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lunes, 2 de marzo de 2026

Redes, de Eloy Moreno

«Llevo casi un año en esta misma habitación: un lugar rodeado de cámaras, micrófonos, ordenadores y pantallas. Un lugar donde, en teoría, todo es perfecto; donde nadie me molesta… un lugar hecho para mí, para nosotros.».

Redes podría considerarse la continuación de Invisible, la exitosa novela de Eloy Moreno que abordaba el problema del acoso escolar. En esta nueva novela el tema es el impacto y la influencia de las plataformas digitales en la vida de un grupo de adolescentes. Igual que en Invisible, la narración es ágil y directa. Como Invisible, esta obra está dirigida no sólo a jóvenes, sino también a los adultos. Redes muestra cómo las redes pueden moldear aspiraciones, comportamientos y valores. Es una reflexión crítica sobre el mundo digital, especialmente en relación con la cultura de los influencers y una llamada de atención acerca de los riesgos que conlleva desconectarse de la realidad física. Al igual que Invisible, puede ser una buena herramienta para que jóvenes y adultos reflexionen sobre el uso de las redes sociales y sus consecuencias.



lunes, 18 de agosto de 2025

Invisible, de Eloy Moreno

«Todo empezó un viernes. Iba a ser un viernes como cualquier otro, la única diferencia es que teníamos un examen de matemáticas a última hora. Sí, un viernes a última hora. (…) —Sheee… Eh, gilipollas… Te hablo a ti —me dijo en voz baja. Me asusté. No me giré del todo, lo suficiente para saber lo que ya sospechaba: allí, justo detrás de mí estaba sentado él. —Pásame tu examen —me dijo en voz baja.».

Invisible, cuarta novela publicada por Eloy Moreno (Castellón, 1976) trata el tema del acoso escolar, encarnado en la figura de un niño serio y estudioso, víctima de las agresiones del matón de su clase. Narra, a través de los ojos de un niño, una historia que podría ser la de cualquiera de nosotros. La actitud indiferente con que profesores y compañeros de aula asisten a la violencia que sufre el protagonista y que éste oculta a sus padres, acaba por convencerle de que se ha vuelto invisible. La obra, bien escrita, se sirve de una técnica narrativa ágil, de capítulos breves, para mantener una fuerte tensión de intriga. Emotiva, conmovedora, diferente y dura…



En 2024 se estrenó una miniserie bastante lograda, dirigida por Paco Caballero.




lunes, 20 de enero de 2025

El libro que me hubiera gustado leer a los 18 años, de Daniela Faour

«¿Cómo saber si le gusto?

¿Cómo olvidar a mi ex?

¿Cómo saber si tengo que cortar con él?

¿Qué es el amor propio exactamente?».

24 consejos para mujeres sobre el amor y la vida. Así reza el subtítulo de este libro de apenas 163 páginas en que la Daniela Faour de 27 años le dice a la de 18 años cómo navegar por la adolescencia y los veinte de forma feliz y drama-free. «Desde los 16 hasta mis 27 años he salido en citas con aproximadamente 50 chicos diferentes. Me he mudado una vez de país y una vez de ciudad. Me han roto el corazón cuatro veces y yo he roto tal vez unos 10 (sorry...). He ido al psicólogo. Me han contratado, me han despedido, he emprendido, me han vuelto a contratar, he renunciado. Abrí un blog que llegaba a 300 personas y una cuentade TikTok que ha llegado a más de un millón de chicas. He tenido miedo, pero me he atrevido a hacer cosas de las que nunca me creí capaz».




lunes, 2 de septiembre de 2024

No digas nada, de Brad Parks

«Su primer movimiento contra nosotros fue tan minúsculo, una irregularidad tan infinitesimal en contraste con el atronador ruido de fondo de la vida, que no lo consideré significativo. Adoptó la forma de un mensaje de texto procedente de mi esposa, Alison, y me llegó al móvil a las 15.28 de un miércoles. Eh, lo siento, olvidé decirte q los niños tienen médico esta tarde. Los recogeré enseguida».

Scott Sampson tiene un trabajo de prestigio como juez federal y una familia a la que ama. No ha fallado una sola vez a la cita semanal con sus gemelos, el día de Piscina con Papá, hasta que cierto miércoles recibe un mensaje de su mujer, Alison, en el que le comunica que ella recogerá a los niños. Sin embargo, cuando llega a casa descubre que sus hijos no están con su madre y que no ha sido ella quien le ha enviado el mensaje. En ese momento el teléfono suena y comienza la pesadilla: Sam y Emma, de seis años, han sido secuestrados. Si el juez quiere volver a ver a sus hijos vivos, ha de seguir ciertas instrucciones… Otra novela perfecta para unos días de vacaciones...

lunes, 23 de enero de 2023

Feria, de Ana Iris Simón

 «Tendré que llevarte al cerro de la Virgen y tendré que decirte que eso es La Mancha y que es de tierra naranja de donde venimos, que ese manto de esparto que no acaba nunca es lo que eres. Tendré que explicarte lo que es un Pueblo y sabrás que el nuestro está atravesado por tres realidades: la ausencia total de relieve, el Quijote y el viento. Tendré que recordarte que eres nieto de familia postal, bisnieto de campesinos y feriantes, tataranieto de carabinero exiliado y de quincallera, y que sientas entonces que eres heredero de una raza mítica».

Feria. Oda salvaje a una España que ya no existe: «Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad». Una oda a la familia, la maternidad, al verdadero progresismo, que no hipoteca. Un relato deslenguado y directo de un tiempo no tan lejano en el que importaba más que los niños disfrutaran tirando petardos que el susto que se llevasen los perros. Un relato familiar en que aparecen temas como el clasismo, la religión, la familia, la crítica al neoliberalismo, a la nueva masculinidad y al feminismo exclusivista, o la vuelta al mundo rural como la panacea. Un repaso a las grietas de la modernidad. Pero, sobre todo, una invitación a no olvidar la importancia de la memoria.


Y una entrevista: 
https://www.aceprensa.com/la-entrevista/ana-iris-simon-apostar-por-lo-nuevo-solo-por-ser-nuevo-esta-siendo-catastrofico/



lunes, 24 de enero de 2022

Llévame a casa, de Jesús Carrasco

«Podría haber estado junto a su padre la noche en que murió pero, en cierto modo, Juan Álvarez prefirió no hacerlo. No es que eligiera estar lejos de él en ese momento crucial. Simplemente siguió con lo que tenía entre manos…»

Juan ha conseguido independizarse lejos de su país cuando se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal debido a la muerte de su padre. Su intención, tras el entierro, es retomar su vida en Edimburgo cuanto antes, pero su hermana le da una noticia que cambia sus planes para siempre. Así, sin proponérselo, se verá en el mismo lugar del que decidió escapar, al cuidado de una madre a la que apenas conoce y con la que siente que solo tiene una cosa en común: el viejo Renault 4 de la familia. «De todas las responsabilidades que asume el ser humano -afirma Jesús Carrasco-, la de tener hijos es, probablemente, la mayor y más decisiva. (…) En cambio, rara vez se habla de la responsabilidad de ser hijos. Llévame a casa trata de esa responsabilidad y de las consecuencias de asumirla». Otra buena novela de quien se dio a conocer en 2013 con Intemperie.

lunes, 15 de junio de 2020

Quién sujeta el cielo, de Rafael Álvarez Avello


«Dios siente ternura hacia mí como yo hacia vosotros, Dios tiene una dependencia total de mí, Dios sufre conmigo, Dios se alegra conmigo, Dios camina conmigo y peregrina en mi vida. Dios siente la necesidad de cuidarme. Cualquier cosa que me ocurra le transforma, porque soy su hijo y su criatura».

“Quién sujeta el cielo”, que también se podría haber titulado “Cómo me convertí a la ternura de Dios a través de mis hijos”. En este pequeño libro, que he aprovechado para leer estos días de confinamiento, el autor escribe a sus hijos y les cuenta cómo fueron ellos quienes le revelaron la ternura de Dios al convertirle en padre. Por sus páginas desfilan historias familiares y sucesos cotidianos en los que los temas de fondo son el amor, la felicidad y el sentido de la vida. Para el autor, “El gran reto para los Cristianos” y, añado yo, para todos los hombres, es “descubrir la mirada con que Dios nos mira”. La felicidad, a pesar del dolor, del sufrimiento, de todos los males que hay en el mundo, está en descubrir esa mirada, la mirada de Dios, y mirarse cada uno a sí mismo así, con la mirada de Dios.

martes, 10 de diciembre de 2019

El Belén que puso Dios, de Enrique Monasterio

Ahí va mi recomendación navideña anual. si aún no lo has leído, aprovecha. Y si ya lo has hecho, vuelve a disfrutar con este precioso libro que, aunque pudiera parecerlo, no es un libro para niños, aunque estos también puedan leerlo. Jóvenes y adultos disfrutarán por igual con su lectura. En él encontrarás la historia de Zabulón, un pastorcillo que fue a adorar a Dios y era un poco «tonto»; de la lavandera Salomé, que lavó por primera vez los pañales de Jesús; de Joaquín, el posadero que no les dio hospedaje pero sí un establo; de Moreno, el borrico que llevó Santa María de un lado para otro; de Oriente, la estrella que estaba hecha para un sólo día del año… Un relato sencillo, cercano, familiar, que no te dejará indiferente. Un libro para Navidad y para cualquier día del año. Espero que lo disfrutes… y que lo recomiendes.
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miércoles, 20 de febrero de 2019

Pequeños crímenes conyugales, de Éric-Emmanuel Schmitt


El viernes 15 de febrero algunos alumnos de mi colegio de 2º de Bachillerato acudieron al teatro. Se representaba Óscar. O la felicidad de existir, obra de Éric-Emmanuel Schmitt, en versión de Juan José de Arteche. No conocía la obra ni pude asistir a la representación, pero me trajo a la memoria otra interesante obra del autor que pude disfrutar hace tiempo. Se trata de Pequeños crímenes conyugales. Los protagonistas, Alejandro y Carla, llevan quince años casados. Acaban de llegar a su apartamento. Vienen del hospital. Alejandro sufre amnesia. Al parecer, se cayó por la escalera y perdió el conocimiento. No se acuerda de nada y Carla se encarga de ir recordándole quién era, qué frases decía, lo que le gustaba y aquello que detestaba. Pero a Alejandro le parecen contradictorias algunas de las cosas que Carla le dice sobre su propia personalidad y sobre la relación que mantenían. ¿Quién es él en realidad? ¿Y quién es Carla? ¿Cómo era antes su vida de pareja? A partir de lo que ella le cuenta, Alejandro intenta reconstruir su propia vida. Pero, ¿y si Carla mintiese? ¿Es él, realmente, tal y como ella lo describe? Y ella, ¿es de veras su mujer? A través del ágil diálogo y los continuos golpes de efecto Schmitt nos muestra el camino a una verdad inesperada manteniendo el asombro y la tensión hasta el final. En un solo acto y en tiempo real Pequeños crímenes conyugales (Petits crimes conjugaux) nos ofrece una sabia reflexión sobre el amor, la fidelidad y el paso del tiempo, y los problemas que entrañan las relaciones de pareja. En 2001, Eric-Emmanuel Schmitt recibió el Gran Premio de Teatro de la Academia francesa por el conjunto de su obra. Su segunda película como director, Cartas a Dios, se estrenó en España en 2011.




lunes, 4 de septiembre de 2017

Ser quien eres, de Wenceslao Vial (Ed.)

Cómo construir una personalidad feliz, dice el subtítulo, con el consejo de médicos, filósofos, sacerdotes y educadores. Cómo mejorar la propia personalidad, la autoestima y la virtud, sin imitar modelos que nos alejan de nuestra propia identidad. Cómo vivir una vida más feliz y más coherente, y adquirir una mayor empatía con quienes nos rodean, en especial con nuestra propia familia, en el entorno del hogar. Los autores, con larga experiencia en sus propios ámbitos, se dirigen de manera especial a lectores con una espiritualidad cristiana, ofreciendo pautas para avanzar con eficacia en la búsqueda de la felicidad: Alfonso Aguiló, Carlos Ayxelá, José María Barrio, José Benito Cabaniña, Javier Cabanyes, Juan Ramón García-Morato, Javier Láinez, Javier Sesé, Rodolfo Valdés, Wenceslao Vial (Ed.). interesante para educadores: padres, profesores, sacerdotes, …

miércoles, 25 de enero de 2017

El extraordinario viaje de T. S. Spivet, de Reif Larsen

Hace unos años, un amigo mío, profesor de Educación Secundaria, me recomendó para jóvenes Las obras escogidas de T. S. Spivet, primera novela de Reif Larsen. Me hice con ella y no recuerdo bien por qué al final no la leí. Y mira por dónde, el pasado 31 de diciembre de 2016 cené con mi padre y vimos juntos la adaptación cinematográfica de Jean-Pierre Jeunet. Ambos nos lo pasamos genial. Después de verla mi padre me dijo: “Has acertado”. Por eso, te recomiendo verla y leer la novela. T. S. Spivet es un chaval de 12 años de extraordinaria inteligencia, que vive con su atípica familia en un rancho en Montana. Su padre es el tradicional cowboy de pocas palabras. Su madre es una investigadora científica, experta en escarabajos. Su hermana mayor es una adolescente, en plena edad del pavo. Y su hermano mellizo murió en un trágico accidente. Spivet inventa una máquina de movimiento perpetuo que le supone un importante premio. De modo que emprende un viaje en solitario –pues se siente excluido del resto de la familia– para recoger el galardón, mientras que los que se lo han concedido ignoran que el genial inventor es un niño. Cine de aventuras fantásticas, en la línea de La invención de Hugo, con momentos dramáticos, pero también buenos golpes humorísticos, ofrece una atinada reflexión sobre la familia, el modo en que hay que cultivar las relaciones padres-hijos o entre hermanos, abordando de frente los malos tragos que depara la vida.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Tal vez soñar. La filosofía en la gran literatura, de José Ramón Ayllón

«¿Por qué nos gusta la literatura? ¿Qué buscamos en las historias de Homero o Cervantes, de Shakespeare o Tolkien? La respuesta es sencilla y complicada al mismo tiempo: nos buscamos a nosotros mismos. A veces ser humano es difícil, escribió el poeta Aleixandre. Y es verdad, porque todos sufrimos la desconcertante e íntima desproporción entre lo que deseamos y lo que conseguimos. Perseguimos el equilibrio y la felicidad, pero obtenemos el desasosiego de una raquítica cuenta de resultados. Tal vez por eso nos gustan los relatos literarios: queremos aprender de sus protagonistas, conocer lo que han hecho para lograr la plenitud, saber qué caminos han elegido o rechazado, y qué han logrado a fin de cuentas.»

La literatura, además de ser fuente de placer, nos permite ahondar en las grandes preguntas de la humanidad y conocer formas de entender el mundo. De la mano de Homero, Defoe, Cervantes, Saint-Exupéry, Ana Frank, Etty Hillesum, Delibes, GoldingVerne, Tolkien, Shakespeare y Dostoievski nos adentramos en los temas fundamentales de la filosofía: la inteligencia, la verdad, la familia, los sentimientos, la ciencia, el bien y el mal, la muerte... Y profundizamos, gracias a Orwell, London y Nietzsche, en algunas de las principales corrientes de pensamiento que configuran la cultura de nuestra sociedad, como el positivismo, el comunismo o la teoría nietzscheana del superhombre.

miércoles, 22 de abril de 2015

Saber amar con el cuerpo, de Mikel Gotzon Santamaría

La revolución sexual es uno de los hechos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, lo que parecía una liberación se está convirtiendo, para muchos, en una maldición: el desconcierto sobre el modo de vivir la propia sexualidad está cada vez más extendido. «En estas páginas —dice el autor— pretendo describir brevemente algunos principios de ecología sexual: la relación entre sexualidad y amor, el papel de la sexualidad en la corporalidad y la personalidad humanas, el proceso de personalización de la sexualidad, los principios básicos de una estética de la sexualidad. (…) Se trata de reflexionar sobre la realidad, describir qué es el hombre, el cuerpo, el sexo y el amor. Y, desde esa descripción, comprender con más profundidad el hondo sentido que tiene la dimensión sexual de nuestra personalidad. Así sabremos mejor cómo vivirla».

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¡Compórtate! Guía práctica de los buenos modales, de Benigno Sáez y Antonio Crespillo

En esta Guía práctica de los buenos modales, como dice el subtítulo, se exponen, de forma amena, algunas normas básicas de educación y comportamiento social, así como un apartado sobre higiene. Presentaciones y tratamientos, trato con visitas e invitados; comportamiento en lugares públicos, en deportes y juegos; el uso del teléfono; el vestido y las posturas; el comportamiento en la mesa; la conversación; virtudes humanas o urbanidad en la piedad son algunos de los temas tratados. Como dice en el prólogo, los buenos modales no son otra cosa que el respeto por la persona, por cada persona, sin distinción de clase o condición social. Un aspecto que destaca son sus ilustraciones. Está dirigido a padres, profesores de último ciclo de Primaria y Educación Secundaria y a chicos y chicas a partir de diez años.

sábado, 16 de agosto de 2014

La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel

«Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas».

Una fría mañana de noviembre, tras un penoso viaje en barco, un anciano, el señor Linh, desembarca en un país donde no conoce a nadie y cuya lengua ignora. Huye de una guerra que ha acabado con su familia y destrozado su aldea. La guerra le ha robado todo menos a su nieta, un bebé llamado Sang Diu, que en su idioma significa “Mañana dulce”, una niña tranquila que duerme siempre que el abuelo tararee su nana, la melodía que han cantado durante generaciones las mujeres de la familia. La nieta del señor Linh (La petite fille de Monsieur Linh en el original) es una novela muy corta (apenas 128 páginas), narrada en tercera persona, y habla del exilio, la soledad y, sobre todo, la importancia que tiene la amistad, auténtica medicina para no perder la esperanza. No te arrepentirás de leerlo.

sábado, 10 de mayo de 2014

El cuadro, de Mercedes Salisachs

El pasado jueves 8 de mayo de 2014 falleció en Barcelona la escritora Mercedes Salisachs. Tenía 97 años. La hasta ahora escritora en activo de mayor edad, sufría desde hace años una enfermedad degenerativa pese a la cual siguió escribiendo hasta hace un año. Nacida el 18 de septiembre de 1916 en el seno de una familia de industriales catalanes, recibió una educación esmerada y liberal. Se graduó en peritaje mercantil en la Escuela de Comercio y en 1935 se casó con otro rico industrial de la Casa Burés, José María Juncadella. Con él tuvo cinco hijos, el segundo de los cuales, Miguel, murió con tan solo 21 años, siendo la fuente de inspiración para una de sus más conocidas novelas, «La gangrena», con la que obtuvo el Premio Planeta en 1975 y a la que espero hincar el diente pronto. Mientras tanto, te puedo volver a recomendar esta pequeña novela, El cuadro, que hace el número 38 en su producción.
En esta breve historia, Elena, es una joven que sobrevive a un huracán y queda huérfana. Del desastre sólo se salvan «un cuadro pequeño, un reloj de pared tumbado y varios objetos sin importancia». Elena toma el cuadro y marcha a otra ciudad. Bonita y atractiva, una amiga le ofrece un trabajo bien remunerado, pero degradante. Cuando se queda embarazada, decide tener el hijo y dar un nuevo rumbo a su existencia. Su hijo, Manuel, y el cuadro, son los protagonistas de la novela. Siempre que Manuel pregunta por su padre, Elena le dice que es el hombre del cuadro. El niño habla con él y él le contesta y le anima a buscarle: «Si me buscas me encontrarás» le dice. Así, poco a poco, la gozosa presencia del padre va llenando el relato a medida que avanza la búsqueda del niño protagonista, ese niño que somos todos, en esa búsqueda que también es la nuestra. Novela llena de alegría, de ternura, de comprensión, de amistad solidaridad, en la que Salisachs nos revela, como dice Juan Manuel de Prada, «la canción que la mantiene jubilosa y llena de brío».

sábado, 8 de marzo de 2014

El taller del orfebre, de Karol Wojtyla (Juan Pablo II)

«Andrés me ha elegido y ha pedido mi mano.
Ha ocurrido hoy, entre las cinco y las seis de la tarde.
No recuerdo exactamente, no tuve tiempo de consultar el reloj
ni ver la hora en la torre del viejo ayuntamiento.
En momentos así no se comprueba la hora,
momentos así surgen en el hombre
más allá del tiempo».
Son palabras de Teresa, al comienzo de esta historia.  Publicada por primera vez en 1960 en la revista Znak, bajo el pseudónimo de Andrzej, El taller del orfebre  (Przed sklepem jubilera en el original) es la historia —el drama interior— de tres jóvenes parejas de esposos —Teresa y Andrés, Ana y Esteban, Mónica y Cristóbal— que experimentan el esplendor y, también la oscura noche, del amor humano. En ella, con el subtítulo de Meditación sobre el sacramento del matrimonio, expresada a veces en forma de drama,  encontramos, sin duda, la sensibilidad del poeta y del dramaturgo, pero también la preocupación del pastor de almas y la convicción profunda del pensador católico de Juan Pablo II, escrita antes de ser elegido Papa. En fin, una obra sobre el amor, pero no el amor sin más, sino el amor fiel por encima de toda prueba, el vínculo indisoluble de toda unión matrimonial. En 1989 se realizó la versión cinematográfica, con Burt Lancaster como protagonista principal en el papel de orfebre.

sábado, 8 de febrero de 2014

El baile, de Irène Némirovsky

Instalados en un lujoso piso de París, los Kampf poseen todo lo que el dinero puede comprar. Sin embargo, les falta aún lo más difícil: el reconocimiento de la alta sociedad francesa. Con objeto de conseguirlo, preparan un gran baile para doscientos invitados, un magno acontecimiento social. Irène Némirovsky nació el 11 de febrero de 1903 en Kiev, en lo que en la actualidad se conoce como yiddishland. Confiada desde muy pequeña a los cuidados de su aya, recibió las enseñanzas de excelentes preceptores. Sin embargo, el escaso interés de sus padres por el hogar hizo que fuera una niña extremadamente desdichada y solitaria. Abandonada a su suerte, se refugió en la lectura, empezó a escribir y resistió la desesperación desarrollando a su vez un odio feroz contra su madre. Esta violencia, las relaciones contra natura entre madre e hija, ocupa un lugar capital en su obra, y es la que se refleja en El baile, Le Bal en el original, una breve joya literaria, el relato de la venganza de una adolescente.

miércoles, 1 de enero de 2014

Aborto libre y progresismo, por Miguel Delibes

Aborto libre y progresismo[1]

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.




[1] Miguel Delibes, Diario ABC, 20 de diciembre de 2007.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Correr para vivir, de Lopez Lomong

Lo acabo de terminar. Empecé, y no he podido parar. Correr para vivir (Running for my life), es la historia real de un joven que, teniéndolo todo en contra, es capaz de perseguir y lograr un sueño a todas luces inalcanzable. Una historia de superación, llena de valores y, sobre todo, de confianza en Dios. Increíble. Espectacular. Apasionante desde la primera página hasta la última. López Lomong nació en Kimotong, un pequeño pueblo del sur de Sudán en 1985. Con tan sólo 6 años, fue secuestrado por unos soldados rebeldes e internado en un campo de entrenamiento de «niños soldado». En compañía de unos amigos —«mis ángeles» los llamaba— que cuidaron de él desde el primer día, consiguió escapar y llegar a un campo de refugiados en Kenia. Allí pasó diez años, sin saber nada de su familia y llegando a dar a sus padres por muertos. Fue entonces cuando se le presentó la oportunidad de su vida: ser adoptado por una familia de Estados Unidos. Allí siguió corriendo como lo había hecho toda su vida y pudo cumplir su sueño: ser atleta profesional y competir y representar a su país de acogida en las Olimpiadas. Un estupendo regalo para estas fechas de Navidad y Reyes.