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Y con el calor, llegaron los bichos

Una de las cosas que más me gustan de trabajar en un colegio tan pequeño es que terminas conociendo por su nombre a todos los alumnos, desde los que tienen tres años, hasta los preadolescentes hormonados de sexto. Hoy, salía con una revista y mi megabotella de agua de la clase, en el recreo, cuando un alumno de cuatro años me asalta. Hay que imaginarse esa carita redonda, con el pelo color trigo y sus ojillos chispeantes (es lo que tiene tener cuatro años) mientras me asalta y me dice: - ¿Sabes que en nuestra clase hay un saltamontes? - No, no lo sabía . - Me abstengo de añadir que ni ganas de ir a verlo. - Pues yo sí que lo sé . - Hace el amago de darse la vuelta y tirar para el recreo. - Oye, ¿y tu maestra lo sabe?- Me intereso. - No... - reflexiona- ¡¡¡Y se va a llevar una sorpresa...!!! - Me dice, ilusionadísimo. No lo dudo.

Fauna de colegio o de cómo la semana ha estado llena de bichos

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Interminable mi semana, vaya. Al fin llegó el viernes tarde y por fin estamos en sábado. A mi D, el niño que hay que quererlo como es, le ha dado esta semana por ser el niño-lagartija. Por favor, cómo se mueve el niño. Lo de que parecen dos no es un chiste, es que se mueve más rápido de lo que mi cerebro es capaz de procesar. Encima hicimos unos ejercicios tela de molones de las frases hechas y va y me pregunta que qué significa "moverse más que un rabo de lagartija". Así que le respondí eso de "lo que haces tú todo el día, corazón". Mi RD también ha tenido la semana fina. Lo llamo el niño-mono y él se parte. Tiene afición especial por escalar por encima del mobiliario, como los monos, así que con niño-mono se queda. Y yo me he quedado con una muletilla del tipo "fulanito, baja de ahí que te vas a caer". Como sabéis, tuvimos plaga de piojos, y estuve mirando el otro día cabecita por cabecita a ver quién había salido contagiado. Más bichos. Y adem...

CSI Mimami

Escena 1 Mediodía. Escalera de casa. Lileth entra en escena y comienza a bajar la escalera vestida con su camisola de Hello Kitty. De pronto, algo en el suelo del pasillo la hace parar en el último escalón. - Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! - ( Voz en off ) Quéeeeeeeeeeeeeeeeeee - ¡Coge el cucal! Lileth espera paciente sabiéndose a salvo encima de su escalón. Un bote de cucal aparece por el marco de la puerta, seguido de la cabeza de la mamá de Lileth. - No, está ahí, en el pasillo. La mamá de Lileth localiza el objetivo y lo comienza a rociar de cucal. Pasados tres segundos se detiene, contrariada. - No se mueve, está muerta... ¡Vaya costumbrita que ha cogido tu padre de matarlas y dejarlas por ahí!. Lileth medita. - ( Voz en off ) Esto parece Vietnam, lleno de cadáveres.

Cazarrecompensas

Esta misma tarde, mientras cojo unas cosas para ducharme, veo al pasar por la puerta del cuarto de baño azul una cucaracha en el suelo del tamaño del halcón Milenario. Corro a por el Cucal y cuando vuelvo rocío a la cuqui, con saña y generosidad, desde una distancia prudente. Una vez de que me aseguro que el bicho no se mueve (de hecho no se ha movido desde que le eché el primer vistazo) decido ir a donde mis padres, Cucal desenvainado, y apuntarme el tanto. - Yo he hecho de matarile- anuncio, orgullosa- ahora, que de enterrador haga otro. - ¡Pero si la he matado yo! - Dice mi padre. No tiene gracia matar algo que ya estaba muerto.