Hoy, después de una semana intentando ignorar el problema con antiinflamatorios, no me ha quedado otra que ir al médico. Ya es imposible ignorar el pinchazo en la garganta y el incipiente dolor de oídos. En la consulta, a la que no voy desde mayo, poco más o menos, antes se cogía el turno pidiendo la vez, como en las carnicerías de antaño. Ahora entras y la auxiliar, que es una señorita muy amable y muy jipi debajo de su bata blanca, te da un numerito. Aparezco en la consulta a eso de las diez y media y me tocan los dos patitos, el 22. El que está en consulta es el 9. Me resigno a no llegar a casa hasta la hora de comer, mientras saco mi libro del bolso de lona de la Hello Kitty. Desde mi rinconcito apartado, pertrechada detrás del segundo tomo de las Memorias de Idhum, mientras la prota se debate entre el sosón de Jack y el poco fiable Kirtash (¡los malos al poder!) hago una de las cosas que más me gustan en la vida que es observar a la gente. A mi derecha, con una tos blanda fea fea ...