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lunes, 16 de diciembre de 2013

La atracción de los opuestos



Ella es positiva,
mágica y esquiva.
Él es negativo,
rudo y posesivo.


Ella tiene miedo,
está fuera de juego.
Él tienta a la suerte,
es un hombre fuerte.


Ella es más
y él es menos.
Ella es aire
y él es fuego.






Ella vuela alto,
surcando los cielos.
Él vive en el mundo,
los pies en el suelo


Un encuentro casual,
casi un atropello.
Cruzando miradas
Donde el cielo roza el suelo.


Menos y más,
son los dos extremos,
los polos de un imán,
la atracción de los opuestos.











martes, 10 de diciembre de 2013

Juego de Caballeros, el thriller de misterio definitivo



No sé si conoceréis a Joanne Harris, los que sí sabréis que es una de las escritoras de ficción con toques mágicos más importante de los últimos años. Su obra más importante, Chocolat, fue llevada con gran éxito a la gran pantalla, pese a no ser igual con su segunda y tercera parte (publicada recientemente).


De todos sus libros, hoy vengo a hablaros de una me mis últimas lecturas que, discreta pero definitivamente, se ha metido entre mis favoritos. Se trata de Juego de Caballeros, una intrigante novela que, cual cebolla, tiene capas sobre capas y, siempre que crees haber llegado a la última, te das cuenta de que el misterio es mucho más profundo de lo que puede parecer. Y eso me encanta, adoro que el autor juegue conmigo de esa manera. Quiero sorpresas, giros en la trama y un final que me deje con la boca abierta.

Este libro, pese a salirse de mi género habitual (fantástico), es un soplo de aire fresco que realmente cambia tu forma de ver la vida, al menos por unos días. Y te deja con un sabor agridulce en la boca, el de haber sido engañado y reconocer la superioridad del autor en todo momento. Sientes la necesidad de hacer una reverencia, virtual o no. Y entonces corres a leértelo por segunda vez y disfrutar de todos los detalles que pasaste por alto.




Y a vosotros que, ¿os gusta ser engañados por los magos de la palabra?






En el prestigioso colegio St. Oswald, en el norte de Inglaterra, acaba de inaugurarse el nuevo curso escolar. Un curso que va a ser especial, ya que las rancias y adormecidas aulas se han visto inundadas de aires de cambio gracias a la incorporación de muchos avances tecnológicos. Los profesores, que siempre habían ejercido su oficio de la forma más tradicional, deberán olvidar los antiguos métodos para adaptarse a los tiempos. Es una renovación que a algunos, como el viejo profesor de latín Roy Straitley, les viene grande. Straitley se siente marginado, no sabe utilizar un ordenador y quizá tenga que plantearse la jubilación, aunque St. Oswald lo haya significado todo en su vida. 

Pero no será esto lo único que perturbe el ambiente escolar. Bajo las pequeñas rivalidades y discusiones triviales que se dan cada día subyace algo mucho más peligroso: un rencor amargo y profundo, que ha permanecido oculto durante trece años y que está a punto de estallar. Sin quererlo, el profesor Straitley va a ser el detonante y la primera víctima. Porque lo que había comenzado como una broma pesada iba a abrir las puertas al pasado... y a la muerte.



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Lo más curioso de todo, es que si intento contaros algo del libro sin estropearos el resto... ¡es imposible! El misterio está presente de la primera página a la última y ni siquiera puedo describiros a los personajes porque todos ellos esconden sus historias. El caso es que, de describíroslos, os los mostraría como se conocen en las primeras páginas; pero entonces yo, al saber su verdadera cara, os estaría mintiendo también. Por tanto, me he decidido por contaros lo justo y necesario, confiando en que os llame suficientemente la atención como para que le deis una oportunidad.

Otra cosa interesante es su relación con el ajedrez, un juego de estrategia e inteligencia, dos características propias de Juego de Caballeros. El libro entero es una partida gigante, siendo cada personaje una ficha del tablero. Algunas relaciones son muy evidentes, como en el caso de Knight y Bishop (caballo y alfil respectivamente), y otras se van desvelando a lo largo de las páginas. Nadie se libra en esta batalla campal, de honor, sangre, nobleza, huesos y prejuicios; sobre un fondo en blanco y negro.





¿El objetivo? St. Oswald, la célebre y exclusiva escuela para chicos; con sus luces y sus sombras. Por los pasillos puedes ver las lustrosas fotografías de jóvenes serios e ilustres, orgullo de la escuela; pero no olvides que cada rincón esconde sus fantasmas y retazos de sus almas nostálgicas se han quedado adheridos a cada pupitre, taquilla o gárgola del tejado. Y sin embargo, los profesores más antiguos, como el anciano Straitley han aprendido a amar esos fantasmas como a sus hijos, en una extraña mezcolanza de sentimiento de culpa y amor. 



Porque sí, es el caso, St. Oswald tiene vida propia. Es un árbol robusto y antiguo, con lustrosas manzanas carmín y frutas podridas en igual parte; que cuida de los suyos y se protege de los demás, llegando a tocar el cielo con sus ramas más altas. Lo cierto es que, si lo pienso, la verdadera protagonista de este libro es St. Oswald y su presencia omnisciente se puede saborear en cada diálogo. Creo que es la primera vez que me encuentro con una novela en la que el lugar físico de la acción cobra tanto protagonismo... Una opción novedosa e interesante, ¿no creéis?






Os invito de todo corazón a darle una oportunidad a Juego de Caballeros porque se trata, sin lugar a dudas, del mejor libro que he leído este 2013.











sábado, 16 de febrero de 2013

La Desesperación de Esperanza


Tengo un proyecto y, esa simple certeza, me hace sentir vivo. Hay quién nunca entenderá la sensación de tener algo entre manos, de no dedicar ni un minuto de tu tiempo hasta que lo terminas y, entonces, sólo entonces, te permites relajarte y contemplar tu obra. Me compadezco de esas personas aunque haya quién diga que no soy capaz de albergar compasión en mi corazón; pero, fíjate, lo que las lágrimas de un niño recién huérfano no consiguen, la imagen de una vida sin vivir, sin una meta que ver cumplida, sí lo consigue. Es irónico. Ahora que lo pienso, también hay quién dice de mí que amo la ironía; no es de extrañar, sin embargo, ya que todo el mundo habla de mí. Aunque crean hablar de un qué y no de un quién. Pobres tontos; prefieren pensar que les controla un ser inerte que uno vivo, a pesar de que, por lo menos en mi opinión, no haya nada más ridículo que ser el esclavo de un concepto inanimado.

 
 
Suspiro mientras trato de acomodarme mejor en mi trono, aun a sabiendas de que, por falta de movimiento, me he quedado pegado a él. En eso consiste mi mundo: una habitación cerrada, una silla y un mapa en el suelo. Suficiente. Hago girar unas monedas relucientes entre mis dedos a toda velocidad, hasta que se vuelven invisibles al ojo humano, y luego las dejo caer sobre mis pies, en un pequeño punto del mapa llamado en honor a la reina mitológica de Creta, si no recuerdo mal. Antiguamente, cuando todavía podía levantarme de mi trono, dejaba caer las monedas de forma… digamos más equitativa. Por aquel entonces yo todavía era un joven inocente y con ansias de construir, que creía en las cualidades morales por encima de todo. Tanto es así, que me pasaba meses repartiendo mis dones lo más justamente posible entre todos los minúsculos puntos del mapa, fijándome en cada minúsculo hombre que lo habitaba, llegando incluso a dañarme la vista. Como digo, era joven e inocente.
 


Sin embargo, junto a mi vecina Esperanza contemplé con horror como, en muy poco tiempo, algunos hombres se apoderaban de lo que yo les había legado a otros, enriqueciéndose a su costa. Pasados unos siglos, ya no se podía hablar de hombres ricos y hombres pobres, sino de continentes. Mi carácter, envilecido por todas las atrocidades que había contemplado, se fue agriando pese a los esfuerzos de Esperanza, que aún creía en el hombre. Ella fue quien inspiró, desde la sombra, la invención de este cantico del que sólo recuerdo una estrofa:



Porque sus manos torpes y mortales
saben acariciar una mejilla,
tocar el violín, mover la pluma,
coger un pajarillo sin que muera,
creo en el hombre.


Nos distanciamos y mi actitud cambió; ¿o fue al revés? Da igual. El caso es que decidí que, puestos a que los hombres desoyeran mi ideal de justicia y se impusieran unos sobre otros, al menos podría disfrutar un poco. ¡Qué se han creído ellos que pueden desobedecerme! Será como jugar a uno de esos… ¿cómo los llaman? Esos juegos de estrategia que tanto les gustan a los humanos en el siglo XXI. Durante unas centurias, fue divertido; sin embargo, no me di cuenta de que aquello era como un veneno para mí, conforme corrompía al hombre me corrompía a mí mismo, como la roya de las rosas. ¿Mereció la pena? ¿Perder la inocencia, la moral y, por encima de todo, a Esperanza? Como dice aquel proverbio humano, lo hecho hecho está; pienso mientras lanzo otra moneda sobre Europa.

 
 
Sin embargo, antes de que llegue a tocar la superficie rugosa del continente, una mano gruesa la caza al vuelo y la envuelve en su puño.
-          Ya has disfrutado bastante- trona una voz que, por alguna extraña razón, me hace encogerme de miedo.- Tú, que al inicio de los tiempos recibiste el nombre de Justicia, no has hecho justicia a tu legado ni a tu misión. Quedas despojado de ese nombre; a partir de ahora, recibirás aquél que verdaderamente mereces por tus actos cobardes y manipuladores. A partir de ahora, serás Dinero.
En cuanto desaparece su presencia amenazadora, giro la cabeza hacia la puerta y entreveo la sombra de una mujer. Al momento la reconozco:
-          ¡Esperanza!
-          Ya no me llamo así, pues ni yo misma conservo la esperanza –susurra, cabizbaja.- Desde este momento, mi nombre es Desesperación.

 
 
Como podéis ver, todo el mundo habla de mí; casi se podría decir que el mundo gira en torno a mí. El dinero mueve el mundo y yo lo he llevado a la destrucción. Esa es mi obra, mejor dicho, mi anti-obra maestra. Sin embargo, mi pregunta es: ¿ha destruido el dinero al hombre o ha sido su propia avaricia la responsable? Lástima que ya no quede nadie con quien compartir mis opiniones, nadie salvo Desesperación; pero nunca se me ha dado bien nadar y menos en un charco de lágrimas. Vuelvo a hacer girar las monedas, de todos los países, épocas y metales, entre los dedos a toda velocidad; tal y como llevo haciendo desde hace 4.000 años y continuaré haciendo eternamente. Si lo pienso detenidamente, no sé cuánto tiempo ha pasado desde aquello. Puede que entre un pensamiento y otro hayan transcurrido siglos, o tan sólo un instante.
 
 

¿Qué os ha parecido el relato? ¿Os ha gustado?
Recomiendo leer dos veces para ver como las cosas cobran sentido al inicio una vez desvelado el misterio J
 
 
 

 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Los Trágicos Amantes y la Muerte


¿Qué tiene este tópico que nos cautiva a todos? No es algo que surgiera hace poco... Desde siempre se han contado historias de amores imposibles y nunca nos hemos hartado de escucharlas. ¿Y por qué?  Las novelas medievales tuvieron su momento en el siglo XV, así mismo las pastoriles, las odiseas interminables, las mitológicas, más tarde las comedias y las alegorías... Todos los géneros tuvieron su auge, pero terminaron apagándose. Todos menos el de los amores imposibles. Los protagonistas son los trágicos amantes, que aún sabiendo que su amor les llevará a la muerte no pueden olvidar, se quieren demasiado.

Creo que una de las claves radica en el amor clandestino y secreto, siempre nos apasiona lo misterioso, no hay nada parecido a la excitación de vivir un secreto.

Otro punto está en la lucha por amar libremente, es una batalla como otra cualquiera, una guerra contra la adversidad, contra todo aquel que se siente dueño de tu destino. Todos queremos poder elegir.

Y en tercer lugar, aunque muchos digan lo triste que resulta acabar con la muerte de los amantes, creo que es completamente necesario, por el estúpido romanticismo que nos dice que tras la muerte estarán por fin juntos y podrán quererse para siempre. 

Es triste pero nos encantan. Hay quien dice que es porque gracias a ellos nos damos cuenta de la suerte que tenemos al poder amarnos libremente, pero yo no creo que esa sea la razón más importante. Las historias de amores imposibles afectan a todos nuestros sentimientos, nos hacen emocionarnos, llorar y reír.

También vivimos los amores imposibles en la actualidad, como los trágicos amantes del Distrito 12 (todos sabemos de quienes hablo), o aquel hombre que no podía tocar a su amor por miedo a querer chuparle la sangre. Sin embargo, ahora estamos un poco malacostumbrados y al final todas las historias acaban bien... Pues para mí mejor, así no inundo el salón *·* Pero algo tengo claro ¡Los amores imposibles...

... Espero que no pasen nunca de moda!



Felices Amores Imposibles

sábado, 17 de marzo de 2012

Salen a la luz 500 cuentos de hadas desconocidos de la época de los Hermanos Grimm

Han aparecido en Alemania 500 nuevos cuentos de hadas que llevaban desaparecidos 150 años en unos archivos. El lugar es la región del Alto Palatinado en Baviera y el autor, Franz Xaver von Schönwerth (1810-1886) vivió más o menos en la época de los Hermanos Grimm y, de haberse conservado sus obras, sería tan mundialmente conocido como ellos. La diferencia entre ellos es que los Grimm escuchaban las leyendas que se transmitía oralmente de padres a hijos y las transformaban para más gusto del lector; mientras que Schönwerth, como buen historiador, las recopilaba tal cual las oía, pues no se consideraba quién para imprimir su estilo en una tradición de tantos siglos.


Los cuentos, muchos son inéditos y desconocidos, pero también hay versiones de clásicos como La Cenicienta o Rumpelstinki. No sólo tienen valor artístico, sino que además su lectura ayudaría a los investigadores a comprender la sociedad del momento, así piensa la encargada de la investigación, Erika Eichenseer. Nos han dado a conocer un fragmento de uno de los cuentos: La Princesa Nabo.

A young prince lost his way in the forest and came to a cave. He passed the night there, and when he awoke there stood next to him an old woman with a bear and a dog. The old witch seemed very beautiful and wished that the prince would stay with her and marry her. He could not endure her, yet could not leave that place.

King Golden HairOne day, the bear was alone with him and spoke to the prince: "Pull the rusty nail from the wall, so that I shall be delivered, and place it beneath a turnip in the field, and in this way you shall have a beautiful wife." The prince seized the nail so strongly that the cave shook and the nail cracked loudly like a clap of thunder. Behind him a bear stood up from the ground like a man, bearded and with a crown on his head.

"Now I shall find a beautiful maiden," cried the prince and went forth nimbly. He came to a field of turnips and was about to place the nail beneath one of them when there appeared above him a monster, so that he dropped the nail, pricked his finger on a hedge and bled until he fell down senseless. When he awoke he saw that he was elsewhere and that he had long slumbered, for his smooth chin was now frizzy with a blond beard.

He arose and set off across field and forest and searched through every turnip field but nowhere found what he was looking for. Day passed and night, too, and one evening, he sat down on a ridge beneath a bush, a flowering blackthorn with red blossoms on one branch. He broke off the branch, and because there was before him, amongst the other things on the ground, a large, white turnip, he stuck the blackthorn branch into the turnip and fell asleep.

When he awoke on the morrow, the turnip beside him looked like a large, open shell in which lay the nail, and the wall of the turnip resembled a nut-shell, whose kernel seemed to shape his picture. He saw there the little foot, the thin hand, the whole body, even the fine hair so delicately imprinted, just as the most beautiful girl would have.

The prince stood up and began his search, and came at last to the old cave in the forest, but no one was there. He took out the nail and struck it into the wall of the cave, and at once the old woman and the bear were also there. "Tell me, for you know for certain," snarled the prince fiercely at the old woman, "where have you put the beautiful girl from the parlour?" The old woman giggled to hear this: "You have me, so why do you scorn me?"

The bear nodded, too, and looked for the nail in the wall. "You are honest, to be sure," said the prince, "but I shall not be the old woman's fool again." "Just pull out the nail," growled the bear. The prince reached for it and pulled it half out, looked about him and saw the bear as already half man, and the odious old woman almost as a beautiful and kind girl. Thereupon he drew out the nail entirely and flew into her arms for she had been delivered from the spell laid upon her and the nail burnt up like fire, and the young bridal pair travelled with his father, the king, to his kingdom.


Fairy Kisses