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jueves, 25 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 6: ZAGREB, VUKOVAR... Y FINAL!!

Poco a poco los kilómetros hacían mella en nuestros cuerpos, 10 días en los que hicimos unos 1700 por todo tipo de carreteras y con condiciones meteorológicas diversas, atravesando 5 veces las fronteras entre los 4 países. 5 alojamientos diferentes, multitud de atracciones turísticas, había momentos en que parecía que el tiempo no llegaba para ver todo lo que deseábamos, pero bueno, no nos podemos quejar de todo lo que visitamos.

La última etapa del viaje era de nuevo en Croacia, en su capital Zagreb, muy cercana a Ljulbjana por lo cual estábamos antes de comer ya alojados y visitando la ciudad. A pesar de ser la capital, nos dio la impresión de tener precios más baratos que en la costa del país. Su casco antiguo está bien conservado con muchos edificios también vinculados al Imperio Austro-Húngaro. Destacar la Plaza de San Marcos porque allí está la iglesia del mismo nombre que separa el edificio del Parlamento de Croacia de la sede de la Presidencia del Gobierno. El tejado de la iglesia reproduce los escudos de armas del país y de la capital.


Era viernes y había mucha animación en las calles del casco histórico. Descubrimos una calle con muchos restaurantes tradicionales y tiendas de recuerdos que atraían a todos los visitantes. Allí fuimos a cenar porque había mucho ambiente y cenamos en uno de ellos una de las mejores comidas del viaje. Pudimos también pasear unas horas antes por un barrio menos céntrico y más obrero, pudiendo observar que la ciudad es grande y variada. Nosotros teníamos el hotel, por no variar, enfrente de la estación central de trenes, pero nada que ver con la de Belgrado, se notaba más limpieza y los mismos trenes eran más modernos que los de Serbia. En definitiva, una capital europea con todos los servicios y moderna. Como solo pernoctamos una noche, su visita fue muy rápida pero suficiente. Lo que sí aprecias es que Croacia es un país MUY católico, ya lo habíamos descubierto en las otras ciudades y en el viaje de hace dos años. El hecho de que la iglesia que os cité esté entre la sede legislativa y la judicial es un tanto paradójico, como si lo que deciden los representantes del pueblo tenga que pasar antes de ejecutarse por el "filtro" del clero. No me extrañaría en absoluto.

El último día de nuestro viaje quedaba cubrir la distancia entre Zagreb y Belgrado para coger el avión de vuelta. Pero entre medias teníamos prevista una visita que a mí me emocionaba bastante: la ciudad de Vukovar, a orillas del Danubio y haciendo ya frontera con Serbia.

Vukovar fue una de las batallas más duras de la guerra de Croacia. El asedio de la ciudad duró tres meses y en mucha bibliografía histórica se conoce a esta batalla como "el Stalingrado croata". Murieron muchos miles de personas, tanto serbios como croatas, pero las atrocidades que se cometieron en la ciudad y aldeas cercanas traspasaron fronteras e, igual que en Srebrenica, algunos mandos militares fueron juzgados en el Tribunal Internacional de La Haya. Además, hubo también masacres de civiles que hoy están desaparecidos o enterrados en fosas comunes, entre ellos los enfermos y personal del hospital de la ciudad, que fueron sacados de allí por los serbios cuando tomaron la ciudad y exterminados a pocos kilómetros de la misma. Todos estos hechos y la dura realidad de la guerra en Croacia se reflejó muy bien en una película americana titulada "Las flores de Harrison" que, aunque tiene algún pequeño fallo, refleja muy bien la crudeza de aquel asedio.

Hoy Vukovar es una ciudad bastante nueva. La mayoría de sus edificios ya han sido levantados de nuevo o restaurados, pero en las calles céntricas de la ciudad todavía quedan algunos con los impactos de la artillería, lo que impresiona enormemente.



Pero durante la guerra y a día de hoy Vukovar tiene un símbolo de esta destrucción: la torre del depósito de agua de la ciudad. La imponente edificación era un objetivo bien visible para los serbios. Si lo destruían, era no solo una victoria militar, sino también simbólica. Pues durante los 87 días de asedio se cuenta que los combatientes croatas subían cada amanecer a lo alto del mismo para clavar los restos que quedaban de la bandera de Croacia. El depósito no se logró derribar y cuando acabó la guerra las autoridades decidieron que quedaría como símbolo de PAZ y de lo que nunca deberá volver a ocurrir. Se tiene proyectado hacer allí un centro de exposición y documentación sobre los conflictos como una manera de educar en la convivencia y el respeto. 


Os aseguro que la estructura impone y más acercarte a ella y verla tal y como quedó en 1991. En la cima ondea hoy también la bandera croata, a pesar de que después de la toma por los serbios, la ciudad fue hasta 1998 de este país, reintegrándose a Croacia en esa fecha. Hay muchos documentos gráficos en Internet, pero aquí os dejo un vídeo subtitulado en inglés donde también podéis ver el depósito de agua y pensar que por esas calles totalmente arrasadas yo estuve hace poco menos de 15 días con estas imágenes en la mente. Fue un auténtico y espantoso episodio de limpieza étnica a finales del s. XX.


Nos quedaba por ver en el entorno de la ciudad aún otro monumento referido a esta batalla, si cabe lo más emotivo que vivimos en estos días. En el cementerio de la ciudad están enterrados los combatientes croatas que defendieron la ciudad, en tumbas exactamente iguales con su nombre, fechas de nacimiento y muerte y una inscripción que pone "Hrvatski Branitelj" (combatiente croata) Es sobrecogedor ver que todas las fechas de fallecimiento están entre septiembre y noviembre de 1991. A pocos metros una parcela del cementerio recuerda con más de 800 cruces blancas a los caídos, así como un monumento en el que la gente deposita velas y flores y que permanece con una llama encendida permanentemente.




Existe también un lugar que no encontramos en el que ocurrió la matanza de los enfermos del hospital. Allí también hay un pequeño memorial, pero por lo que investigué al llegar a España parece ser que todavía se están encontrando fosas comunes con restos humanos que posteriormente son identificados. Definitivamente, un horror que nunca puede ser olvidado.

Y muchos os preguntaréis por qué me gusta visitar estos lugares. Ya comenté aquí que el tema de la desintegración de Yugoslavia siempre me atrajo mucho. No puedo daros una explicación convincente de por qué, solo sé que cuando ocurrieron estos hechos y los veía en televisión a mí me impactaban muchísimo. A poco más de dos horas de avión de nuestras ciudades se cometían los crímenes mas atroces, violaciones, torturas, un genocidio como el que conocemos del nazismo. Y desde nuestros países avanzados no se hacía NADA. España en 1992 estaba enfrascada en los Juegos Olímpicos de Barcelona y en la EXPO de Sevilla mientras en Croacia o Bosnia moría gente de la manera más cruel todos los días. Y todo porque los extremismos salieron a flote cuando unos cuantos políticos nacionalistas arengaron a la población a ir en contra de aquellos que eran vecinos, amigos... pero ahora eran distintos porque se les ponía la etiqueta de "serbios", "croatas", "bosnios", "musulmanes", "ortodoxos", "católicos"...

Te vas de Vukovar con una sensación extraña. Evidentemente no preguntas a la gente sobre ello ni en las conversaciones espontáneas se habla de "la guerra". Solo en Belgrado, antes de ir a recoger el coche de alquiler, un joven camarero quiso hablar con nosotros sobre ella. Nos preguntó de dónde éramos y al decirle que "españoles" se lanzó a hablar. A veces no hace falta hacer muchas preguntas sino solo escuchar y a pesar de que el muchacho tendría unos 25-27 años, nos contó cosas de la guerra y de los bombardeos de 1999. Su padre había combatido y cuando se lo contó a él, después de varios años desde que pasó, le dijo que tuvo que atacar y disparar contra aquellos que eran vecinos y amigos, que compartían momentos de risas en tiempos de paz o trabajos comunes. También nos dijo una frase sentenciadora: al decirle que al día siguiente salíamos para Sarajevo su respuesta fue contundente, "los serbios no viajan a Sarajevo", pero no con rencor, sino con mucho arrepentimiento y tristeza.

Quedaban pocas horas para terminar este apasionante periplo. Volvimos a entrar en Serbia sin problemas. Comimos en un área de servicio de la autopista a Belgrado y como era temprano propuse una última visita: ir al mausoleo de Tito y al Museo de la Historia de Yugoslavia. Y allá fuimos. Tampoco puedo explicaros por qué me atrae la personalidad del hombre que gobernó el antiguo país 35 años y que todavía es bastante recordado. Bien es verdad que era un dictador y que también se le puede acusar de crímenes y purgas, pero a nivel internacional era un dirigente apreciado. Tito fundó el Movimiento de los Países No Alineados, rompió con la URSS y su país tenía como una especie de "salvoconducto" en las relaciones entre el Este y el Oeste divididos por el Telón de Acero. Yugoslavia fue un país autogestionado, los obreros eran propietarios de las fábricas, trabajaban de 7 a 3 de la tarde, tenían derecho a pasar unos días de descanso en un hotel para ellos en Markaska, en la costa croata, se les daban ayudas a las familias por cada hijo que tuviesen y después de trabajar 10 años el estado les adjudicaba una vivienda. Podían salir del país con el llamado "pasaporte rojo" y todos recordamos los éxitos de Yugoslavia a nivel deportivo, sobre todo en baloncesto o waterpolo. Yo visité parte del complejo que no solo alberga la tumba de Tito y su mujer, sino un edificio en el que se exponen TODOS los regalos que recibió durante su mandato de otros dirigentes y de los propios yugoslavos, ya que el dejó dicho que eran regalos para el pueblo. La colección es curiosa porque hay desde piezas de cerámica, botellas de champán, vajillas, trajes tradicionales o un gamelán balinés.

El mausoleo de Tito es muy sencillo, un edificio modesto con una fuente en el exterior como el quería. Alrededor de su tumba hay una cronología de los hechos más destacables de su mandato de 35 años y un par de ordenadores donde se pueden consultar las muestras de condolencia que llegaron de todos los países del mundo y fotos del funeral al que asistieron más de 100 delegaciones, desde reyes hasta presidentes socialistas, de derechas o dictadores. Entre esos mensajes pude encontrar el de Adolfo Suárez, presidente del gobierno de España en 1980, fecha en la que murió. Curiosamente visitando el museo había un grupo pequeño de españoles que guiaba una chica que residía allí y les iba explicando un poco cómo era la vida en los 60 o 70 en Yugoslavia. Y yo "ponía la oreja" como se suele decir y uno de ellos dijo que era considerado como "un dictador light". Puede ser una buena definición de su personalidad.


De ahí marchamos al aeropuerto, dejamos el coche (sin incidencias reseñables salvo lo poco educados que son los serbios y lo mucho que tienen que aprender de trato al visitante) y a esperar. 6 horas hasta que saliese el vuelo a Barcelona y una vez allí 8 para el enlace a Coruña. Fue un regreso largo y cansado, de hecho a las 14:30 del domingo ya estábamos en casa y yo me acosté, sonó el teléfono a las 10 y cuarto de la noche para ir a cenar con mis padres. Desde luego el cansancio dejó huella, pero todo lo visto y todo lo vivido mereció la pena. Además, no es fácil expresar las emociones y sentimientos que origina visitar un territorio que desde niño conocías como un país y ahora son 6, después de pasar por una guerras devastadoras no solo materialmente sino (y sobre todo) emocionalmente. Solo sé que no quiero que yo ni mis hijos ni nadie de mi familia tenga que pasar por una situación de conflicto alguna vez en su vida porque en casos extremos sale lo peor del ser humano que a veces hasta da pudor expresarlo con exactitud de detalles por lo escabrosos que son. Las guerras son la expresión máxima de la barbarie a la que cualquier pueblo puede llegar y desde luego todos tenemos el deber de trabajar por una cultura de PAZ, de convivencia entre las diferencias. Ojalá yo también contribuya algo con estos relatos.

Por último, me ha gustado compartir estas vivencias y reflexiones con todos los que me leéis, aquí y en facebook. El blog volverá a su normalidad después de este viaje y de estas experiencias, así que también espero que comentéis algo o preguntéis. Yo tengo ya en el cuerpo el "gusanillo" por estos países, más bien ya lo tenía pero cuando lo alimento crece y quiero saber más, así que seguiré investigando. A poco que leas te das cuenta que Europa fue muy injusta con ellos y que muchas de las cosas que veíamos o nos contaban los periódicos o los informativos eran informaciones sesgadas y dirigidas, en fin, como suele pasar habitualmente con los medios. Gracias a todos por la paciencia de leer estas seis etapas y aquí seguiremos.

martes, 23 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 5: ESLOVENIA

Poco a poco vamos llegando al final, espero que a todos los que leéis estas entradas os estén gustando. Después del éxtasis en los Lagos de Plitviče continuamos camino hacia la capital de Eslovenia, Ljulbjana. Un viaje que duró un poco más de lo esperado porque cayó un diluvio inmenso y había que estar pendiente de la carretera más de lo normal. Otro paso de frontera que pensé sería sin control de pasaportes pero no, hubo que pararse dos veces para comprobarlos, a pesar de ser los dos países de la Unión Europea.

Ljulbjana es una capital pequeña, cerca de 300.000 habitantes. Está en un valle y desde lo alto se ve muy extensa. Enseguida encontramos el apartamento que habíamos alquilado que estaba amueblado y decorado de una manera exquisita. Su propietario, Rok, nos atendió como un perfecto anfitrión, nos informó de las rutas para llegar al centro andando, en bus, qué visitar, dónde comprar comida... El apartamiento era muy amplio y la verdad que llegar con lluvia y estar allí metidos daba pereza salir de nuevo a la calle, así que nos quedamos y dejamos la visita a la ciudad para la mañana siguiente.

Y así fue. Atravesamos un parque de mucha extensión, el Tívoli, muy bien acondicionado, pasamos por debajo de la vía del tren e instantáneamente aparecimos en la zona peatonal de la ciudad, con edificios muy cuidados, embajadas, etc., y a pocos metros la entrada al casco viejo de la ciudad. La puerta de entrada es la Prešernov Trg (Plaza Preseren), pegada al río Ljublanicka y al Triple Puente que da acceso a la zona más monumental. En esta plaza hay una atracción curiosa: un aspersor suspendido por unos cables echa agua continuamente en el centro de la plaza y acotan esa zona advirtiendo que está mojada y que en Ljulbjana puede llover en un punto pero a 5 metros no llover. y es cierto, porque lo comprobamos por la tarde en una terraza de una cafetería, viendo la lluvia al final de las sillas de la terraza al trasluz del sol y al levantarnos de nuestras sillas en la terraza y salir al paseo, no llovía. Curiosidades climatológicas.

Ljulbjana tiene su origen en el castillo que está en lo alto de la ciudad. A él se accede por un funicular y desde su torre principal las vistas son espectaculares y te haces una idea del paisaje geográfico que rodea a la ciudad, con los Alpes al fondo. Y te das cuenta también de por qué en 2016 la capital de Eslovenia tiene el honor de ser considerada "Capital Verde de Europa". 


El castillo es propiedad municipal y en él tienen lugar conciertos, exposiciones, actividades para los ciudadanos y para los turistas, aparte de tener algunos establecimientos de hostelería que te permiten ir a comer, cenar y pasar unas horas agradables con amigos o disfrutar del entorno. A los pies del castillo están las edificaciones más importantes de la ciudad que conforman el casco antigua, paralelo al río: el Ayuntamiento, el mercado, la catedral... Esas son las calles turísticas, con muchos restaurantes y tiendas de souvenirs. Hasta aquí nada fuera de lo normal, pero se respira otro ambiente distinto comparado con las otras capitales y ciudades que ya habíamos visitado.

Eslovenia era la república "rica" de la antigua Yugoslavia, muy ligada a Italia y Austria y anteriormente al Imperio Austro-Húngaro. Hace exactamente 25 años declaró unilateralmente su independencia, muy preparada desde la caída del Muro de Berlín por los políticos nacionalistas eslovenos.  Las tropas del ejército yugoslavo no pusieron mucho empeño en defender la unidad del país, por lo que hubo alguna escaramuza rebelde y, a pesar de declararse guerra, solo duró 10 días y hubo menos de un centenar de bajas. Además, la independencia fue reconocida rápidamente por muchas naciones europeas y del mundo entero, por lo que su proceso de constitución como nuevo país fue más fácil y menos traumático que en Croacia o Bosnia. Europa abrió las puertas a Eslovenia y en 2004 entró en la Unión Europea, adoptando el euro como moneda oficial tres años después. Pues todo eso se nota en el nivel de vida del país y marca las diferencias con el resto de las ex-repúbicas yugoslavas. Puedo afirmar que los precios son similares a los españoles y en algunos aspectos un pelín más caros, aparte de las ventajas de usar la misma moneda que en España.

¿En qué se notaba esa "europeízación" de Eslovenia? En un urbanismo más acorde con los de otras capitales, mejor movilidad, veías mucha gente circulando en bicicleta; también en la conservación de los edificios, más limpios y restaurados que, por ejemplo, en la vecina Croacia; el ambiente tranquilo que ser respiraba en sus calles, en sus paseos, en la actitud de sus ciudadanos, especialmente los jóvenes, mucho más cercanos a nosotros. Para que me entendáis, respirabas "Europa" y no te sentías diferente en cuanto a estilo de vida ni hábitos.

Ljulbjana tiene un símbolo: su dragón. La leyenda dice que la ciudad fue fundada por Jasón en su viaje con los argonautas y lucharon contra el dragón que, obviamente, vive en el castillo. Toda la ciudad tiene distintos lugares con referencias al dragón y, por supuesto, todo tipo de merchandising en camisetas, platos, llaveros, figuras, tazas... Pero el dragón tiene su puente particular en el que todo el mundo se hace las fotos de rigor.


Esta historia mitológica me recordó un poco a Coruña, con nuestra Torre de Hércules y la leyenda con Gerión. Además, Ljulbjana es una ciudad similar en cuanto a población, no así geográficamente, pero sería muy fácil adaptarse a vivir en una ciudad así, aunque no tiene mar y es muy fría. pero, en general, es una ciudad paseable, para recorrerla andando sin prisas y disfrutando de todo lo que nos ofrece.

Ese día cenamos en casa y nos buscamos la vida para hacer una tortilla de patatas. Difícil empeño: el aceite de oliva (medio litro) a más de 7 euros, las patatas no sabemos de dónde eran, así que al final hicimos igual la tortilla con aceite de girasol y bueno, no quedó mal. El cansancio después de tantos días ya iba haciendo mella en nosotros, pero el propietario del apartamento nos había recomendado una visita nocturna a una zona de ocio alternativo llamada Metelkova. Me explicó que eran unos antiguos edificios militares que después de la independencia los jóvenes los "ocuparon" para hacer de ellos espacios alternativos de ocio y cultura, comparándolos con Christiania en Copenhague. Como yo visité esa ciudad "independiente" en 2013, quería ver Metelkova y allá fuimos de noche. La verdad es que el sitio impone un poco, pero luego entras al recinto y una serie de pubs "indies" con una música un tanto extraña y de decoración extravagante pero original sirven como lugares de reunión para diferentes tribus urbanas en un espacio libre y sin censuras.


Pues nada, tomamos una cerveza y volvimos a dormir, nos quedaba una última etapa del viaje llevándonos una impresión muy positiva de Eslovenia, que abandonamos al día siguiente viendo el entorno de un monasterio cisterciense por el que, por cierto, pasa el Camino de Santiago (vimos señales con la concha de peregrino), la abadía de Stična, todavía habitada y donde pudimos hacernos una foto que ya es un ritual: buscar una escuela y retratarnos con ella, como buenos maestros que somos. Queda sólo una etapa y esto se termina!!!



domingo, 21 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 4: LAGOS DE PLITVIČE

Comenté que Croacia tiene muchas papeletas para ser un paraíso en la Tierra. Habéis visto fotos de Split y Zadar, con su atardecer inigualable. Pero eso no fue todo. Después de dormir 2 noches en Zadar llegó el día en el que lo que visitamos fue, sin duda, lo mejor del viaje: el Parque Nacional de los Lagos de Plitviče.

He visitado en España varios parques nacionales y espacios naturales: los Picos de Europa, Ordesa, las Tablas de Daimiel, Timanfaya, nuestras Illas Atlánticas... Por supuesto que nuestro patrimonio natural es único y visitar, por ejemplo, el paisaje volcánico de Lanzarote te asombra hasta el máximo. Pero después de esta visita os puedo asegurar que he estado en el paraje natural más bello que he visto en mi vida, que ya son casi 47 años.

Salimos de Zadar temprano, aunque ya con el día claro a pesar de ser las 7 de la mañana. Pagamos el parking (carísimo y sin descuentos por día completo, por cierto) donde habíamos dejado al llegar nuestro peculiar "handicap", el coche con matrícula serbia. Estaba en perfectas condiciones, así que encaramos la salida hacia la autopista para recorrer los más o menos 140 km. que nos separaban de la entrada a los lagos. De nuevo nos sorprendió el paisaje, ya que la autopista se aleja unos kilómetros de la costa y empieza a ascender entre montañas a una altitud considerable, de tal forma que se atraviesan unos túneles impresionantes, el mayor de más de 5 km de longitud. Luego te desvías por una carretera nacional y a pocos kilómetros llegas a la primera entrada al parque. Allí dejas el coche en un párking de pago, eran ya las 9 de la mañana y había colas, así que nos tocó esperar unos minutos para sacar las entradas. Enseguida enfilamos los caminos que te conducen al fondo de un cañón y llegas a un pequeño embarcadero donde unas lanchas con capacidad suficiente para unos 100 pasajeros te pasan a lo que es el inicio real de la ruta.

Y ahí empieza el espectáculo. Los Lagos de Plitviče son 16 lagos unidos por cascadas que deben su belleza a la sedimentación del carbonato cálcico que, al ponerse en contacto con la capa vegetal, origina un proceso químico que le convierte en piedra calcárea. Cuando se rompe esta simbiosis, la piedra se descompone, se deposita en el fondo de los lagos y de ahí la transparencia de estas aguas (esto lo he copiado literalmente de una guía).

30.000 hectáreas ocupa el Parque Nacional, Patrimonio de la Humanidad desde 1979. La caminata a los pocos minutos empieza a sorprenderte con esa sinfonía del agua con la vegetación y no te queda más remedio que echar mano de la cámara de fotos o el móvil para dejar constancia de tanta belleza. 


Cada tramo que recorríamos, más asombrados nos dejaba ante otro nuevo lago, otras nuevas cascadas y esa mezcla de tonos azules y verdes crean un escenario de cuento de hadas. Por otro lado, estaba todo exquisitamente cuidado: ni un papel, ni una botella en las aguas, solo pudimos ver un pequeño cochecito de juguete que seguramente le cayó a un niño al agua y no pudo recuperarlo. Familias enteras con niños, personas mayores, perros... iban disfrutando en medio de la horda de turistas que cada día recorren esos parajes. Los lagos se bordean o se cruzan por unas pasarelas de madera perfectamente integradas en el paisaje.


La primera caminata nos llevó tres horas, visitando lo que llaman "lagos superiores". En el extremo del último lago el sendero te lleva a una estación donde un autobús articulado te recoge para llevarte a la entrada nº 1 y visitar los lagos inferiores, donde está uno de los grandes atractivos del parque: la gran cascada. 

El desnivel entre unos lagos y otros es de 134 m. Cuando empiezas a descender para ver los lagos inferiores, ves el paisaje desde arriba y de nuevo la naturaleza te deja boquiabierto


A estas alturas, cerca ya de la 1 de la tarde, la presencia de personas aumenta, empieza a haber bastante aglomeración, sobre todo porque los grandes grupos empiezan por esta zona para ver esa cascada donde debe ser el lugar que más fotos al minuto se sacan en todo el país. Deciros que en determinados momentos estás parado en las pasarelas porque la gente no anda y el espacio es el que es. Pero por fin llegamos a esa cascada y desde luego no te deja indiferente


En ese momento, rodeado de tanta belleza y a pesar de algún grupillo de chavales que gritaban un poco haciéndose la foto de grupo, y después de toda la caminata, os puedo decir que me emocioné mucho. Me acordé de mucha gente que disfrutaría mucho de este lugar y de estos paisajes, en especial de mis hijos y sí, también de mi ex-mujer. Recordé momentos de vacaciones con ellos cuando formábamos juntos una familia y que estoy convencido que esto les sorprendería, a pesar de la caminata. Estar tan lejos de los tuyos en lugares así te generan el deseo de querer volver con ellos pronto y ojalá sea así. Son momentos en los que la mente se relaja y deja fluir las emociones más primarias y bueno, en fin, uno disfruta de lo que ve pero también tiene sus carencias y en ese momento salen a la luz. Es la fuerza de la naturaleza, sin más.

El camino de regreso es para coger de nuevo un barco que atraviesa uno de los lagos menores en una travesía más larga. Tuvimos que hacer cola unos 45 minutos porque había muchas excursiones, volver a subir hasta el párking, intentar comer algo y seguir viaje, porque el día no terminaba ahí. Y fuimos tocados por la suerte porque poco después de salir del embarcadero empezó a llover, lo que desluciría mucho la visita si no vas protegido por impermeables o paraguas. El caso es que de nuevo en la entrada comimos algo, pagamos el parking que a esas horas estaba completamente abarrotado y continuamos viaje. Paramos a pocos kilómetros a tomar un café, pero también a asimilar todo lo que habíamos absorbido porque sin duda fueron 6 horas espectaculares.

Sorprendían muchas cosas: los peces que los veías claramente en esas aguas tan cristalinas que hasta te apetecía meterte en ellas (está prohibido el baño); los árboles caídos al fondo de los lagos que conservaban íntegras sus ramas y tronco; incluso hay una cueva donde hay una colonia de murciélagos y te advierten que si entras es "bajo tu propio riesgo" (nosotros no entramos); los patos y seguramente otros animales (en las fotos promocionales aparecen osos) que tienen que vivir en un estado de paz inigualable. Si haces todo el recorrido a pie, la excursión son en total 19 km., pero la organización de la visita, con las lanchas y el bus articulado que para en tres estaciones, lo hace muy llevadero.


Desde luego este paraje es, sin duda, una gran fuente de ingresos del turismo en Croacia. En las localidades cercanas vimos carteles de cientos de casas que ofrecen hospedaje, ya que el lugar está un poco apartado de los circuitos turísticos (por suerte). Nosotros continuábamos viaje, nos esperaba el cuarto país de nuestro particular tour, y no por ello menos sorprendente. Aún teníamos más de 200 kilómetros de recorrido hasta nuestra siguiente parada: Ljulbjana, la capital de Eslovenia, pero eso será en otro post. El resto de las fotos de los lagos, en facebook. ¡¡Disfrutadlas!!

jueves, 18 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 3: SPLIT Y ZADAR (CROACIA)

Si hay un país que podría tener muchas papeletas para ser un paraíso en la Tierra, ese es Croacia. En este viaje era la segunda vez que entraba en el país, después de que hace dos años visitase Dubrovnik y la costa sur de Croacia, incluída una excursión a la isla de Korčula donde supuestamente está la casa natal de Marco Polo, aunque la fama se la lleve Venecia.

La primera etapa en nuestro periplo croata era llegar a Split. La segunda ciudad del país es una ciudad completamente mediterránea a la que llegan cientos de barcos desde las costas de Italia o desde otros puntos de Croacia. Y es conocida mundialmente por el Palacio de Diocleciano que ocupa nada más y nada menos que todo el casco histórico de la ciudad y por ser la ciudad del equipo de baloncesto más famoso que tenía Yugoslavia y que sigue existiendo, la "Jugoplastika, sin rival en las competiciones europeas.

Llegamos un poco tarde después de recorrer las retorcidas carreteras bosnias y pasar la frontera, aunque la red de carreteras en Croacia es bastante mejor y equiparable a Europa, sobre todo la autopista que recorre la costa de norte a sur y que continúa hasta Zagreb y la frontera con Serbia por el norte del país. Al llegar, la temperatura ya marcaba 301 y era necesario cambiar moneda. Decir que hemos recorrido 4 países y cada uno con su moneda propia, lo que los cálculos de cambio nos volvían un poco locos porque, aunque usas tarjetas de crédito, hay cosas que tienes que comprar en efectivo (una botella de agua, un pequeño recuerdo...). La moneda croata es el (¿o la?) "kuna", siendo 1 euro 7,35 kunas aproximadamente.

Croacia pertenece a la Unión Europea desde julio de 2013. La verdad es que se nota, y más en una ciudad como Split. Su paseo marítimo está muy cuidado y con restaurantes bien montados y modernos. Su precio, evidentemente, equiparable al de cualquier ciudad turística europea. Comimos en uno de ellos y ya empezamos a notar que los precios subían y que deberíamos controlar más el dinero: al cambio, por tres platos simples y una cervezas, 59 euros. Veíamos además un ir y venir de turistas con maletas, ya que muchos alojamientos están en el casco histórico y no se puede acceder con coches. 

Una vez comimos, allá nos vamos, al Palacio, que ocupa como os he dicho TODO el centro histórico, ya que conserva el trazado original al cual se fueron adaptando las construcciones posteriores. Sus cuatro puertas de acceso, de norte a sur unidas por el decumano y de este a oeste por el cardo, te transportan de repente a la antigua Roma. El centro del palacio, el peristilo, es el lugar donde se paran los turistas a hacer la obligada foto, ya que es lo que mejor se conserva y era el patio que daba la entrada a las dependencias imperiales.



Se conservan muchas partes del palacio romano, pero se han agregado dentro de sus muros muchas otras construcciones góticas, venecianas, barrocas y neoclásicas, lo que convierte a todo el recinto en una amalgama un tanto caótica de estilos en todos los edificios de cierta importancia. Como teníamos que continuar viaje, la visita fue muy rápida y además, todas las calles estaban repletas de turistas, por lo que me resultó bastante agobiante. No voy a decir que no merezca la pena, que sí, pero un recinto como este tan masificado no sé yo si a la larga pasará factura a estas ciudades, sobre todo si disparan los precios en alojamiento y restauración.

Continuamos a Zadar por la autopista. La verdad es que era un lujo, cómoda, barata y, por cierto, con una velocidad máxima de 130 km/h. Llegamos poco antes de las 7 de la tarde y en pocos minutos llegamos al apartamento que habíamos reservado, conociendo a Kruno, su dueño, que fue muy cordial y amable con nosotros, llevándonos al parking donde dejaríamos el coche y trayéndonos luego de vuelta al apartamento. Lo de guardar el coche en el párking era una medida de precaución, dado que recordareis que llevábamos un coche con matrícula serbia y según nos comentó el empleado de la empresa de alquiler, los croatas y eslovenos tienen como "trofeo de guerra" conseguir las placas de matrícula de los coches serbios. Kruno también nos lo confirmó diciéndonos literalmente que "el 90% de la población nos llevamos bien con los serbios, pero hay un 10% que no y mejor prevenir".

El apartamento estaba a la entrada del casco histórico de la ciudad. Zadar también fue romana y su centro neurálgico es el foro, con la actual catedral y la curiosa iglesia de San Donato. También estaba repleta de gente, es una ciudad más pequeña pero con un paseo al lado del mar espectacular, lo que hace que no sientas tanto agobio como en Split. Pero Zadar hoy en día es más conocida por tener un curioso atractivo: el órgano de mar. Un proyecto innovador que, en un graderío pegado al mar, han aprovechado el movimiento de las olas del mar para construir y meter desde al agua unos tubos de órgano que suenan en la superficie. La verdad es que oir esos sonidos es bastante original, pero también hay que decir que más de 10 minutos oyendo los mismos tonos y acordes llegan a cansar un poco; de todas formas no se puede negar que original es.

Dos días en Zadar dieron para descansar ya que no salíamos del casco antiguo y nos esperaba el día de partida una visita espectacular que os contaré en la siguiente etapa. Aprovechamos para ir a bañarnos al Adriático, teniendo en cuenta que en Croacia no hay playas como las de aquí, ya que la configuración geológica del país hace que la costa sea toda rocosa, lo cual se agradece porque puedes zambullirte sin miedo y no tocas fondo. Así que caminando un poco saliendo del casco antiguo pudimos bañarnos y disfrutar de una relajante tarde de playa. 

Pero lo más bonito de la ciudad ocurría cuando se pone el sol. El atardecer en Zadar está considerado como uno de los más hermosos del mundo. Incluso Hitchcock lo alabó y en Zadar lo recuerdan con sus palabras en un mural cercano a la "Riva", el paseo marítimo que en torno a las 8 de la tarde comienza a llenarse de gente para ver el espectáculo. Mientras había un pequeño campeonato de waterpolo en las mismas aguas del mar y amparados por un espigón en mitad del paseo, nos pusimos a ver como el sol descendía y reflejaba sus rayos sobre el mar mientras oscurecía. De lejos se oían las notas del órgano marítimo y ese fue uno de los momentos más bonitos del viaje. Cientos de personas con sus cámaras sacando fotos del espectáculo natural y que hoy estarán ya de fondo en muchos perfiles de redes sociales o de equipos informáticos.


A mí Zadar me encantó, más que Split. Es el típico pueblo o ciudad donde ir a pasar una semana a disfrutar del mar, del paseo, relajarte, muy familiar. La gastronomía, la amabilidad de sus habitantes, la sensación de estar viviendo el verano "de pueblo" como conocemos aquí solo la viví en Zadar, a pesar de estar también ya un poco masificado. Además, el apartamento estaba muy bien reformado, se notaba que era una antigua vivienda del período yugoslavo que su actual dueño restauró para dedicarlo al turismo y sacarle una rentabilidad. No tenía ninguna pega, quizás una cocina un tanto pequeña, pero para pasar unos días más que suficiente. Y en cuanto a precios, pues como Split, ya notabas que tanto la gastronomía como otros servicios aprovechan el tirón del turismo y eran elevados, pero bueno, se supone que eso es lo que hay que aguantar en lugares así.

La estancia terminó con la expectativa de la excursión del día siguiente, que ya nos había advertido pocas horas antes de salir que deberíamos llegar a su inicio para no tener aglomeraciones... ¡¡¡a las 8 de la mañana!!! Eso implicaba madrugar bastante porque había 133 km. de recorrido, así que el día siguiente nos planteamos levantarnos a las 6 y si llegábamos a las 9 pues malo sería. Hicimos bien y la próxima visita merece un post ella sola, así que... ¡a esperar un par de días!




miércoles, 17 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 2: BOSNIA-HERZEGOVINA

Tengo una debilidad especial por este país. Las imágenes que a principios de los 90 nos llegaban desde Sarajevo, con la población aterrorizada, masacrada y asediada por la guerra me impactaron. España tomó parte activa en la ayuda humanitaria al pueblo bosnio acogiendo refugiados en muchas ciudades (en A Coruña aún viven algunos) y enviando tropas del Ejército a localidades como Mostar, conozco yo a varias personas que allí estuvieron.

Y desde entonces mi interés por aquel conflicto creció, leyendo todo tipo de bibliografía que me diese una explicación de lo que allí ocurrió y que conmocionó al mundo. Algunas ideas ya las tengo claras, pero cuando pisas el terreno real donde ocurrieron aquellas atrocidades, entiendes más cosas y te sigues haciendo preguntas. 

Para empezar, hay que entender qué es hoy Bosnia-Herzegovina. Todos creemos que es un país unificado y en el que ya no hay conflicto. Digamos que a medias. La República de Bosnia-Herzegovina está compuesta por dos entidades diferenciadas: la Federación de Bosnia-Herzegovina (compuesta de población croata y bosnia) y la República Srpeska o República de los Serbios de Bosnia (población serbia). En la primera la población es católica (croatas) y musulmana (bosnios) y en la segunda es ortodoxa (serbios). Y aunque los límites reales están claros entre las dos entidades, dado que se marcaron con los Acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra en 1995, su distribución por todo el territorio es todo un rompecabezas originado no sólo por los avatares históricos que vivió esta región sino también por la geografía del mismo, entre altas montañas, ríos encajonados y planicies que hicieron de este país un auténtico laberinto y en muchos casos una cárcel que acabó siendo mortal para muchos de sus habitantes en aquella guerra de 4 años que nos avergonzó a toda Europa. El mapa actual del país, con la distribución de su población, es el que os muestro aquí:



Este es un mapa de 1998, donde la zona roja representa la parte serbia mientras la azul y verde, croatas y bosnios. Parece como si juntásemos tres barajas, las mezcláramos y las lanzásemos al aire y según cayesen, así quedaban. Y evidentemente antes de la guerra la mezcla era mayor, por lo que dio origen a las barbaridades que todos conocemos, especialmente en la parte este y sur.

Podría hablar de Bosnia como para hacer otro blog entero. Pero no es el caso. Me limitaré a narrar nuestro viaje, que empezó en un coche de alquiler de matrícula serbia en Belgrado. Primer objetivo, cruzar la frontera y con una idea previa de visitar una de esas localidades del horror que al final no hicimos precisamente por el tiempo que perdimos en las carreteras serbias y que os conté en el post anterior. Además, en Belgrado preguntamos por los puestos fronterizos que estaban abiertos y las respuestas eran intentando evitar ciertos itinerarios. Me refiero a que yo quería visitar el Memorial del genocidio de Srebrenica, en la localidad de Potočari, a pocos kilómetros de una frontera sobre el río Drina que todos nos dijeron que estaba cerrada. Me quedé con la duda porque yo creo que no era así, pero al mismo tiempo sentía que aparcar allí un coche serbio era como una afrenta e incluso podría resultar peligroso. Así que cruzamos por la frontera de Zvornik y nos fuimos encaminando a Sarajevo, aunque estuvimos a pocos kilómetros del lugar donde se perpetró la mayor matanza indiscriminada en Europa desde la II Guerra Mundial.

En todo caso, hay mucha información en internet sobre esos hechos acaecidos en julio de 1995. La página web del Memorial tiene todo tipo de información y además en Sarajevo pudimos visitar una exposición sobre Srebrenica que en cierta manera es revivir sensaciones como las que uno puede tener al visitar un campo de concentración como Auschwitz. No quiero crear morbo con esto, pero en el enlace que os he puesto en el párrafo anterior podréis saber más e incluso ver vídeos de los hechos grabados por las tropas serbias en los días de la ocupación de la localidad y los hechos de la masacre. Pienso que Europa aún no es muy consciente de lo que allí pasó y en cierta manera todos, TODOS los gobiernos fueron responsables de aquellos hechos y de no querer prevenirlos ni pararlos.

Llegamos a Sarajevo en torno a las 6 de la tarde, con un poco de lluvia y 14º de temperatura. Hoy es una ciudad que avanza al futuro y quiere dejar atrás, sin olvidarlo, su terrible asedio de más de tres años. Es una ciudad fácil para circular por ella y para orientarse, ya que el tráfico se centra en torno a la tristemente conocida Avenida de los Francotiradores y que todos tenemos en mente por las imágenes de muertos y heridos que nos llegaban por televisión. Hoy ya tiene muchos edificios restaurados, entre ellos la sede del Parlamento del país, centros comerciales modernos, pero también muchos otros edificios con agujeros de metralla y disparos que desde las montañas vecinas mataban a discreción a la población civil.


Sarajevo tiene mucho que ver. La guerra además ha marcado un itinerario por la ciudad que todos los visitantes realizan. Lo cierto es que no es la primera vez que Sarajevo aparecía en la historia por este tipo de hechos: de todos es sabido que aquí saltó la chispa que originó la I Guerra Mundial cuando el joven anarquista serbio Gavrilo Princip atentó y mató al heredero del trono austro-húngaro y a su mujer, justo en la salida del Puente Latino y donde hoy todo el mundo se saca una foto ante la placa que lo recuerda


A pocos metros está el barrio turco, la Bašcaršija, y es aquí donde te das de morros con la realidad de este país y que a mi modo de ver Europa no entiende. Las edificaciones tienen varios cientos de años, casas bajas que constituían la parte vieja de la ciudad y que es totalmente musulmana, con varias mezquitas y su mercado oriental, al estilo de un gran bazar. Aquí está el centro turístico de la ciudad, los monumentos más artísticos, los locales de hostelería a donde acuden foráneos y locales. Pero aquí también está LA UNIÓN DE CULTURAS, la convivencia pacífica entre los sarajevitas que practican cualquier religión y eso es lo que te hace reflexionar. Para los momentos que vivimos en toda Europa de alarma mucha gente tendría que darse una vuelta por aquí para entender que se puede vivir con respeto al otro y en un ambiente de tolerancia absoluto. Es realmente impresionante ver cómo personas musulmanas de 20, 30, 40 años y mayores, con una indumentaria y apariencia totalmente occidental acuden a rezar a las mezquitas, se descalzan para entrar, se lavan, hacen sus rezos y a los 10 o 15 minutos salen y siguen con su vida, con su trabajo y sin molestar a nadie. Personas que tienen un puesto de souvenirs a pocas calles o te atienden después para servirte una comida en su restaurante. Y sí, las mujeres llevan sus niqab o sus hijab pero mantienen una vida perfectamente europea, muy lejos de los tópicos de Oriente Medio de mujeres sometidas. Mujeres jóvenes, incluso diría que nacidas durante o después de la guerra, algunas ya con hijos que lo que hacen es VIVIR sus creencias y atender sus obligaciones, nada más. Cuando ves y vives esto comprendes que tenemos un desconocimiento total de lo que es el Islam y que desde luego no es algo de unos cuantos fanáticos que se suicidan haciendo explotar su cuerpo y llevándose con ellos a otras personas. Más de 1000 millones de personas en el planeta son musulmanas y merecen el mismo respeto y la comprensión que los creyentes de otras religiones.

Es también curioso que, por ejemplo, si pides cerveza, automáticamente te informan que es sin alcohol y, por lógica, en las cartas de los restaurantes no hay platos que lleven carne de cerdo. Eso sí, el pan está riquísimo y las especialidades de origen árabe están exquisitas.

Y después quedan dos cosas muy interesantes que visitar. En primer lugar el "Túnel de la Esperanza", del cual me enteré de su existencia hace poco tiempo. Sarajevo es una ciudad rodeada de montañas. En los años del asedio una familia que vivía más allá de las pistas del aeropuerto, en zona libre de ataques serbios, empezó a construir un túnel desde su vivienda y por debajo de la misma pista de aterrizaje y que llegase a la ciudad para suministrar víveres, medicamentos, ropa y lo imprescindible para subsistir en una ciudad asediada y convertida en una cárcel. Ese túnel sirvió también para evacuar heridos y salvarles la vida. Hoy en día la casa se ha convertido en un museo sobre el asedio, hay una exposición permanente, recorres unos metros del túnel e incluso puedes ver un campo minado en un terreno añadido. Desde luego es sobrecogedor.


Vinculado también a la guerra está el Mercado de Markale. En febrero de 1994 un obús serbio impactó en el corazón mismo de la ciudad, en este mercado donde la gente estaba haciendo cola para conseguir pan. Allí murieron más de 60 personas y otras más quedaron heridas. Hoy se recuerda en el mismo mercado aquel hecho con un mural al fondo donde aparecen los nombres de las víctimas y el espacio donde cayó el obús con un cristal para que se aprecie el boquete que dejó. También en internet encontráis imágenes y vídeos de los momentos inmediatamente posteriores al ataque, así que os podéis imaginar lo que se ve.

Y por último el recuerdo de 1984, del año que la mitad del mundo conoció esta ciudad que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno. Subir a las montañas donde se celebraban las pruebas quedó como una experiencia a medias ya que había mucha niebla y no pudimos llegar a lo más alto. Allí quedan los restos de aquellas instalaciones que asombraron al mundo y que hoy están entre maleza, especialmente la pista de bobsleigh que ha servido de pared grafitera para recordar al mundo que Sarajevo revive y sale adelante.  En facebook pondré las fotos de todo.

Después de visitar la ciudad, el cuarto día de viaje partimos hacia Croacia. La Bosnia rural tiene unos paisajes impresionantes, precisamente por esa orografía endemoniada que tan pronto te hace subir una montaña hasta los 2000 metros como te lleva a circular por un cañón encajonado de un río. Ese territorio es muy similar a nuestra Galicia rural. Población dispersa, actividades primarias, carreteras enrevesadas y, en vez de tener una iglesia, hay una mezquita. Lo que más impacta es saber que por esos parajes mucha gente tuvo que huir del enemigo, en condiciones infrahumanas, heridos o enfermos, buscando zonas liberadas para asentarse y sobrevivir, en el mejor de los casos. Porque si por un mal azar del destino una bala oculta impactaba en el cuerpo de alguna persona, tenía muchas posibilidades de morir, de ahí que cada "x" kilómetros en la cuneta de la carretera te encontrabas una lápida pequeña con velas y flores que recuerdan el lugar donde aparecieron cadáveres. Mucho padecieron los bosnios, seguro que algunas familias completas desaparecieron para siempre o están enterrados en alguna de los cientos de fosas comunes que aún hay por el país y que se trabaja para localizarlas y exhumar los restos de todo aquel o aquella cuyo cuerpo sea demandado por sus familiares. Me quedé con la sensación de que esta gente tiene una expresión muy triste en su rostro, que eran los pobres de Yugoslavia y fueron a por ellos, que los quisieron exterminar y que esas heridas no se curan en 20 años. Y también creo que no reciben con agrado que los turistas vayan (vayamos) a visitar su país por la guerra, que preguntemos por determinados lugares que su simple mención tiene que ser duro para ellos. Aún tendrán que pasar años para que todo vuelva a tener cierta estabilidad, pero sinceramente, aquí es donde más papeletas hay para que se cumpla aquel dicho de "la Historia se repite". Ojalá no llegue a ser así.



lunes, 15 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES: SERBIA

Voy a empezar a narrar cómo ha sido mi viaje de este año. Ya es la tercera vez que salgo de España en verano para desconectar y conocer otros lugares, lo cual lleva implícito un proceso de organización, ahorro de dinero y ese "gusanillo" de salir, coger un avión para nuevos destinos y vivir experiencias nuevas. Tres amigos decidimos que este 2016 el destino serían los Balcanes, esa parte de Europa que tanto me llama y que siempre tuve presente en mis comentarios aquí, tal vez haya algún gen mío que tenga su origen por esas tierras que siempre se consideraron el "avispero" de nuestro continente por los conflictos que allí surgieron y que alteraron las fronteras desde muchos siglos atrás, la última vez hace escasos 25 años.

Yugoslavia. Para muchos que tienen más de 40 años ese es el nombre que aún suena y que asocian a determinada iconografía: éxitos deportivos, el comunismo "light" del dictador Tito, las guerras posteriores de los años 90, etc. Nuestro viaje empezó en la que era la república dominante en aquella época y que como país independiente solo tiene 10 años: SERBIA. ¿El motivo? El vuelo más económico que encontramos haciendo solo una escala desde España era a Belgrado, así que allá nos fuimos.

Difícil expresar lo que experimentamos. Belgrado es una ciudad enorme, capital del país, en la confluencia del río Sava con el Danubio. Tiene el triste record de haber sido la capital que más veces ha sido destruida y reconstruida a lo largo de la historia, la última vez en 1999 con los bombardeos que la OTAN llevó a cabo por el conflicto de Kosovo. Permitidme opinar que fue un grave error, por lo que enseguida os comentaré.

Llegamos a Belgrado a las 8 y media de la tarde, cayendo ya la noche. Cogimos un taxi que nos acercase al hotel, después de cambiar dinero. El dinar serbio es la moneda del país, de escaso valor y que prácticamente solo se utiliza con billetes. Para que os hagáis una idea por 150 euros nos dieron unos 17700 dinares, así que aparte de visitar muchos sitios, ¡¡también trabajamos Matemáticas!! Lo primero que nos impacta es que el taxista llevaba puesta la radio y solo se escuchaban una sucesión de proclamas que, por el tono y el énfasis, era para enaltecer el patriotismo y el orgullo serbio. Parecía totalmente que aterrizábamos en un país en un estado de alerta absoluto, nos mirábamos con cara de asombro pero no comentamos nada hasta llegar al hotel.

Una vez instalados y preguntando en recepción donde cenar, nos recomendaron un restaurante de comida serbia, apetitosa, tradicional y económica. Después, el primer paseo por Belgrado, a la zona más céntrica, la calle Knez Mihailova, peatonal y con muchas terrazas donde los belgradenses se encontraban para mitigar el calor del verano y que es la zona más europea de la ciudad. El calor fue sofocante los dos días, más de 34º, lo cual permitía visitar la ciudad por la mañana pero no en torno a las 4 de la tarde. 

¿Y qué ver en Belgrado? Pues básicamente unas pocas cosas:

- La fortaleza Kalemegdan, defensa de los ataques que aparecían por el Danubio
- La espectacular Iglesia de San Sava, el templo ortodoxo más grande del mundo
- El entorno de la calle peatonal citada antes, con el barrio de Skenderlija como punto de encuentro más bohemio de la ciudad
- La ribera de los ríos Sava y Danubio, lugares de ocio nocturno y restaurantes modernos y de buena cocina.
- Y para los nostálgicos, los restos de la extinta Yugoslavia, con el museo de historia del país y el mausoleo de Tito

No quiero convertir el post en una guía turística de Belgrado, ya hay muchas en otros blogs, sino en contar mis impresiones a partir de lo que ya sabía de Serbia, de su reciente historia y de sus proyectos futuros. Desde luego, todos tenemos en mente que el país es el "culpable" de los crímenes más atroces acaecidos en las guerras de los 90 en Bosnia, Croacia y Kosovo. Aquellos políticos y militares que incitaron a coger las armas contra todo aquél que intentase someter a los serbios (y que algunos fueron juzgados en La Haya por crímenes contra la humanidad, otros murieron allí,como Milosević y otros aún están fugados) desde luego que son responsables, pero no así la población civil. Lo que más me sorprendió en Belgrado fue el contraste entre querer entrar en Europa y quedarse como puente entre Oriente y Occidente, siendo el mayor aliado de Rusia. Y precisamente esto tiene que ver con el bombardeo de 1999. En las guías de la ciudad los itinerarios te muestran los restos de varios edificios que se dejaron sin restaurar para que los visitantes los viesen. Mi opinión es que ese hecho les hirió y mucho. Ninguna ciudad merece ser atacada por una fuerza superior. En este caso, Belgrado se podría equiparar a cualquier capital europea, y no podríamos imaginar que hoy, por un conflicto generado internamente, la OTAN bombardease cualquier capital o ciudad de Europa, aparte de que uno de los edificios bombardeados fue el de la televisión y allí murieron muchos trabajadores que nada tenían que ver con el régimen, es decir, fueron víctimas civiles.

Tuvimos la oportunidad de hablar con un muchacho de unos veintitantos años que nos atendió en un bar y que al decirle que éramos de España se lanzó a hablarnos. En inglés nos comunicó esa idea, nos habló de la guerra y de lo que significó personalmente en su familia (su padre había luchado contra amigos propios) y en el país. Y esa injerencia internacional en algo que nunca entendieron les ha generado mucho rencor. Es por ello tal vez que sigan viviendo muy encerrados en sí mismos y con Rusia como aliado histórico. Y por supuesto, reivindicando su identidad y su orgullo. Y sí, hay nostálgicos de Yugoslavia y de la figura de Tito, pero es más que comprensible. Durante los años que gobernó, a pesar de ser un dictador, toda la población del país gozaba de un bienestar que en muchos casos hoy no tienen. No es que haya un culto permanente a su personalidad, pero sí encuentras tiendas de souvenirs que venden pequeñas figuras de Tito, imanes, fotografías, iconos de Yugoslavia como la estrella roja, etc. Es más, todavía circula por el país el famoso "tren azul" que unía las 6 repúblicas y que tuve la oportunidad de fotografiar en la estación central en un convoy que partía hacia Montenegro.




Pero lo más impactante fue vivir en directo una de las noticias del último año. Cuando llegamos el primer día en una plaza aledaña al hotel vimos que había mucha gente joven con móviles sentada en las aceras y con policía cerca. En un primer momento hasta llegamos a pensar que estaban haciendo botellón o bien "cazando Pokémon". Pues no. Eran refugiados. El caso es que a la luz del día pudimos comprobar que efectivamente había jóvenes de aspecto occidental, pero también mujeres y niños que por su vestimenta y rasgos eran claramente de Oriente. No supimos exactamente por qué estaban "acomodados" en esa plaza, pero al estar cerca de la estación de tren y de la de autobuses, parecía como un lugar de espera ante una nueva etapa de su viaje. Hay que decir que  no se les veía en malas condiciones como vemos en televisión. Los niños jugaban entre risas, los jóvenes hasta tenían una cancha donde jugaban al futbol o baloncesto. Había un camión cisterna que les sumistraba agua y los veías lavarse y beber. También una furgoneta de Médicos sin Fronteras que actuaba como dispensario. A primera hora de la mañana alguien repartía unas bolsas con comida y, en definitiva, era un campamento provisional para más o menos un centenar de personas que se movían por las inmediaciones sin causar altercados y, como ya os he dicho, a la espera de algo, quizás un billete de autobús que les acercase a su destino final, seguramente Alemania. La verdad es que a mí se me revolvía algo en mi interior. Nosotros estábamos disfrutando de unas vacaciones con recursos y ellos estaban a pocos pasos con lo fundamental. ¿Qué hacer, cómo actuar? Pues no lo sé porque al estar bajo el control de la policía serbia ni se me planteó acercarme y como veías que estaban atendidos con lo que he descrito, pues poco más se podía hacer. Pero choca, y mucho, ver que están a las puertas de Europa y los gobiernos siguen con los brazos cruzados. En la foto veis el camión cisterna y un grupo de ellos a la derecha en la acera. Al lado del camión había más y detrás de los árboles otro grupo más numeroso.



Después de dos días dejamos Belgrado para iniciar nuestra ruta programada en coche de alquiler por otros tres países más: Bosnia-Herzegovina, Croacia y Eslovenia. Os podéis imaginar que circular por estas tierras con un coche con matrícula serbia podría considerarse una actividad de "alto riesgo". Tuvimos que tomar ciertas precauciones que nos advirtieron ya en la empresa de alquiler y que ya intuíamos. Nuestra idea era cruzar por una frontera que nos habían indicado y que fue una odisea llegar a ella. A pesar de llevar GPS, resultó que en una localidad intermedia había obras en su caso urbano y no podíamos seguir la ruta marcada por la "señora" del GPS, así que se hizo un lío, nos derivó por carreteras locales peores que las que pueda haber en el interior de Galicia, muchas de ellas con baches centenarios y sin arreglar, por aldeas con nombre en cirílico indescifrable, lloviendo... En fin, toda una aventura que hizo que el viaje hasta la frontera durase más de 5 horas, aparte de que una vez que recuperamos la carretera principal, volvimos a desviarnos por obligación ya que había obras de asfaltado en la misma y los trabajadores nos indicaban un rodeo de nada menos que 50 kilómetros entre montañas. Un viaje de poco más de 300 km hasta Sarajevo, siguiente etapa, se convirtió en una excursión impredecible de más de 8 horas, con paradas para beber, descansar un poco y orientarnos o hacer un pis.

El último día del viaje también tuvimos que regresar a Belgrado a dejar el coche y coger el avión de vuelta. Os contaré al final lo que vi. Ahora solo os dejo una foto y las demás, en facebook. Pronto, la segunda etapa: Sarajevo



domingo, 6 de octubre de 2013

MARINA Y ULAY

Lo he visto hoy en el suplemento de "La Voz de Galicia" y no he podido aguantarme. De nuevo, algo referido a los Balcanes vuelve a mi. Y en este caso, de la manera más emotiva.



Para el que quiera saber más, aquí os dejo un enlace. También Amsterdam está presente en sus biografías.

La historia de Marina Abramovic y Ulay

¿Hay algo más que merezca la pena en esta vida que el AMOR...?

lunes, 25 de marzo de 2013

Primero, yo; y después, yo también

Fin de semana de turismo para acompañar a una amiga de una compañera que ha venido a visitarla y enseñarle los lugares más importantes del país, comer los típicos platos de la mediocre y monótona gastronomía holandesa y seguir pasando mucho frío. Viento del norte que trae unas temperaturas gélidas con un par de grados por encima de 0, aunque la sensación térmica es de -Xº. Mejor no pensarlo.

Mientras seguir observando. El que viene a hacer turismo se sorprende de muchas cosas y te pregunta. Y uno que lleva aquí ya más de dos años y medio no puede reprimir su vena crítica con Tulipandia (gracias por el nombre, Pelocha) y sacarle punta a todo. Esta semana he vivido situaciones de lo que podemos llamar "choque cultural" aunque yo ya comenté alguna vez que para mí es auténtica hipocresía y mala educación. Por ejemplo, comprobar el carácter tan individualista y competitivo que tiene esta sociedad, inculcado desde niños en las aulas. Nunca verá a un niño defender a otro en el aula, sino acusarlo, y además con saña y para obtener un beneficio. Ver esas actitudes ya en niños de 9 años me parece de lo más inmoral; no se aprenden valores, no se enseña a colaborar y cooperar, se enseña a ser el mejor a costa de lo que sea, incluso del vilipendio al otro y del escarnio, de ahí que el problema del acoso escolar sea en este país muy preocupante. No voy a entrar en mucho detalle porque vivimos en las aulas situaciones en las que ves estas actitudes y sientes cierta repulsión a ellas y a cómo se educa aquí a los niños, deduciendo que todo es una farsa, una pantalla de cara a la galería, porque un niño puede estar dándote la mano al entrar o al salir como signo de respeto, pero en realidad "te la clava" por  detrás y se queda tan ancho porque además le aplaude el sistema.

Y esa actitud de "yo por encima de todas las cosas" es lo que impera en esta sociedad. De ahí que planteamientos éticos ante determinadas conductas, dilemas o situaciones ni se plantean porque es mejor que no se vean. Hoy con esta amiga que vino a visitar a mi compañera hablábamos de cómo este país funciona, y realmente a mí me cuesta creer que vaya hacia adelante porque, o bien se aprovechan de ti sin que te enteres, o bien son muy listos; y lo segundo no, así que se aprovechan de ti y de todo aquel que pisa estas tierras. El ejemplo más claro: los "coffee-shops". Una artimaña legal que pernite vender la mercancía, pero no comprarla. Entonces, ¿por dónde entra? Por lo que ellos llaman "zwarte door". Fuera del país la imagen es de que existe una tolerancia total y Holanda es el modelo a seguir para la legalización del "cannabis". Cuando hace poco más de un año se empezó a oir que se prohibía la venta a ciudadanos no holandeses y que se pediría identificación en los "coffee" saltaron las alarmas porque se acababan los ingresos del "turismo de la marihuana". Al final la ley entró en vigor en todo el país EXCEPTO en Amsterdam, porque si lo hubiesen hecho la economía del país vinculada a este sector, bajaría en ingresos. Es decir: se ilegaliza en ciudades más pequeñas y sin casi turismo, pero en la capital ni de coña, no vaya a ser que entremos en crisis ante la falta de este turismo que nos da tantos "euritos".

Siempre he dicho en este blog que Holanda tiene muchas cosas buenas, pero hay algo general que para mí la hunde: el "todo vale" con tal de obtener dinero. El carácter comerciante que siempre distinguió a este pueblo es algo que ni se cuestiona y que creo que ya lo llevan en los genes. En los otros blogs que tengo enlazados os han contado cómo en la vida diaria la "cultura de emprendedor" te empapa, desde las promociones para niños del Albert Heijn (la gran cadena de supermercados holandeses) hasta el "sableo" que supone la tarjeta de transporte, la tan conocida por vosotros (eso espero) "ov-chipkaart". La mecánica es simple: subes al transporte púbico urbano y te quito de la tarjetita 4 euros. Y si no te acuerdas de hacer "check-out" al salir, me he quedado con tus 4 euros. Si lo haces correctamente, te cobraré el importe necesario. Son millones de euros al día los que se marcan en los lectores de tarjetas de toda Holanda, de los que un tanto por ciento fijo quedarán automáticamente "robados" de los bolsillos de todos. 

El comercio es lo que da beneficio, lo que echa al país a andar. Y eso se mama desde pequeños, inculcando valores de "lucha por ser el mejor a costa de lo que sea", así que la solidaridad, el compañerismo, la cooperación, la ética, quedan a un lado si voy a obtener dinero. Verdaderamente da un poco de miedo vivir en una sociedad así. Se están llevando al extremo temas muy delicados referidos incluso a la vida de las personas y el problema es que la gente no se los cuestiona, les parece normal. Hace pocos días acabé de leer un libro ambientado en los Balcanes (¡cómo no!) en el que había referencias a la matanza de Srebrenica, cuyo máximo responsable, el general serbio Mladic, está bajo la custodia del Tribunal Internacional de La Haya, acusado del mayor genocidio cometido en Europa desde la II Guerra Mundial. Curiosamente al frente del destacamento de Naciones Unidas en Bosnia aquellos días estaba un militar holandés y se dice que los soldados de este país allí destinados aquel verano de 1995 poco hicieron por evitar la masacre, "no iba con ellos". Prefiero no pensarlo mucho porque esa indiferencia ante el sufrimiento del otro, la falta de empatía ante la desgracia del que está enfrente de ti la ves día a día en las calles, oficinas, comercios, de las ciudades de Holanda. 

Y esto me hace ver que, para estas cosas, "los del Sur" como a veces nos tratan con cierto desprecio, tenemos más valores morales que aquí. Para acabar el post de manera positiva comentaré un detalle que viví el otro día en el tranvía al volver de Inglés para casa. Me senté en la parte de atrás y a mi lado y delante de mí iban una pandilla de jóvenes italianos (lo sé por el idioma que hablaban) que parecían recién llegados porque iban con maletas. Se subió una pareja de ancianos y automáticamente dos de ellos, un chico y una chica, les cedieron el asiento. Los ancianos se quedaron muy sorprendidos y les dijeron que, de verdad, no hacía falta. Pero ellos insistieron que, por favor, se sentaran, que por cortesía y EDUCACIÓN les cedían el asiento. Los ancianos terminaron accediendo, no sin cierta perplejidad porque yo estoy seguro que muy pocos holandeses tendrían ese gesto con ellos. La cara de sorpresa que se les quedó fue muy reveladora, y parecía como que estaban muy azorados por lo que los jóvenes les propusieron. Simplemente es, repito, EDUCACIÓN y buenos modales, algo de lo que suelen carecer en general por estas latitudes, llamándole a esa costumbre tan poco cortés como es el decir las cosas directamente (o a veces no tanto, eso dará para otro post), "carácter holandés". No es carácter, es mala educación, simplemente.


martes, 21 de agosto de 2012

MÁS DE LIBROS

Leer. Uno de los placeres de la vida. No os puedo contar cuándo mi afición por la lectura se acentuó más porque cuando yo iba al colegio ni pisábamos la biblioteca del centro ni nos venían "cuentacuentos" a animarnos una tarde ni cosas así. En toda la primera etapa de EGB no recuerdo que mis profesores me hubiesen mandado leer un libro, fue a partir de 7º cuando había libros obligatorios como "Alfanhuí", "El Conde Lucanor", "Viaje a la Alcarria" y alguno más. Luego, en BUP la cosa fue cambiando y llegaron "Los cruzados de la causa", "Doña Perfecta", "Primavera con una esquina rota"... y escogiendo Literatura Española en 3º de BUP los clásicos: "El Quijote", "La Celestina", el extraordinario "Crimen y castigo". Llegó COU, Selectividad con sus obras obligatorias... ¡Qué tiempos!

Al seguir carreras de letras había momentos en que aborrecía leer, sobre todo si la lectura de determinado libro implicaba un trabajo posterior o un examen. El caso es que yo leía de todo menos libros: cómics, periódicos, revistas... eran mi entretenimiento desde pequeño. Aquel cómic de Asterix en gallego que entró en casa en plena transición y que hoy es ya casi un objeto de coleccionista porque lo había traducido el genial Blanco Amor junto con otros 4, fue toda una revolución: "A loita dos xefes" todavía lo guardo como una reliquia junto a otros títulos de los irreductibles galos.

Pero me estoy enrollando un poco para llegar a donde quiero llegar. Creo que ya comenté aquí que desde que estoy en Holanda leo más... libros. Antes tenía la sensación a veces de ser medio inculto porque oía a la gente hablar de si habían leído tal o cual título y yo no tenía ni idea y, es más, ni me preocupaba que me pusiesen la etiqueta de inculto o ignorante. Aún a día de hoy tengo que decir que muchos autores imprescindibles ni los he catado. Confieso no haber leído nunca a Shakespeare, por ejemplo, ni a García Márquez, lo cual no implica que no lo desee. El caso es que con el tiempo vas escogiendo temas que te interesan y rebuscas títulos. Entonces, cuando comentas al empleado de una caseta en la feria del libro que te gustan los autores balcánicos, sobre todo si escriben sobre las guerras en la antigua Yugoslavia y sus consecuencias, de repente pareces el más culto del lugar, y si le citas nombres impronunciables de autores croatas, bosnios o serbios ya ni te cuento lo que se suelta hablando contigo. La verdad es que sí, el tema de las guerras balcánicas me fascina y entre ensayos y novelas ya habré leído más de 15 libros sobre el tema, y sigo.

El verano da para aprovisionarse de lecturas para llevar a Holanda. Sí, han caído cuatro sobre las susodichas guerras, "La fábrica de fronteras", "Freelander", "La hija del Este" y "El violonchelista de Sarajevo". Poco a poco iré alternando todo esto con alguna comedia, "thriller" u otro género, al igual que hago durante el verano cuando estoy aquí. Estos días estoy acabando "Divas rebeldes" y me he encontrado dos datos muy curiosos, entre otros muchos. Uno hacía referencia a Barbara Hutton, la heredera millonaria americana que en una de sus lunas de miel coincidió en Bombay con Anita Delgado y el Maharajá de Kaphurtala, personajes que ya los considero como de mi casa; el otro dato tiene como protagonista a la gran actriz Audrey Hepburn, que vivió en Holanda, concretamente en Arnhem (ciudad de la que ya os he contado alguna cosa) durante la etapa de ocupación nazi entre 1940 y 1945. Pasó penurias, hambre, pero se salvó y esa circunstancia marcó su vida, de tal forma que hizo de ella la mujer elegante, humilde y solidaria que fue. Audrey hablaba perfectamente holandés y su última pareja fue un hombre holandés que la acompañó hasta su temprana muerte.

Leer. Tarea imprescindible para todo ser humano pensante y que tenga la necesidad de APRENDER, de conocer más cosas del saber todos los días. Da igual que sean revistas, cómics, libros, periódicos, folletos o lo que sea. La sensación que se tiene cuando te encuentras con situaciones y casos cercanos a ti o que te llenan un hueco que tienes en tu personalidad o en tu forma de ser, lo compensa todo. Pero que esa lectura NUNCA sea obligatoria porque entonces no será fuente de placer, sino un castigo.



martes, 6 de marzo de 2012

LOS BALCANES

Aquellos que me conocen un poco saben que en los últimos años mi afición por la lectura ha aumentado. Y como siempre he estado pendiente de la geografía y de la historia reciente, siendo las dos materias de mis preferidas desde que era un crío, hay una zona de Europa que me apasiona especialmente y que anhelo visitar: los Balcanes, especialmente el territorio que comprendía la antigua Yugoslavia.

No voy ahora a dar una lección geográfica e histórica de esta zona tan conflictiva a lo largo del tiempo, pero que poco a poco va saliendo de ese pasado de terror y guerra de finales del s.XX para irse integrando también pasito a pasito en nuestra Unión Europea. Eslovenia pertenece ya desde 2004 y el año que viene Croacia formará parte de la "Europa de los 28" mientras Serbia hace pocos días ha conseguido ya también un calendario para su adhesión. Si te adentras un poco e investigas es realmente apasionante su transcurrir histórico al mismo tiempo que cruel y trágico por los conflictos que ocurrieron en esta región del corazón de Europa; particularmente me empezó a interesar poco tiempo después de morir el dictador Tito, en 1980. Durante esa década Yugoslavia empezaba a aparecer en las noticias con mucha más frecuencia. En 1984 Sarajevo fue la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno y 10 años más tarde su estadio olímpico era un gran cementerio lleno de muertos en la guerra. Por otra parte, a medida que yo iba creciendo al dar temas de historia en el instituto siempre aparecían los Balcanes como un auténtico avispero. En 1914 esa misma ciudad fue el lugar donde el asesinato del heredero del imperio austro-húngaro fue la chispa que originó la I Guerra Mundial. Tal vez todo eso influyó en mis ganas de saber más. Con las imágenes de la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995, que revolvía las conciencias de todos, mi interés aumentó y hoy leo con frecuencia libros sobre la zona y sus conflictos, dus gentes, su historia... sobre todo  para darme cuenta de que lo que nos contaron los medios, como suele ser habitual, estaba muy tergiversado.

El caso es que en estos días de vacaciones me leí un interesante libro muy poco conocido en España, a pesar de ser su autor valenciano. Se trata de "Cita en Sarajevo", de Francesc Bayarri. Cuenta la historia de un asesinato en la España franquista ocurrido en Carcaixent en el cual la víctima fue un ex-militar croata de la II Guerra Mundial, aliado de Hitler y con un historial de más de medio millón de muertos a su espalda en el campo de concentración de Jasenovac, Maks Luburic. El autor del libro buscó al supuesto asesino de este elemento y lo encontró en Sarajevo después de 34 años, Ilija Stanic, lo entrevistó y nos cuenta cómo huyó de Carcaixent después del crimen y cómo fue recibido como un héroe en la Yugoslavia de Tito siendo también un nacionalista croata, viviendo totalmente en el anonimato en su país y sin haber nunca sido juzgado en España. Este libro se suma a los muchos que ya he leído con los Balcanes como eje principal y que me serían difícil nombrar todos aquí. Pero si alguien desea conocer realmente la historia de Europa, no puede prescindir de saber y conocer lo que realmente pasó en esta región y cómo ha influído en la política posterior común a todos nosotros. Para ir abriendo boca sabed que Croacia (católica) fue siempre un gran aliado de Alemania y Serbia (ortodoxa) de Rusia, así que vayan haciendo sus teorías sobre el equilibrio de fuerzas. Y en el medio de ambos países, nada más y nada menos que Bosnia-Herzegovina, con amplia población musulmana que fue quién más sufrió las consecuencias de la guerra de los 90.

Aquella Yugoslavia de Tito no alineada, separada del extremismo de la URSS y buscando siempre su aproximación a Occidente (curiosamente era el único país de la Europa comunista que, por ejemplo, participaba en el Festival de Eurovisión, del que sabéis que también soy un gran seguidor, incluso se dice que el triunfo de Yugoslavia en el festival de 1989 aceleró la caída del Muro de Berlín y esa victoria se esperaba fuese un freno a lo que estaba por venir y que fue inevitable, la desmembración del país), acabó a su muerte convertida en el "puzzle" de Europa y el pastel que todos querían, pero con miles de muertos, familias rotas y separadas y heridas de difícil cicatrización que aún hoy están ahí. Yo no oculto que recuerdo perfectamente que lloraba al ver en la televisión los muertos civiles en el mercado de Sarajevo tras el bombardeo serbio, los cuerpos esqueléticos de los campos de concentración como los de la Alemania nazi, la voladura del puente de Mostar a manos croatas, la matanza de Srebrenica... He visto películas sobre el tema ("Grbavica", "Las flores de Harrison"...), he escuchado música (desde luego los intérpretes de Eurovisión han sido una base para profundizar más y os aseguro que su folklore y sus ritmos y melodías son preciosos), os puedo citar nombres como Vukovar, Banja Luka, Gorazde, Mitrovica que seguro que a vosotros no os dicen nada pero que son imprescidibles para saber más. Podría hablar horas porque me apasiona el tema y uno de mis deseos es poder visitar la zona pronto. Me han hablado amigos que han estado en Croacia y Bosnia (Dubrovnik, Sarajevo, Mostar, Split...) y espero poder pisar y ver "in situ" los escenarios que tantas veces leí, con el "Diario de Zlata" (la llamada "Ana Frank" de Sarajevo), con "Si un árbol cae" de Isabel Núñez, con "Como si yo no estuviera" de Slavenka Drakulic y ahora con "Cita en Sarajevo".

Y que nadie olvide una premisa necesaria para tener en cuenta en la vida: hay que conocer el pasado para que en el futuro no repitamos los mismos errores. Por desgracia, el ser humano no aprende y no podemos predecir lo que ocurrirá en 5 ó 10 años, pero las guerras siguen en el mundo, aunque espero que ya definitivamente fuera de los Balcanes.

Sólo una cosa más: hay gente que opina que hacerme un regalo por mi cumpleaños no es tarea fácil. No pido un viaje a Sarajevo o Dubrovnik, pero libros sobre el tema hay muchos y probablemente me quede mucho por leer y conocer sobre esa región. Ahí queda.