Mostrando entradas con la etiqueta Santiago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de junio de 2015

TALENTO

Curso acabado. Y van 24. De nuevo, despedidas en clase y con mucho cariño por parte de mis alumnos, pero menos dolorosa porque en dos meses nos volvemos a ver, al no cambiar de centro. Estos últimos días de curso escolar, hasta el 30 de junio, los profesores nos dedicamos a elaborar actas, asistir a reuniones, anticipar un poco el nuevo curso, expedientes, libros... y también a la formación, si se tercia. Y sí se terció este curso.

Desde hace dos años existe un proyecto llamado Talento 3.0 que lleva a cabo una importante fundación gallega y la Universidad de Santiago de Compostela. Este año han participado varios centros educativos y llegó una invitación al nuestro para asistir durante 4 días en Santiago a un cursillo sobre el tema de altas capacidades en los niños. La verdad es que las fechas eran malísimas, de lunes a jueves mañanas y tardes, pero con San Xoán en el medio y visita familiar de tíos y primos de Mallorca. Aún así, allá nos fuimos 5 compañeros ya que teníamos el alojamiento gratuito y las ponencias prometían, debido a que venía un equipo de expertos de la Universidad de Connecticut.

El curso era para gestionar la intervención educativa en alumnos de altas capacidades por medio de un modelo metodológico de enriquecimiento curricular. Las sesiones combinaban ponencias de expertos con talleres prácticos de profesores que ya estaban aplicando la metodología durante este curso. Y la verdad es que ha sido un cursillo que ha merecido mucho la pena y que es más que probable que nuestro colegio, el único público de A Coruña que asistió, se incorpore al programa.

La metodología de enriquecimiento curricular parte de la base de que todo niño tiene un talento que hay que desarrollar. A veces queda oculto porque hay muchos condicionantes en niños y niñas que les hace pasar desapercibidos, sobre todo si no quieren que se sepa que son de altas capacidades. Lo cierto es que con cada ponencia, a través de las explicaciones que daban, automáticamente pensaba en mis alumnos, en mis hijos y en cómo manifiestan su talento: alumnos que tienen un don, alumnos "gifted" como los expertos los denominan.

Como yo no concibo ir a un curso a oír, sino también a participar, en muchos de los talleres mis aportaciones fueron muy valoradas por los compañeros y el resto de los asistentes. Hubo un taller en concreto que trabajaba el tema de las emociones, en el cual teníamos que desinhibirnos bastante y dejar que nuestros sentidos fueran descubriendo emociones ocultas. Luego la ponente, una conocida actriz gallega de teatro, nos invitaba voluntariamente a expresar esas emociones ante todos. Para algunos fue una pequeña catarsis y en determinados momentos hubo lágrimas. Yo me las contenía, pero era evidente que lo que había vivido había vuelto a despertar en mí recuerdos y emociones que aún no están bien gestionadas, pero a veces siento que tampoco hace falta controlarlas tanto. La sesión terminó con la propuesta de que cada uno de nosotros se levantase de su sitio, dijera su nombre y expresáramos en alto un sueño personal que tuviésemos. Hubo intervenciones muy personales y que llegaron muy adentro, pero en el momento en que me tocó a mí, que estaba ya apartado un poco de mis compañeras de colegio, me levanté y mi emoción total se desbordó:

"Perdonad, pero me cuesta mucho decir esto. Me llamo Alfonso y mi sueño es no dejar nunca de emocionarne". Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada sólo pude volverme a sentar, llevar mis dedos a los ojos cerrados y escuchar un caluroso aplauso que no olvidaré nunca. Desde ese momento y hasta que acabó el cursillo, la gente me felicitaba por los pasillos y me decían que era un profesional que transmitía, que tenía un talento. La actriz, al acabar la sesión, se acercó a mí, me dio un abrazo con mucho cariño y me dijo "muchas gracias por expresar lo que dijiste y por ser un profesor como pocos, necesitamos muchos como tú". También una de las ponentes norteamericanas me dio un caluroso abrazo y me levantó sus pulgares soltando un enorme "Great!!". Y la organizadora del curso, al terminar las jornadas, me dijo abiertamente: "tú tienes que incorporarte a esto porque tú eres un profesor con talento". Os prometo que todo este reconocimiento me hace sentir muy, muy dichoso, a veces también con una responsabilidad enorme. Siempre mi entorno me ha considerado como una persona que alcanzaba los objetivos con facilidad, pero yo nunca lo valoré ni lo consideré un don. De hecho, no creo que tenga esa capacidad que mucha gente me atribuye porque mis defectos la oscurecen un poco. Sin embargo, ahí está lo que el mundo opina y me demuestra y creo que debo estar a la altura y agradecer, siempre tener un enorme GRACIAS para aquellos que creen en mí y en lo que hago.

Soy maestro por vocación. Siempre lo quise ser y tengo claro lo que quiero enseñar y transmitir. Por lo que me demuestran mis alumnos y me han demostrado a lo largo de estos 24 años parece que lo logro. Entonces, ¿por qué a veces no me he sentido satisfecho? ¿Tal vez mis objetivos son demasiado elevados, mi autoexigencia es enorme y me provoca esas reacciones? Es probable que así sea. En todo caso, seguiré mi dinámica y sí, me implicaré en Talento 3.0 si mi colegio lo decide. Al fin y al cabo la saga familiar a la que pertenezco se caracteriza por tener también muchos de nosotros con talento, a lo mejor muchas veces no demasiado bien gestionados en nuestra etapa escolar, pero hemos salido a flote. 

Y para muestra, un botón. Hoy se ha puesto a la venta un nuevo libro de mi prima, Elisa Vázquez de Gay, el séptimo de su trayectoria como escritora, los tres primeros de poesía, los tres siguientes de novela biográfica (Anita Delgado, Maharaní de Kahpurtala) y ahora con otra novela ambientada en la Cuba colonial y en la que se reflejan las penurias de las mujeres esclavas, muchas de ellas de origen gallego. "Una casa en Amargura" está llamada a ser una de las lecturas del verano y una de las promesas literarias del año. Ni que decir tiene que empezaremos a verla y oirla de nuevo en entrevistas de prensa, televisión y radio, pero a nosotros, este clan de los González-Arias, nos importa el honor y el orgullo de tenerla ahí, de compartir su TALENTO, sabiendo que nuestros abuelos y familiares que ya no están estarían más que orgullosos de ella y en definitiva de todos nosotros, a pesar de los avatares difíciles de la vida. Así que ya véis, seguimos dando guerra y lo que nos queda. Un abrazo muy grande para todos


domingo, 29 de septiembre de 2013

DE NUEVO SANTIAGO

Debe ocurrir alguna conjunción estelar negativa para que este verano la capital de Galicia esté pasando por sus peores momentos de cara a su proyección internacional. Si en la víspera de su fiesta mayor supimos del grave accidente de tren que tantas víctimas dejó y del que aún hoy se sigue hablando en los medios de comunicación, esta semana otro suceso tan espeluznante como incomprensible ha puesto de nuevo a Santiago en las conversaciones de medio mundo. Los más avispados ya sabéis de lo que se trata y los que no, es el asesinato de una niña de 12 años cuyos autores parecen haber sido sus propios padres, una pareja muy conocida en la ciudad por su profesionalidad (ella abogada, él periodista), tanto como lo eran los abuelos de la niña ya fallecidos (él abogado, ella profesora universitaria).

Lo que parecía un crimen de una menor por parte de un degenerado ha acabado convirtiéndose en la versión más macabra de cualquier película de terror. La niña, de origen chino, adoptada por la pareja, apareció muerta en una pista forestal a unos 5 kilómetros de su casa el pasado domingo.  La conmoción en la ciudad fue tremenda, pero más aún cuando, después de su funeral, la primera detenida es su madre y posteriormente su padre, acusados ambos no sólo de la muerte de la menor sino también de la planificación del crimen por motivos económicos desde meses atrás. Y con la sospecha de que la mujer pudo haber asesinado también a sus progenitores en diciembre de 2011 y julio de 2012 respectivamente por el mismo motivo.


La ciudad está conmocionada y no se habla de otra cosa en cualquier cafetería o comercio de sus calles.  También en Coruña y en toda Galicia, ya que la sucesión de los hechos y la entrada en escena de los motivos por parte de los padres dejan a uno boquiabiertos. Pero la cuestión al margen de cualquier programa de televisión que fomentan el morbo ante una noticia como esta es: ¿Hasta qué punto la mente humana puede llegar a transtornarse de tal forma que sea un padre o una madre los que maten a su propia hija? 

Cuando vemos un caso así en las noticias siempre nos dan un perfil cultural y socio-económico medio-bajo y acabamos asociando estos casos a personas con poca cultura y que actúan por un arrebato. En este caso, ocurre todo lo contrario: gente de alto nivel económico, una reconocida histórica posición social en la ciudad y una alumna brillante como era Asunta. ¿Hace eso el crimen más atroz, si cabe? Cuando como educador nos dicen que debemos trabajar en los niños conceptos tan abstractos como la empatía y vemos que ocurren estas cosas, ¿cómo se puede hacer eso?

Mientras escribo esta entrada los supuestos asesinos ya pasan su segunda noche en la cárcel. Nadie se aventura a decir ni es capaz de demostrar qué pasó ni el motivo por el cual lo hicieron, pero para la sociedad ya están juzgados. Los gritos de "¡asesinos, asesinos!" a la llegada de los padres al registro judicial en sus domicilios te recuerdan los tiempos de la guillotina, donde no hacían falta muchas pruebas para que rodaran cabezas. En cierto sentido no hemos evolucionado mucho desde entonces porque si en ese momento no hay protección policial a los padres los linchan. Pero el miedo está en conocer si uno mismo podría llegar a hacer algo así en un momento psicótico. Tu compañero de trabajo, tu vecina sonriente de la puerta de al lado, la vendedora de la tienda de comestibles del barrio o la persona que duerme contigo al otro lado de la cama... Mejor no pensarlo

Una carrera universitaria nos puede dar muchos conocimientos sobre una rama del saber, pero no nos enseña nunca a conocernos ni a conocer al otro, a empatizar, a expresar nuestros sentimientos y emociones y conocer los sentimientos y las emociones de los demás. Tengo clarísimo que lo más difícil en esta vida es comunicar sin herir. Vivimos en una sociedad que nos fomenta el egoísmo y la individualidad, dejando a un lado el Humanismo. Somos personas que sentimos y eso hay que educarlo, para posteriormente comunicarlo a los que nos quieren al margen de cualquier situación económica o laboral. Estoy convencido que si todos saliésemos de nuestra concha, de nuestra coraza, no llegaríamos a ver tantos sucesos como este, que aterroriza. Y no es fácil, pero tampoco es imposible.

Esperemos que no vuelva a ocurrir nada trágico en Santiago ni en otro punto de Galicia o España, aunque siempre surgirá alguna noticia de este tipo que te traspase el alma. Mientras, empecemos a conocer nuestras emociones y empecemos a expresarlas a los otros, seguro que saldremos beneficiados.
Y Asunta, D. E. P.


martes, 30 de julio de 2013

DESPOIS DA TRAXEDIA

Nun primeiro momento non quixen poñer máis. Agora, 6 días despois e aínda tocados polo accidente de tren de Santiago, haberá que comentar cousas. Todos os informativos cubriron a traxedia, moitas veces sen moito rigor. pero todos destacan unha cousa: a solidaridade dos galegos, dos viciños de Angrois que axudaron durante horas dende o primeiro momento; dos cidadáns que formaron colas para doar sangue; dos FUNCIONARIOS sanitarios, das forzas de seguridade e outros que deixaron as súas folgas e reivindicacións para axudar. Mentres, os políticos, aínda que unidos na dor, buscando xa facer responsable ao maquinista do tren, que foi literalmente asoballado por moita xente. O pobre home asumíu a súa responsabilidade, mais o que non pode ser é que unha vía apta para 200 ou 300 km/h deixe toda a seguridade en mans humanas. Seguro que tamén haberá fallos técnicos.

Pero volvendo ao carácter de nós, os galegos, un familiar meu xa cansou de oir o de que a reacción cidadá foi exemplar. Claro, para un de Madrid (perdón pola citación da capital, non é un desprezo aos madrileños) abraia que exista aínda hoxe o traballo común que durante séculos os galegos fixemos: nas labores agrícolas, no coidado dos montes comúns, unidos nas traxedias cotiás... Ao repicar das campás da igrexa os viciños acudían tanto a un velorio como a apagar un lume no monte oui a unha festa. Ese espírito de comunidade non existe nas grandes cidades, pero os galegos levámolo nos xens.

Sacamos chapapote das nosa costas, apagamos os lumes dos nosos montes, axudamos nas traxedias como a que acabamos de vivir... e o mundo abráiase. Non. Iso é o que hai que facer e non saber quen vive na porta do lado do meu edificio de apartamentos non é o correcto, sempre haberá que tirar dun viciño non só para pedir sal, senón ante unha emerxencia. Non dubido que calquera no noso país, ante unha catástrofe, non se comporte coma nós, exemplos hai como aquel fatídico 11-M onde os madrileños demostraron tamén esa unión e solidaridade. Pero que se faga diso unha grande noticia, paréceme, cando menos, un pouco cuestionable xa que indica un prexuízo ante a nosa condición. Non somos reservados, nin desconfiados, simplemente somos o resultado de moitos séculos de marxinación e de incomunicación co resto do mundo, que nos fixo moito máis solidarios con nós mesmos. En definitiva, somos únicos ;)

Agora toca a investigación, as indemnizacións e asumir o que pasou, tanto para os que perderon familiares como para aqueles que quedaron feridos e nunca olvidarán o 24-X. O feito de ocurrir tamén nunha data tan sinalada fará que cada ano haxa un recordo a esta traxedia. 79 mortos pesan moito e poido comprender como se sinte o maquinista do tren. Por favor, non fagamos del o único culpable desta desgraza, necesita asumir o que ocurriu e aprender a vivir con iso o que lle queda de vida.

Persoalmente, aínda que non coñecía a ninguén que morrese ou ía nese tren (que eu saiba), recibín moitas chamadas e correos electrónicos de apoio. Os perfís en facebook tamén se encheron de símbolos de solidaridade cara toda Galiza e iso sobe o ánimo. En realidade, todos os galegos sentimos que iamos nese tren porque podería pasarnos a calquera de nós. Morreron cidadáns doutros países, mais aquí, na Coruña, houbo un deles, un alxeriano, que tiña un posto na Feira Medieval que se celebrou neses días. El morreu, deixa viúva e cinco fillos e nas rúas da Cidade Vella coruñesa durante a celebración da feira, foi moi recordado. Os mortos non son números, son historias persoais cargadas de recordos, emocións, sentimentos, proxectos... que quedaron tronzados na curva da Grandeira.

A vida segue, hai que repoñerse, custará (e que o diga eu nestes momentos ten o seu aquel), pero a morte é o único que non ten remedio na vida, o resto si. Non será doado, pero agardo que as institucións non esquezan a estas vítimas e as súas familias e que se tomen medidas para que algo así non volva ocurrir.

Por último, a todos aqueles afectados, acompáñovos na dor e agardo que as feridas, tanto físicas como emocionais, curen o máis pronto posible. O apoio de todos os galegos estará sempre aí.