Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lecturas. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2020

100 mejores libros

Estoy contento de cómo me ha quedado la lista, no de que estos sean los 100 mejores libros en absoluto. En el proceso me he descubierto grandes lagunas, pero creo que es un buen retrato mío, con todas sus carencias y dos ausencias gordas, Dante y Shakespeare. 
Quizá parte de las novelas que pongo, que leí en su inmensa mayoría hace años, ahora no me gustasen tanto: es, pues, un retrato mío, pero de mi historia de lector, no de mi presente, ahora que estoy mucho menos inclinado a la ficción. Como veréis, he hecho trampas en algunos casos, poniendo Obras completas, más que libros concretos.
En el último momento he quitado obras de amigos, que he rellenado con otras que me han señalado ellos mismos o que había quitado yo. No es que me parezcan peores, es que podría parecer que los pongo por amistad y ellos ya saben que admiro sus obras.
No pongo la Biblia, porque está aparte, claro:

1. Acción de gracias, Richard Ford 
2. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll 
3. Antología de poesía del XV-XVI (que tenga Romancero, Cancioneros y Poetas) 
4. Antología de poesía latina medieval (One hundred Latin Hymns - Dumbarton Oaks) 
5. Antología del cuento nortamericano, ed. Richard Ford 
6. Autobiografía, de Elias Canetti 
7. Confesiones, san Agustín 
8. Cosecha roja, Dashiell Hammett 
9. Cranford, Elizabeth Gaskell 
10. Cuentos completos, Antón Chejov 
11. Cuentos completos, Edgar Allan Poe 
12. Cuentos completos, Isaac Bashevis Singer 
13. Cuentos completos, Leopoldo Alas, Clarín 
14. Cuentos completos, Raymond Carver 
15. Diario de la felicidad, Nicolae Steinhardt 
16. Diario de un cazador, Miguel Delibes 
17. Diarios, Léon Bloy 
18. El Señor, Romano Guardini 
19. Don de la ebriedad, de Claudio Rodríguez 
20. Edipo Rey y Edipo en Colono, de Sófocles 
21. El Danubio, Claudio Magris 
22. El Jarama, Rafael Sánchez Ferlosio
23. Breviario de saberes inútiles, Simon Leys 
24. El mudejarillo, José Jiménez Lozano 
25. El primer círculo, Alexandr Solzhenitsyn 
26. El Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes 
27. El Señor de los anillos, J. R. R. Tolkien 
28. El Silmarillion, J. R. R. Tolkien
29. El trabajo gustoso, Juan Ramón Jiménez 
30. Elena, Evelyn Waugh 
31. En busca del tiempo perdido 1. Por el camino de Swann, Marcel Proust 
32. Escolios a un texto implícito, Nicolás Gómez Ávila 
33. Espada de Honor, Evelyn Waugh 
34. Europa, la vía romana, Remi Brague 
35. Fedón, Platón 
36. Fracasología, Elvira Roca Barea 
37. Grandes esperanzas, Charles Dickens 
38. Guía espiritual de Castilla, José Jiménez Lozano 
39. Historia de la Guerra del Peloponeso, Tucidides 
40. Historia de un alma, santa de Teresa del Niño Jesús 
41. Historias, Heródoto 
42. Hoja de Niggle, J. R. R. Tolkien 
43. Ilíada, Homero 
44. Imperiofobia y leyenda negra, Elvira Roca Barea 
45. Industrias y andanzas de Alfanhuí, Rafael Sánchez Ferlosio 
46. Introducción al cristianismo, Joseph Ratzinger 
47. Jesús de Nazaret, Joseph Ratzinger 
48. Juan Belmonte, matador de toros, Manuel Chaves Nogales 
49. La gente de Smiley, John le Carré 
50. La Ilíada o el poema de la fuerza, Simone Weil 
51. La regenta, Leopoldo Alas, Clarín 
52. La república, Platón 
53. Las Bacantes, Eurípides 
54. Las confesiones de un pequeño filósofo, Azorín 
55. Las grandes amistades, Raïssa Maritain 
56. Léxico familiar, Natalia Ginzburg 
57. Lírica griega arcaica (hay muchas antologías) 
58. Lo propio del hombre, Rémi Brague 
59. Los anillos de Saturno, C. W. Sebald 
60. Los hermanos Karamazov, Fiódor Dostoyevski 
61. Los novios, Alessandro Manzoni 
62. Los ojos del icono, José Jiménez Lozano 
63. Los trabajos de Persiles y Segismunda, Miguel de Cervantes 
64. Mi lucha contra Hitler, Dietrich von Hildebrand 
65. Middlemarch, George Eliot 
66. Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo 
67. Muerte en el kibbutz, de Batya Gur 
68. Novelas contemporáneas, Benito Pérez Galdós 
69. Novelas ejemplares, Miguel de Cervantes 
70. Obra completa, Flannery O’Connor 
71. Obra completa, Fray Luis de León 
72. Obra completa, san Josemaría Escrivá 
73. Obra completa, san Juan de Ávila 
74. Obra completa, santa Teresa de Jesús 
75. Odas, Horacio 
76. Odisea, Homero 
77. Orgullo y prejuicio, Jane Austen 
78. Ortodoxia, G. K. Chesterton 
79. Pabellón de cáncer, de Alexandr Solzhenitsyn 
80. Perder y ganar, de san John Henry Newman 
81. Poema de Fernán González
82. Poesía completa, Ceslaw Milosz 
83. Poesía completa, fray Luis de León 
84. Poesía completa, Julio Martínez Mesanza 
85. Poesía completa, Miguel d’Ors 
86. Poesía completa, san Juan de la Cruz 
87. Poesía completa, Wislawa Szymborska 
88. Poesía completa, Zbigniew Herbert 
89. Por tierras de Portugal y España, Miguel de Unamuno 
90. Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh 
91. Retratos y naturalezas muertas, José Jiménez Lozano 
92. Salón de pasos perdidos, Andrés Trapiello 
93. Sermones parroquiales, san John Henry Newman 
94. Simposio, Platón 
95. Sobre Dios y el mundo, Robert Spaemann, 
96. Teogonía/Trabajos y Días, de Hesíodo 
97. Todos nuestros ayeres, de Natalia Ginzburg 
98. Un día en la vida de Iván Denísovich, de Alexandr Solzhenitsyn 
99. Un puñado de polvo, Evelyn Waugh 
100. Vida de Santo Domingo de Silos, de Gonzalo de Berceo

martes, 3 de marzo de 2020

Fuego y agua, de Sohrab Ahmari


Tenía muchas ganas desde hace tiempo de leer Fuego y agua: mi viaje a la fe católica: me gustan los relatos de conversión cuando están bien hechos, habiendo como hay en ese género en particular un gran peligro de redondear aristas y buscar finales felices, cuando desde Heródoto sabemos que nadie puede ser considerado feliz hasta que veamos el fin de su vida*.
En cambio a Sohrab Ahmari yo lo conocí por un artículo que levantó un clamor en USA, titulado "Contra el David-Frenchismo", que es como si yo (salvadas las distancias) publicase un "Contra el Javiergomismo": en él criticaba a una línea de gente de convicciones religiosas y política de acomodación al orden liberal (que además, curiosamente, eran todos anti-Trump). Además él, junto con otros, había sacado un manifiesto "Contra el consenso de muertos". Es una cuestión muy interesante: si jugar en el sistema y acabar cediendo en lo fundamental o romper la baraja y resistirse.
Creo que pilláis por qué me cae bien: ganas de partirse la cara por lo que ve como bueno, valentía, rechazo de extremocentrismos. Hasta han llegado a hablar (lo vi el otro día) de "Ahmarism" y lo han metido en el saco de una nueva etiqueta: los Reocons. Llegó a tener dos debates (uno y dos) con David French (que por lo demás es un gran tipo, que se ha partido la cara por cosas muy importantes) y no salió del todo bien parado: a Ahmari le puede faltar trasfondo teórico y habilidad política, pero qué gusto da ver gente como él, un tío ansioso de mejorar el mundo, sin conformarse.
En este libro se ve todo eso y también su trasfondo vital: niño iraní de familia progre, con barniz musulmán pero con ambiente USA como influencia casi absoluta, que con 13 años se va con su madre al país de sus sueños y cae en la línea de errores constantemente repetida por buena parte de la juventud más inquieta y brillante de los últimos 80 años: de Nietsche a Marx (con pertenencia a grupúsculos radicales de por medio), del existencialismo al hedonismo nihilista. Lo fascinante es ver cómo sale de ahí y acaba convirtiéndose.
A mí me ha gustado especialmente ver cómo piensa un muchacho iraní de familia bien, que reza de niño a un Dios que no sabe cómo es. Luego se olvida de Dios, mientras su vida no acaba de adquirir sentido y el pecado no hace más que hundirlo más. Es un relato muy en la línea de san Agustín (salvadas las distancias otra vez).
La ventaja de Ahmari es que tiene 35 años, así que le espera previsiblemente una larga vida para meter la pata y para hacer muchas cosas buenas. En el enlace de Amazon podéis leer las primeras páginas.

Si el aspecto político os da igual, aquí tenéis un programa de EWTN en el que habla por extenso de su conversión:


---
*Es lo que sí que se puede decir de Jorge Ribera, al que por medio de twitter acabé siguiendo (y rezando por él) en estos últimos meses de emporamiento progresivo de su tremenda enfermedad: murió el sábado y sí que se le puede llamar, por lo que testimonian todos los que le conocieron, bienaventurado.

jueves, 2 de mayo de 2019

La paternidad como vocación

De José María Contreras leí con mucho gusto sus Crónicas coreanas.

Acabo de terminar ahora Confesiones de un padre sin vocación, un libro sobre la extrañeza de la paternidad, un testimonio de perplejidad ante el asombroso hecho de encontrarse en el origen de una vida humana (en su caso dos, dos niños), y ello sin la preparación física de las madres de tener dentro a su hijo durante nueve meses: el padre, por más que se prepare, es normal que encuentre una enormidad la realidad de ese ser humano que se le presenta en su absoluta carencia al nacer, y como alguien suyo. Eso es lo que quiere explicar en el libro y hay que alabar en primer lugar la audacia del propósito, junto con el esfuerzo sostenido de huir como de la peste del sentimentalismo, para lo que se apoya en el humorismo, con dos riesgos: que pueda llegar a parecer por un lado que es un «padre a su pesar» o que no es un «padre responsable», algo que por suerte sortea con un lirismo que se escapa en lugares concretos de explosiones de amor a sus hijos; y por el otro, que el humorismo decaiga en bromas más o menos logradas, dependiendo de cómo conectemos cada uno con su sentido del humor. El libro corre el riesgo también de caer en lo episódico y en lo anecdótico, pero no le vamos a poner más pegas, porque a mí me ha hecho pensar en la paternidad, que no es moco de pavo para todos, seamos padres o no: Dios es padre y eso es lo radical y en lo que todos debemos participar, paradójicamente en cuanto hijos, con los demás. 
Por cierto que por eso el título no me acaba de gustar; yo hubiera preferido Confesiones de un padre por sorpresa o Confesiones de lo que sentí cuando fui padre, porque sí, son confesiones de algo que no parece muy correcto decir, que la paternidad en el varón no es lo mismo que la maternidad de la mujer y que a él normalmente le supone dificultades de adaptación, que no se trata ahí de un fifty/fifty, pero el hecho es que la paternidad es una llamada de Dios, por muy lejos que eso pudiera estar en la mente del que se une a una mujer en un momento dado: el amor del hombre y la mujer puede pretender que se agota en la relación física, pero no, esa «apertura a la vida» es la cuestión vital que Occidente está intentando soslayar por todos los medios, hasta el extremo de entronizar como matrimonio lo que no tiene, nos pongamos como nos pongamos, «apertura a la vida». El título en realidad se arregla en la primera página, porque el autor pone como encabezamiento un aforismo de Enrique García-Máiquez: La vocación es enamorarte perdidamente de tu destino.

Tenéis las primeras páginas en PDF, aquí / También en Amazon se pueden leer algunas páginas más.

lunes, 2 de julio de 2018

Otro gran libro de Simon Leys

En los últimos meses he ido leyendo Breviario de saberes inútilesrecopilación de artículos de Simón Leys  Lo había visto muy recomendado (hace poco aquí) y no es para menos, porque es un libro grandioso en conjunto y en todos y cada uno de sus artículos. Es un grandísimo libro.

La primera parte la dedica a la literatura occidental, sobre todo francesa (con uno muy largo sobre Gide que me interesó mucho y que me libra ya para siempre de la preocupación de leerlo), pero también tiene un artículo muy bueno sobre Waugh.

Hay un intercambio epistolar con Hitchens a propósito de la Madre Teresa que es revelador de los prejuicios increíbles de Hitchens (y de todos los que han preferido seguirle, por ejemplo Daniel Gascón, supuesto intelectual que es capaz de hacer una reseña elogiosa de este libro y luego utilizar los sofismas de Hitchens, refutados por Leys, sin crítica alguna en un artículo repugnante).

Ahora tengo más frescos los artículos sobre China, que son excepcionales. Habla de literatura china clásica, de la caligrafía y de la política actual. Lo que cuenta de Mao y el maoísmo es escalofriante, claro. De ahí es este párrafo:
En una época de colapso social y económico, hace falta muy poca gente (menos del 0,01% en el caso chino) para lanzar llamamientos emotivos, para agitar la indignación del pueblo contra autoridades corruptas y brutales, para movilizar la generosidad y el idealismo de los jóvenes, para reclutar el apoyo de miles de estudiantes, y finalmente presentar su pequeño movimiento comunista como la reencarnación de la voluntad de toda la nación (443).
Es eso tan terrible de la maldad de unos pocos que se impone. En un contexto parecido, aplicado al comunismo en Europa, recoge una cita de un polaco, Kazimierz Brandys:
La historia contemporánea nos enseña que lo único que hace falta es un individuo mentalmente enfermo, dos ideologías y trescientos matones asesinos para tomar el poder y silenciar a millones de personas (461).
A mí esto me da escalofríos, pero debo de ser solamente yo, porque lo que veo es a la gente encantada con los cachorros que tienen por referentes a criminales como aquellos.

Al final del libro hay varios estudios sobre la literatura del mar y son una maravilla, y mira que yo de eso no sé nada. El colofón son dos artículos breves sobre la Universidad, muy atinados.

lunes, 23 de mayo de 2016

Teología güelfa

Con el subidón de haber disfrutado por segunda vez (la primera fue el Coro Universitario) Dido y Eneas de Purcell, con el entusiasmo y el trabajo concienzudo de los alumnos de la ESMAE de Oporto y los Amigos de la Ópera de Santiago, terminé la lectura de Teología Güelfa, el segundo volumen de la «Trilogía Güelfa» de Armando Pego. Qué bien.

Como con el volumen anterior, había leído primero los textos en su blog; luego pude ver el volumen en borrador. Con el ejemplar definitivo en mis manos, dedicado por el autor en septiembre, ahí lo dejé, sin prisas: este fin de semana me lo leí como si fuera la primera vez, pero ahora otra vez con nuevo provecho.
Es un libro que a mí me recordó el poema de JMM (de la lectura que enlacé el otro día; es el minuto 17:20) de Las trincheras, libro que explica él mismo que está centrado en la esperanza. En ese poema se habla de la espera de tres días en el sepulcro que son milenios, mientras la guardia se crece.

Después de una introducción en la que se advierte de los peligros del buenismo, la sofistería y las trampas gnósticas, hay tres partes, la primera franco(-alemana) y por lo tanto en tensión, llena de densidad, de problemas filosóficos y teológicos; en la segunda está lo anglosajón: en principio más sereno y ligero, pero en el fondo con la tragedia de una herida por donde se les escapa lo mejor que tuvieron y que los mejores de ellos (Moro, Newman, Chesterton, Waugh) consiguen recuperar. En la tercera tenemos lo hispánico, menesteroso, donde brilla el luminoso -a pesar de tantos pesares- siglo XVI: san Juan de Ávila, Cristóbal de Morales, Juan de Valdés (del que casi no sé nada, salvo los cuatro tópicos que nos empaquetaban en la carrera).

Domina el tono sereno, reflexivo, minoritario, sin alharacas optimizantes: hay una tristeza que es simplemente la del retraso de la parusía, pero tristeza pequeña comparada con la Esperanza grande que está ahí sosteniendo por debajo. Así que realismo con fe: optimismo del verdadero.

Y la alegría que se escapa, a pesar de todo, con la Navidad de Dickens.

jueves, 4 de abril de 2013

Ficción feliz

Ya me he quejado aquí demasiadas veces de que he perdido el gusto por la ficción; en los últimos años solo era capaz de leer cosas sin grasa ni hidratos (Flannery O'Connor, Waugh, Richard Ford). Es como tener una enfermedad: comes solo jamón ibérico.
Por eso me llevé una gran alegría al comprobar que seguía disfrutando mucho de otro de mis ídolos de antes, Isaac Bashevis Singer. Me lancé a leer los Cuentos que han seleccionado en un volumen gordísimo y comprobé que me siguen gustando lo mismo, si no más.
El otro día empecé Viernes breve (Short Friday) y las diez páginas del cuento me las pasé rezando para que contradijera a Aristóteles y no tuviera ni cambios (περιπέτεια) ni supusiese descubrir nada oculto (ἀναγνώρισις): los protagonistas yo quería que se quedaran como estaban, el sastre y su mujer en la casita del shtetl cerca de Lublin, rodeados de nieve.
Pero nadie contradice a Aristóteles. Y hubo peripéteia y anagnórisis y acabé el cuento y qué contento me puse. Un grandísimo cuento feliz.

viernes, 25 de enero de 2013

Haikus de Gabriel Insausti

Di el otro día con este Cristal ahumado, un excelente libro de haikus*; pongo estos cuatro que me han gustado por motivos distintos: un exacto retrato, una imagen sorprendente, una hondura que te pilla por sorpresa y el cuarto, ay, para hacer examen de conciencia:
No sabe el viejo
qué es lo que está esperando
sentado y mudo.
-
Noche en el campo:
las luciérnagas fuman
a escondidas.
-
Veía el mundo
con los ojos vendados:
reo de muerte.
-
Guarda su alma
intacta el eremita:
a nadie ama.
Me alegró mucho que me gustase mucho el libro, porque el volumen de diarios, Cámara oscura, me pareció muy fallido (estoy totalmente de acuerdo con la reseña de E.G.-M.); pecaba de falta de contexto -y es un diario-, la estructura no se veía -diez años metidos ahí y muchas veces no sabes si es invierno o verano- y al final todo parecía sonar a justificación vital (soy vasco y rechazo el terrorismo; bien sencillo, pero lo de poner párrafos en euskera sin traducir, supongo que para demostrar que lo sabe, es de mátame camión). Además, se me hizo muy largo; mi alma de censor me estaba pidiendo a gritos tachar párrafos enteros que sobraban; y bien le hubiera venido quitar esas últimas líneas de muchos 'episodios' que los convertían en anécdotas con moraleja o los redondeaban demasiado.

---
*Gabriel Insausti, Cristal ahumado, Valencia, Fundación Mainel, 2006, p. 19, 20, 24, 30; aquí más haikus; y esta buena reseña.

jueves, 24 de enero de 2013

Y cuatro cosas más del libro de conversaciones de Alejandro Llano

Las cuatro de Caminos de la filosofía:

1. Valor de dar clase:
Es el tipo de descubrimientos que haces cuando tratas de explicar en clase algo que tú mismo no acabas de entender. Es esa tensión cuando a veces se hace la luz. Y adviertes que has dado en el clavo, porque entonces puedes explicar de corrido lo que siempre se te ha hecho cuesta arriba y no conseguías que los estudiantes lo entendieran (55).
2. Una vez estuvo en una Escuela de Negocios y un profesor dijo que la ética es rentable; y él contestó «O no»:
Ser bueno y parecer bueno son dos cosas distintas, y no raramente contrapuestas. Esta es la primera lección de la moral natural: hay que diferenciar lo aparentemente bueno de lo realmente bueno. Lo otro es un tópico de la ética empresarial: que la moral es rentable. O no, insisto. Porque muchas veces la ética es ruinosa. No pocas personas se han arruinado por ser honradas, y otras muchas se han enriquecido por no serlo (355).
3. Sobre los filósofos como entretenimiento de «los hombres y mujeres de provecho»:
Si en un congreso, por ejemplo, de empresarios o de arquitectos, se invita a un filósofo que escribe en los periódicos y sale en televisión, lo que se espera de él es que diga alguna boutade que escandalice superficialmente a los hombres y mujeres de provecho, que hacen lo que pueden para sacar adelante este país. Así se distraen y confirman que ellos son los que se ocupan de cosas serias (225).
4. Se ha abusado tanto de la palabra diálogo que da miedo ni siquiera escribirla, no vaya a salir a continuación todo ese bullshit de "si hay diálogo todo se arregla" o "todo se soluciona con el diálogo", como si fuera una aspirina de efecto instantáneo. Pero claro que es importante el diálogo:
En una discusión filosófica, al tiempo que defendemos la propia posición, vamos sopesando las razones de nuestro interlocutor. y cuando ya no estamos bajo la influencia emocional del enfrentamiento dialéctico, aceptamos interiormente que era el otro el que tenía razón. Y al poco tiempo, nos sorprendemos a nosotros mismos defendiendo la postura que antes habíamos tratado de impugnar. Si dirigimos con otro los ojos a la realidad, el dialogo tiene unas consecuencias imprevisibles y, en ocasiones, sorprendentes. La condición para que suceda esta maravilla es la disposición a anteponer el valor de la verdad al placer del supuesto triunfo retórico (30-31).

martes, 22 de enero de 2013

Cómo empezar a estudiar filosofía

En ese libro de conversaciones con discípulos suyos, Alejandro Llano da buenos consejos:
Hay que recordar, con Leibniz, que lo difícil en filosofía es afirmar. Criticar o impugnar es una tarea secundaria y, desde luego, más fácil: está al alcance de cualquier fortuna intelectual. Al aprendiz siempre le recomendaría que se acercara a una tradición afirmativa: fenomenología, aristotelismo, kantismo... o sea, primero las grandes formulaciones constructivas. Yo no le aconsejaría a nadie que empezara por estudiar a Nietzsche, o a Hume, porque ahí empiezas y ahí acabas, sino a Platón y Aristóteles, porque ahí empiezas y nunca acabas (107).
Anima a empezar desde lo que no se entiende:
En contra de cualquier adanismo filosófico, nunca se puede partir de cero: siempre hay que situarse in medias res. El puritanismo metodológico tiene mucho de artificial e incluso de ridículo. La única manera de aprender filosofía es ponerse a leer libros, ir a clases de filosofía, o charlar incansablemente con un auténtico filósofo, si tienes la suerte de encontrarlo.
Critica el pedagogismo:
Prohibir metódicamente el situar a los alumnos ante algo que todavía no entienden, es un error de bulto. Una de las cosas más formativas es el esfuerzo por comprender planteamientos que, de entrada, no se entienden.
Por eso anima a ir a conferencias de nivel alto, aunque uno tenga miedo de no entenderlas, y a leer libros difíciles: "hay que leer lo que todavía no se comprende, para llegar a entenderlo" (181-182).

Termino este cortapega con tres citas más sobre el aprendizaje filosófico:
Hartmann decía que el empeño de la filosofía es, no descifrar enigmas, sino descubrir portentos (226).
Filosofar -como decía Heidegger- consiste en ser toda la vida un principiante (240).
Como decía Ernst Tugendhat, más bien problematizándolo, la filosofía es la orientación de toda la vida hacia la verdad. Y eso es precisamente lo que hoy día se cuestiona: si es posible orientar toda la vida hacia la verdad. Tugendhat tiene sus dudas al respecto. Pero yo no las tengo. Creo que la filosofía es la orientación de toda la vida hacia la verdad, y que es posible ese estilo de vida (375).

lunes, 21 de enero de 2013

Susurrar en los cerros de Úbeda

Creo que he aprendido muchísimo de Caminos de la filosofía, conversaciones de Alejandro Llano con tres discípulos suyos: Lourdes Flamarique, Marcela García y José María Torralba (Eunsa, Pamplona, 2011). A mí la filosofía me queda grande habitualmente, así que estos libros de diálogos me facilitan el camino. Me costó leer algunas partes -sobre todo los capítulos más metafísicos- y de hecho tuve el libro parado varios meses, pero en conjunto lo he disfrutado mucho.
Ahí cuenta Llano cosas de su maestro Millán-Puelles. En la primera clase en un Aula Magna atiborrada de alumnos de primero les dijo que no le gustaba tener que gritar, "porque la filosofía no se puede gritar: hay que susurrarla" (20) [este tema lo desarrollan los coautores del libro en el prólogo]. Y comenta Llano: "La filosofía es un pensar meditativo, un quehacer reflexivo, que se vierte hacia dentro y no se impone con clamor. El logos es la palabra del corazón, que sólo puede escucharse en el silencio" (21).

También me gustó esto: "Millán-Puelles se disculpó en una clase: «Me he ido por los cerros de Úbeda». Pero añadió: «...aunque en filosofía todo es Úbeda...»".

viernes, 11 de mayo de 2012

La tristeza del mundo

Fructífera -espero, tengo que asimilarla despacio- lectura de La tristeza del mundo. Sobre la experiencia política de leer, un ensayo muy profundo -fruto, se ve, de un pensamiento hondo, reposado y agudo-  de Enrique Andrés Ruiz (Encuentro, Madrid, 2010).
Lo he disfrutado mucho aunque perdí pie varias veces: me falta conocimiento filosófico y lo leí más deprisa de lo que debería, comiéndome la argumentación como el mal vallista que no mide sus pasos: tampoco ayudaba la abundancia de comas y guiones que mete por el camino, quizá para obligarnos a leer despacio, esa ardua labor.

Es un libro sobre la lectura en el que no hay ni uno de esos tópicos con los que nos afligen los supuestos expertos de los periódicos. Parece imposible, pero así es: pero es que aquí hay alguien que sabe y piensa  (leed su maravilloso prólogo a la Antología de Julio Martínez Mesanza o un artículo sobre Gaya).

Su punto de partida es ese apetito que se nos abre al entrar en las librerias. El de llegada es el de la lectura como inspiración, como algo que nos sucede en cuanto lectores a veces, en momentos muy especiales, cuando se abre una experiencia única que no es mero gustirrinín: es el conocimiento como una ventana que se abre a la luz.
Pero eso no tiene nada que ver con la «dinámica cultural dominante» que anima a leer como anima a ser positivos, por puro slogan, por puro voluntarismo, puesto que nada vale nada (pero no lo digáis delante de los niños, que se podrían asustar). Aquí un párrafo (donde se ve también lo que decía antes de los guiones, comas e incisos):
La emancipación cultural del espíritu -la liberal- digan lo que digan los liberales de los nuevos centrismos políticos, no tiene otro sentido que serlo como liberación, justamente, de todo valor, de tal modo que la desactivación de la palabra hacia la infinita indeterminación o labilidad del significado, no puede tener otro destino que el consumo -la cesta de la compra literaria del señor Azaña-, por la sencilla razón de que no existe otra emancipación de los valores que la colocación, ante todos y sobre todos, de uno solo de ellos por antonomasia neutralizante, como es el dinero (p. 34).
Y sobre todo me quedo con el análisis que hace a partir de san Agustín de la noción de permanencia, el verbo griego menein (μένειν, permanecer), que san Juan repite tanto, ese mantenerse en esta travesía del ya pero todavía no:
El centro de nuestra vida no puede ser cosa de la historia. Y aquí se encuentra la legitimación cristiana de la seriedad de toda nostalgia y de todo recuerdo, desde el momento en que estos sentimientos no parecen mirar hacia atrás, sino el eje central sobre el que el tiempo gira, perseverantes en él.
Asimismo, de aquí viene la llamada a volver, que en realidad significa quedarse. No es, pues, exactamente, volver al paraíso de un origen que está en el pasado, sino al paraíso que siempre se encuentra donde Dios se encuentra, En esto consiste el «descanso de Dios» de que habla Hebreos. A la idea histórica o progresiva del tiempo, le resulta francamente difícil comprenderlo. (...) Para el tiempo cristiano «permanecer» es mantenerse leal a una promesa que se sabe cumplida (p. 87-88)
Pero me he dejado el libro vivo, sin desollar. Leedlo vosotros, que yo quiero darle una segunda vuelta: y luego lo comentamos.

martes, 8 de mayo de 2012

Más textos de Uriarte

Por acabar de fusilar aquí textos del Diario II de Iñaki Uriarte:

-Llama a esa cabina para fumadores que había en los aeropuertos «sitio formidable» (formidable lo decía mucho mi padre, con el significado de 'excelente') donde los que están dentro «somos más interesantes que la media» (57). También dice de unos que son «trabajadores de campeonato» (183), otra palabra para ponderar que usaba mi padre (que no en vano pasó unos años en Bilbao).

-Mis hermanas y yo nos reímos mucho -es una frase del léxico familiar y se la recordamos en casos así- de alguna vez que mi madre dijo «¿Y habéis estado en Penches?» cuando se hablaba de sitios bonitos. Por eso me hace tanta gracia esto (182):
Tú llegas de un viaje a una legendaria ciudad de la Toscana, o de la China, y siempre hay alguien que pregunta algo parecido a esto: «¿Viste aquello que está medio escondido en no sé qué iglesia o museo de no sé qué calle en no sé donde?». «No». «Pues entonces te has perdido lo mejor».
-Qué autorretrato:
Alguna vez ama me ha contado que cuando el aña Teresa me sacaba a pasear al parque, las demás añas comentaban: «Qué serio es este niño». «Pero se ríe mucho en casa», les contestaba. Yo ya estaba alli entero (170).
-Venga, tres textos más:
He vuelto a pensar, en la National Gallery, que Turner es bonito y espectacular, pero que Constable nos ha influido de manera más profunda en nuestra manera de ser (p. 54).
Si alguien dice: «Todos los vascos son unos sinvergüenzas», los nacionalistas se quedan contentos. Lo importante es el «todos» (177).
Algunos hablan de «la enfermedad moral de la sociedad vasca en los años ochenta». No recuerdo que en el resto de España hubiera una salud muy diferente (168).

martes, 28 de febrero de 2012

Hablando de católicos ingleses

Pudimos preguntarle muchas cosas a Joseph Pearce -¡gran tipo!- durante este fin de semana, pero ahora se me ocurren muchas otras y ya es demasiado tarde.

En la conferencia hizo un repaso rápido y magistral de lo que llamó el Catholic Revival en Inglaterra: con antecedentes en Wordsworth y Coleridge (Baladas líricas) por un lado y Blake por otro, que abren camino a un Romanticismo muy distinto del 'continental', se llega al segundo tercio del siglo XIX con tres líneas de renovación (y a la vez de vuelta): Pugin en arquitectura, los prerrafaelitas en pintura y sobre todo el movimiento de Oxford (clave, claro, la conversión de Newman en 1845). Hopkins.
En torno al cambio de siglo, "a Dios por medio del pecado": Oscar Wilde (paralelos de esa vía de conversión en Francia: Huysmans, Verlaine).
Del siglo XX trazos aislados: Chesterton (y Belloc: que le ayuda a descubrir Europa), T. S. Eliot, Waugh.

Detalles:
-Le parece que es mejor la poesía de Belloc que la de Chesterton (en prosa, le parece que es al revés).
-En sus clases hace leer primero El hombre que fue Jueves de Chesterton y La metamorfosis de Kafka (dos pesadillas en paralelo); y luego Lepanto de Chesterton y a la vez a poetas de la Primera Guerra Mundial como Sassoon.
-La abolición del hombre de C. S. Lewis se puede leer en paralelo con su novela Esa horrible fuerza, escrita a la vez y como ilustración.
-Como se negaba a admitir que se pudiera traducir a Hopkins, le dije que había varias traducciones españolas y que yo suponía que eran buenas.
-Me explicó las innovaciones rítmicas de Hopkins -que pasan por otra vuelta al pasado- cantando la canción infantil Three blind mice (yo dije: -¡está en Agatha Christie!)

Y a ver si escribe pronto por extenso el relato de su conversión (que parece que sí); nos dio un pequeño relato de él y fue muy emocionante: ahora está descubriendo que lo que le pareció sobre todo un camino intelectual fue primeramente Dios que le iba curando el alma mientras el pensaba que se iba acercando por medio de su razón.

Y los que tengáis interés por sus libros, aquí los tenéis en Amazon.

Y nos firmó su último libro traducido, el de Roy Campbell (aquí una entrevista y Amazon para comprarlo):



viernes, 3 de febrero de 2012

Saludadores

Yo no tenía ni idea de que existiesen los saludadores hasta que leí sobre ellos en Retablo de vida antigua (ese excelente blog): eran una especie de curanderos o sanadores.
Y me llevé una alegría al encontrarme dos menciones en las Memorias del padre Gracián (la Peregrinación de Anastasio), donde se ve que además eran adivinos -de baja intensidad:
Estando yo en Malagón un día (…) llegó un hombre de color indiano, con un rosario y un gran crucifijo al cuello, y dijo que le diesen recaudo que quería ir a saludar las ovejas (porque era saludador). Yo me reí de él y convidéle a beber y púsosenos a mirar de hito en hito y dijo muy determinadamente al padre Mariano: ¿él no ha dos años que tuvo una caída que estuvo en peligro de muerte? Y al un regidor: que se llamaba Alonso Ruiz. Él tan saludador era como yo, sino que su madre le quitó la gracia y a otros otras cosas ocultas semejantes; a mí me miró muy de propósito, y me dijo que le diese la mano, que quería ver las rayas de ella: yo me reí sin querérsela dar y él dijo con mucha cólera: pues guárdese del agua. Lo que a los otros dijo oculto, era verdad, como después se averiguó: mas a mí se me olvidó el peligro del agua (p. 86; Gracián relaciona la profecía del saludador con los múltiples problemas que pasó en el mar luego; y otro detalle exacto: Gracián dice a continuación: "ninguna cosa sé nadar": p. 87).
En Olivenza a Gracián y a sus compañeros los atacan perros:
a todos nosotros saludó un saludador de Olivenza, y debió de ser señal de lo que el diablo rabió de esta fundación (p. 202).

jueves, 26 de enero de 2012

Gracián raptado



Por seguir en torno a santa Teresa, me dio por leer la Peregrinación de Anastasiolas Memorias del padre Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, quizá una de las personas que más quiso la santa.
Es un relato de gran viveza en forma de diálogo: un sparring de nombre Cirilo le tira de la lengua a Anastasio (=él mismo) para que cuente lo que ya se ve que está deseando contar.
Hay mucho que admirar, algo que criticarle (su consideración de los herejes es llamativamente poco caritativa) y cosas que incluso agarrándose al Sitz im Leben cuesta entender (por ejemplo que llevase consigo un dedo -sí, un dedo- de santa Teresa durante 27 años).

Se lee muy bien. Y a mí creo que me ha sido de gran provecho (y algo de edificación).

Ya pondré otras cosas, pero empiezo hoy con este texto de cuando los turcos capturaron el barco que le traía de Sicilia (donde tenía familiares) a Roma, a donde había ido para intentar conseguir volver a ser descalzo, porque le habían expulsado de la Orden, y donde le habían aconsejado que entrase en otra orden:
Desnudáronme en carnes vivas, sin dejarme más de unos pañetes de lienzo: echáronme unas esposas en las manos y bajáronme a la mezanía, dando yo gracias a Dios y a la Virgen, que tan presto me castigó del propósito que había tenido cuatro horas antes, cuando decía Misa, de dejar el hábito del Carmen de mi voluntad; y estaba contento con el hábito que me dio Adán, que ya nadie me lo podía quitar sino desollándome. Luego tragué que había de morir en aquella vida (que más verdaderamente es muerte), porque remar en galera de cristianos (especialmente del Papa), que tanto había temido en Roma, es vivir; pero la de la galeota de turcos, es muerte. Vi de ahí a poco que con los papeles que llevaba para imprimir yo en Roma de la Armonía mística, que me habían costado mucho trabajo, y no eran de poca estima, limpiaban sus escopetas. La comida era bien de tarde en tarde: un poco de bizcocho negro, hediondo y lleno de chinches, y la bebida, bien por tasa y de agua tan hedionda, que era bien necesario tapar las narices para pasarla, y el subir a las arrumbadas a expeler la carga de naturaleza no había de ser cuando el cuerpo lo pidiese, sino una vez al día, a puesta de sol, aunque reventase. La cama que me cupo fue las escopetas de los turcos, y por cabecera, un tonel de pólvora que llevaban. (p. 88-89)

martes, 13 de diciembre de 2011

Santa Teresa gana a Tolstoi

Guerra y Paz me costó seis meses de esfuerzo -sudar a base de bien- y la he conseguido acabar con un pundonor que creía que ya no tenía.
Era un tratamiento de choque contra la fictitis que vengo arrastrando, pero ni con esas se me ha curado; el triste hecho es que Tolstoi -y no le culpo a él, sino a mi ruin condición- se me ha hecho muy largo, salvo algunos gustosísimos oasis que me he ido encontrando cada doscientas páginas.

En cambio, Tiempo y vida de santa Teresa, de los carmelitas Efrén de la Madre de Dios y Otger Steggink me lo he bebido como si fuera Aquarius™, las mil páginas convertidas en lecturas continuamente precisas, provechosas, deleitables y continuamente edificantes en torno a Santa Teresa: eso que llaman 'contexto' y que es al final una mirada lo más serena y objetiva que han podido conseguir sobre alguien que sigue de todos modos sin dejarse apresar: una mujer que la miras, la admiras y te sigue quedando muy encima -y muy cerca.

Y ha sido como volver al Libro de la vida y las Fundaciones pero en estéreo. Qué grande santa Teresa y qué tremenda impresión, para lo mejor y para lo peor, transitar por el siglo XVI español.


Como no sé si todo el mundo comparte mis tolemias, lo más que me atrevo es a recomendaros el libro de Marcelle Auclair, que es una excelente -de otro modo y mucho más breve- introducción a santa Teresa.

Un detalle del libro de Efrén/Steggink (p. 980): en Alba, ya a punto de morir, desangrándose y con una amargura tremenda, santa Teresa pasaba el mal trago mascando un palito de regaliz.

viernes, 10 de junio de 2011

Los Baroja (Memorias familiares)

El título de «Los Baroja» despista y el subtítulo de «Memorias familiares» también: son las memorias de Julio Caro Baroja; y sale su familia, claro, y mucho, pero al final es un retrato suyo.
Y se esfuerza por darnos una imagen poco atractiva de sí mismo: un hombre enfermizo, indeciso, sin acomodo claro en el gran mundo, triste aunque educado, que se define como «puritano sin religión positiva», criado por institucionistas, alimentado de enciclopedistas franceses y con modelo último en Epicuro.

Escribe tremendamente bien. Hay páginas que merecerían marco y paspartú.

Me resultó tremendamente interesante todo lo que cuenta -aunque acaba cansando esa manera de mirar la vida desde un lado del cuadrilátero, sin intentar comprender a los que ve del otro lado.
Y su familia -sus tíos, su madre- está del lado bueno del cuadrilátero: todo lo que dicen, todo lo que hacen, todo lo que piensan es excelente.
Yo tenía el recuerdo del libro de Gil Bera, Baroja o el miedo, que da una visión muy crítica de esos relatos familiares: me ayudó a un cierto escepticismo, necesario en un libro como este, que atrapa en una retórica fascinante para el objetivo final: la glorificación de la familia de los Baroja y la entronización de sus ideas (y sobre todo sus prejuicios) como los únicos posibles.

Vaya, y después de leer un ejemplar medio descuajeringado, resulta que acaban de reeditar el libro ahora.

lunes, 9 de mayo de 2011

Telégrafo veloz

Gloria es ciertamente de nuestra edad la invención de las máquinas de vapor, de las vías férreas, de los telégrafos eléctricos, por cuyo medio en el espacio de pocas horas traspasamos los mares y las tierras, y tan veloz como el rayo, llega nuestro pensamiento a las más apartadas regiones del globo. Pero por muy de admirar que sean estas cosas, son meros instrumentos, cuya utilidad pende del consejo que mueve la obra, “que agita la mole”, es decir, el alma humana. Esta desde los primeros años debe instruirse y ejercitarse, para lo cual nada hay más eficaz que el lenguaje, intérprete del ánimo, imagen de la mente; y la gramática, que es la mejor manera de hablar y pensar con rectitud; y las letras, que contienen ejemplos y preceptos por donde se conoce, en todos los negocios de la vida, lo que es bueno o malo, útil o nocivo, y lo que debemos seguir o imitar.
Santiago Usoz y Río, "Sobre las lenguas griega y latina", Lección inaugural de curso en la Universidad de Salamanca, octubre 1868, p. 21

martes, 22 de marzo de 2011

De Manuel Machado

Lo vi en un excelente artículo de Miguel d'Ors (aquí: pdf) sobre la religiosidad del poeta:

La primera caída
No puede más... Vacila... Los divinos
pies destrozan las piedras y matojos.
Y la sangre corriendo, hasta sus ojos,
borra un momento todos los caminos.

En torno, al verlo vacilar, se aterra
la multitud... Oculta el horizonte
espesa niebla. Se estremece el monte
y gimen las entrañas de la tierra.

Cayó. Todo se abate a su caída...
El cielo, al ver su gloria así rendida
a derrumbarse va sobre la agreste

inmensidad vencida y desolada...
Pero El clava en la altura su mirada
¡y sostiene la bóveda celeste...!

Y dice d'Ors (p. 72):

Si bien, como se habrá notado, en el comienzo del poema predominan marcadamente los elementos narrativos y descriptivos, a partir del verso 9 y, sobre todo, en los dos últimos, Machado nos ofrece una personalísima y profunda interpretación del suceso narrado, imaginando un milagro secreto de Jesucristo: caído bajo el peso de la Cruz, evita, por amor a la Humanidad, que la Creación entera, que está a punto de acompañarlo en Su caída, se venga abajo con Su autor. La hondura de esta visión no parece posible ya no digo en un no-creyente: ni siquiera en un creyente rutinario. El poeta, ciertamente, ya no lo era [el soneto es del año 1929].

lunes, 21 de marzo de 2011

Nunca se sabe

Excelente también este libro de Isabel Escudero, de titulo esperanzado (no, no, no es ni escéptico ni nihilista, o no sólo).
Poemas breves en su mayoría, haikus o lo que sean -que yo no me meto-, o soleares -o lo que sean.
Poesía para el pueblo (y qué bien explica ese para), luchando por una sencillez conseguida tras duro esfuerzo, alcanzando una profundidad pero que sea accesible a los demás y con un humor que eleva.
Y también, claro, la imagen de su cara: nos vemos cerca de Isabel Escudero, aunque no la conozcamos: una autobiografía en verso vamos leyendo.
Pongo aquí cuatro poemas que me gustaron (el último ya lo puso Enrique, pero quiero tenerlo aquí yo también).

    Se descorren las nubes
y ¡otra vez el mismo drama
de los azules!

Que no quede títere
con cabeza:
¡por ahí se empieza!

¿Original?: como cada quisque:
          sé vulgar si quieres
                   distinguirte.

¡Que se entretengan,
que se entretengan!:
¡que se aburran
sin darse cuenta!

(Nunca se sabe, Pre-textos, Valencia, 2010, p. 101, 231, 237, 248)