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lunes, 19 de diciembre de 2016

ALEPO

Asi, de entrada, todos identificamos este nombre. Pero poco sabíamos de esta ciudad siria antes de la guerra civil que azota el país desde hace 5 años. Esta semana la ciudad ha sido tomada por las fuerzas gubernamentales de Bachar Al Asad con la ayuda siempre omnipresente de Rusia en los últimos meses mientras Europa miraba, una vez más, hacia otro lado.

Alepo es la principal ciudad de Siria, con mayor población que su capital, Damasco. Más de 2.300.000 personas viven en su núcleo y en su entorno metropolitano. Es la ciudad económica por excelencia del país... o más bien habrá que decir "era" porque viendo las imágenes que llegan gracias sobre todo a las redes sociales la han convertido en una ciudad fantasma, completamente destruída y  con la población diezmada.

Y parece que el conflicto de Siria nos importa un bledo, es algo que ocurre más allá del Mediterráneo, en uno de esos países árabes con una dictadura disfrazada de democracia y que, en fin, "que se maten entre ellos". Pero es necesario empatizar, pensar sólo por unos instantes que estaríamos hablando, haciendo un símil, de nuestra Barcelona y que ha quedado arrasada: sin Sagrada Familia, sin Parque Güell o sin los edificios de Gaudí. Pero sobre todo, con miles de civiles masacrados. Hemos visto que se han bombardeado hospitales infantiles, que grupos de voluntarios llamados "cascos blancos" se quedaron en la ciudad para facilitar toda ayuda humanitaria que pudiesen. Y hemos visto bombardeos en lugares que podrían ser Las Ramblas, el mercado de la Boquería, la Plaza de Catalunya, la Diagonal... ¿Queréis más comparaciones?


Las imágenes del vídeo (podéis "entrar" en 360º moviendo el ratón) estremecen y las crónicas que llegan de las personas que aún siguen allí nos auguran un nuevo genocidio. Se habla de que civiles que apoyaban a los opositores al régimen se entregan rendidos e instantáneamente son fusilados, incluídos niños. Si aún estamos descubriendo lo que significó para la guerra de Bosnia la toma de Srebrenica y la masacre posterior de civiles, pensemos que lo mismo puede ocurrir en Alepo y tiene todos los visos que así sea. Y mientras, el alcalde de la ciudad pide en Europa "acciones REALES y no palabras", Europa mira hacia otro lado.

Hace 8 años, en Irlanda, durante un curso de inglés, había conocido a un chico sirio que estaba en mi grupo. Durante las clases hablábamos frecuentemente y recuerdo que me animó a estudiar árabe porque me abría las puertas de 22 países en donde es idioma oficial. No mantuvimos el contacto, pero era un chaval que tenía aspiraciones de futuro, creo recordar que estudiaba medicina y tenía un expediente fantástico. Hoy tal vez esté muerto, pero estos días me he acordado mucho de él. Si vive, ¿dónde estará, qué pensará, ejercerá su profesión, tendrá cerca a su familia...? Desde luego ajeno al drama no puede estar, todo esto en caso de que siga con vida.

Acabando 2016 y a punto de celebrar en el mundo cristiano la Navidad mi recuerdo es para los ciudadanos sirios, muchos de ellos refugiados a los que no dejamos entrar en Europa, o bien los dejamos ahogarse en el Mediterráneo; otros están allí, en ese infierno y con un futuro más que incierto. Viendo las imágenes reconstruir no solo la ciudad sino el país entero supondrá muchos años de esfuerzo, un negocio para determinadas empresas de "países amigos" y esperemos que cambios en sus políticas, aunque viendo las circunstancias de la toma de esta ciudad pocas esperanzas hay.

En fin, triste final de 2016 en Siria. Un recuerdo para todos aquellos que ya no están y un NO OLVIDEMOS a los que aún sobreviven


jueves, 25 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 6: ZAGREB, VUKOVAR... Y FINAL!!

Poco a poco los kilómetros hacían mella en nuestros cuerpos, 10 días en los que hicimos unos 1700 por todo tipo de carreteras y con condiciones meteorológicas diversas, atravesando 5 veces las fronteras entre los 4 países. 5 alojamientos diferentes, multitud de atracciones turísticas, había momentos en que parecía que el tiempo no llegaba para ver todo lo que deseábamos, pero bueno, no nos podemos quejar de todo lo que visitamos.

La última etapa del viaje era de nuevo en Croacia, en su capital Zagreb, muy cercana a Ljulbjana por lo cual estábamos antes de comer ya alojados y visitando la ciudad. A pesar de ser la capital, nos dio la impresión de tener precios más baratos que en la costa del país. Su casco antiguo está bien conservado con muchos edificios también vinculados al Imperio Austro-Húngaro. Destacar la Plaza de San Marcos porque allí está la iglesia del mismo nombre que separa el edificio del Parlamento de Croacia de la sede de la Presidencia del Gobierno. El tejado de la iglesia reproduce los escudos de armas del país y de la capital.


Era viernes y había mucha animación en las calles del casco histórico. Descubrimos una calle con muchos restaurantes tradicionales y tiendas de recuerdos que atraían a todos los visitantes. Allí fuimos a cenar porque había mucho ambiente y cenamos en uno de ellos una de las mejores comidas del viaje. Pudimos también pasear unas horas antes por un barrio menos céntrico y más obrero, pudiendo observar que la ciudad es grande y variada. Nosotros teníamos el hotel, por no variar, enfrente de la estación central de trenes, pero nada que ver con la de Belgrado, se notaba más limpieza y los mismos trenes eran más modernos que los de Serbia. En definitiva, una capital europea con todos los servicios y moderna. Como solo pernoctamos una noche, su visita fue muy rápida pero suficiente. Lo que sí aprecias es que Croacia es un país MUY católico, ya lo habíamos descubierto en las otras ciudades y en el viaje de hace dos años. El hecho de que la iglesia que os cité esté entre la sede legislativa y la judicial es un tanto paradójico, como si lo que deciden los representantes del pueblo tenga que pasar antes de ejecutarse por el "filtro" del clero. No me extrañaría en absoluto.

El último día de nuestro viaje quedaba cubrir la distancia entre Zagreb y Belgrado para coger el avión de vuelta. Pero entre medias teníamos prevista una visita que a mí me emocionaba bastante: la ciudad de Vukovar, a orillas del Danubio y haciendo ya frontera con Serbia.

Vukovar fue una de las batallas más duras de la guerra de Croacia. El asedio de la ciudad duró tres meses y en mucha bibliografía histórica se conoce a esta batalla como "el Stalingrado croata". Murieron muchos miles de personas, tanto serbios como croatas, pero las atrocidades que se cometieron en la ciudad y aldeas cercanas traspasaron fronteras e, igual que en Srebrenica, algunos mandos militares fueron juzgados en el Tribunal Internacional de La Haya. Además, hubo también masacres de civiles que hoy están desaparecidos o enterrados en fosas comunes, entre ellos los enfermos y personal del hospital de la ciudad, que fueron sacados de allí por los serbios cuando tomaron la ciudad y exterminados a pocos kilómetros de la misma. Todos estos hechos y la dura realidad de la guerra en Croacia se reflejó muy bien en una película americana titulada "Las flores de Harrison" que, aunque tiene algún pequeño fallo, refleja muy bien la crudeza de aquel asedio.

Hoy Vukovar es una ciudad bastante nueva. La mayoría de sus edificios ya han sido levantados de nuevo o restaurados, pero en las calles céntricas de la ciudad todavía quedan algunos con los impactos de la artillería, lo que impresiona enormemente.



Pero durante la guerra y a día de hoy Vukovar tiene un símbolo de esta destrucción: la torre del depósito de agua de la ciudad. La imponente edificación era un objetivo bien visible para los serbios. Si lo destruían, era no solo una victoria militar, sino también simbólica. Pues durante los 87 días de asedio se cuenta que los combatientes croatas subían cada amanecer a lo alto del mismo para clavar los restos que quedaban de la bandera de Croacia. El depósito no se logró derribar y cuando acabó la guerra las autoridades decidieron que quedaría como símbolo de PAZ y de lo que nunca deberá volver a ocurrir. Se tiene proyectado hacer allí un centro de exposición y documentación sobre los conflictos como una manera de educar en la convivencia y el respeto. 


Os aseguro que la estructura impone y más acercarte a ella y verla tal y como quedó en 1991. En la cima ondea hoy también la bandera croata, a pesar de que después de la toma por los serbios, la ciudad fue hasta 1998 de este país, reintegrándose a Croacia en esa fecha. Hay muchos documentos gráficos en Internet, pero aquí os dejo un vídeo subtitulado en inglés donde también podéis ver el depósito de agua y pensar que por esas calles totalmente arrasadas yo estuve hace poco menos de 15 días con estas imágenes en la mente. Fue un auténtico y espantoso episodio de limpieza étnica a finales del s. XX.


Nos quedaba por ver en el entorno de la ciudad aún otro monumento referido a esta batalla, si cabe lo más emotivo que vivimos en estos días. En el cementerio de la ciudad están enterrados los combatientes croatas que defendieron la ciudad, en tumbas exactamente iguales con su nombre, fechas de nacimiento y muerte y una inscripción que pone "Hrvatski Branitelj" (combatiente croata) Es sobrecogedor ver que todas las fechas de fallecimiento están entre septiembre y noviembre de 1991. A pocos metros una parcela del cementerio recuerda con más de 800 cruces blancas a los caídos, así como un monumento en el que la gente deposita velas y flores y que permanece con una llama encendida permanentemente.




Existe también un lugar que no encontramos en el que ocurrió la matanza de los enfermos del hospital. Allí también hay un pequeño memorial, pero por lo que investigué al llegar a España parece ser que todavía se están encontrando fosas comunes con restos humanos que posteriormente son identificados. Definitivamente, un horror que nunca puede ser olvidado.

Y muchos os preguntaréis por qué me gusta visitar estos lugares. Ya comenté aquí que el tema de la desintegración de Yugoslavia siempre me atrajo mucho. No puedo daros una explicación convincente de por qué, solo sé que cuando ocurrieron estos hechos y los veía en televisión a mí me impactaban muchísimo. A poco más de dos horas de avión de nuestras ciudades se cometían los crímenes mas atroces, violaciones, torturas, un genocidio como el que conocemos del nazismo. Y desde nuestros países avanzados no se hacía NADA. España en 1992 estaba enfrascada en los Juegos Olímpicos de Barcelona y en la EXPO de Sevilla mientras en Croacia o Bosnia moría gente de la manera más cruel todos los días. Y todo porque los extremismos salieron a flote cuando unos cuantos políticos nacionalistas arengaron a la población a ir en contra de aquellos que eran vecinos, amigos... pero ahora eran distintos porque se les ponía la etiqueta de "serbios", "croatas", "bosnios", "musulmanes", "ortodoxos", "católicos"...

Te vas de Vukovar con una sensación extraña. Evidentemente no preguntas a la gente sobre ello ni en las conversaciones espontáneas se habla de "la guerra". Solo en Belgrado, antes de ir a recoger el coche de alquiler, un joven camarero quiso hablar con nosotros sobre ella. Nos preguntó de dónde éramos y al decirle que "españoles" se lanzó a hablar. A veces no hace falta hacer muchas preguntas sino solo escuchar y a pesar de que el muchacho tendría unos 25-27 años, nos contó cosas de la guerra y de los bombardeos de 1999. Su padre había combatido y cuando se lo contó a él, después de varios años desde que pasó, le dijo que tuvo que atacar y disparar contra aquellos que eran vecinos y amigos, que compartían momentos de risas en tiempos de paz o trabajos comunes. También nos dijo una frase sentenciadora: al decirle que al día siguiente salíamos para Sarajevo su respuesta fue contundente, "los serbios no viajan a Sarajevo", pero no con rencor, sino con mucho arrepentimiento y tristeza.

Quedaban pocas horas para terminar este apasionante periplo. Volvimos a entrar en Serbia sin problemas. Comimos en un área de servicio de la autopista a Belgrado y como era temprano propuse una última visita: ir al mausoleo de Tito y al Museo de la Historia de Yugoslavia. Y allá fuimos. Tampoco puedo explicaros por qué me atrae la personalidad del hombre que gobernó el antiguo país 35 años y que todavía es bastante recordado. Bien es verdad que era un dictador y que también se le puede acusar de crímenes y purgas, pero a nivel internacional era un dirigente apreciado. Tito fundó el Movimiento de los Países No Alineados, rompió con la URSS y su país tenía como una especie de "salvoconducto" en las relaciones entre el Este y el Oeste divididos por el Telón de Acero. Yugoslavia fue un país autogestionado, los obreros eran propietarios de las fábricas, trabajaban de 7 a 3 de la tarde, tenían derecho a pasar unos días de descanso en un hotel para ellos en Markaska, en la costa croata, se les daban ayudas a las familias por cada hijo que tuviesen y después de trabajar 10 años el estado les adjudicaba una vivienda. Podían salir del país con el llamado "pasaporte rojo" y todos recordamos los éxitos de Yugoslavia a nivel deportivo, sobre todo en baloncesto o waterpolo. Yo visité parte del complejo que no solo alberga la tumba de Tito y su mujer, sino un edificio en el que se exponen TODOS los regalos que recibió durante su mandato de otros dirigentes y de los propios yugoslavos, ya que el dejó dicho que eran regalos para el pueblo. La colección es curiosa porque hay desde piezas de cerámica, botellas de champán, vajillas, trajes tradicionales o un gamelán balinés.

El mausoleo de Tito es muy sencillo, un edificio modesto con una fuente en el exterior como el quería. Alrededor de su tumba hay una cronología de los hechos más destacables de su mandato de 35 años y un par de ordenadores donde se pueden consultar las muestras de condolencia que llegaron de todos los países del mundo y fotos del funeral al que asistieron más de 100 delegaciones, desde reyes hasta presidentes socialistas, de derechas o dictadores. Entre esos mensajes pude encontrar el de Adolfo Suárez, presidente del gobierno de España en 1980, fecha en la que murió. Curiosamente visitando el museo había un grupo pequeño de españoles que guiaba una chica que residía allí y les iba explicando un poco cómo era la vida en los 60 o 70 en Yugoslavia. Y yo "ponía la oreja" como se suele decir y uno de ellos dijo que era considerado como "un dictador light". Puede ser una buena definición de su personalidad.


De ahí marchamos al aeropuerto, dejamos el coche (sin incidencias reseñables salvo lo poco educados que son los serbios y lo mucho que tienen que aprender de trato al visitante) y a esperar. 6 horas hasta que saliese el vuelo a Barcelona y una vez allí 8 para el enlace a Coruña. Fue un regreso largo y cansado, de hecho a las 14:30 del domingo ya estábamos en casa y yo me acosté, sonó el teléfono a las 10 y cuarto de la noche para ir a cenar con mis padres. Desde luego el cansancio dejó huella, pero todo lo visto y todo lo vivido mereció la pena. Además, no es fácil expresar las emociones y sentimientos que origina visitar un territorio que desde niño conocías como un país y ahora son 6, después de pasar por una guerras devastadoras no solo materialmente sino (y sobre todo) emocionalmente. Solo sé que no quiero que yo ni mis hijos ni nadie de mi familia tenga que pasar por una situación de conflicto alguna vez en su vida porque en casos extremos sale lo peor del ser humano que a veces hasta da pudor expresarlo con exactitud de detalles por lo escabrosos que son. Las guerras son la expresión máxima de la barbarie a la que cualquier pueblo puede llegar y desde luego todos tenemos el deber de trabajar por una cultura de PAZ, de convivencia entre las diferencias. Ojalá yo también contribuya algo con estos relatos.

Por último, me ha gustado compartir estas vivencias y reflexiones con todos los que me leéis, aquí y en facebook. El blog volverá a su normalidad después de este viaje y de estas experiencias, así que también espero que comentéis algo o preguntéis. Yo tengo ya en el cuerpo el "gusanillo" por estos países, más bien ya lo tenía pero cuando lo alimento crece y quiero saber más, así que seguiré investigando. A poco que leas te das cuenta que Europa fue muy injusta con ellos y que muchas de las cosas que veíamos o nos contaban los periódicos o los informativos eran informaciones sesgadas y dirigidas, en fin, como suele pasar habitualmente con los medios. Gracias a todos por la paciencia de leer estas seis etapas y aquí seguiremos.

miércoles, 17 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 2: BOSNIA-HERZEGOVINA

Tengo una debilidad especial por este país. Las imágenes que a principios de los 90 nos llegaban desde Sarajevo, con la población aterrorizada, masacrada y asediada por la guerra me impactaron. España tomó parte activa en la ayuda humanitaria al pueblo bosnio acogiendo refugiados en muchas ciudades (en A Coruña aún viven algunos) y enviando tropas del Ejército a localidades como Mostar, conozco yo a varias personas que allí estuvieron.

Y desde entonces mi interés por aquel conflicto creció, leyendo todo tipo de bibliografía que me diese una explicación de lo que allí ocurrió y que conmocionó al mundo. Algunas ideas ya las tengo claras, pero cuando pisas el terreno real donde ocurrieron aquellas atrocidades, entiendes más cosas y te sigues haciendo preguntas. 

Para empezar, hay que entender qué es hoy Bosnia-Herzegovina. Todos creemos que es un país unificado y en el que ya no hay conflicto. Digamos que a medias. La República de Bosnia-Herzegovina está compuesta por dos entidades diferenciadas: la Federación de Bosnia-Herzegovina (compuesta de población croata y bosnia) y la República Srpeska o República de los Serbios de Bosnia (población serbia). En la primera la población es católica (croatas) y musulmana (bosnios) y en la segunda es ortodoxa (serbios). Y aunque los límites reales están claros entre las dos entidades, dado que se marcaron con los Acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra en 1995, su distribución por todo el territorio es todo un rompecabezas originado no sólo por los avatares históricos que vivió esta región sino también por la geografía del mismo, entre altas montañas, ríos encajonados y planicies que hicieron de este país un auténtico laberinto y en muchos casos una cárcel que acabó siendo mortal para muchos de sus habitantes en aquella guerra de 4 años que nos avergonzó a toda Europa. El mapa actual del país, con la distribución de su población, es el que os muestro aquí:



Este es un mapa de 1998, donde la zona roja representa la parte serbia mientras la azul y verde, croatas y bosnios. Parece como si juntásemos tres barajas, las mezcláramos y las lanzásemos al aire y según cayesen, así quedaban. Y evidentemente antes de la guerra la mezcla era mayor, por lo que dio origen a las barbaridades que todos conocemos, especialmente en la parte este y sur.

Podría hablar de Bosnia como para hacer otro blog entero. Pero no es el caso. Me limitaré a narrar nuestro viaje, que empezó en un coche de alquiler de matrícula serbia en Belgrado. Primer objetivo, cruzar la frontera y con una idea previa de visitar una de esas localidades del horror que al final no hicimos precisamente por el tiempo que perdimos en las carreteras serbias y que os conté en el post anterior. Además, en Belgrado preguntamos por los puestos fronterizos que estaban abiertos y las respuestas eran intentando evitar ciertos itinerarios. Me refiero a que yo quería visitar el Memorial del genocidio de Srebrenica, en la localidad de Potočari, a pocos kilómetros de una frontera sobre el río Drina que todos nos dijeron que estaba cerrada. Me quedé con la duda porque yo creo que no era así, pero al mismo tiempo sentía que aparcar allí un coche serbio era como una afrenta e incluso podría resultar peligroso. Así que cruzamos por la frontera de Zvornik y nos fuimos encaminando a Sarajevo, aunque estuvimos a pocos kilómetros del lugar donde se perpetró la mayor matanza indiscriminada en Europa desde la II Guerra Mundial.

En todo caso, hay mucha información en internet sobre esos hechos acaecidos en julio de 1995. La página web del Memorial tiene todo tipo de información y además en Sarajevo pudimos visitar una exposición sobre Srebrenica que en cierta manera es revivir sensaciones como las que uno puede tener al visitar un campo de concentración como Auschwitz. No quiero crear morbo con esto, pero en el enlace que os he puesto en el párrafo anterior podréis saber más e incluso ver vídeos de los hechos grabados por las tropas serbias en los días de la ocupación de la localidad y los hechos de la masacre. Pienso que Europa aún no es muy consciente de lo que allí pasó y en cierta manera todos, TODOS los gobiernos fueron responsables de aquellos hechos y de no querer prevenirlos ni pararlos.

Llegamos a Sarajevo en torno a las 6 de la tarde, con un poco de lluvia y 14º de temperatura. Hoy es una ciudad que avanza al futuro y quiere dejar atrás, sin olvidarlo, su terrible asedio de más de tres años. Es una ciudad fácil para circular por ella y para orientarse, ya que el tráfico se centra en torno a la tristemente conocida Avenida de los Francotiradores y que todos tenemos en mente por las imágenes de muertos y heridos que nos llegaban por televisión. Hoy ya tiene muchos edificios restaurados, entre ellos la sede del Parlamento del país, centros comerciales modernos, pero también muchos otros edificios con agujeros de metralla y disparos que desde las montañas vecinas mataban a discreción a la población civil.


Sarajevo tiene mucho que ver. La guerra además ha marcado un itinerario por la ciudad que todos los visitantes realizan. Lo cierto es que no es la primera vez que Sarajevo aparecía en la historia por este tipo de hechos: de todos es sabido que aquí saltó la chispa que originó la I Guerra Mundial cuando el joven anarquista serbio Gavrilo Princip atentó y mató al heredero del trono austro-húngaro y a su mujer, justo en la salida del Puente Latino y donde hoy todo el mundo se saca una foto ante la placa que lo recuerda


A pocos metros está el barrio turco, la Bašcaršija, y es aquí donde te das de morros con la realidad de este país y que a mi modo de ver Europa no entiende. Las edificaciones tienen varios cientos de años, casas bajas que constituían la parte vieja de la ciudad y que es totalmente musulmana, con varias mezquitas y su mercado oriental, al estilo de un gran bazar. Aquí está el centro turístico de la ciudad, los monumentos más artísticos, los locales de hostelería a donde acuden foráneos y locales. Pero aquí también está LA UNIÓN DE CULTURAS, la convivencia pacífica entre los sarajevitas que practican cualquier religión y eso es lo que te hace reflexionar. Para los momentos que vivimos en toda Europa de alarma mucha gente tendría que darse una vuelta por aquí para entender que se puede vivir con respeto al otro y en un ambiente de tolerancia absoluto. Es realmente impresionante ver cómo personas musulmanas de 20, 30, 40 años y mayores, con una indumentaria y apariencia totalmente occidental acuden a rezar a las mezquitas, se descalzan para entrar, se lavan, hacen sus rezos y a los 10 o 15 minutos salen y siguen con su vida, con su trabajo y sin molestar a nadie. Personas que tienen un puesto de souvenirs a pocas calles o te atienden después para servirte una comida en su restaurante. Y sí, las mujeres llevan sus niqab o sus hijab pero mantienen una vida perfectamente europea, muy lejos de los tópicos de Oriente Medio de mujeres sometidas. Mujeres jóvenes, incluso diría que nacidas durante o después de la guerra, algunas ya con hijos que lo que hacen es VIVIR sus creencias y atender sus obligaciones, nada más. Cuando ves y vives esto comprendes que tenemos un desconocimiento total de lo que es el Islam y que desde luego no es algo de unos cuantos fanáticos que se suicidan haciendo explotar su cuerpo y llevándose con ellos a otras personas. Más de 1000 millones de personas en el planeta son musulmanas y merecen el mismo respeto y la comprensión que los creyentes de otras religiones.

Es también curioso que, por ejemplo, si pides cerveza, automáticamente te informan que es sin alcohol y, por lógica, en las cartas de los restaurantes no hay platos que lleven carne de cerdo. Eso sí, el pan está riquísimo y las especialidades de origen árabe están exquisitas.

Y después quedan dos cosas muy interesantes que visitar. En primer lugar el "Túnel de la Esperanza", del cual me enteré de su existencia hace poco tiempo. Sarajevo es una ciudad rodeada de montañas. En los años del asedio una familia que vivía más allá de las pistas del aeropuerto, en zona libre de ataques serbios, empezó a construir un túnel desde su vivienda y por debajo de la misma pista de aterrizaje y que llegase a la ciudad para suministrar víveres, medicamentos, ropa y lo imprescindible para subsistir en una ciudad asediada y convertida en una cárcel. Ese túnel sirvió también para evacuar heridos y salvarles la vida. Hoy en día la casa se ha convertido en un museo sobre el asedio, hay una exposición permanente, recorres unos metros del túnel e incluso puedes ver un campo minado en un terreno añadido. Desde luego es sobrecogedor.


Vinculado también a la guerra está el Mercado de Markale. En febrero de 1994 un obús serbio impactó en el corazón mismo de la ciudad, en este mercado donde la gente estaba haciendo cola para conseguir pan. Allí murieron más de 60 personas y otras más quedaron heridas. Hoy se recuerda en el mismo mercado aquel hecho con un mural al fondo donde aparecen los nombres de las víctimas y el espacio donde cayó el obús con un cristal para que se aprecie el boquete que dejó. También en internet encontráis imágenes y vídeos de los momentos inmediatamente posteriores al ataque, así que os podéis imaginar lo que se ve.

Y por último el recuerdo de 1984, del año que la mitad del mundo conoció esta ciudad que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno. Subir a las montañas donde se celebraban las pruebas quedó como una experiencia a medias ya que había mucha niebla y no pudimos llegar a lo más alto. Allí quedan los restos de aquellas instalaciones que asombraron al mundo y que hoy están entre maleza, especialmente la pista de bobsleigh que ha servido de pared grafitera para recordar al mundo que Sarajevo revive y sale adelante.  En facebook pondré las fotos de todo.

Después de visitar la ciudad, el cuarto día de viaje partimos hacia Croacia. La Bosnia rural tiene unos paisajes impresionantes, precisamente por esa orografía endemoniada que tan pronto te hace subir una montaña hasta los 2000 metros como te lleva a circular por un cañón encajonado de un río. Ese territorio es muy similar a nuestra Galicia rural. Población dispersa, actividades primarias, carreteras enrevesadas y, en vez de tener una iglesia, hay una mezquita. Lo que más impacta es saber que por esos parajes mucha gente tuvo que huir del enemigo, en condiciones infrahumanas, heridos o enfermos, buscando zonas liberadas para asentarse y sobrevivir, en el mejor de los casos. Porque si por un mal azar del destino una bala oculta impactaba en el cuerpo de alguna persona, tenía muchas posibilidades de morir, de ahí que cada "x" kilómetros en la cuneta de la carretera te encontrabas una lápida pequeña con velas y flores que recuerdan el lugar donde aparecieron cadáveres. Mucho padecieron los bosnios, seguro que algunas familias completas desaparecieron para siempre o están enterrados en alguna de los cientos de fosas comunes que aún hay por el país y que se trabaja para localizarlas y exhumar los restos de todo aquel o aquella cuyo cuerpo sea demandado por sus familiares. Me quedé con la sensación de que esta gente tiene una expresión muy triste en su rostro, que eran los pobres de Yugoslavia y fueron a por ellos, que los quisieron exterminar y que esas heridas no se curan en 20 años. Y también creo que no reciben con agrado que los turistas vayan (vayamos) a visitar su país por la guerra, que preguntemos por determinados lugares que su simple mención tiene que ser duro para ellos. Aún tendrán que pasar años para que todo vuelva a tener cierta estabilidad, pero sinceramente, aquí es donde más papeletas hay para que se cumpla aquel dicho de "la Historia se repite". Ojalá no llegue a ser así.



lunes, 15 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES: SERBIA

Voy a empezar a narrar cómo ha sido mi viaje de este año. Ya es la tercera vez que salgo de España en verano para desconectar y conocer otros lugares, lo cual lleva implícito un proceso de organización, ahorro de dinero y ese "gusanillo" de salir, coger un avión para nuevos destinos y vivir experiencias nuevas. Tres amigos decidimos que este 2016 el destino serían los Balcanes, esa parte de Europa que tanto me llama y que siempre tuve presente en mis comentarios aquí, tal vez haya algún gen mío que tenga su origen por esas tierras que siempre se consideraron el "avispero" de nuestro continente por los conflictos que allí surgieron y que alteraron las fronteras desde muchos siglos atrás, la última vez hace escasos 25 años.

Yugoslavia. Para muchos que tienen más de 40 años ese es el nombre que aún suena y que asocian a determinada iconografía: éxitos deportivos, el comunismo "light" del dictador Tito, las guerras posteriores de los años 90, etc. Nuestro viaje empezó en la que era la república dominante en aquella época y que como país independiente solo tiene 10 años: SERBIA. ¿El motivo? El vuelo más económico que encontramos haciendo solo una escala desde España era a Belgrado, así que allá nos fuimos.

Difícil expresar lo que experimentamos. Belgrado es una ciudad enorme, capital del país, en la confluencia del río Sava con el Danubio. Tiene el triste record de haber sido la capital que más veces ha sido destruida y reconstruida a lo largo de la historia, la última vez en 1999 con los bombardeos que la OTAN llevó a cabo por el conflicto de Kosovo. Permitidme opinar que fue un grave error, por lo que enseguida os comentaré.

Llegamos a Belgrado a las 8 y media de la tarde, cayendo ya la noche. Cogimos un taxi que nos acercase al hotel, después de cambiar dinero. El dinar serbio es la moneda del país, de escaso valor y que prácticamente solo se utiliza con billetes. Para que os hagáis una idea por 150 euros nos dieron unos 17700 dinares, así que aparte de visitar muchos sitios, ¡¡también trabajamos Matemáticas!! Lo primero que nos impacta es que el taxista llevaba puesta la radio y solo se escuchaban una sucesión de proclamas que, por el tono y el énfasis, era para enaltecer el patriotismo y el orgullo serbio. Parecía totalmente que aterrizábamos en un país en un estado de alerta absoluto, nos mirábamos con cara de asombro pero no comentamos nada hasta llegar al hotel.

Una vez instalados y preguntando en recepción donde cenar, nos recomendaron un restaurante de comida serbia, apetitosa, tradicional y económica. Después, el primer paseo por Belgrado, a la zona más céntrica, la calle Knez Mihailova, peatonal y con muchas terrazas donde los belgradenses se encontraban para mitigar el calor del verano y que es la zona más europea de la ciudad. El calor fue sofocante los dos días, más de 34º, lo cual permitía visitar la ciudad por la mañana pero no en torno a las 4 de la tarde. 

¿Y qué ver en Belgrado? Pues básicamente unas pocas cosas:

- La fortaleza Kalemegdan, defensa de los ataques que aparecían por el Danubio
- La espectacular Iglesia de San Sava, el templo ortodoxo más grande del mundo
- El entorno de la calle peatonal citada antes, con el barrio de Skenderlija como punto de encuentro más bohemio de la ciudad
- La ribera de los ríos Sava y Danubio, lugares de ocio nocturno y restaurantes modernos y de buena cocina.
- Y para los nostálgicos, los restos de la extinta Yugoslavia, con el museo de historia del país y el mausoleo de Tito

No quiero convertir el post en una guía turística de Belgrado, ya hay muchas en otros blogs, sino en contar mis impresiones a partir de lo que ya sabía de Serbia, de su reciente historia y de sus proyectos futuros. Desde luego, todos tenemos en mente que el país es el "culpable" de los crímenes más atroces acaecidos en las guerras de los 90 en Bosnia, Croacia y Kosovo. Aquellos políticos y militares que incitaron a coger las armas contra todo aquél que intentase someter a los serbios (y que algunos fueron juzgados en La Haya por crímenes contra la humanidad, otros murieron allí,como Milosević y otros aún están fugados) desde luego que son responsables, pero no así la población civil. Lo que más me sorprendió en Belgrado fue el contraste entre querer entrar en Europa y quedarse como puente entre Oriente y Occidente, siendo el mayor aliado de Rusia. Y precisamente esto tiene que ver con el bombardeo de 1999. En las guías de la ciudad los itinerarios te muestran los restos de varios edificios que se dejaron sin restaurar para que los visitantes los viesen. Mi opinión es que ese hecho les hirió y mucho. Ninguna ciudad merece ser atacada por una fuerza superior. En este caso, Belgrado se podría equiparar a cualquier capital europea, y no podríamos imaginar que hoy, por un conflicto generado internamente, la OTAN bombardease cualquier capital o ciudad de Europa, aparte de que uno de los edificios bombardeados fue el de la televisión y allí murieron muchos trabajadores que nada tenían que ver con el régimen, es decir, fueron víctimas civiles.

Tuvimos la oportunidad de hablar con un muchacho de unos veintitantos años que nos atendió en un bar y que al decirle que éramos de España se lanzó a hablarnos. En inglés nos comunicó esa idea, nos habló de la guerra y de lo que significó personalmente en su familia (su padre había luchado contra amigos propios) y en el país. Y esa injerencia internacional en algo que nunca entendieron les ha generado mucho rencor. Es por ello tal vez que sigan viviendo muy encerrados en sí mismos y con Rusia como aliado histórico. Y por supuesto, reivindicando su identidad y su orgullo. Y sí, hay nostálgicos de Yugoslavia y de la figura de Tito, pero es más que comprensible. Durante los años que gobernó, a pesar de ser un dictador, toda la población del país gozaba de un bienestar que en muchos casos hoy no tienen. No es que haya un culto permanente a su personalidad, pero sí encuentras tiendas de souvenirs que venden pequeñas figuras de Tito, imanes, fotografías, iconos de Yugoslavia como la estrella roja, etc. Es más, todavía circula por el país el famoso "tren azul" que unía las 6 repúblicas y que tuve la oportunidad de fotografiar en la estación central en un convoy que partía hacia Montenegro.




Pero lo más impactante fue vivir en directo una de las noticias del último año. Cuando llegamos el primer día en una plaza aledaña al hotel vimos que había mucha gente joven con móviles sentada en las aceras y con policía cerca. En un primer momento hasta llegamos a pensar que estaban haciendo botellón o bien "cazando Pokémon". Pues no. Eran refugiados. El caso es que a la luz del día pudimos comprobar que efectivamente había jóvenes de aspecto occidental, pero también mujeres y niños que por su vestimenta y rasgos eran claramente de Oriente. No supimos exactamente por qué estaban "acomodados" en esa plaza, pero al estar cerca de la estación de tren y de la de autobuses, parecía como un lugar de espera ante una nueva etapa de su viaje. Hay que decir que  no se les veía en malas condiciones como vemos en televisión. Los niños jugaban entre risas, los jóvenes hasta tenían una cancha donde jugaban al futbol o baloncesto. Había un camión cisterna que les sumistraba agua y los veías lavarse y beber. También una furgoneta de Médicos sin Fronteras que actuaba como dispensario. A primera hora de la mañana alguien repartía unas bolsas con comida y, en definitiva, era un campamento provisional para más o menos un centenar de personas que se movían por las inmediaciones sin causar altercados y, como ya os he dicho, a la espera de algo, quizás un billete de autobús que les acercase a su destino final, seguramente Alemania. La verdad es que a mí se me revolvía algo en mi interior. Nosotros estábamos disfrutando de unas vacaciones con recursos y ellos estaban a pocos pasos con lo fundamental. ¿Qué hacer, cómo actuar? Pues no lo sé porque al estar bajo el control de la policía serbia ni se me planteó acercarme y como veías que estaban atendidos con lo que he descrito, pues poco más se podía hacer. Pero choca, y mucho, ver que están a las puertas de Europa y los gobiernos siguen con los brazos cruzados. En la foto veis el camión cisterna y un grupo de ellos a la derecha en la acera. Al lado del camión había más y detrás de los árboles otro grupo más numeroso.



Después de dos días dejamos Belgrado para iniciar nuestra ruta programada en coche de alquiler por otros tres países más: Bosnia-Herzegovina, Croacia y Eslovenia. Os podéis imaginar que circular por estas tierras con un coche con matrícula serbia podría considerarse una actividad de "alto riesgo". Tuvimos que tomar ciertas precauciones que nos advirtieron ya en la empresa de alquiler y que ya intuíamos. Nuestra idea era cruzar por una frontera que nos habían indicado y que fue una odisea llegar a ella. A pesar de llevar GPS, resultó que en una localidad intermedia había obras en su caso urbano y no podíamos seguir la ruta marcada por la "señora" del GPS, así que se hizo un lío, nos derivó por carreteras locales peores que las que pueda haber en el interior de Galicia, muchas de ellas con baches centenarios y sin arreglar, por aldeas con nombre en cirílico indescifrable, lloviendo... En fin, toda una aventura que hizo que el viaje hasta la frontera durase más de 5 horas, aparte de que una vez que recuperamos la carretera principal, volvimos a desviarnos por obligación ya que había obras de asfaltado en la misma y los trabajadores nos indicaban un rodeo de nada menos que 50 kilómetros entre montañas. Un viaje de poco más de 300 km hasta Sarajevo, siguiente etapa, se convirtió en una excursión impredecible de más de 8 horas, con paradas para beber, descansar un poco y orientarnos o hacer un pis.

El último día del viaje también tuvimos que regresar a Belgrado a dejar el coche y coger el avión de vuelta. Os contaré al final lo que vi. Ahora solo os dejo una foto y las demás, en facebook. Pronto, la segunda etapa: Sarajevo



jueves, 19 de noviembre de 2015

MIEDO

Llevamos casi una semana pendientes de París, de Bruselas y en definitiva de cualquier gran urbe europea debido a la amenaza terrorista del Estado Islámico, ISIS o DAESH o como se quieran llamar. Hay una tensión similar a la vivida en Madrid en 2004 cuando los trenes explotaron matando a casi 200 personas. Se ha hablado del tema en los colegios, en cafeterías, en tertulias, en familia. Nos estamos acostumbrando a terminología como "yihad" o similares y toda la escenografía de estos individuos es salvaje, tétrica, atroz e incomprensible.

Francia está en estado de guerra, ha cerrado fronteras e intensificado los controles de entrada en el país y extremado la seguridad. Se han suspendido partidos de fútbol en Bruselas y Hannover y se viven situaciones de película de cine, con la triste característica de que es real. Las redes sociales arden en opiniones y comentarios, políticos, famosos y ciertos "pícaros" (que siempre surgen en situaciones así) se ponen a comentar la situación cuando mi impresión es que estamos ante un fenómeno que no podemos controlar y del que poco sabemos aún. Hemos visto cómo estos fanáticos degollaban periodistas sin ningún tipo de arrepentimiento, fusilaban niños, despeñaban homosexuales destruían obras artísticas y, en definitiva, sometían brutalmente a su población. Ahora el terror está a la puerta de casa y crece la sensación de inseguridad en todo el Mundo.

Pero el dilema ético también ha surgido precisamente por la localización del último atentado en París. Acciones similares a las del viernes en la capital francesa han ocurrido en Kenia, Iraq, Túnez, Turquía y más recientemente con la explosión de un avión de pasajeros ruso en el Sinaí. Los medios se han hecho eco de estas acciones pero no con la intensidad de París ni han tenido la misma reacción. ¿Importan menos unas víctimas que otras?

Y lo peor de todo es que si te posicionas criticando la hipocresía de Occidente con estas otras víctimas, hay gente que te cuestiona tu decisión, sospechando incluso que los atentados de París de importan poco. Nada más lejos de la realidad. Todos hemos llorado ante determinadas imágenes, igual que hicimos cuando ocurrió en Madrid, Londres o Nueva York, pero no nos podemos olvidar del resto de víctimas en países africanos o asiáticos. Ver en Youtube cómo fusilan a 200 niños sin piedad o las imágenes de cuerpos destrozados tras los bombardeos en Siria, de uno y otro bando, nos hace sentir lo reprobables que somos: personas matando a personas, destrozando familias y pueblos enteros. Es atroz.

No sabremos qué ocurrirá en los próximos días. Hay expertos que nos hablan de estar encaminados a una III Guerra Mundial, a un nuevo orden mundial. Lo que está claro es que de nuevo estamos ante una guerra originada por un dogma religioso, en este caso el Islam. Pero lo terrible es demonizar a sus creyentes, pensar que todos los musulmanes son terroristas en potencia; no podemos entender el mundo sin tener en cuenta a más de 1000 millones de creyentes de esta religión y, si no recuerdo mal, 22 países donde se profesa oficialmente. Hoy existen comunidades musulmanas en todos los continentes y tienen mucho que aportar. Mientras, ¿qué actitud tomar ante las atrocidades de los terroristas de ISIS? Creo que el asunto es más profundo como para opinar en una red social sin caer en comentarios xenófobos. Lo que sí tengo claro es que a mí me duelen todas las víctimas, es verdad que París está a 1500 km de nosotros, que somos culturalmente más parecidos y que ver a 70000 personas cantando en un estadio inglés "La Marsellesa" (insisto, estadio INGLÉS) es la muestra más clara de que Europa está unida ante este horror, haya pasado ahora en París como si hubiera sido en Copenhague, Barcelona o Viena, pero en Oriente Próximo se está matando a niños o, en otra acción desesperada, se lanzan en balsas al Mediterráneo y aparecen ahogados en las playas griegas o zancadilleados en Hungría. Difícil momento estamos pasando.

España también está en alerta. En un mes son las elecciones y ya vivimos en 2004 el terror a tres días de otra convocatoria electoral. No podríamos soportar emocionalmente algo similar a lo ocurrido por entonces o ahora en París. Pero la vida sigue, si cabe con más miedo o tensión y generando sospechas sobre el diferente. ¡Cómo se puede hundir en unos segundos todo un trabajo previo de interculturalidad por culpa de unos fanáticos! Solo nos queda confiar en el buen hacer de nuestros diplomáticos porque de los políticos poco podemos esperar, pero tendrán que estar a la altura, pero mientras, por si sirve de algo... NO A LA GUERRA


(y Turquía, Kenia, Túnez, Sudán del Sur, Afganistán...)