Atardecer en El Cruce
Estaba bajando la marea y apenas había olas. Las anguilas de orilla se remojaban en las charcas y las algas se secaban con la brisa que, ya al caer la tarde, se estaba tornando fresca. El olor a mar y a algas frescas impregnaba el aire prometiendo un recuerdo agradable que durase todo el invierno. Cuando el Señor X volvía del agua, aletas en mano, me dice: - Las algas resbalan. Toma poesía...