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lunes, 8 de julio de 2019

VERANO ESPAÑOL

Decir verano en Galicia un 8 de julio es estar muchos años aún esperando por él. Tuvimos una semana bochornosa de calor en junio y después las temperaturas bajaron considerablemente teniendo incluso nieve en las montañas y a día de hoy se cuentan con los dedos de una mano las jornadas que han venido verdaderamente de playa.

No ocurre así en el resto de España, donde una ola de calor que puso los termómetros al límite (algunos lugares llegaron a 47º) hizo que sus habitantes envidiaran estar en esas fechas en Galicia. Sin embargo, decir verano en España es decir sol, playa, terraceo, chiringuito y desde hace pocos años también decir "balconing" en Magalluf, uno de los municipios mallorquines que desea por una parte que lleguen los turistas porque dejan dinero y por otra no, porque solo dan problemas. Y cuando hablo de problemas hablo incluso de muertes por esta práctica que vino importada probablemente de esos países que tanto anhelamos por su civismo como son Suecia, Holanda, Dinamarca, etc., pero que luego resulta que sus ciudadanos son tan marulos que acaban muriendo haciendo esta actividad que seguro en su país no hacen.

Hoy me levanto con la noticia de un joven sueco de 24 años muerto porque se cae desde un quinto piso en Mallorca. Me da igual si estaba haciendo "balconing" o no, el caso es que viene a España a hacer lo que en su país no le dejan. Y no es el único. MILES de jóvenes (y no tan jóvenes) de todos esos países, incluyendo a los "formalitos" del Brexit, los gentlemen británicos, también, protagonizando escenas más propias de seres tipo Neanderthal o Cromagnon que humanos con un sentido cívico. ¡Ah! Y no, no vienen musulmanes a alterar el orden, como pueden pensar algunos, vienen estos, voy a decirlo, subnormales a poner en jaque a las Fuerzas de Seguridad españolas, a los servicios de emergencia, a los vecinos, al resto de turistas para, en muchos casos, volver a su país en una hermosa caja de pino, y seguramente echando la culpa a algún factor de nuestro sector turístico como la seguridad del balcón, o de la piscina, o de la discoteca o de lo que sea. 

Sinceramente, me indigna soportar a esta gente. Y curiosamente no he visto a nadie llamar a estos energúmenos "CHUSMA" como les llaman a otros que llegan en los bajos de un camión o en una patera a nuestras costas y no precisamente para hacer turismo. Estos días ha vuelto a reaparecer otro caso de cromañones como los de Pamplona, de lo que hablé largo y tendido aquí, juzgando a 6 hombres que violaron a una menor de 14 años en Manresa (Barcelona). He llegado a ver comentarios en las redes sociales diciendo que se ocultaba la repercusión de este caso porque los hombres eran inmigrantes y la menor también y que a "la izquierda" no le interesaba porque les protegía... En fin.

Total, que entre unas cosas y otras uno añora aquellos veranos en los que pasabas horas en la calle, que ibas a cualquier playa sin mirar el tiempo, que dormías en cualquier cama con tus primos hacinados, que nos juntábamos 20 para comer y cenar, que no nos echaban crema (craso error) y las quemaduras del sol las curábamos con leche fría sobre la piel (verídico). Hace ahora 40 años fui por primera vez a Mallorca, era 1979 y la primera vez que volaba, incluso que viajaba fuera de mi región. Mi padre tuvo vacaciones por primera vez y allá nos fuimos, a Manacor, con mis tíos, mis primos, los primos de mis primos... cada día a una cala, sentados en el maletero de un coche en sentido inverso a la marcha sin ninguna protección (recuerdo que era un Simca 1200), de Manacor a Porto Cristo, a S'illot, a Cala Domingos, a la Costa de los Pinos... y éramos felices. Hoy parece que si no vas a las Maldivas a hacer buceo entre peces payaso o al Nepal para beber té con leche de yak, no has viajado. Yo, aunque hago algún viaje así que luego os cuento paso a paso, echo de menos que mis hijos no tengan la oportunidad de vivir esos veranos donde andábamos, literalmente, "a monte". No nos poníamos enfermos, nos cortábamos y poníamos una tirita, comíamos veinte mil helados y polos, la ensaladilla no llevaba un proceso de frío como está ahora establecido... En fin, parece que hablo de la Prehistoria.

Pues nada, que espero que vuestro verano sea positivo y sobre todo relajante, pero sobre todo lleno de vivencias (no experiencias) que os hagan recordarlo dentro de otros 40 años si seguimos aquí. Los que vienen a hacer "balconing" como única vivencia después de su anodino año entre nieves y frío allá por el Báltico, pues me parece que son candidatos a vivir en los próximos años una depresión y otras consecuencias peores porque tienen una vida y mentalidad preocupante, eso, por supuesto, si ya no han vuelto en una caja de pino como dije antes después de empotrarse contra el suelo de un hotel de Mallorca porque calcularon mal la distancia desde el balcón de su apartamento a la piscina. Ojalá no ocurra mucho este año y que se viva un veraneo tranquilito en cualquier lugar de España. 


sábado, 30 de diciembre de 2017

CINE DE NAVIDAD

Pocas veces he hablado de cine en el blog. Y claro, en Navidad toca ir al cine... a pesar de los precios. Cuando era pequeño y adolescente, la asistencia al cine era un hobby normal, incluso llegaba a ir al cine una vez por semana, los domingos a la sesión de las 4. Con 7, 8, 9 años pasaron por mis ojos desde la segunda fila cientos de películas de las que ni recuerdo el nombre. Allí nos poníamos mi hermano y yo mientras la abuela se quedaba varias filas más atrás. Y por eso llevo gafas. Ver desde tan cerca estoy convencido que me fastidió la visión, aparte de la genética, pero contribuir, contribuí de lleno.

En fin, volviendo al caso, en Navidades también tocaba cine, muchos días, y de estreno. Y aquellos cines de una sola sala, algunos de barrio, tenían un encanto único. El Finisterre, el Rex, el Riazor, el Coruña, el Goya, etc., fueron salas donde por dos horas nos evadíamos de los problemas diarios y en cierta manera, aprendíamos cosas. ¡Ah! Y recuerdo en mis primeros años el NO-DO, que luego se cambió por anuncios y tráilers de futuros estrenos. Vamos viejos, vamos.

¡Que me enrollo! El caso es que desde hace más o menos 20 años la asistencia al cine bajó drásticamente. Tener múltiples canales en televisión y los precios prohibitivos hicieron que algo tan instructivo pasase a segundo plano. Además, cuando me fui de Coruña al empezar a trabajar no tenía salas cerca de mis destinos y solo recuerdo ir al cine una vez en León y otra en Ribadeo, algunas veces en Santiago cuando vivíamos en Padrón y así, poco a poco, la asistencia fue cayendo a unas 4 ó 5 veces al año. Pero el día de Navidad  allá fuimos y al día siguiente otra vez. ¿Y qué tocó? Pues el inevitable capítulo 8 de Star Wars y una de animación excepcional. Por partes.

A finales de 2016 nos dejó la Princesa Leia inesperadamente. Carrie Fisher aparece en "Los últimos Jedi" mayor pero entrañable. Y aquel Luke Skywalker igual. La verdad es que no pude evitar acordarme de aquella primera parte, "La Guerra de las Galaxias" que marcó una época y con la que empezó la saga. Todos éramos fans de C3PO, R2D2, Chewbacca, el jovencito Harrison Ford, Obi Wan Kenobi, por supuesto Darth Vader... y hoy, llenos de efectos especiales, tenemos todo un patrimonio de seres, personajes e historias que forman parte de mi generación y parece que también de las que nos siguen. La película no estuvo mal, pero yo no pude evitar al final acordarme de Leia y de Luke y de sentir que, efectivamente, los años pasan.

El día 26 volví al cine con mi sobrina, mi hija y una amiga. Querían ver una de animación de la factoría Pixar. Y yo accedí porque esperaba oír una canción que entendía era de su banda sonora, pero no fue así. Sin embargo, me fascinó. "Coco" es una película ambientada en México durante el Día de Muertos, tan importante y tradicional en aquel país. Lógicamente el trasfondo es una historia familiar en el que el recuerdo de las personas fallecidas y la conexión de los mismos con la manera de ser de la familia y el mundo actual es el hilo conductor, teniendo como tema de unión la Música. Realmente me fascinó la manera de tratar un asunto tan complicado como la muerte enfocada a los niños, basada en esa conexión que en muchas culturas se produce el Día de Todos los Santos o en la cultura celta el Sahmaín. Y sí, en el argumento saben explotar las emociones del público de una manera magistral. Ni que decir tiene que lloré lo que me pidió el cuerpo porque muchos recuerdos de gente que no está vienen a la mente. Y todo eso aderezado por momentos cómicos adaptados no solo a los niños sino también a los adultos y también con la aparición de personajes míticos mexicanos como Frida Khalo. El uso del color, de la imaginación, de la ambientación y, en general, de todo el conjunto que forman el guión, la banda sonora, la trama hacen de "Coco" una candidata a una de las mejores películas del año.

Lo único malo es de dos días de cine es el desembolso económico que supone. Porque a pesar de que tratamos de no comprar nada que no sean las entradas, siempre cae algo: que si palomitas, que si algunas chuches. Total, que la broma de dos días de cine supusieron cerca de 70 euros, en la primera sesión 3 personas (una de ellas niña) y en la segunda cuatro (3 de ellas niñas). En definitiva, un auténtico robo. Lo más insólito es que por un cubo de palomitas y una Coca Cola de 75 ml mi hijo pagó 9,70 €. ¿Aún se preguntan por qué no se va más al cine? Porque es una auténtica estafa.

Quedémonos con "Coco" como una película única. La magia del cine, que nos genera emociones y sentimientos, nos evade durante un par de horas del mundo real. A ver si en 2018 podemos ir más al cine y disfrutar del 7º arte.



domingo, 25 de junio de 2017

50 AÑOS DEL BARRIO DE LAS FLORES

Es mi barrio. El lugar donde me crié y en donde viví hasta los 21 años que aprobé la oposición y empecé a trabajar como profe. Este año cumple 50 años de sus primeros moradores, un barrio que fue creado como un lugar no solo de vivienda sino de esparcimiento y con una concepción bastante avanzada para aquellos años 60 de la dictadura. Las primeras viviendas fueron entregadas por el dictador Franco en un acto que llegó a salir en el NO-DO y desde entonces el barrio ha tenido su peculiar idiosincracia y podríamos decir que hasta sus propias leyes no escritas.



Es un barrio de viviendas sociales, eminentemente obrero donde viví momentos entrañables. Un barrio en el que todavía persiste esa unión de vecindario de la que todos fuimos partícipes en nuestra infancia. Mi barrio es un privilegio para una ciudad como A Coruña. Prácticamente no hay tráfico interior y sí muchos espacios verdes, plazas de juego sin coches que en mi infancia aprovechábamos para jugar a todo tipo de entretenimientos. En estas fechas las hogueras de San Juan eran la envidia de muchos otros barrios de la ciudad porque teníamos espacio de sobra para hacerlas sin ser un peligro y todas las pandillas de los distintos bloques competíamos entre nosotros para conseguir la hoguera más grande. Nos juntábamos decenas de chavales que durante semanas carretábamos madera desde sitios bastante alejados, los vecinos tiraban muebles viejos, asábamos sardinas en metálicos de colchones y era una auténtica fiesta todo. Y aquí estamos, vivos y con buena salud.

Tendría para escribir miles de momentos de esas fechas, de hace 30 o 40 años, que darían como mínimo para otro blog específico porque este Barrio es uno de los que tiene más sentimiento de pertenencia de sus vecinos dentro de la ciudad, a pesar de ser un barrio de acogida de la época del desarrollismo. Su peculiar estructura y sus límites claros contribuyen a ello, porque está completamente rodeado por una ronda compuesta de varios tramos de diferentes avenidas, como podéis ver aquí.



Mi barrio tiene además edificios con construcciones muy peculiares. Unos bloques que dan a la avenida situada en la parte derecha del plano son ejemplos arquitectónicos que se podrían incluir en el Patrimonio de edificios singulares porque llegaron a ganar premios por su diseño en certámenes internacionales. La "Unidad Vecinal nº 3" de José Antonio Corrales es arquitectónicamente hablando un gran ejemplo y toda una innovación para aquellos tiempos. Yo entré alguna vez en sus viviendas y de verdad que llaman la atención por su estructura, paredes móviles, conexión entre los bloques, usos comunes, etc.



Bueno, hablar de mi barrio da para mucho y hay cientos de páginas en Internet sobre ello, grupos de facebook, blogs, etc. La cuestión es que hoy salió en el periódico principal de Galicia un artículo hablando de la dejadez del gobierno municipal de A Coruña en su mantenimiento.




Y yo lo corroboro porque justo al lado de esa foto está el bloque donde yo me crié y viven mis padres. La nombrada Plaza de los Fresnos (otra peculiaridad de este barrio es que las calles tienen nombres de flores y las plazas de árboles) la conocemos tradicionalmente por la "Plazoleta del Oza Juvenil", que es un equipo de fútbol local que tiene justo el local social en los bajos del portal de mis padres. Es curioso porque cuando veniamos en taxi a casa siempre decíamos esa dirección, usando la peculiar palabra "plazoleta", porque para todos es más fácil expresarse así que por el nombre de las calles, que vuelve locos a carteros, repartidores, taxistas y demás ya que el barrio no tiene calles como tal, sino una estructura organizada en bloques numerados desde el 1 al 56 (el nuestro). os aseguro que ni yo mismo soy capaz de situar los 56 bloques correctamente porque en esa concepción vanguardista que supuso la construcción del barrio también había bloques exclusivamente dedicados a locales comerciales que en los primeros años daban mucha vida al barrio pero hoy en día están prácticamente sin actividad comercial. Una anécdota: mi madre compraba en una carnicería situada en uno de esos locales y tenía muy buena relación con Rosario, su propietaria. Con el tiempo me comentó mi madre que esa mujer era la madre de la conocida y ya fallecida Rosalía Mera, ex-mujer de Amancio Ortega y una mujer emprendedora que llegó a ser de las de más fortuna de España no sólo por su participación en Inditex sino también por sus propias empresas. 

Volviendo al tema de la noticia, lo cierto es que el barrio fue objeto de diversas reformas internas llevadas a cabo, sobre todo, durante la etapa socialista que gobernó A Coruña durante 28 años, con Francisco Vázquez y Javier Losada como alcaldes. Recuerdo la inauguración del polideportivo por parte del primero de ellos en los años 80 y recuerdo también hablar con Losada delante de la plaza de mi bloque cuando se estaba reformando, atendiendo a las inquietudes de los vecinos y apuntando sus sugerencias, ya por entonces reclamando accesibilidad a los portales de los edificios porque la población estaba envejeciendo, además se acercó a mi madre que venía de comprar y fue muy amable con ella, mucho antes de estar yo vinculado al PSOE local; lo cierto es que las obras se hicieron y muchos espacios interiores no son ni de lejos lo que eran hace 20 o 30 años.

Pero ahora, a punto de cumplirse los 50 años de su inauguración, se lleva reclamando una ARI (Área de Rehabilitación Integral) que no llega y muchas competencias municipales como limpieza dejan mucho que desear, que es de lo que trata la noticia. Yo mismo fotografié el año pasado una rata entre la maleza de la ya citada "plazoleta" donde hay bastantes plazas de aparcamiento e incluso recibí la propuesta de un periodista local de hacerlo público con una entrevista. Lo cierto es que notifiqué al Concello la situación de suciedad y dejadez y en pocos días vinieron a limpiar, pero después de casi un año volvemos a lo mismo. Aquí os dejo dos fotos sacadas hace un par de semanas y que apoyan lo publicado en la noticia anterior




La verdad es que este barrio es peculiar dentro de la ciudad y el que antaño quedaba un poco alejado del centro y tuvo ciertos problemas de delincuencia, hoy es un oasis verde y remanso de paz en A Coruña, envidiado por muchos por tener muy cerca servicios administrativos, mercado, colegios, las vías de salida de la ciudad y mucha zona verde. Pero todo esto hay que mantenerlo y hacerlo viable, cuidando sobre todo esas zonas verdes y favoreciendo la movilidad y accesibilidad de sus vecinos, como he dicho en su mayor parte ahora personas mayores. Hace unos tres años un grupo de jóvenes se propusieron hacer "renacer" el barrio con iniciativas como el "Mercado das Flores" pero no hubo un posterior apoyo por parte de los gobiernos locales, primero del Partido Popular y ahora de Marea Atlántica. A ver si con el 50 aniversario las autoridades empiezan a ponerse las pilas, aunque ahora es urgente la limpieza de la maleza ante la llegada del calor y del verano, sobre todo para que no nos invadan los simpáticos "roedores" que no son bienvenidos por aquí.

Mientras, aquí estaré para seguir denunciando su deterioro y para reivindicar la memoria colectiva de varias generaciones que aquí nos criamos y por un barrio por el que seguimos teniendo un vínculo muy especial.







martes, 25 de abril de 2017

REDESCUBRIENDO FERROL

De vez en cuando este blog toma un rumbo turístico. Durante mi estancia en Holanda aquí hablé de Berlín, de Luxemburgo, de Cracovia y de muchas ciudades holandesas. Y hoy voy a hablar de una ciudad a la que azares de la vida me ha devuelto a visitarla: Ferrol

Para empezar, decir que siempre llevó un "apellido" en el topónimo que la estigmatizó por estar muy vinculado a la dictadura española. Que el lugar de nacimiento de una persona marque por su trayectoria vital toda la idiosincracia de esa ciudad es completamente injusto. Ferrol ha sido por ello la ciudad olvidada de Galicia. Porque sí, es una ciudad, más de 68.000 habitantes según el censo de 2016 pero que, con su área de influencia, llega a más de 150.000.

Tuve una relación con Ferrol de 3 años cuando hice mi segunda carrera universitaria, la Licenciatura en Humanidades, de 1997 a 2000. por aquel entonces, la Universidade de A Coruña empezaba a descentralizar sus titulaciones y algunas se impartían en Ferrol, acondicionando antiguos edificios militares y creando un pequeño campus centrado básicamente en el barrio de Esteiro, que sirvió también para revitalizarlo ya que Ferrol pasaba por un momento de crisis económica inmensa debido a la reconversión industrial.

Porque Ferrol siempre ha tenido dos mundos bastante contrapuestos. Por un lado, el militar, ya que es una de las tres sedes de la Armada Española debido a la privilegiada situación de su puerto; y por el otro la industria naval, con astilleros asentados aquí desde el s. XVIII, instalaciones que fueron las que dieron riqueza y auge a la antigua villa marinera. El mundo castrense frente al mundo obrero, lo que también marcó el día a día en la ciudad, obligados a convivir y con ideas sobre el mundo y la vida bastante enfrentadas.

La fisonomía urbanística de Ferrol refleja perfectamente esta dualidad. El centro de la ciudad es uno de los primeros barrios diseñado racionalmente ya que sus calles son paralelas y perpendiculares. En este barrio de A Magdalena se asentaron las familias de importante potencial económico y los militares. Así es que hoy guarda un patrimonio arquitectónico único, con muchos edificios modernistas que constituyen una de las rutas más exquisitas que hay en la ciudad, de hecho aspira a ser declarado algún día Patrimonio de la Humanidad. Y cercano a esta barrio está una de las joyas de Ferrol: el Arsenal Militar, que hace pocos días tuve el privilegio de conocer por medio de una visita guiada con un grupo de turistas. Entrar en el Arsenal solo se puede hacer con el consentimiento de la Armada por motivos de seguridad, pero solicitándolo a través de una visita guiada es sencillo, aparte de aportar información histórica relevante.

Pero en estas recientes vacaciones de Semana Santa, Ferrol acapara muchas visitas de Galicia debido precisamente a las procesiones vinculadas a esta celebración religiosa. La Semana Santa de Ferrol está declarada de Interés Turístico Internacional y, si bien ya tenía conocimiento de la importancia de la misma, nunca había acudido, aun a pesar de estar a menos de 50 km de A Coruña, así que este año me informé y allá fui. El Viernes Santo es uno de los días grandes de la semana y la verdad es que los 4 pasos que pude ver y su procesión por las calles del centro hasta su "encuentro" en la Plaza de Amboage es muy emotivo. En Ferrol la Semana Santa se vive mucho y no tiene nada que envidiar a las procesiones de Andalucía, Valladolid o Murcia. Muy recomendable.

Por si fuera poco descubrí también un lugar que merece ser visto y si podéis disfrutar del mismo con una visita guiada teatralizada, ambientada en el s. XVIII, pues mejor. Se trata de una de las fortalezas que protegían la entrada de la ría de ataques enemigos, el castillo de San Felipe, situado en un punto privilegiado y que, a pesar de tener zonas un poco descuidadas por parte de sus responsables (el Concello de Ferrol), la visita y el entorno mereció la pena incuestionablemente. ¡Con cargas de fusilería y todo!, que te hacen meterte de lleno en la historia militar no solo de Ferrol sino de España.

Además de las visitas mencionadas, se pueden visitar también las instalaciones industriales de los astilleros, tanto en Ferrol como en el vecino Fene, lugar emblemático del movimiento obrero en Galicia. Seguramente consiga visitar estos lugares próximamente porque, aparte de merecerlo, también es bueno conocer y difundir el patrimonio que tienes cerca de casa y que muchas veces ignoras o desconoces.

Es curioso que durante mis tres años de estudiante aquí, pocas veces disfruté de la ciudad ya que la facultad no estaba en el centro y no residía en la ciudad, sino que los primeros años solo iba a los exámenes y el último me desplazaba todos los días desde A Coruña. Hay mucho empeño por revitalizarla ya que la crisis industrial de los 80 hizo que mucha gente marchase de la ciudad y el paulatino desmantelamiento de instalaciones de Defensa después de la profesionalización del Ejército Español también supuso un decrecimiento de la población. Ves negocios cerrados, locales vacíos, casas sin mantenimiento y, queramos o no, es necesaria una inversión enorme para que una ciudad o comarca vuelva a tener auge. Tal vez el turismo pueda ser ese revulsivo para la ciudad porque su entorno natural es espectacular y la calidad de los servicios empieza a destacar. Estando en el castillo vi salir un crucero que hizo escala en Ferrol y su salida por la estrecha bocana de la ría es una imagen espectacular, acompañada de las salvas que disparaban los actores disfrazados de soldados desde la batería.

En fin, que recomiendo visitar Ferrol y su comarca, que lo tenemos aquí al lado y que hoy se llega enseguida por carretera y autopista. Por decir algo a mejorar, es imprescindible una renovación de los accesos por ferrocarril ya que una distancia tan corta desde A Coruña no se puede hacer en una hora y media en tren. Además, desde Ferrol parte una de las antiguas líneas de vía estrecha que comunica todo el norte de España llegando a Donosti, pero eso sí, con una calma digna del s. XIX porque hay tramos en los que los trenes van a 30 km/h.

¡No lo dudéis! Apuntad FERROL en vuestros destinos potenciales para unas minivacaciones porque seguro que no os defraudará y si no... ¡me llamáis a mí que os lo enseño!



miércoles, 23 de septiembre de 2015

REENCUENTRO EMOTIVO

Esta historia comienza en el verano de 1999. Ya llevaba 8 años como maestro de música, en continua formación con cursos muy específicos de pedagogía musical. Para los que no sepáis qué requisitos debe tener un maestro de música en Primaria en cuanto a su formación, por aquel entonces había dos sistema pedagógicos que eran como la Biblia: el de Orff y su discípulo Wuytack y el de Kodaly. Los cursos del primer método citado cogieron un auge espectacular en España, visitándonos a muchas ciudades Joss Wuytack, pedagogo y músico belga que tenía a Vigo como una de sus ciudades "tesoro" en España. Allá me fui tres veces en tres años por las vacaciones de Semana Santa donde recibíamos más de 100 profes una enseñanza musical activa, dirigida por él mismo, basada en el uso de los instrumentos de percusión escolares y que luego aplicábamos en las aulas pasándolo muy bien los niños pero también nosotros.

El otro método fue creado por el compositor húngaro Zoltan Kodaly y tenía como base la expresión vocal desde el folclore de cada país o cultura. Tenía mucha fama en los primeros años de aplicación de la LOGSE (y en consecuencia de la Educación Musical en nuestras aulas) el curso que se impartía en verano en Hungría, en una localidad llamada Esztergom, situada a más o menos una hora de Budapest en un recodo del Danubio haciendo frontera con Eslovaquia. Llevaba varios años intentando asistir a él, pero probablemente el destino fue el que decidió que ese año fuese 1999.

En ese año conseguí una ayuda para formación de la Xunta de Galicia y me fui un poco a la aventura en la segunda quincena de julio, con un inglés chapurrero, aunque con la garantía de que el curso se impartía en español. Recuerdo que salí un sábado desde Santiago a Barcelona y desde allí a Budapest, para pasar la noche en la capital húngara y el domingo llegar en tren a Esztergom, curiosamente creo que desde la estación Keleti, donde estos días se concentraban miles de refugiados en su huida de la guerra y su camino a Alemania. Por aquel entonces Internet aún no tenía el desarrollo que tiene hoy y la comunicación que me habían mandado desde la organización del curso incluía una pequeña carta en húngaro para que cuando llegase a Esztergom la entregase al jefe de estación que inmediatamente llamaría a la residencia donde nos acogían para que me viniesen a buscar. Y así ocurrió.

Llegué al mediodía, me alojaron y pasé unas horas hasta que empezaron a llegar otros cursillistas y la residencia se iba llenando entre conversaciones en los idiomas más (y menos también) reconocibles (luego supimos que estábamos personas de 11 nacionalidades). Y el hecho de estar en un país extraño, sin casi poder comunicarte, hace que en cuanto oyes español te hagas ver, te presentes y empieces a relacionarte. El ambiente que se iba creando en la residencia en torno a las 7 de la tarde y hasta las 10 de la noche, más o menos, era el de la llegada de los estudiantes ante el inicio del curso. Al final, el grupo de españoles pasaba de 20, a los que se sumaron 2 personas más de México y otras dos de Chile. El caso es que el destino hizo que ese grupo creara unos lazos que hoy se revivieron en  el encuentro con una amiga y participante en ese curso, Esther. 

Yo creo en el destino. Creo que cuando te pasa alguna cosa es porque te tiene que pasar, sea enriquecedora o realmente angustiosa. En el caso del curso Kodaly de Esztergom las personas que coincidimos allí, por una razón u otra, teníamos que conocernos y fue allí, lejos de nuestras casas y de nuestras rutinas. Con varias de ellas hemos construído amistades duraderas y nunca, nunca, podremos olvidar aquellos 15 días en Hungría.

Esther es de Murcia. Había acudido con una amiga suya, Marisa (¡qué grande Marisa!), porque ambas estudiaban Magisterio por la especialidad de Música y además tenían otros estudios musicales. Desde 1999 Esther y yo nos hemos encontrado 3 veces más, en Galicia, en Madrid y en Murcia. No fue con la única persona del curso con la que hay unos lazos fuertes. No puedo olvidar a mi querida y entrañable Paz, a la que vemos con más frecuencia y que en momentos de alegría nos ha dado más y en momentos duros me ha dado su apoyo incondicional escuchando y poniendo su hombro. Esther también desprende emoción por todos los poros de su piel, por su mirada, por su sonrisa. Hoy nos hemos visto nada más que una hora y media, pero ha sido una inyección de positivismo que hace que el día termine bien y sea redondo. Tener a tres personas así en tu vida es un auténtico regalo. No sabes bien por qué, pero los lazos están creados desde aquel verano de 1999, deseando poder juntarnos con otros integrantes del grupo, especialmente con Carlos y Rosario que continúan su romance musical y personal más allá del Atlántico y que gracias a las redes sociales nos acercan un poco más. Hubo más: Nacho, Pablo, Rebeca, Duli, Francisca... y algunos de otros países como Vincent de Francia, Misako de Japón, Matti de Finlandia, Eduardo de Brasil y muchos otros de los que no recuerdo el nombre que venían de Gales, Italia, Irlanda... Éramos un grupo de auténtica élite, que cantábamos en coro por las plazas de Budapest y la gente nos aplaudía, que nos emocionábamos con la entrañable "Esti Dal" cantándola en húngaro y que nos contábamos confidencias, sentimientos, nos gastábamos bromas sanas, en definitiva, convivíamos como una piña. En la sesión de despedida nunca olvidaremos las palabras del director del curso felicitándonos porque desde hacía años no coincidía en Esztergom un grupo del curso Kodaly con tanta calidad (en concreto, lo que dijo de una manera muy sincera es que... ¡por fin no nos han venido amas de casa!).


Este vídeo a lo mejor nos hace sacar una lágrima, pero merece la pena. No somos nosotros, pero podríamos serlo perfectamente, de hecho cantamos en la Basílica de Esztergom. Son de esas experiencias que te marcan, que nos marcaron a todos. Estoy seguro que, después de 16 años, si nos juntásemos de nuevo, volveríamos a ser ese fantástico grupo en el que cada persona aportaba lo mejor que tenía. Algunas como Esther lo aporta cada día en su entorno con sus amigos y familia, Paz con sus alumnos en sus aulas, yo con los míos... A pesar de despedirnos esta noche, notas que los abrazos y besos que nos damos son sinceros y que refuerzan ese lazo de amistad, de estar ahí. Ojalá pronto tengamos otra inyección de energía como la de hoy, en los tiempos que corren nos hacen mucha falta... a todos.




martes, 21 de mayo de 2013

ONLY TEARDROPS

Sólo lágrimas. Es curioso que el título de la canción que ha ganado este año Eurovisión tenga tanto que ver con mi situación emocional del último mes. Entre lágrimas he vivido las últimas semanas por lo que expliqué en el post anterior. Lágrimas de tristeza, amargas, también llenas de rabia por no haber hecho bien las cosas, lágrimas de duelo y lágrimas de amor.

Estuve en Malmöe viendo la final. La canción de Dinamarca partía como favorita y triunfó. Yo la había oído ya varias veces, pero cuando leí hace un momento la letra por primera vez no podía imaginar que encajaba tanto en este proceso que estoy viviendo. El estribillo dice:

How many times can we win and lose?
How many times can we break the rules between us?
Only teardrops

How many times do we have to fight?
How many times till we get it right between us?
Only teardrops






Y en las estrofas también hay muchas referencias más, pero el que tenga interés, que las busque. La traducción no la pongo. Creo que para un inglés básico se entiende fácilmente (lo siento, papá, tú sabes cómo buscar los recursos para saber lo que dice).

Por lo demás, el proceso sigue, lento pero creo que seguro. Mientras, hay que evadirse. El fin de semana estuve, como os dije en Malmöe, sede del 58º Festival de Eurovisión. Copenhague fue la ciudad de campamento para muchos de los fans que hasta allí nos desplazamos. Cruzar el estrecho de Oresund, por un puente de 17 km, en un tren que te deja en el otro país en 20 minutos es una auténtica gozada y te das cuenta de cómo los pueblos se unen. No notabas la diferencia a no ser por la moneda y las banderas. Dinamarca y Suecia hermanas siempre, ¡¡hasta para ganar Eurovisión!!

El ambiente en las calles de Malmöe era espectacular, además de estar a 28º el sábado, increíble por esas latitudes. Todo contribuyó a hacer la fiesta aún más espectacular. Actos para los niños, paneles, banderas, "agua de Eurovisión" con sabor a flores. A ver si TVE aprende y ganamos algún año porque la ciudad que acoge un evento como este recibe una promoción turística tan gratuita que es envidiable. Y Malmöe es poco más que Coruña, 300.000 habitantes.

Dado que el lunes fue festivo en Holanda, aproveché el tiempo para visitar Copenhague. Curiosamente el domingo llovió muchísimo y poco pude recorre, aunque sí, "La Sirenita" y demás atracciones turísticas de la capital danesa las pude ver., entre ellas "Christiania", la ciudad "hippie" dentro de la propia capital danesa que tiene sus propias leyes, gobierno, etc.

Pero no disfruté mucho el viaje por todo lo que estoy pasando. Recuerdos, momentos bajos y con el "agobio" de fin de curso se me está haciendo todo muy cuesta arriba. Saldremos adelante, no queda otra, pero poco a poco. Mientras, "only teardrops".


miércoles, 23 de enero de 2013

NOIS

Xa tocaba. Din que a personalidade dun individuo establécese , na súa maior parte, polas vivencias que tivo na súa infancia. A palabra que dá nome a esta entrada no blog marca a miña personalidade. Nois é unha pequena parroquia do concello de Foz, na Mariña luguesa, lugar de onde procede unha parte da miña familia. A miña avoa materna naceu alí. E tamén alí pasei moi bós momentos na infancia, na xuventude e incluso xa traballando. Moita familia ainda queda por aquelas terras, e hai pucos días retomei o contacto con aqueles cos que pasei os mellores momentos. Eles ben saben quen son e non os vou citar, por aquilo do anonimato, pero a sensación de que, a pesares dos moitos anos que pasaron sen un contacto máis frecuente, falabamos polo Skype coma se nos viramos onte. E as ganas de volver a encontrarnos en Nois aumentaron considerablemente en poucos minutos. Coido que nunca Amsterdam e Nois estiveron tan cerca.

Mais en Nois sempre houbo xente con moita gana de facer cousas. Xente traballadora no mar e tamén xente con iniciativas culturais. Alguén creou un perfil no facebook co nome da parroquia e empezaron a subir fotos antigas da xente de Nois. Alí me atopei con moitas sorpresas. Eu aparecía nalgunhas desas fotos. Pero tamén aparecían familiares moi lonxanos, como por exemplo dous dos meus tatarabuelos, Genoveva Eijo e Antonio Pardo, dos que descendemos unha boa cantidade de familiares espallados por moitas vilas, cidades e países. Demóstrase que Internet ten cousas moi boas.

Nois é un pequeno paraíso dentro do gran paraíso que é Galicia. Cando chegabamos naqueles día de verán dos últimos anos 70 era chegar a outra realidade: praia, xogos, animais, apañar as moras na vía do tren, chamar por teléfono dende o único teléfono que había na parroquia na "Casa do Maestro", coñecer á xente polos seus alcumes ou polo nome do clan familiar, ir coller as patacas (a única vez na miña vida que apañei patacas unha tarde de xullo ou agosto e o recordo como un dos mellores momentos da miña infancia), sentarse ao quentiño da lareira, durmir 5 nunha habitación... pasalo ben, en definitiva con toda unha grande familia nunha casa na que conviviamos durante 15 días 9-10-11 persoas a diario. E os días de festa chegabamos a 40, 50... ata 80 persoas!!! Inesquecible e irrepetible.

Cando estudiei cheguei a facer un traballo sobre a historia desa parroquia. Sempre estarei moi vencellado a ela. Historias que me contaron persoas que xa non están, lendas, anécdotas, chistes e "chismes". Alí vivimos celebracións familiares, tamén momentos de tristura por algún pasamento, en definitiva, a vida. Hoxe, aínda que está mellor comunicada que daquela e tamén se renovaron moitas casas, Nois conserva o engado da vida rural das parroquias costeiras de Galicia, a pesares da globalización. Recordo incluso olores peculiares que non hai na Coruña ou noutros lugares. Para min forma parte da miña historia e do meu ser e seguro que moitos aspectos de cómo son eu débense a Nois.

Prometo volver, agardo que pronto. Encantaríame que os meus fillos poidesen vivir experiencias como as que vivín eu alí. Aprenderían moito e sobre todo, disfrutarían. Esas vivencias nos nenos hai que potencialas e dárllelas. Xa que logo, procuraremos aparecer por Nois no próximo verán porque merecerá a pena volver vivir experiencias como aquelas e que as vivan os máis novos. Sei que algúns de Nois lerán isto; outros saberán por primeira vez da súa existencia. Animo a todos a pasarse por alí e disfrutar da súa natureza, da súa cultura, do bó comer e sobre todo, das súas xentes... moitos son da familia, así que seredes tratados ben!! 

A foto que ilustra é unha panorámica de Nois nos anos 50. Había moi poucas casas, nin existía o colexio, vese o mar, a chaira e o monte, a estrada pola que hoxe pasan moitos coches cara a Foz ou Burela, as vilas grandes das que depende e nas que traballan moitos dos seus viciños. Pois xa sabedes, non pasedes só pola estrada, parade e disfrutade deste marabilloso recuncho de Galicia.



domingo, 5 de agosto de 2012

LOS 10 MANDAMIENTOS DEL TRABAJADOR

El PRIMERO, España perdida y sin dinero.

El SEGUNDO, revolución por todo el Mundo.

El TERCERO, no hay palabra de pobre ni de caballero.

El CUARTO, cada uno predica para su saco.

El QUINTO, el Gobierno aprieta el cinto.

El SEXTO, todo es de ellos y nada es nuestro.

El SIETE, la contribución aprieta.

El OCHO, tanto aprieta que al pobre le hacen vender el "cocho".

El NOVENO, nadie quiere para bien la mujer del ajeno.

Y el DIEZ, de cualquier ladrón hacen un juez.

Estos 10 mandamientos se encierran en dos:

- Acabar con España
- y no amar a Dios.

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Es increíble que mi abuela Cándida, hace ya más de 30 años, recitaba estos "mandamientos" que había aprendido en sus años mozos, si viviese hoy tendría 101 años, así que imaginad que pueden estar creados hace 80 ó 90. Lo interesante del caso es que su actualidad es más que evidente y, fuera del sarcasmo y humor que encierran, lingüísticamente me parecen espectaculares, sobre todo lo del "siete, la contribución aprieta", supongo que para que el oyente no perdiese su atención con el rítmico rimar. Ahí quedan, para uso, disfrute y difusión de los mismos.



viernes, 6 de julio de 2012

Vacaciones en Lugo

Recuerdo con especial nostalgia aquellas vacaciones de los 70 en Lugo, en casa de mi abuela. Pasada la noche de San Juan en Coruña, mis padres nos "mandaban" para Lugo a mi hermano y a mí a pasar 3 meses que para mí eran especiales y quedaron muy grabados en mi memoria. Aquel piso de la calle S. Froilán lo recuerdo perfectamente y lo añoro, tal y como era, aquellos suelos de madera, las baldositas de la cocina, las habitaciones italianas y la vista a la muralla y a la huerta de Esperanza. Por las mañanas juegos en casa y compras en la plaza de abastos o en las tiendas del barrio; por las tardes, a las cuestas del parque donde disfrutaba de los columpios y toboganes, del parque infantl de tráfico y de la libertad, del sol y de la compañía de muchos niños y niñas. Todo era muy familiar y entrañable, desde el paseo desde casa hasta el parque, atravesando el casco histórico de Lugo, como los atardeceres de verano viendo el Miño y regresando a casa exhaustos pero felices. No vuelven esos tiempos, pero me acompañarán hasta los últimos días los recuerdos que marcaron mi personalidad.

Los sábados por la tarde llegaban mis padres desde Coruña después de 2 horas de viaje por la vetusta, por aquel entonces, N-VI. Y los domingos, al campo, a la "carballeira" de Santa Isabel en Outeiro de Rei, con el Miño para refrescarnos, con las empanadas envueltas en manteles que luego servían para comer puestos sobre una manta, los bistés, la ensaladilla, el termo de café, el agua, la gaseosa "Revoltosa". Y era un día especial porque nos encontrábamos con otros familiares, algunos días mis primos de Coruña y Lugo, otros con la familia de Rábade... Y las dos horas de digestión para bañarse en el río eran imprescindibles y un ritual necesario. Mi padre hacía dos viajes en un "Set 600" desde Lugo porque no cabíamos todos, pero éramos totalmente felices y vivíamos unas auténticas vacaciones que hoy no creo que fuesen posibles. ¡Qué bien lo pasábamos y cuánto aprendimos!

No soy consciente del día en que volvíamos para Coruña, supongo que a primeros de septiembre. Sólo dos veces disfrutamos de unas vacaciones fuera de Galicia, en 1979 cuando fuimos a Mallorca por primera vez y en 1980 a Estepona, siempre a casa de familiares, pero esos 15 ó 20 días fuera no rompían la rutina del verano en Lugo. Y también, varios años, a Nois, a principios de agosto, una semana o 15 días, lo que para mi, niño urbanita, fue todo un descubrimiento de la vida en una aldea, con un teléfono público en la "casa do Maestro", cocina con lareira, animales en las cuadras y fiesta de prado. 1984 fue el año en que acabó ese ritual veraniego en Lugo por motivos de la salud de mi abuela Cándida, que ya manifestaba síntomas de la desconocida por aquel entonces enfermedad de Alzheimer y de la que nos hicimos expertos hasta que falleció en 1994.

Hoy parece que necesitamos un buen hotel de 4 estrellas, un gran viaje a la costa, hacer un crucero y gastar en buenos restaurantes. Si me ofreciesen volver 30 ó 35 años atrás no dudaría en repetir las vacaciones en Lugo, con todas las vivencias que allí tuve. Ya regresado de Amsterdam me encuentro una Coruña húmeda, sin sol, lluviosa y nada veraniega, todo lo contrario de aquellas tardes calurosas de Lugo. Y deseamos irnos a buscar el sol, la playa, la piscina... En Lugo era todo mucho más relajado, sencillo y familiar y desde luego ha dejado su impronta.

Por eso desde hace años tengo la sensación de que a mis vacaciones les falta algo. Les falta esa sensación de familiaridad y ese aspecto entrañable al más puro estilo "Cuéntame" que se ha perdido en las últimas décadas. Conocemos otros lugares, hacemos nuevos amigos, pero esa continuidad a lo largo de tres meses los niños no la tienen y dudo que realmente se desconecte tanto como yo desconectaba en Lugo. Es lo que nos toca vivir ahora, en pleno s. XXI globalizado, la cuestión es si tendrá más ventajas. Sinceramente, creo que no, me quedo con los tres meses veraniegos de Lugo.