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mercredi 13 décembre 2023

Egon Schiele

 


Queridos lectores (y lectoras, faltaría más). Mi reflexión aburrida de hoy, ha sido desatada por mi nevera. Sin broma. Mi nevera, como todas las del mundo civilizado y alguna del mundo sin civilizar, están que no les cabe ni un papelillo de fumar a base de imanes, que vuestro seguro servidor compra a diestro y siniestro en exposiciones, pueblos, ciudades, direcciones de bares, etc. El otro día, cuando no tenía grandes cosas que hacer (casi siempre, que hay que decirlo todo), me puse a contemplar este grupo de hierrecillos magnéticos.


Todos son de afamados pintores. Enseguida, servidor, y vosotros ustedes (oye, que genial es lo de "ustedes", como no tiene género no hay que empezar a hacer piruetas sobre "vosotros o vosotras", no existe "ustedas")   se puede identificar a Kandinsky, Sorolla, Chagall, Brueghel y Hokusai, pero se me atravesó uno, abajo a la izquierda. Tuve que acudir a la Wiki para darme cuenta que era Egon Schiele, es que estoy un poco flojo, lo confundía con Klimt.


Pues sí, Egon Schiele, pintor austriaco, nacido en Tulin an der Donau (sobre el Danubio que hay que contároslo todo)


Su padre era el jefe de estación de Tulin, y desde luego, quería que su hijo fuera, al menos, ingeniero ferroviario. Pues ni modo, se dedicó a pintar desde pequeño, que era lo que le gustaba. Estudió en la escuela de artes pictóricas de Viena, donde no le enseñaron nada. 




Desarrolló un estilo propio, violento, lleno de ángulos, como en las mujeres que os he puesto más arriba, o en este autorretrato:




O en esta pareja:



Y como sé que hay incluso criaturas, absolutamente seguidoras de este blog de los pesados y aburridos, os he puesto tres de las fotos más decentes y presentables, que luego se me ponen las mamás como hidras: ¡que lo ven mis niños, etc!

Se le ha calificado como perteneciente a la "Werkstatt" vienesa o como expresionista, pero siempre original y violento. Fue discípulo de Klimt:



Gustav Klimt

Algunas de sus obras (de Schiele, digo) como esta, "el Cardenal y la monja":


Tiene una clara inspiración en algunas pinturas de Klimt. "El beso", en concreto, del que tengo de todo: tazas, jarrones, etc, como puede verse: 


Pero no tengo un imán de Klimt.

Pero en fin, que la Viena de principios del siglo XX era una sociedad especial, un poco viejuna, con un emperador gagá como Francisco José y sin su Sissy (Romy Schneider). Con la derrota en la Guerra del 18, despareció el Imperio y florecieron los movimientos sociales, del que por ejemplo este "Rabenhof" es una muestra


Pero, en fin, Schiele murió en 1918 y no en la guerra, fue de la gripe española, pobrecico.
Eso sí, no os libráis ustedes de unas pocas fotos de las veces que yo he estado en Viena. No me sacudió el tío este de la porra, que parece que está esperando en el Hofburg a los turistas para meterles un buen porrazo:

Pero conmigo, Viena fue siempre amable y me permitió incluso, entrar en Stephandom (la Catedral de San Esteban, que hay que contároslo todo)


O en el Graben, que he aquí, en Navidad:



Por cierto si vais, o estáis en Viena, no dejéis de visitar la tienda de delicatessen de Julius Meinl, que está al fondo del Graben. Yo compraba siempre café, porque además, los botes eran de lo más decorativo, como puede verse, con un grabado de Klimt


Bueno, creo que por hoy ya está bien de rollo. Me hubiera gustado haceros una Sachertorte, una de las tartas de chocolate más famosas del entero mundo, pero era muy complicado y estoy bastante cansado, así es que me limito a poneros una foto de otro bote impagable: El. bote del café Sacher. Los guardo con placer. Están vacíos, pero son muy decorativos en mi cocina:


Bueno, pues, como digo, voy a cerrar el tenderete, que estoy cansado:

Múltiples besotes, besitos, abazos, abrazotes y abracitos de vuestro Sorokin

mercredi 24 juin 2009

El verano vienés



Este año, el verano me ha sorprendido en Viena. Lo de "me ha sorprendido" es un decir, porque ya contaba yo con alguna experiencia sobre los veranos de por aquí y sus específicas características. En la foto del encabezamiento os he puesto una típica imagen veraniega vienesa. Puede apreciarse claramente que es verano y no el mes de febrero porque, en primer lugar, no hay nieve. En segundo lugar, el reloj de la calle muestra claramente que son las seis y media y todavía luce (es un decir) la luz diurna. Además, las buenas gentes que cruzan la calle no llevan pesados abrigos de piel, sino una alegre y distendida ropilla veraniega.

He tomado una importante decisión en esta nueva visita a Viena: seré mucho más moderado en mis críticas al Metro de Bruselas de ahora en adelante, porque después de la experiencia del día que llegué aquí, ha quedado muy claro que en cualesquier lugar cocinan habas hirviéndolas por inmersión en el líquido elemento.

Bueno, seré objetivo: el tren del aeropuerto es excelente. Llegas con tu maletilla rodante, compras tu billete, te subes al tren y tras escasos quince minutos estás en el centro, en la estación Landstrasse-Hauptsrasse. Pues vale, te dices, ahora cojo el Metro y al hotel. Miras alrededor tuyo y, efectivamente ves un cartel que dice U3 (que es la línea que quieres coger) y una flecha. La sigues, naturalmente, y te manda a la calle. Vaya. Afortunadamente, en la calle hay otra flecha que dice U3-U4. Pues nada, las sigues, arrastrando a tu rodante compañera. Y llegas a un barracón metálico de obra provisional en cuya entrada hay una respetable cola de otros seres aparentemente humanos que también arrastran sus maletas. Es que la máquina expendedora de billetes está en la misma entrada del barracón y, además, un letrero previene que ni se te ocurra entrar si no llevas tu billete. Vale, haces la cola -afortunadamente en ese momento no llovía- y, por fin, pasas a un pasadizo de obra, cuyo suelo metálico produce un divertido ruido al contacto de las ruedas de las maletas: ¡glon, glon, glon, cataglón! luego una escalera (cargas con tus veinte kilos, porque las ruedas se niegan a bajar escalones) y ¡oh!, al fin, un andén. Pero ¡ay! es de la línea U4, que no es la tuya. Otro letrero, al final del andén: U3. Vale, lo sigues, y te encuentras ¿dónde, querido amigo? ¿dónde?: en la puta calle otra vez. Bueno, que no quiero hacerlo muy pesado: dos vueltas a la manzana siguiendo nuevas flechas, un ascensor de bajada y otro de subida y, esta vez sí, el andén de la línea U3.

Pero eso no es nada, todo queda compensado por la alegría de la noche vienesa. Por ejemplo, aquí va una foto de la calle mayor de Landstrasse la noche de San Juan:


Animado ¿eh? Bueno, mañana me vuelvo a Bruselas


dimanche 15 mars 2009

Viena



Voy a darme un pequeño descanso en el relato de los extraordinarios sucesos que me acontecieron en el sudeste asiático el mes pasado, queridos amiguetes y colegas. Ya, ya sé, tengo que contaros aún un par de cosas. He prometido hablar de langostas y lo haré, que yo no os he mentido nunca (bueno, casi nunca), pero el caso es que tras una larga pelea interior, una agonía anímica, una lucha titánica, me he decidido a daros una información que vale su peso en oro: os voy a decir cuál es el mejor hotel de Viena. Así, como suena. Me ha costado decíroslo, porque ahora os vais a apelotonar todos a mogollón para ir ahí, y puede ponerse difícil encontrar habitación a partir de vuestra invasión.

En fin, generoso que es uno. El hotel se llama "Embassy" y está en Landstrasse. Tiene una excelente relación calidad-precio y puedes hablar castellano sin problemas porque es de una cadena española. El cocinero es de Cádiz y te puede preparar unas tapas como Dios manda. Está cerca del centro: sólo tres estaciones de metro hasta Stephanplatz en la línea U3.

Por otro lado, en el bar, Noelia os puede poner una copas de Protos tinto que no se las salta un recaudador de impuestos. Noelia, además es pintora: la pintura del hotel que he puesto en el encabezamiento es suya. Mas en: http://quierovercuadrosnogoca.blogspot.com/2008/06/fotografias.html

En fin, que no me hagáis caso, no sea que suban los precios. De verdad, no me hagáis caso.

mercredi 3 décembre 2008

¿Miedo? ¿Quien dijo miedo?

Respeto, precaución, sorpresa ante lo desconocido, sí, pero miedo, miedo... sólo un poquito de pánico, incontrolable pánico, o sea, nada serio doctor. Hoy, dado el hecho de que tengo un día bastante depre (es que ha hecho un sol esplendoroso en Bruselas y uno no está acostumbrado. Lo que uno espera es niebla, lluvia, "grisaille", etc) os voy a relatar, amables y pacientes lectores, un hecho verídico que me aconteció en Viena la semana pasada: No era muy tarde, tal vez las diez, pero no había nadie en la calle principal del barrio donde estaba mi hotel. La luz de los escaparates, triste y un poco cutre iluminaba la acera. Cada rato (largo) pasaba un coche. Me paré en una bocacalle para ver si podía cruzar (estúpida precaución, como digo no había nadie), y como a unos doscientos metros vi venir un personaje. Corpulento, abrigo negro desabrochado que dejaba ver un chaleco tambien negro con botones, una camisa blanca, sombrero negro y barba. Pensé, je, je, el judío errante. Crucé la calle y seguí unos pasos por la acera. Mi mirada se detuvo un momento en un escaparate de ropa seudo-hippy. Unos segundos apenas. Levanté la vista... Y él estaba allí, mirándome con ojos glaucos. Lo juro. Venía por la dirección opuesta de dónde yo lo había visto. Miré al suelo, apreté el paso con el corazón en un puño, blom, blom, blom y no paré hasta el hotel. Las cosas que no tienen explicación, no tienen explicación. Una copa de Blau Portughesich me ayudó a volver en mí. No dormí bien.

samedi 29 novembre 2008

El espíritu de Viena



Sé, ilusionados lectores, que estábais ansiosos por alegraros la existencia con una nueva entrega de este bodrio. Hasta sé de algunos (lo sé por procedimientos extra-bloguísticos) que no podían conciliar el sueño sin tener al alcance de sus ojos una explicación de qué sucedió en Viena la semana pasada. El gran Sorokin ha decidido rizar el rizo, y no sólo regalar vuestros ojos, sino incluso vuestras orejas con los sonidos que andan sueltos por la calle de tan renombrada ciudad.

Sí, queridos amigotes (o enemigotes que alguno habrá) uno, que ha recorrido algún que otro pueblo, villorrio, aldehuela etc de la geografía del mundo mundial, nunca había visto esto. He visto los típicos indios disfrazados de Sioux y tocando "El Titanic" con la quena, acordeonistas varios masacrando el "Evenu Shalom Alehem", violinistas ejecutando (nunca mejor dicho) las cuatro estaciones de Vivaldi, xilófonos, marimbas, saxofones y hasta una arpista (no una "arpía", ojo) tocando -decentemente por cierto- en la calle Reyes Católicos de Alicante, pero un piano en mitad de la calle, para mí es una novedad.

Ahí os va este aprendiz de video para que podáis verlo ustedes vosotros tembién. Os contaré mas cosas otro día.