XIV Ahora, con el plomo fundido del sortilegio el resplandor de la mar estival, la desnudez entera de la vida; y el pasar y el parar y el reposo y el sobresalto los labios el vello acariciado, todo busca abrasarse. Como el pino al mediodía embargado de resina se apresura a engendrar la llama y no soporta ya el tormento- grita a los chiquillos que junten la ceniza y la siembren. Lo pasado bien pasado está. Incluso aquello que no pasó debe abrasarse. En este mediodía donde el sol se ha clavado en el corazón de la rosa de cien pétalos. Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña