Hace como siete u ocho mil años, queridos amigotes, corresponsales, lectores, fans y otros elementos peligrosos que no iba por Veracruz. Por fin, el mes de Marzo, se me apareció un angelico del cielo y me dijo: Sorokin, te voy a llevar a Veracruz. Pues vale, dije yo, si no me va a dar vértigo, vale (yo es que soy un vertiginoso; una vez en Madeira, tuvo que venir un helicóptero a rescatarme porque estaba agarrado con garras y colmillos a la pared del sendero del pico d'Areeiro a 1700 metros y lo único que podía hacer era llamar a mi mamá a voz en grito). Total, que vale, que he ido a Veracruz después de algunos años.
Lógicamente, me ha entrado una oleada de nostalgia en aterrizando en alas del ángel en el aeropuerto (oigan, los ángeles tambien se deben someter al control aéreo, ¿se imaginan un vuelo de Sabena, por un poner, chocando contra el arcángel San Rafael? no le faltaba más que eso al Vaticano, con la movida que tiene). Bien, pues ya estamos en Veracruz. La verdad de la buena es que iba por asuntos de trabajo con unos colegas. Nos habían reservado habitación en el Hotel Diligencias. Y, queridos amiguetes... el Hotel Diligencias, no es que esté en el centro de Veracruz, es que ES el centro de Veracruz: enfrente de los portales, al lado de la parroquia, etc. Bueno, pues si vais ahí, un consejo: no os dejéis engañar pensando que las habitaciones traseras son menos ruidosas... NO. Porque la máquina del aire acodicionado produce un ruido como si veinte mil helicópteros de combate atacaran de forma sostenida. Pedid una habitación que acabe en 25: la 325, la 425, etc. De nada, para eso estoy, para haceros la vida más fácil (eso me decía mi pobre abuela)
Los portales, siguen siendo una movida. Ruido, música, cacofonías (un mariachi en un lado, una marimba al lado, los norteños en otro, etc), chamacos que pasan vendiendo de todo.. pero ¡no me pidan una margarita en esas terrazas! ahí se pide cerveza y punto. Mis colegas José y López cometieron el error inmenso de pedir una Margarita (ver foto), y les dieron esa cosa que puede verse, con hielo pilé (my God) y sin azúcar. Pedimos azúcar... y nos trajeron... ¡sacarina! De verdad, Margaritas... ¡no!
Pero bueno, eso son gajes del oficio. Disfruté como un bebé con un sonajero. No tuve tiempo de ver a mis amigos y amigas porque todo fué muy rápido. A la mañana siguiente ya estábamos de vuelta en el avión rumbo al DF. Tuvimos la suerte que el día estaba despejado y pudimos ver bien los volcanes. Ahí están: El Popocatépetl y el Ixtacíhuatl vistos desde el avión. El Popo a la izquierda (humeaba un poco por el cráter, no en vano en Náhuatl su nombre quiere decir "la montaña que humea") y el Ixta a la derecha.

De verdad, lo he pasado de fábula. Y, os lo juro... he ido a trabajar.