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martes, 3 de marzo de 2015

"Inseguridades que atenazan"

El miedo nos asalta, a todos, cuando vamos a emprender algo, inseguridad ante nuestra capacidad y temor a decepcionar... es nuestra decisión de seguir adelante la que nos da la fuerza para superar.

Estos días pasados, he estado compartiendo sonrisas y vivencias con mis sobrinas y han sido las conversaciones con ellas, su pasión y su incertidumbre, las que me han hecho recordar los comienzos...

Es normal que los jóvenes tengan miedo a lo que les depara el futuro, como no lo van a tener, si yo, que he vivido el doble que ellos, lo siento también cada vez que me aventuro en algo. 
Es una inseguridad propia de la desconfianza hacia uno mismo, pero que es necesario superar para avanzar y desarrollarnos.
Si de algo sirve mi experiencia, puedo decir, que el miedo es una bendición, te brínda la oportunidad de vencerlo y de sentirte orgulloso por hacerlo, te reafirma en tu capacidad para realizar, te recuerda que si te esfuerzas lo consigues.
Te hace llorar?... pues también, a veces, y temblar, y dudar, pero si somos conscientes de que no pasa nada por tener miedo, de que nadie es un ser más débil, menos preparado, o más pequeño por padecerlo, de que sólo aquel que es consciente tiene la capacidad de sufrirlo, de que es el camino para seguir avanzando, para no quedarte estancado, pues lo veremos como una etapa de formación, o una sensación más de nuestro devenir cotidiano.

Hay dos alternativas, correr en pos de los sueños, saliendo de la zona de confort, aventurándonos a emprender caminos desconocidos, o como dice un amigo, permanecer viviendo, para mi es sobreviviendo, de los recuerdos embellecidos, posiblemente, por una memoria selectiva que rescata aquello que endulza y disfraza lo pasado, en cualquier caso irrecuperables, eso, si ya llevas camino recorrido, o de los sueños atrapados en la mente y condenados a ser irrealizables, por esa inseguridad y ese miedo a lo desconocido, que atenazan si estás en la juventud.

Cuantas veces en nuestras familias parece que el estar asustado está vetado, cuantas veces no se permite flaquear, se exigen resultados sin reparar en lo que cuesta conseguirlos, cuantas veces se corta a todos por el mismo rasero sin percatarse de que unos son mas hábiles, otros tienen mas memoria, o menos capacidad de concentración, o más miedos, o más pájaros en la cabeza... 
En cuantas ocasiones, se compara, se presiona, en función de lo que harían ellos o lo que les hubiera gustado que se hiciéra, todo para sentirse orgullosos con lo alcanzado, para, una vez más, cumplir expectativas, cuando orgullosos ya se debería de estar por el mero hecho de intentarlo.

Cuantos exigen pero no apoyan...
Cuantos dirigen pero no acompañan...
 
Nuestra responsabilidad como padres, o así lo considero yo, es estimular a nuestros hijos para llegar a alcanzar esa formación que les va a abrir las puertas del futuro, es orientarles, animarles, es hacer de ellos personas seguras, porque ya solo el esfuerzo realizado les capacita para desempeñar con éxito cualquier trabajo que se propongan.
Nuestra misión es enseñarles a creer en ellos, creyendo nosotros en primer lugar. 
Nuestra misión es escucharles cuando nos hablan de sus miedos, de sus dudas, precisamente porque ya hemos pasado por ello, porque no somos mejores que ellos, somos mas maduros, mas resabiados.
Nuestra misión es ser humildes y reconocer que muchas veces seguimos sintiendo ese miedo, un temor que vencemos con decisión, pero que es humano sentir y que no tiene que ver con fortaleza o sabiduría.

Hoy he estado pensando que todo lo que va transcurriendo en nuestra vida es tremendamente interesante, todo desde los inicios, un gran tesoro que vamos engrosando año tras año,  y he llegado a la conclusión de que que si tomáramos esa palabra, "interesante", como característica de la persona, como bagaje de viviencias, retos superados, metas alcanzadas, sueños perdidos, lágrimas derramadas, decepciones, alegrías, momentos felices, desde mi punto de vista siempre, podríamos decir que nacemos con la i minúscula y vamos incrementando letras, y terminamos la vida con la palabra completa en mayúsculas!!! 
Para llegar a ser "INTERESANTE" la edad suma no resta.

La vida, nuestras inseguridades y nuestros logros, van dotando a la persona de interés, de riqueza propia e individual.

Liberarnos de esos miedos que nos atenazan y nos impiden volar, es dar un soplo de aliento a nuestra felicidad!  









jueves, 6 de noviembre de 2014

Saludar...sí gracias!

Hoy parece que saludar no está de moda...

Entras en los sitios, y saludas  y mucha gente lo único que hace es levantar la vista de sus smartphones o tablets, y lo más tradicionales del periódico, para volverla a posar inmediatamente en donde estaba el minuto anterior; como mucho, si resultas interesante, te miran de arriba abajo antes de volver a su rutina.

El otro día, por la tarde fui a firmar un tema a una notaría, al entrar, en la salita de espera saludé con un "hola, buenas tardes", algo habitual en mi, pero ya vengo observando que hasta en eso debo de ser un poco "rara"... de las seis personas, que había en la habitación, solamente una hizo un leve gesto con la cabeza... a pesar de que me sorprendí, intente justificar el comportamiento, diciéndome que era por la tarde, casi después de comer, y que la gente debía de estar medio dormida, porque no creo yo que pudiera haber ningún asunto, lo suficientemente serio, como para desestimar el saludo en esa ocasión...

Pero, el caso es que ayer, por la mañana, fui a un consultorio médico, nada más entrar saludé: hola, muy buenos días!!!, con un tono de, "me alegro de verte", o, de "ya se encargará el día de amargarme pero no yo", o, de "feliz de vivir", habría tantas razones de par de mañana..., vamos con una entonación de esas que a muchos les parece hasta insoportable, básicamente porque no expresan o no saben, expresar sus emociones.
Me miraron con cara de esta está "flipando", y  aunque algunas personas contestaron tímidamente, no fue un saludo generalizado, tal vez, es que nadie se alegraba de verme, o se olvidaron de que a un saludo siempre se corresponde...

Soy de la teoría de que si uno viste su mejor sonrisa de par de mañana, y cuando va a a cualquier sitio, ya sea a tomar un café,  a coger el autobús, al trabajo, al banco a pedir un crédito, a solicitar un impreso, a firmar escrituras o a la consulta médica, saluda con energía, la positividad se adueña del ambiente.
Yo les diría a todos los olvidadizos, que si no saludan por cortesía, por educación, háganlo por egoísmo, es bueno para la salud, y si va acompañado de una sonrisa, dulcifica el carácter y alegra el alma.

Voy a compartir un vídeo que llegó a mi justo cuando estaba preparando esta entrada, me encanta su frase resumen: "vas a saludar o es que hemos dormido juntos..." yo diría que aún durmiendo juntos no está de más desearse un buen día...


miércoles, 29 de octubre de 2014

De la amabilidad a la descortesía...


Esto de la crisis me está llevando a cuestionar como ha de ser  la atención al cliente.
Siempre he sido una firme  defensora de la cordialidad, la amabilidad, incluso de facilitar la mayor información y detalles, con el fin de crear una atmósfera cercana y de confianza.
Creía que la primera impresión es vital, y sigo creyéndolo, el problema viene cuando esa primera impresión es buenísima para unos pocos pero nefasta para muchos...
Y me explico, cada vez hay menos personal en los comercios, eso trae consigo que como uno dedique mucho tiempo a un cliente...puede atender a muchos menos de los que debiera o de los que le necesiten.

Hace unos días, yo estaba con una amiga dando un paseo por un centro comercial y al pasar por una tienda de productos naturales, esos que nos gustan tanto, sobre todo a las mujeres, los que prometen resultados mágicos y quitarnos 20 años de un plumazo, eso sí, sin nada químico que pueda alterar nuestra piel, oh milagro!!!, leímos que había muchas ofertas interesantes y no pudimos resistir la tentación de entrar para echar un vistazo. 
En la tienda no había mucha gente, y nos tomamos nuestro tiempo para ojear, al final nos decidimos por un gel que por 1€ te dejaba la piel como la seda y por una lima de colorines que resultaba muy graciosa para llevar en el bolso, de tan solo 0,50€, con nuestros hallazgos nos dirigimos al mostrador a pagar, nos colocamos detrás de una señora que llevaba poco más o menos los mismos artículos que nosotras, por lo que supusimos que la "cosa· iba rápida; la única dependienta del establecimiento estaba atendiendo, a una persona, interesada en la sección de maquillaje.
Los primeros minutos nos entretuvimos hablando, entre nosotras, de los productos de la tienda, después pasamos a comentar con la persona que estaba delante el buen precio de los artículos, mientras tanto la gente se iba sumando a la cola de pago, y la dependienta, muy atenta, iba ofreciéndole a la clienta distintos tonos de colorete, de sombras de ojos, de lápices al tono...
La cola de clientes en espera cada vez más nerviosa, y más numerosa, se oían comentarios del tipo: "hay que ver la que esta liando", "¿pero es que no se da cuenta de la cantidad de gente que estamos aquí?", "si todos funcionáramos con esa lentitud en nuestros negocios...mal nos iba a ir"; llevábamos ya veinte minutos cuando por fin, ambas, dependienta y clienta, se dirigieron al mostrador, hubo un suspiro de alivio general, pero en ese momento a la señora se le ocurrió nombrar que volvería para mirar lacas de uñas, la dependienta, rápida y amablemente, la animó a mirarlo en ese momento con su asesoramiento y la condujo, ante la mirada atónita de todos los clientes en espera, al stand correspondiente, en un momento dado, cuando el ambiente empezaba a caldearse y mucho, la dependienta, que estaba con un oído escuchando a "su clienta" y con el otro al resto, contestó con su mejor sonrisa: "tengan ustedes paciencia, ¿no ven que estoy atendiendo?, en un momento estoy con ustedes"... ufff sonó como a broma...

Y, después de escuchar esas palabras, eso sí, muy amablemente pronunciadas, y, tras más de media hora de espera, mi amiga y yo, también amablemente, devolvimos lo que habíamos cogido a sus estanterías y salimos del establecimiento.

Hay que mimar a todos los clientes por igual,  porque, al fin y al cabo, nuestra imagen está en sus manos.
No se puede, por ser amable con uno, ser descortés con el resto....o al menos, eso pienso yo.