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12.3.23

LAS SOSPECHAS DE SHERLOCK HOLMES

La conciencia de un estado todopoderoso e implacable fue una creación de la serie CSI, un socialmente influyente producto que tuvo como precedente ese otro producto denominado Sherlock Holmes. Y es que el Poder demostró que temía la sagacidad del personaje de Conan Doyle al conceder a su creador y a la vez fiel amigo (Doyle y Whatson son la misma persona), el tratamiento de sir.

Pero lo más intrigante y verdaderamente novelesco del asunto es considerar qué opinión mereció al novelista, o mejor aún, a su criatura detectivesca, el otorgamiento de tal honor. Doyle dejó escrito que estaba sorprendido y que no comprendía bien qué parte de su trabajo como escritor había motivado aquello. Pero es evidente que la concesión llevaba implícito un compromiso tácito de silencio, y Doyle, junto con el sagaz Holmes, tuvieron que percatarse de ello en algún momento. Sin embargo, lo que nos ha llegado de todo ello es, tan solo, la sorpresa y el desconcierto puestos por escrito.

El Poder había demostrado ser ingenuo y sabio al mismo tiempo, ya que concedió un premio que incluso su autor consideraba inmerecido, omitiendo, al mismo tiempo, el motivo de tal acto. Por su parte Conan Doyle demostró con la declaración de su sorpresa y su posterior silencio, que acataba lo que se le había pedido.

Tuvo que nacer entonces la sospecha de la motivación, y por tanto, la conciencia para Sherlock Holmes, de que había asuntos que no había considerado investigar, y que sobrepasaban los más truculentos que había conocido. Necesariamente tuvo que haber, por su parte, una larga meditación al respecto, acompañada de un buen número de pipas. Quizá, como bien apuntaba Rudyard Kipling por aquella época, las limitaciones de Holmes resultaban tan sorprendentes como sus virtudes, y se reconoció a sí mismo incompetente para ciertos crímenes y delincuentes especialmente grandes, que no dudaban en usar la advertencia de conceder un premio antes de pasar a actos de otro cariz. 

Doyle quedó atado de pies y manos, pero no Sherlock Holmes, y así apareció Asesinato por decreto, cuyo guión fue escrito por otros autores. Podría decirse que el detective se libró de las limitaciones de su creador y pudo enfrentarse a la nueva clase de delincuentes. Sin embargo, fue sólo para constatar que tampoco él tendría más recorrido que Doyle: los autores intelectuales quedaron impunes, las familias de las personas fallecidas, sin compensación, y la víctima siguió perseguida y tuvo que permanecer escondida de por vida.