Mundaka es la representación de la idea que de la Costa Brava me dejaron las fotos de mis libros de texto infantiles. Aquellas rocas que se "arremangaban" la garriga y los pinos de Halepo para, desnudas, hundirse en el mar tranquilo y transparente. Era aquel uno de mis "Mediterráneos", ya que después vivieron otros, como el que se encuentra descendiendo el Ebro, o el que me llegó de la mano de los poetas (no sólo de las letras) a quienes inspiró, como Le Corbusier o Matisse. Sé que esta luz no es aquella luz, ni tampoco son iguales la lluvia o el olor del mar. Pero esas diferencias apenas estorban la evocación.

















