
Ya se que parece una mezcla un tanto inusual, queridos amigos, pero, por todos los truenos de Brest, como decía el Capitán Haddock, os prometo que puedo explicarlo todo (es que uno ha tenido que explicar muchas cosas en la vida -sí querida, ángel mío, no te enfades, etc, etc, puedo explicarlo todo, etc, etc- y se me ha quedado la costumbre). El hecho es que estoy batallando como un loco desesperado con mi nuevo teléfono móvil (Celular, zapatófono, telefonino, "G" -como los llaman en Bélgica- o como queráis llamarlo). Resulta que tiene un invento que da en llamarse "T9" y que consiste en que te corrige lo que escribes en los SMS sin darte opción a ninguna alternativa. Anteayer estaba viendo los acontecimientos de El Cairo en directo por la cadena de TV "Al Jazeera" cuando se me ocurrió mandarle un SMS a un amiguete diciéndole "Estoy viendo lo de Egipto en Al Jazeera". Pero el infernal engendro decidió que eso de Al Jazeera no es tolerable y me lo cambió por "la era del Jazz". Rayos, como yo estaba trabajando a la vez con el móvil y viendo la tele, el mensaje salió tal cual. Ya os imagináis la perplejidad de mi amigo: "¿Y qué pasó en Egipto en la era del Jazz?" cantó el SMS de respuesta.
Bueno, pues todavía no he conseguido borrarle lo del T9. Pero, en fin, pasemos a lo de los vinos tintos, que si no, me encorajino. He pensado (a veces pasa, no os vayáis a creer que mis dendritas están siempre en estado catatónico) que os voy a hablar de los vinos que he descubierto en estos últimos tiempos. Sobre todo, vinos inesperados, vinos sorpresa, que me han sacudido las papilas cuando no me lo esperaba. Todos los que os pongo aquí son vinos recios, largos, con grado, como a mí me gustan. Empiezo por el último que me ha sorprendido. L.A.Cetto, de Baja California. Fabuloso y con el mérito de haber llegado hasta Bruselas con toda su fuerza y sin marearse. Lo vi en un supermercado (no digo cual, que me los quitáis). Lo probé y volví al dia siguiente a llevarme las cuatro botellas que les quedaban. Me han prometido que van a traer más:

Sigo con mi gran descubrimento del verano de 2009: el tinto de las Alpujarras de Granada. Andaba yo por Almuñécar cuando yendo hacia Pampaneira paré en Orgiva y compré una botella de esta maravilla: García de Verdevique. La historia fue la misma: al día siguiente, cogí el coche y me fui a Orgiva a comprar todas las botellas que tenían:

El Guerrouane dominio Sahari lo descubrí en Rabat en 2008. Otro gran vino tinto, esta vez de Marruecos. Casualmente al año siguiente lo encontré en un supermercado de Bruselas. Pero ¡ojito, ojito! a no dejarse liar, porque tambien tienen Merlot en el mismo tipo de botella y no tiene nada que ver, es una filfa. Para Merlot, prefiero el chileno.

De los dos que siguen ya he hablado en entradas anteriores del blog, pero, oye, pongo las fotos otra vez, porque total no cuesta nada y así no tenéis, queridos colegas y amiguetes, que ir a buscar los post donde los puse. El Don Paacual Tannat roble de Janicó, uruguayo, y el Malbec de Mendoza argentino:


Me quedan otras cosas por ahí pendientes, pero ¡sapristi! no tengo fotos a mano, como el Vranach montenegrino o el Yakut turco. Pero, puedo prometer y prometo que haré una nueva entrada cuando tenga fotos.
¡Ah! y si vuestro agudo sentido de la observación os ha llevado a discernir que en la foto de cabecera hay unas botellas de tinto croata y georgiano, os diré: ¡bravo, colegas! es totalmente cierto, pero no las he abierto y casi, casi, creo que no las voy a abrir. Tienen mucha historia detrás. Tal vez algún día os la cuente.
Y ahora viene a cuento la historia de los navajos. Me llegó por Internet en inglés. La traducción no ha sido fácil, pero creo que he respetado el sentido original del cuento. La foto venía en el correo electrónico, así que supongo que no tendrá copyright:

"Sally volvía de hacer la compra por una carretera secundaria del sur. Le quedaba bastante trayecto para llegar a casa, cuando vió una mujer india caminando por el arcén. Se detuvo, pensando que no le iba a hacer mal un poco de compañía y le dijo a la india con señas que subiera. La mujer asintió con un gesto y se acomodó en el asiento al lado del conductor.
Todos los intentos de Sally por empezar una conversación fueron inútiles. La india miraba por la ventanilla sin pronunciar palabra. En esto, la mujer se fijó en una botella de vino tinto que Sally había comprado para su marido. La india preguntó: ¿Qué ser esto?. Sally, quiso aclarar que no era para ella, y le dijo: Vino tinto, es por mi marido...
La india siguió en silencio un par de minutos y luego dijo: Bien hecho, buen cambio."
Hasta la próxima. Un abrazote.