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jueves, 10 de enero de 2013

ÉTICA


Ya inmerso de nuevo en la rutina después de toda la parafernalia navideña, se vuelve a retomar los hábitos de comidas, desplazamientos, horarios... Hoy es miércoles, toca clase en Amsterdam y el viaje en tranvía hasta el nuevo colegio dura unos cuantos minutos. Y me dió de nuevo por comparar y pensar en lo distintos que somos culturalmente. Ayer en un informativo se decía que cada vez era más grande la brecha económica entre el Norte y el Sur de Europa. Pero no sólo económica, también mental.

En España tenemos muy arraigadas situaciones vitales que aquí causan estupor. Para mí es fundamental  el sentimiento de pertenencia familiar, el famoso "nido" en el que están los jóvenes de nuestro país hasta los 30 o incluso ahora hasta los 40 años: las croquetas que sube mamá a casa, el "venid a comer el domingo", los regalos de pijamas, camisetas, calzoncillos y calcetines en Reyes... Sabes que están ahí y que están cerca. Es curioso en mi caso, por ejemplo, que con 20 años anhelaba marcharme pronto de casa para vivir independiente, como acabo comprando un piso a unos 500 metros de donde viven mis padres y me crié. No sólo la familia te da ese sentimiento, también el entorno cercano de vecinos, barrio, algo que aquí echo mucho en falta y que me parece muy necesario para el equilibrio emocional de cualquier persona. Es lo que podemos llamar arraigo. Conozco a muchas personas de mi entorno cercano que se acomodarían perfectamente a este estilo de vida, anónima (aunque no tanto) e individualista.

Pero esto es el carácter latino frente al germánico. Y todo eso se alarga en otras muchas situaciones vitales, colectivas o no. Volviendo a lo de pensar que decía al principio, se me vino a la cabeza los años en que estudié Ética en el instituto. Por aquel entonces (mediados de los 80) era un revulsivo en la educación española, todavía muy anclada a los dogmas católicos que se seguían (y siguen) enseñando en las aulas. Y la imagen que tenemos en España de países como Holanda es que los valores éticos de las personas son muy altos y que los debates éticos van más allá de los que planteamos en España o, simplemente, ni se plantean. Cuando ves que en España temas como las redes clientelares de los políticos (léase caciquismo) empiezan a salir a la palestra ahora, a pesar de que todo el mundo las conoce desde hace décadas, aquí ni se escuchan porque el nivel de indignación social que tendría un asunto de "amiguismo" pondría al político en cuestión a la altura del más miserable. Existe esa concepción de que lo público es de todos y se hace con el esfuerzo de todos (léase impuestos) y por eso se censuran los episodios de malversación de fondos públicos. Por eso, cuando aquí se reciben y se emiten por televisión reportajes sobre la situación económica de España, con despilfarros como el aeropuerto de Castellón, la Ciudad de las Artes de Valencia, los AVE que paran en estaciones desérticas o prebendas a políticos, amigos de turno y demás, poco menos que nos tratan como "europeos de segunda" y se quedan ojipláticos.

Con esto no quiero decir que todo este sistema sea mejor, en general, que el nuestro. Ya comenté aquí que hay cosas de todo esto que no me convencen; no cuestiono que sean mejor o peor que lo que conocemos en España, pero sí éticamente cuestionable. Y a lo mejor ese debate ético no se podría dar en España porque no estamos suficientemente preparados para ello. Aquí, ante un tema que en España provocaría un enfrentamiento político y social, simplemente ni se o cuestionan, se actúa y listo, muchas veces a mi modo de ver sin valorar realmente las consecuencias. Por ejemplo, un tema que puede ser banal, pero a mi no me convencerán jamás de ello. Ya comenté que en el transporte público de este país  los animales de compañía pueden acceder sin problemas, en el tren pagando pero en el tranvía no; o poder estar dentro de un restaurante pululando por el salón de comidas. Sinceramente, hay momentos en que creo que se cuida más a los animales que a los niños, por ejemplo, y eso es algo que no voy a aceptar nunca. Tal vez de ahí venga también esa cultura del "desarraigo" que se inculca a los niños. Da la impresión de que hay que llenarles de objetos tecnológicos, moda, caprichos para que estén tranquilos, lleguen pronto a los 18 años y se vayan de casa, mientras se quedan con su perro o gato porque no da problemas ni estorba. ¿Qué tal un beso, un abrazo, un arrumaco a tus hijos de vez en cuando, sugiero?

Pero valoro mucho ese tema de saber qué se hace con el dinero que pago en mis impuestos, y no se puede malgastar en cosas como hacen "los del Sur". Entonces cuantas más cosas podamos mercantilizar, mejor, porque habrá una mejor gestión de los recursos económicos públicos: sanidad mercantilizada, educación mercantilizada... Entonces, ahí es donde nos surge a nosotros el debate ético, a ellos no. Hoy he visto un video, con mucho humor pero basado en la realidad, de dos hispanas que viven aquí y escenificaban cómo hay que hacer cuando tienes que acudir a un médico. Por cierto, he puesto enlace a su página web en los links de la derecha, no la dejéis de visitar.



Entonces cuando vemos nuestro sistema público de salud (que nos quieren mercantilizar) tenemos que congratularnos. El caso es que hay situaciones de abuso del mismo, cuando colapsamos Urgencias porque "me duele un dedo" y ahí es donde sale a la luz nuestro carácter latino. Como pagamos por él con lo que se cotiza a la Seguridad Social, nos creemos con el derecho a usarlo con abuso y así hemos llegado a donde hemos llegado, a punto de que todo quiebre... o se mercantilice.

No sé si con este "post" se me ha ido la olla, pero yo me quedo con la posibilidad, al menos, de cuestionar éticamente lo que veo aquí y lo que veo en España y emitir mi juicio sobre un hecho. Y hay hechos de aquí que no me gustan, al igual que en España, y espero que haya alguien que se mueva y provoque cambios para bien y por el bien de todos.