Muertos de sueño
Hace unos días observo cómo L, como de costumbre, está cansada, apática, pasando de la clase. En su casa tienen una afición desmedida por la televisión y L se traga todo lo que emiten. Sean o no, contenidos adecuados a su edad. Por ejemplo, L está al tanto de una telenovela que se emite en la televisión autonómica a partir de las diez de la noche. Y la ve de principio a fin. Todos los días. Mis tutorías con papá y mamá de L han ido destinadas a intentar convencerles de que la niña necesita descansar más, que le estimulen su cabecita, que debe salir a la placita a tener contacto con otros niños y niñas de su edad y, sobre todo, usar su cerebro. Pero no. El otro día, a las diez y veinte de la mañana, L se quedó literalmente dormida sobre la mesa. Dormida. Sobre la mesa. Me planté en dirección hecha un basilisco para llamar a la mamá de L. Soy una maestra. Trabajo en un colegio de Educación Infantil y Primaria. Mi trabajo es enseñar, no cuidar de niños. Y como mis funciones ...