocutor no entiende lo que se le quiere decir aparecen barreras que producen dificultades en las relaciones. Con los hijos pasa lo mismo: si los padres son claros en el mensaje que quieren transmitir, si se cercioran de que sus hijos les entienden, si escuchan con atención lo que éstos tienen que decir, se puede establecer una relación de respeto y entendimiento. En caso contrario es muy probable que surjan las discusiones y nos e llegue a ningún punto en común.

Tener una buena comunicación en casa es fundamental para establecer una convivencia tranquila, feliz y sosegada. La comunicación sirve para:
  • Establecer contacto con las personas.
  • Dar o recibir información.
  • Expresar o comprender lo que pensamos. 
  • Transmitir nuestros sentimientos.
  • Compartir o poner en común algo con alguien.
  • Relacionarse. 
FUENTE IMAGEN| elmundovistodesdeabajoinfantil.blogspot.com
FUENTE TEXTO | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 7 de octubre de 2013

ARTÍCULO | Origen y evolución de las rabietas



La típica muestra de conducta disruptiva es la rabieta, que tiene distintos objetivos según la edad del niño:

Entre los 2 y los 3 años el niño todavía no tiene un dominio del lenguaje suficiente para expresar lo que le ocurre y recurre a las rabietas para manifestar su malestar. Son los padres quienes deben traducir lo que le pasa - "Ya veo que estás enfadado"- y darle pautas para aprender a controlarse -"Quédate aquí y, cuando estés más tranquilo, me llamas"-. A los dos años es fácil que aparezcan situaciones en las que el niño entra en conflicto con sus padres porque tiene que hacer lo que ellos le dicen y no siempre coincide con lo que él quiere. Esto también le puede ocurrir con los compañeros de la guardería o en el parque, en situaciones en las que busca el control o el dominio. Por ejemplo, es fácil verle enfadarse porque considera que el tobogán es de su propiedad y no está dispuesto a dejar subir a nadie.

Entre los 3 y los 4 años los niños pasan por una especie de crisis de terquedad provocada por un periodo de autoafirmación y defensa de su individualidad. Buscan diferenciarse de las demás personas y lo hacen reclamando cada vez más autonomía. En esta etapa el niño se opone por sistema a lo que se le pide porque persigue esa nueva sensación que le da su independencia. Para que el niño se autónomo, por un lado, hay que asegurar su salud física y emocional dejando que sea curioso y explore, y, por otro, facilitar los nuevos aprendizajes que le ayuden a desarrollar su futura personalidad. Demasiadas prohibiciones inhiben su curiosidad, con lo que se puede tener un niño obediente, pero excesivamente pasivo y poco autónomo. Los padres deben estar preparados para sufrir un incremento de las manifestaciones agresivas y los gestos desproporcionados, como las pataletas, los lloros, los golpes, etcétera. También son frecuentes las rabietas de alta intensidad y larga duración, a veces sin motivo aparente.

A partir de los 4 años las rabietas tienen que ver más con la frustración por no obtener aquello que quieren y se orientan hacia aquella persona u objeto que impide que lo consigan. Los padres ya saben por qué se producen, lo cual aumenta su sensación de control sobre la situación. Algunas de las conductas que no se consideran anormales a esta edad son: arrojar o romper objetos, decir mentiras para librarse de las consecuencias y las agresiones como mordiscos o arañazos, siempre en el marco de las peleas entre iguales. El hecho de que aparezcan estas conductas no significa que se dejen pasar sin que el niño experimente las consecuencias. Las conductas disruptivas consideradas normales ayudan al niño a aprender la diferencia entre lo que quiere y lo que realmente puede obtener. Es fundamental que conozcan qué conductas son válidas para la consecución de sus objetivos y cuáles no.
En este aspecto, los padres pueden aprender cómo disminuir las manifestaciones negativas y sustituirlas por otras más adecuadas.
Hay que tener en cuenta que las conductas socialmente aceptadas, como ser generoso, prestar los juguetes o pedir las cosas de forma correcta,, se deben aprender paulatinamente y que a estas edades las conductas sociales se caracterizan muchas veces por la conflictividad.

Si los padres son firmes con los límites y coherentes con las consecuencias de los comportamientos, el niño adquirirá el autocontrol necesario para alcanzar mejores formas de resolver conflictos.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 12 de agosto de 2013

ARTÍCULO | El por qué de las consecuencias



Si no experimentamos las consecuencias de nuestras acciones, nos convertimos en tiranos, presuponiendo que los demás debe estar a nuestra disposición cuando lo deseemos.
Que un niño repita o no un comportamiento depende de que experimente sus consecuencias. Hay que enseñarle a tolerarlas planteándole situaciones en los que no siempre consiga lo que quiere.
Un pequeño que no obtiene siempre lo que desea desarrollará tolerancia a la frustración que, de mayor, le será de mucha utilidad, ya que así sabrá cómo enfrentarse a las situaciones en las que las cosas no salen como se plantean.
El niño necesita que los padres le enseñen lo que debe y no debe hacer, ya que no nace sabiéndolo.

Es preciso generar en casa un sistema de premios y castigos que muestre a nuestro hijo las consecuencias de cada conducta, y aplicarlo con constancia.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 22 de julio de 2013

ARTÍCULO | Los límites en su justa medida



Los límites no funcionan cuando:

  • No se transmiten de forma clara.
  • Son contradictorios: el padre dice una cosa y la madre otra, o unas veces se permite algo y otras no.
  • No hay consecuencias, ya sean positivas o negativas. 
  • Se pide al niño que haga algo que los padres no hacen.

Lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño es:

  • Establecer unos límites demasiados estrictos. 
  • Fijar un número excesivo de normas.
  • No poner ningún tipo de límites a su comportamiento. 


Cuando los límites son muy estrictos

En las familias donde los límites son excesivamente estrictos los niños carecen de libertad para crecer y desarrollarse. Cuando soportan un control excesivo tienden a rebelarse ante la figura de autoridad o muestran poca autonomía para hacer las cosas y necesitan constantemente la aprobación de los demás. El hecho de que todo esté minuciosamente controlado entorpece su aprendizaje. Teniendo en cuenta que la infancia es un periodo de investigación, es necesario dejarles experimentar las consecuencias por si mismos.

Un ejemplo de un control excesivo en cuanto a los límites son esas familias que esperan de sus hijos más de lo que pueden dar. Generalmente les inculcan patrones de comportamiento muy rígidos y pretenden controlarlo absolutamente todo.
Los pactos y la oferta de alternativas son una buena opción para aquellos padres que crean ser demasiado estrictos en sus límites.


Cuando los límites son muy permisivos

Cuando los límites son muy laxos y poco firmes, los niños suelen ir más allá de lo permitido. Los niños que se desarrollan en ambientes permisivos cuestionan y desafían más a sus padres. Al no tener que responder a nadie de sus decisiones y no experimentar consecuencias a su conducta, no aprenden a ser responsables de sus actos. Los padres que caen en la falta de firmeza tienen que aprender a decir un no a tiempo y, sobre todo, que ese no realmente signifique no.

FUENTE | El manual de Supernanny. Ed: El Pais, 2007

lunes, 10 de junio de 2013

ARTÍCULO | Manifestaciones agresivas inherentes al desarrollo del niño


En la tabla que se adjunta en este artículo se resumen las conductas agresivas normales en el desarrollo del niño. A los padres y maestros os tranquilizará saber que todos los niños pasan por ellas; de hecho, que no lo hagan debería ser motivo de preocupación.

Edad
Motivo de la conducta agresiva
Manifestación agresiva
Objetivo
0-1
No satisfacción de sus necesidades (sueño, hambre, aburrimiento, necesidad de contacto físico, dolor, etc.)
Lloro.
Reducir la tensión.
2-3
Conflictos con la autoridad (“edad del no” y del “yo solo”). Aparición de los celos y la envidia.
Rabieta.
Autonomía.
4-5
Frustración.
Desobediencia. Rabietas menos intensas dirigidas principalmente a padres y hermanos. Peleas.
Integración de la norma.
6-7
Rebeldía contar la norma (comienza a asimilar las normas morales)
Los niños se pelean físicamente; las niñas, verbalmente. Desplazamiento de la ira hacia un hermano o chivo expiatorio. Fuerte sentimiento de competencia.
Adaptación social y control de los sentimientos.
7-14
Fuerte sentimiento de justicia. Defensa de derechos, desde su perspectiva. Búsqueda de identificación con el grupo y diferenciación de los padres.
Aparente rechazo a lo familiar. Estallidos de ira.
Autocontrol, empatía y autoestima.


Las alteraciones de comportamiento hostiles en el niño forman parte de su desarrollo, y se pueden considerar normales. Cuanto más pequeño es, más enérgicamente pide lo que necesita o rechaza lo que le molesta como reacción contra todo lo que suponga frustración o restricción.

Que forme parte de su desarrollo no quiere decir que haya que esperar a que crezca para que se le pase, sino todo lo contrario: en la mayoría de los casos será la intervención de los padres la que marque la diferencia entre un niño con alteraciones en su comportamiento y otro con conductas adecuadas.

FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007

lunes, 3 de junio de 2013

ARTÍCULO | El valor de decir que no




Una de las dificultades más importantes a la hora de aplicar los límites en la familia es el miedo que surge cuando hay que decir que no a alguna demanda de los niños. Lo que se teme en concreto es no saber controlar la reacción que pueda tener el niño ante la negativa.

Para mantener los límites de forma consecuente, en muchas ocasiones los padres tienen que decir que no, y no ceder a las exigencias de sus hijos. No hay que sentirse culpables. No es una catástrofe; más bien al contrario: las negativas ayudan a los niños a madurar y crecer.
Además encierran un aprendizaje muy importante para cuando sean adultos, porque la realidad es que no siempre las cosas saldrán como ellos quieren, sino que tendrán que enfrentarse a muchas frustraciones. La tolerancia a la frustración se aprende en la infancia, cuando los padres dicen "no" y lo mantiene. SI un niño no cocne el no del adulto, le costará mucho más hacer frente a la adversidad o lo hará de forma poco adecuada, y con más posibilidades de reaccionar de manera ansiosa, depresiva o agresiva.

Reflexiones sobre el no

  • El no, cuando es justo, no culpabiliza a quien lo dice, educa a quien lo escucha. 
  • Un no dicho con convicción y énfasis no tolera ninguna contradicción por parte del niño. Un no poco creíble carece de valor. 
  • Decir "no" a todos aquello que pide el niño es reprimir su iniciativa y no permite desarrollar la autonomía necesaria para su edad. 
FUENTE | El manual de Supernanny, Ed: El Pais, 2007