Bueno, me ha costado, pero después de un mes aquí estoy de nuevo. No me ha pasado nada especial, y os agradezco un montón los mails preguntando por mi; simplemente que esta vida moderna me tenía absorbida. El curro, los cursos,la niña, el calor... imaginaos, una locura de la muerrrrte de la que necesitaba un relax.
Pero bueno, dejando atrás el cansancio, a nuestra querida Prima y su amigo el Riesgo, y todas estas cosas tan estupendas que nos rodean últimamente vamos a poner un poco de color. Además ya llega el verano y es lo que pega.
Con esto de estar en posesión de una vida acelerada, el otro día abrí la nevera y ¡¡HORROR!!, la desolación más absoluta reinaba en ella, una lastima...; mi nevera si que necesitaba un rescate, y no bankia. Pero había cuatro ingredientes que juntos hicieron una cena estupenda en cuestión de minutos.
- Hojas de Pasta Filo (de esas que te quedan en la nevera a punto de secarse)
- Una Cebolleta
- Un Diente de Ajo
- Un Pimiento Rojo
- Un Calabacín (o medio, lo que quede)
- Hojas de Albahaca (de mi huerto urbano)
- Una Bola de Mozzarella Fresca
Para la Salsa:
- Pimientos de Piquillo (los míos estaban a puntito de fallecer, flotando en un tupper)
- Media Cebolla
- Dos Dientes de Ajo
- Un chorritín de vino blanco (chorritín es una nueva medida, un chorrito pequeño)
- Nata (al gusto, yo eché como dos tazas de café)
Precalentamos el horno a 180º.
Comenzamos cortando la verdura en bastones, y el ajo en laminas finitas. Lo salteamos, con poco aceite, en una sarten a fuego medio, hasta que estén al dente. Salpimentamos.
Mientras podemos ir cortando en trozos desiguales la mozzarella.
Cuando tengamos lista la verdura, la apartamos en un plato llano, bien extendida para que se enfríe un poco.
Cogemos dos hojas de pasta filo, y si son muy grandes lo cortamos hasta adaptarlo al tamaño de los saquitos que queremos hacer. En el centro colocamos un poco de la verdura (con la menor cantidad de grasa o líquido que se pueda, para que no se rompan las láminas), que ya estará templada. Encima ponemos un poco de mozzarella y unas hojas de albahaca. Cerramos los saquitos levantando los picos de las hojas y cuando estén todos juntos, presionamos en el centro. Se mantiene sin problemas, pero si no, los podéis atar con un cordel o con unos tallos de cebollino.
Los metemos al horno 10 min, o hasta que pasta esté bien dorada. No lo pongais en la parte alta del horno, porque se puede quemar
Con los saquitos ya en el horno, vamos haciendo la salsa de piquillos. Rehogamos bien la cebolla y el ajo. Cuando empiecen a tomar un color tostado echamos los piquillos en tiras. Les damos unas vueltas y añadimos el chorritín de vino y, en cuando reduzca un poco, la nata. Cuando espese lo pasamos al vaso de la batidora y trituramos. Reservamos.
Una vez estén los saquitos, los emplatamos con la salsa de piquillos. Si lo acompañamos con una ensalada de tomate, mozzarella y albahaca, triunfáis. Y si además ponéis un vino blanco bien fresquito, os ganáis una ovación con su ola y todo.
Las fotos no están muy bien, pero aun estoy con las prácticas del curso de Jackie Rueda... espero ir mejorando.

