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jueves, 25 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 6: ZAGREB, VUKOVAR... Y FINAL!!

Poco a poco los kilómetros hacían mella en nuestros cuerpos, 10 días en los que hicimos unos 1700 por todo tipo de carreteras y con condiciones meteorológicas diversas, atravesando 5 veces las fronteras entre los 4 países. 5 alojamientos diferentes, multitud de atracciones turísticas, había momentos en que parecía que el tiempo no llegaba para ver todo lo que deseábamos, pero bueno, no nos podemos quejar de todo lo que visitamos.

La última etapa del viaje era de nuevo en Croacia, en su capital Zagreb, muy cercana a Ljulbjana por lo cual estábamos antes de comer ya alojados y visitando la ciudad. A pesar de ser la capital, nos dio la impresión de tener precios más baratos que en la costa del país. Su casco antiguo está bien conservado con muchos edificios también vinculados al Imperio Austro-Húngaro. Destacar la Plaza de San Marcos porque allí está la iglesia del mismo nombre que separa el edificio del Parlamento de Croacia de la sede de la Presidencia del Gobierno. El tejado de la iglesia reproduce los escudos de armas del país y de la capital.


Era viernes y había mucha animación en las calles del casco histórico. Descubrimos una calle con muchos restaurantes tradicionales y tiendas de recuerdos que atraían a todos los visitantes. Allí fuimos a cenar porque había mucho ambiente y cenamos en uno de ellos una de las mejores comidas del viaje. Pudimos también pasear unas horas antes por un barrio menos céntrico y más obrero, pudiendo observar que la ciudad es grande y variada. Nosotros teníamos el hotel, por no variar, enfrente de la estación central de trenes, pero nada que ver con la de Belgrado, se notaba más limpieza y los mismos trenes eran más modernos que los de Serbia. En definitiva, una capital europea con todos los servicios y moderna. Como solo pernoctamos una noche, su visita fue muy rápida pero suficiente. Lo que sí aprecias es que Croacia es un país MUY católico, ya lo habíamos descubierto en las otras ciudades y en el viaje de hace dos años. El hecho de que la iglesia que os cité esté entre la sede legislativa y la judicial es un tanto paradójico, como si lo que deciden los representantes del pueblo tenga que pasar antes de ejecutarse por el "filtro" del clero. No me extrañaría en absoluto.

El último día de nuestro viaje quedaba cubrir la distancia entre Zagreb y Belgrado para coger el avión de vuelta. Pero entre medias teníamos prevista una visita que a mí me emocionaba bastante: la ciudad de Vukovar, a orillas del Danubio y haciendo ya frontera con Serbia.

Vukovar fue una de las batallas más duras de la guerra de Croacia. El asedio de la ciudad duró tres meses y en mucha bibliografía histórica se conoce a esta batalla como "el Stalingrado croata". Murieron muchos miles de personas, tanto serbios como croatas, pero las atrocidades que se cometieron en la ciudad y aldeas cercanas traspasaron fronteras e, igual que en Srebrenica, algunos mandos militares fueron juzgados en el Tribunal Internacional de La Haya. Además, hubo también masacres de civiles que hoy están desaparecidos o enterrados en fosas comunes, entre ellos los enfermos y personal del hospital de la ciudad, que fueron sacados de allí por los serbios cuando tomaron la ciudad y exterminados a pocos kilómetros de la misma. Todos estos hechos y la dura realidad de la guerra en Croacia se reflejó muy bien en una película americana titulada "Las flores de Harrison" que, aunque tiene algún pequeño fallo, refleja muy bien la crudeza de aquel asedio.

Hoy Vukovar es una ciudad bastante nueva. La mayoría de sus edificios ya han sido levantados de nuevo o restaurados, pero en las calles céntricas de la ciudad todavía quedan algunos con los impactos de la artillería, lo que impresiona enormemente.



Pero durante la guerra y a día de hoy Vukovar tiene un símbolo de esta destrucción: la torre del depósito de agua de la ciudad. La imponente edificación era un objetivo bien visible para los serbios. Si lo destruían, era no solo una victoria militar, sino también simbólica. Pues durante los 87 días de asedio se cuenta que los combatientes croatas subían cada amanecer a lo alto del mismo para clavar los restos que quedaban de la bandera de Croacia. El depósito no se logró derribar y cuando acabó la guerra las autoridades decidieron que quedaría como símbolo de PAZ y de lo que nunca deberá volver a ocurrir. Se tiene proyectado hacer allí un centro de exposición y documentación sobre los conflictos como una manera de educar en la convivencia y el respeto. 


Os aseguro que la estructura impone y más acercarte a ella y verla tal y como quedó en 1991. En la cima ondea hoy también la bandera croata, a pesar de que después de la toma por los serbios, la ciudad fue hasta 1998 de este país, reintegrándose a Croacia en esa fecha. Hay muchos documentos gráficos en Internet, pero aquí os dejo un vídeo subtitulado en inglés donde también podéis ver el depósito de agua y pensar que por esas calles totalmente arrasadas yo estuve hace poco menos de 15 días con estas imágenes en la mente. Fue un auténtico y espantoso episodio de limpieza étnica a finales del s. XX.


Nos quedaba por ver en el entorno de la ciudad aún otro monumento referido a esta batalla, si cabe lo más emotivo que vivimos en estos días. En el cementerio de la ciudad están enterrados los combatientes croatas que defendieron la ciudad, en tumbas exactamente iguales con su nombre, fechas de nacimiento y muerte y una inscripción que pone "Hrvatski Branitelj" (combatiente croata) Es sobrecogedor ver que todas las fechas de fallecimiento están entre septiembre y noviembre de 1991. A pocos metros una parcela del cementerio recuerda con más de 800 cruces blancas a los caídos, así como un monumento en el que la gente deposita velas y flores y que permanece con una llama encendida permanentemente.




Existe también un lugar que no encontramos en el que ocurrió la matanza de los enfermos del hospital. Allí también hay un pequeño memorial, pero por lo que investigué al llegar a España parece ser que todavía se están encontrando fosas comunes con restos humanos que posteriormente son identificados. Definitivamente, un horror que nunca puede ser olvidado.

Y muchos os preguntaréis por qué me gusta visitar estos lugares. Ya comenté aquí que el tema de la desintegración de Yugoslavia siempre me atrajo mucho. No puedo daros una explicación convincente de por qué, solo sé que cuando ocurrieron estos hechos y los veía en televisión a mí me impactaban muchísimo. A poco más de dos horas de avión de nuestras ciudades se cometían los crímenes mas atroces, violaciones, torturas, un genocidio como el que conocemos del nazismo. Y desde nuestros países avanzados no se hacía NADA. España en 1992 estaba enfrascada en los Juegos Olímpicos de Barcelona y en la EXPO de Sevilla mientras en Croacia o Bosnia moría gente de la manera más cruel todos los días. Y todo porque los extremismos salieron a flote cuando unos cuantos políticos nacionalistas arengaron a la población a ir en contra de aquellos que eran vecinos, amigos... pero ahora eran distintos porque se les ponía la etiqueta de "serbios", "croatas", "bosnios", "musulmanes", "ortodoxos", "católicos"...

Te vas de Vukovar con una sensación extraña. Evidentemente no preguntas a la gente sobre ello ni en las conversaciones espontáneas se habla de "la guerra". Solo en Belgrado, antes de ir a recoger el coche de alquiler, un joven camarero quiso hablar con nosotros sobre ella. Nos preguntó de dónde éramos y al decirle que "españoles" se lanzó a hablar. A veces no hace falta hacer muchas preguntas sino solo escuchar y a pesar de que el muchacho tendría unos 25-27 años, nos contó cosas de la guerra y de los bombardeos de 1999. Su padre había combatido y cuando se lo contó a él, después de varios años desde que pasó, le dijo que tuvo que atacar y disparar contra aquellos que eran vecinos y amigos, que compartían momentos de risas en tiempos de paz o trabajos comunes. También nos dijo una frase sentenciadora: al decirle que al día siguiente salíamos para Sarajevo su respuesta fue contundente, "los serbios no viajan a Sarajevo", pero no con rencor, sino con mucho arrepentimiento y tristeza.

Quedaban pocas horas para terminar este apasionante periplo. Volvimos a entrar en Serbia sin problemas. Comimos en un área de servicio de la autopista a Belgrado y como era temprano propuse una última visita: ir al mausoleo de Tito y al Museo de la Historia de Yugoslavia. Y allá fuimos. Tampoco puedo explicaros por qué me atrae la personalidad del hombre que gobernó el antiguo país 35 años y que todavía es bastante recordado. Bien es verdad que era un dictador y que también se le puede acusar de crímenes y purgas, pero a nivel internacional era un dirigente apreciado. Tito fundó el Movimiento de los Países No Alineados, rompió con la URSS y su país tenía como una especie de "salvoconducto" en las relaciones entre el Este y el Oeste divididos por el Telón de Acero. Yugoslavia fue un país autogestionado, los obreros eran propietarios de las fábricas, trabajaban de 7 a 3 de la tarde, tenían derecho a pasar unos días de descanso en un hotel para ellos en Markaska, en la costa croata, se les daban ayudas a las familias por cada hijo que tuviesen y después de trabajar 10 años el estado les adjudicaba una vivienda. Podían salir del país con el llamado "pasaporte rojo" y todos recordamos los éxitos de Yugoslavia a nivel deportivo, sobre todo en baloncesto o waterpolo. Yo visité parte del complejo que no solo alberga la tumba de Tito y su mujer, sino un edificio en el que se exponen TODOS los regalos que recibió durante su mandato de otros dirigentes y de los propios yugoslavos, ya que el dejó dicho que eran regalos para el pueblo. La colección es curiosa porque hay desde piezas de cerámica, botellas de champán, vajillas, trajes tradicionales o un gamelán balinés.

El mausoleo de Tito es muy sencillo, un edificio modesto con una fuente en el exterior como el quería. Alrededor de su tumba hay una cronología de los hechos más destacables de su mandato de 35 años y un par de ordenadores donde se pueden consultar las muestras de condolencia que llegaron de todos los países del mundo y fotos del funeral al que asistieron más de 100 delegaciones, desde reyes hasta presidentes socialistas, de derechas o dictadores. Entre esos mensajes pude encontrar el de Adolfo Suárez, presidente del gobierno de España en 1980, fecha en la que murió. Curiosamente visitando el museo había un grupo pequeño de españoles que guiaba una chica que residía allí y les iba explicando un poco cómo era la vida en los 60 o 70 en Yugoslavia. Y yo "ponía la oreja" como se suele decir y uno de ellos dijo que era considerado como "un dictador light". Puede ser una buena definición de su personalidad.


De ahí marchamos al aeropuerto, dejamos el coche (sin incidencias reseñables salvo lo poco educados que son los serbios y lo mucho que tienen que aprender de trato al visitante) y a esperar. 6 horas hasta que saliese el vuelo a Barcelona y una vez allí 8 para el enlace a Coruña. Fue un regreso largo y cansado, de hecho a las 14:30 del domingo ya estábamos en casa y yo me acosté, sonó el teléfono a las 10 y cuarto de la noche para ir a cenar con mis padres. Desde luego el cansancio dejó huella, pero todo lo visto y todo lo vivido mereció la pena. Además, no es fácil expresar las emociones y sentimientos que origina visitar un territorio que desde niño conocías como un país y ahora son 6, después de pasar por una guerras devastadoras no solo materialmente sino (y sobre todo) emocionalmente. Solo sé que no quiero que yo ni mis hijos ni nadie de mi familia tenga que pasar por una situación de conflicto alguna vez en su vida porque en casos extremos sale lo peor del ser humano que a veces hasta da pudor expresarlo con exactitud de detalles por lo escabrosos que son. Las guerras son la expresión máxima de la barbarie a la que cualquier pueblo puede llegar y desde luego todos tenemos el deber de trabajar por una cultura de PAZ, de convivencia entre las diferencias. Ojalá yo también contribuya algo con estos relatos.

Por último, me ha gustado compartir estas vivencias y reflexiones con todos los que me leéis, aquí y en facebook. El blog volverá a su normalidad después de este viaje y de estas experiencias, así que también espero que comentéis algo o preguntéis. Yo tengo ya en el cuerpo el "gusanillo" por estos países, más bien ya lo tenía pero cuando lo alimento crece y quiero saber más, así que seguiré investigando. A poco que leas te das cuenta que Europa fue muy injusta con ellos y que muchas de las cosas que veíamos o nos contaban los periódicos o los informativos eran informaciones sesgadas y dirigidas, en fin, como suele pasar habitualmente con los medios. Gracias a todos por la paciencia de leer estas seis etapas y aquí seguiremos.

lunes, 15 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES: SERBIA

Voy a empezar a narrar cómo ha sido mi viaje de este año. Ya es la tercera vez que salgo de España en verano para desconectar y conocer otros lugares, lo cual lleva implícito un proceso de organización, ahorro de dinero y ese "gusanillo" de salir, coger un avión para nuevos destinos y vivir experiencias nuevas. Tres amigos decidimos que este 2016 el destino serían los Balcanes, esa parte de Europa que tanto me llama y que siempre tuve presente en mis comentarios aquí, tal vez haya algún gen mío que tenga su origen por esas tierras que siempre se consideraron el "avispero" de nuestro continente por los conflictos que allí surgieron y que alteraron las fronteras desde muchos siglos atrás, la última vez hace escasos 25 años.

Yugoslavia. Para muchos que tienen más de 40 años ese es el nombre que aún suena y que asocian a determinada iconografía: éxitos deportivos, el comunismo "light" del dictador Tito, las guerras posteriores de los años 90, etc. Nuestro viaje empezó en la que era la república dominante en aquella época y que como país independiente solo tiene 10 años: SERBIA. ¿El motivo? El vuelo más económico que encontramos haciendo solo una escala desde España era a Belgrado, así que allá nos fuimos.

Difícil expresar lo que experimentamos. Belgrado es una ciudad enorme, capital del país, en la confluencia del río Sava con el Danubio. Tiene el triste record de haber sido la capital que más veces ha sido destruida y reconstruida a lo largo de la historia, la última vez en 1999 con los bombardeos que la OTAN llevó a cabo por el conflicto de Kosovo. Permitidme opinar que fue un grave error, por lo que enseguida os comentaré.

Llegamos a Belgrado a las 8 y media de la tarde, cayendo ya la noche. Cogimos un taxi que nos acercase al hotel, después de cambiar dinero. El dinar serbio es la moneda del país, de escaso valor y que prácticamente solo se utiliza con billetes. Para que os hagáis una idea por 150 euros nos dieron unos 17700 dinares, así que aparte de visitar muchos sitios, ¡¡también trabajamos Matemáticas!! Lo primero que nos impacta es que el taxista llevaba puesta la radio y solo se escuchaban una sucesión de proclamas que, por el tono y el énfasis, era para enaltecer el patriotismo y el orgullo serbio. Parecía totalmente que aterrizábamos en un país en un estado de alerta absoluto, nos mirábamos con cara de asombro pero no comentamos nada hasta llegar al hotel.

Una vez instalados y preguntando en recepción donde cenar, nos recomendaron un restaurante de comida serbia, apetitosa, tradicional y económica. Después, el primer paseo por Belgrado, a la zona más céntrica, la calle Knez Mihailova, peatonal y con muchas terrazas donde los belgradenses se encontraban para mitigar el calor del verano y que es la zona más europea de la ciudad. El calor fue sofocante los dos días, más de 34º, lo cual permitía visitar la ciudad por la mañana pero no en torno a las 4 de la tarde. 

¿Y qué ver en Belgrado? Pues básicamente unas pocas cosas:

- La fortaleza Kalemegdan, defensa de los ataques que aparecían por el Danubio
- La espectacular Iglesia de San Sava, el templo ortodoxo más grande del mundo
- El entorno de la calle peatonal citada antes, con el barrio de Skenderlija como punto de encuentro más bohemio de la ciudad
- La ribera de los ríos Sava y Danubio, lugares de ocio nocturno y restaurantes modernos y de buena cocina.
- Y para los nostálgicos, los restos de la extinta Yugoslavia, con el museo de historia del país y el mausoleo de Tito

No quiero convertir el post en una guía turística de Belgrado, ya hay muchas en otros blogs, sino en contar mis impresiones a partir de lo que ya sabía de Serbia, de su reciente historia y de sus proyectos futuros. Desde luego, todos tenemos en mente que el país es el "culpable" de los crímenes más atroces acaecidos en las guerras de los 90 en Bosnia, Croacia y Kosovo. Aquellos políticos y militares que incitaron a coger las armas contra todo aquél que intentase someter a los serbios (y que algunos fueron juzgados en La Haya por crímenes contra la humanidad, otros murieron allí,como Milosević y otros aún están fugados) desde luego que son responsables, pero no así la población civil. Lo que más me sorprendió en Belgrado fue el contraste entre querer entrar en Europa y quedarse como puente entre Oriente y Occidente, siendo el mayor aliado de Rusia. Y precisamente esto tiene que ver con el bombardeo de 1999. En las guías de la ciudad los itinerarios te muestran los restos de varios edificios que se dejaron sin restaurar para que los visitantes los viesen. Mi opinión es que ese hecho les hirió y mucho. Ninguna ciudad merece ser atacada por una fuerza superior. En este caso, Belgrado se podría equiparar a cualquier capital europea, y no podríamos imaginar que hoy, por un conflicto generado internamente, la OTAN bombardease cualquier capital o ciudad de Europa, aparte de que uno de los edificios bombardeados fue el de la televisión y allí murieron muchos trabajadores que nada tenían que ver con el régimen, es decir, fueron víctimas civiles.

Tuvimos la oportunidad de hablar con un muchacho de unos veintitantos años que nos atendió en un bar y que al decirle que éramos de España se lanzó a hablarnos. En inglés nos comunicó esa idea, nos habló de la guerra y de lo que significó personalmente en su familia (su padre había luchado contra amigos propios) y en el país. Y esa injerencia internacional en algo que nunca entendieron les ha generado mucho rencor. Es por ello tal vez que sigan viviendo muy encerrados en sí mismos y con Rusia como aliado histórico. Y por supuesto, reivindicando su identidad y su orgullo. Y sí, hay nostálgicos de Yugoslavia y de la figura de Tito, pero es más que comprensible. Durante los años que gobernó, a pesar de ser un dictador, toda la población del país gozaba de un bienestar que en muchos casos hoy no tienen. No es que haya un culto permanente a su personalidad, pero sí encuentras tiendas de souvenirs que venden pequeñas figuras de Tito, imanes, fotografías, iconos de Yugoslavia como la estrella roja, etc. Es más, todavía circula por el país el famoso "tren azul" que unía las 6 repúblicas y que tuve la oportunidad de fotografiar en la estación central en un convoy que partía hacia Montenegro.




Pero lo más impactante fue vivir en directo una de las noticias del último año. Cuando llegamos el primer día en una plaza aledaña al hotel vimos que había mucha gente joven con móviles sentada en las aceras y con policía cerca. En un primer momento hasta llegamos a pensar que estaban haciendo botellón o bien "cazando Pokémon". Pues no. Eran refugiados. El caso es que a la luz del día pudimos comprobar que efectivamente había jóvenes de aspecto occidental, pero también mujeres y niños que por su vestimenta y rasgos eran claramente de Oriente. No supimos exactamente por qué estaban "acomodados" en esa plaza, pero al estar cerca de la estación de tren y de la de autobuses, parecía como un lugar de espera ante una nueva etapa de su viaje. Hay que decir que  no se les veía en malas condiciones como vemos en televisión. Los niños jugaban entre risas, los jóvenes hasta tenían una cancha donde jugaban al futbol o baloncesto. Había un camión cisterna que les sumistraba agua y los veías lavarse y beber. También una furgoneta de Médicos sin Fronteras que actuaba como dispensario. A primera hora de la mañana alguien repartía unas bolsas con comida y, en definitiva, era un campamento provisional para más o menos un centenar de personas que se movían por las inmediaciones sin causar altercados y, como ya os he dicho, a la espera de algo, quizás un billete de autobús que les acercase a su destino final, seguramente Alemania. La verdad es que a mí se me revolvía algo en mi interior. Nosotros estábamos disfrutando de unas vacaciones con recursos y ellos estaban a pocos pasos con lo fundamental. ¿Qué hacer, cómo actuar? Pues no lo sé porque al estar bajo el control de la policía serbia ni se me planteó acercarme y como veías que estaban atendidos con lo que he descrito, pues poco más se podía hacer. Pero choca, y mucho, ver que están a las puertas de Europa y los gobiernos siguen con los brazos cruzados. En la foto veis el camión cisterna y un grupo de ellos a la derecha en la acera. Al lado del camión había más y detrás de los árboles otro grupo más numeroso.



Después de dos días dejamos Belgrado para iniciar nuestra ruta programada en coche de alquiler por otros tres países más: Bosnia-Herzegovina, Croacia y Eslovenia. Os podéis imaginar que circular por estas tierras con un coche con matrícula serbia podría considerarse una actividad de "alto riesgo". Tuvimos que tomar ciertas precauciones que nos advirtieron ya en la empresa de alquiler y que ya intuíamos. Nuestra idea era cruzar por una frontera que nos habían indicado y que fue una odisea llegar a ella. A pesar de llevar GPS, resultó que en una localidad intermedia había obras en su caso urbano y no podíamos seguir la ruta marcada por la "señora" del GPS, así que se hizo un lío, nos derivó por carreteras locales peores que las que pueda haber en el interior de Galicia, muchas de ellas con baches centenarios y sin arreglar, por aldeas con nombre en cirílico indescifrable, lloviendo... En fin, toda una aventura que hizo que el viaje hasta la frontera durase más de 5 horas, aparte de que una vez que recuperamos la carretera principal, volvimos a desviarnos por obligación ya que había obras de asfaltado en la misma y los trabajadores nos indicaban un rodeo de nada menos que 50 kilómetros entre montañas. Un viaje de poco más de 300 km hasta Sarajevo, siguiente etapa, se convirtió en una excursión impredecible de más de 8 horas, con paradas para beber, descansar un poco y orientarnos o hacer un pis.

El último día del viaje también tuvimos que regresar a Belgrado a dejar el coche y coger el avión de vuelta. Os contaré al final lo que vi. Ahora solo os dejo una foto y las demás, en facebook. Pronto, la segunda etapa: Sarajevo