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31 oct 2018

El malo siempre es el otro

Por: Daniel Molina


Con la difusión masiva de las redes sociales hoy las manifestaciones de odio salvaje alcanzaron una estatura épica. ¿Por qué son más frecuentes en las redes sociales la indignación, la difamación y el acoso que cualquier actitud positiva hacia el otro?

Hablar es donarse al malentendido. No es nuevo: esto sucede desde el origen de la cultura. Ya en los primeros textos, esos que se escribieron hace milenios, hay una escena repetida: un interlocutor dice algo y su oyente demuestra que ha entendido otra cosa. Se lo puede leer en Homero, en Esquilo, en la Biblia, en Jenofonte, en Heródoto, en Shakespeare y en Cervantes. Está en todas partes, en todas las lenguas y en todas las épocas. Jacques Lacan resume este malentendido constitutivo de la comunicación en esta frase: “Usted puede saber qué es lo que dijo pero no lo que entendió el otro”.

Si entenderse ya era muy complicado en el mundo físico interpersonal (en ese diálogo frente a frente entre dos interlocutores que están presentes en el mismo lugar, que se ven y se escuchan, que pueden -si quieren- tocarse) en el mundo virtual la posibilidad de comunicarse tiende a cero. De esto (pero no solo de esto) surge que la violencia sea la forma más común de expresión en las redes sociales. Hace dos décadas, cuando recién habían aparecido las webs de los medios tradicionales, esos primeros foros virtuales se llenaron de comentarios maliciosos: allí surgió la primera alarma. Con la difusión masiva de las redes sociales hoy las manifestaciones de odio salvaje alcanzaron una estatura épica.

¿Por qué son más frecuentes en las redes sociales la indignación, la difamación y el acoso que cualquier actitud positiva hacia el otro? Porque la mayoría de las personas vive frustrada: siente que no tiene lo que merece (este es un sentimiento generalizado, que solo muy pocos logran superar sin hacerlo daño a otros). Como hemos logrado limitar bastante la violencia física, por lo general la violencia que nos permitimos es simbólica (que nos expone a menos derramamientos de sangre, pero que para nada es menos brutal).

Los promotores del odio virtual (pero muy real) son los trolls -que son esas personas que buscan destruir el discurso del otro, de ese al que quieren golpear, cambiando constantemente lo que este dice- y los haters -los odiadores extremos, los promotores máximos de la agresión, por lo general bajo la forma de la difamación)-.

El hater es el discípulo perfecto de Joseph Goebbels, el jefe de propaganda del nazismo, porque es un experto en usar los principios de destrucción del enemigo que tal como se lo hacía en la Alemania de los 30: carga siempre la responsabilidad sobre la víctima de sus ataques y saca de contexto todo lo que hace y dice. Ante sus seguidores, el hater “demuestra” que el agredido es el agresor y que tratar de destruirlo es, por lo tanto, un acto de justicia. El hater es, la mayoría de las veces, anónimo (aunque no siempre: hay algunos haters que son tuiteros famosos, que tienen una vida pública reconocida y un nombre legal en sus cuentas virtuales), pero ataca siempre a gente que pone la cara. Y por eso le es más fácil destruirle la vida.

Uno de los mecanismos típicos del ataque de odio es la reproducción, fuera de contexto, de un tuit (o una frase) de la persona que el troll muestra a sus seguidores, generalmente en un nuevo contexto (que lo desvirtúa completamente). El troll que logra generar gran violencia es una cuenta que tiene muchos seguidores. Cuando estas cuentas “denuncian” -difaman- a tal persona ante sus miles de seguidores logran que una buena proporción de estos seguidores vayan a enloquecer al que los trolls tomaron como blanco de su violencia.

La escena de bullying del Colegio Secundario se repite en las redes sociales pero amplificada al extremo. Literalmente no hay límite a esta violencia virtual. Es habitual que, en los ataques cotidianos de un troll, la persona que es el blanco de su odio reciba cientos de agresiones en cuestión de minutos, pero no es raro que pueda recibir miles y hasta decenas de miles de agresiones. El que no ha recibido el ataque de miles de seguidores de un troll no imagina la violencia que estos son capaces de ejercer sobre una persona indefensa. Es una de las formas más malvadas que existen en la actualidad de ejercer el maltrato social.

La revista de psiquiatría “Personality and Individual Differences” presentó un exhaustivo estudio sobre comportamiento violento en internet y dio pistas sobre la psicología de los trolls: son narcisistas extremos, psicópatas sin ninguna empatía por otra persona, manipuladores hábiles y sádicos.

Los trolls, según este estudio, solo sienten algún placer al causar daño. Un rasgo importante de las personas trolls (muchas son mujeres): fuera de internet, se muestran como personas “normales” (tienen una personalidad muy parecida a la de los asesinos seriales). Los trolls que tienen públicos masivos (los trolls de Twitter con, al menos, decenas de miles de seguidores) escogen a sus víctimas entre personas reconocidas que suelen tener discursos polémicos: políticos, feministas, gays, intelectuales de ideas no convencionales o gente que está luchando por ampliar derechos. El troll se enfoca en ellos y logra liderar una amplia comunidad de resentidos que sienten que el troll los representa.

Hay gente que apoya a los trolls porque no los consideran trolls: esto es más visible cuando atacan a famosos o a políticos. Mucha gente encuentra natural que los famosos o los funcionarios políticos “deban” ser atacados. El troll tiene a su favor que la violencia (incluso, las agresiones extremas) estén naturalizadas en internet: mucha gente (que no las sufre) las toma como una broma o una forma de justicia.

¿Por qué tanta gente apoya a los trolls y se suma en campañas de agresiones y violencia extrema? Los estudios antropológicos de la web demuestran que las campañas de odio son posibles porque hay muchísima gente frustrada, que siente que nunca logrará nada valioso en la vida, y que obtiene en la violencia contra su “enemigo” una satisfacción que jamás podría obtener por ninguna acción positiva que realizase en el acotado marco de su vida cotidiana

Además, es una satisfacción gratis e instantánea que, encima, le permite participar de una comunidad a la que le interesa pertenecer: la de los indignados, los que luchan con sus tuits contra los “malos”. 

Ya lo dijo mejor que nadie, hace 50 años, Marshall McLuhan: “La indignación moral es la estrategia del imbécil para parecer digno”.

El problema es que ahora los imbéciles que quieren parecer dignos se unen por millones para causar daño con sus agresiones a gente que no tiene forma de defenderse.


Fuente bibliográfica
MOLINA, DANIEL, 11.10.2018. El malo siempre es el otro. [en línea]. [Consulta: 31 octubre 2018]. Disponible en: https://www.nueva-ciudad.com.ar/notas/201810/38804-el-malo-siempre-es-el-otro.html
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3 may 2018

Mundo troll: el detrás de escena de las fábricas de insultos en las redes sociales


Por: Brenda Struminger

Siete comunicadores, publicistas y técnicos informáticos brindaron detalles sobre su funcionamiento

Una oficina repleta de personas que escriben insultos? ¿Un operario que presiona un botón? ¿Programas automáticos? ¿Una jefa que decide el próximo "Trending Topic"? ¿Reuniones con dirigentes políticos? ¿Dinero en negro? Un poco de todo. Los "ejércitos" de trolls y bots en redes sociales funcionan en el mundo virtual, pero están montados sobre una estructura humana. Implican inversión, contratación de personal y adquisición de programas y cuentas falsas, muchas veces en el exterior.

Siete comunicadores, publicistas y técnicos informáticos que trabajaron en campañas de trolls o las coordinaron brindaron detalles sobre su funcionamiento, con la condición de que no se publiquen sus identidades ni los nombres de sus agencias.

Fueron contratados por dirigentes y partidos políticos, a través de sus consultoras y agencias publicitarias, para brindarles servicios de trolls y bots (cuentas apócrifas y automáticas destinadas a agredir, cambiar el foco de una conversación pública o instalar temas).

Las principales fuerzas también tienen sus propias agencias, montadas, o bien en sus locales partidarios, o en oficinas. Todo depende del presupuesto. Suelen instalarse en el Distrito Audiovisual (que comprende áreas de Palermo, Chacarita, Villa Ortúzar, Colegiales y Paternal), por los beneficios impositivos.

"Monitos"
Un equipo de trolls se divide en tres áreas: una persona o grupo que decide la estrategia (a quién hay que hablarle, a quién hay que atacar, y cómo); un equipo audiovisual que diseña las piezas que se difunden (videos, imágenes, flyers); y uno de empleados junior, que llevan a cabo las campañas. A estos últimos suelen llamarlos "monitos".

Los operarios no firman contrato, se les paga en negro y se les pide discreción a la hora de referirse a su trabajo. Son estudiantes o licenciados en Comunicación o Informática. Tienen entre 20 y 35 años. Algunos tienen horarios fijos y asisten a una oficina; otros trabajan desde sus casas y envían a sus jefes capturas de pantalla de cada operación. Cobran entre 10 y 15 mil pesos por mes. Los mejor pagos son los que están disponibles a toda hora, cualquier día.

Una licenciada en Comunicación de 28 años y un técnico en Periodismo de 42 revelaron a LA NACION que trabajaron más de un año en agencias de trolleo. Cobraban en efectivo, que les entregaban en sobres por mes.

Una hacía campaña para el presidente de un país centroamericano; el otro para un intendente del PJ bonaerense. Ambos asistían a oficinas, respectivamente, en Vicente López y en Palermo, donde trabajaban con otros comunicadores. Sus tareas se dividían entre ataques por redes e instalación de ciertas palabras o frases en las listas de tendencias de las redes, llamados Trending Topic. Un "TT", según la agenda del día, puede lograrse con 300 cuentas que tuiteen sobre el mismo tema al mismo tiempo.

Los partidos políticos también tienen sus propias agencias, montadas, o bien en sus locales partidarios, o en oficinas Crédito: Shutterstock

Costos
Los gastos para realizar una campaña ilegítima en redes sociales son destinados principalmente a la compra de cuentas y software y al pago de sueldos de operarios y diseñadores. El monto total varía según la calidad y tipo de cuentas, la cantidad de empleados y su disponibilidad. Pero los dueños de las agencias admitieron que el precio se decide de acuerdo a la billetera del cliente.

Los partidos políticos también tienen sus propias agencias, montadas, o bien en sus locales partidarios, o en oficinasLas agencias compran cuentas "truchas" en redes sociales a través de internet. Entre 2008 y 2009, cuando empezaron a utilizarse en el país, solo podían adquirirse en la deep web ("internet profunda", un área de la red que no está indexada por los motores de búsqueda convencionales) o en páginas del exterior. Un consultor pionero en la coordinación de "granjas de trolls" conseguía, en 2014, cuentas falsas creadas en Vietnam; otro en Polonia, otro en India, otro en Pakistán. Hoy también están disponibles en páginas argentinas.

Una cuenta validada (asociada a una línea telefónica, que permite crear perfiles en varias redes) sale entre 20 y 50 dólares. Se calculan unos 100 dólares para lograr interacciones (por ejemplo, likes) para 3000 cuentas apócrifas. Y un programa para manejar bots cuesta unos 1000 dólares.


Los trolls y la política
Los directivos de agencias consultados aseguraron que los partidos de todo el arco político usaron trolls alguna vez. La actividad aumenta en épocas de campaña, pero entre los principales partidos está vigente todo el año.

Algunos dirigentes contratan consultoras externas, otros tienen agencias propias. O como se los llama en la jerga, "call centers". "Que existen, existen y se usan", dijo una fuente del oficialismo que trabaja en el área de comunicación digital. "Pero hay que desmitificar que son miles de monos escribiendo insultos todos los días todo el tiempo".

Las fuerzas políticas, además de contratar operarios profesionales a través de agencias, convocan a sus seguidores para que "militen las redes sociales" difundiendo mensajes o cuestionando a quienes publican ideas contrarias. También les piden, por mail o mensaje privado, que "cedan" sus cuentas. Así, la central de operaciones del partido tiene a su disposición centenares de cuentas con perfiles "reales" para realizar campañas en redes sociales, lo cual le aporta mayores interacciones.

Además, reduce los "castigos" que imponen las empresas de redes sociales a las cuentas falsas. Tanto Twitter como Facebook e Instagram utilizan mecanismos para detectar este tipo de cuentas y desestimarlas en las búsquedas de los usuarios o eliminarlas.

Muchas veces los trolls y bots se usan para desviar o modificar los focos de las conversaciones en Twitter, Facebook e Instagram sobre determinados temas. Un ejemplo reciente lo provee Baccaglioni: detectó que la mayor parte de los mensajes en Twitter el día después del asesinato de un colectivero en Tristán Suárez cuestionaban al gobierno provincial. Alrededor del mediodía, hubo un cambio drástico. La mayoría de las conversaciones criticaba a la intendencia de La Matanza. Rastreó el tipo de tuits emitidos en ese rango horario y descubrió que habían aumentado exponencialmente, y que las cuentas que tuiteaban eran falsas. Poco después, uno de las tendencias en Twitter era #RenunciaMagario.

"Cuentas robustas"
Los trolls perfeccionan cada año sus estrategias para parecer reales. Por ejemplo, publican textos con errores de ortografía o imágenes de elaboración no profesional. "Si quiero aparentar que soy alguien real, pero escribo perfecto o publico una pieza visual con buen diseño, tendré una apariencia sospechosa", dijo un exempleado de una fábrica de trolls del PJ. "En general se prefiere difundir piezas con defectos, que hacen a las cuentas más humanas".

Los expertos remarcan que los servicios se perfeccionaron en los últimos años. "Hay un gris muy grande en la detección, porque muchos dejaron de funcionar exclusivamente de forma automática. Ahora las cuentas intercalan sus publicaciones con posts manuales, mensajes más elaborados. Así logran camuflarse para simular que la cuenta parezca real", dice el experto informático.

Los perfiles y sus alcances son estudiados minuciosamente por las agencias, que crean cuentas de acuerdo a esas mediciones: las cuentas de mujeres rinden mejor que las masculinas; las de usuarios jóvenes "miden" más que las de los mayores.

"Un perfil muy rendidor y usado como troll es el de una supuesta mujer que publica fotos de su cuerpo. Por eso es común encontrar cuentas de chicas jóvenes en poses sexy que también tuitean sobre política", dijo a LA NACION un especialista en posicionamiento en redes sociales que tiene su propia agencia de influencers y trabajó con trolls pero los dejó hace tres años.

No sólo los usan políticos. También empresarios o figuras del espectáculo que quieren levantar sus perfiles públicos o limpiar sus imágenes. Un especialista relató que recibió una oferta para trabajar con las redes de un importante actor que había sido denunciado por violencia de género.

Glosario
Troll: cuenta de una red social que puede tener o no una identidad real que la respalde. En general se usan para agredir, pero también para instalar trending topic. Una sola persona puede manejar entre 10 y 20 cuentas. Según la atención que le preste a cada una (calidad de los mensajes) puede lograr tener un perfil más creíble. Mientras más verosímil es, mejor posicionados estarán sus mensajes.

Bot: son cuentas poco elaboradas que se manejan automáticamente con un software. Una persona, con un programa adecuado, puede manejar miles de cuentas de bots. Sirven para instalar temas en la lista de tendencias de la red social o para aumentar la cantidad de seguidores de un usuario. Son más fáciles de detectar que los trolls porque sus perfiles son básicos y reproducen mensajes en masa, al mismo tiempo.

Campaña sucia en redes:  el objetivo de una campaña de trolls y/o bots es modificar la opinión pública creando conversaciones o Trending Topics. El logro máximo es transformarse en noticia en los medios de comunicación tradicionales. Por ejemplo, que un canal de televisión reproduzca tuits falsos o un diario mencione un trending topic impulsado por robots. La diferencia principal con una campaña legítima es que los trolls publican contenidos falsos a través de usuarios falsos. Es decir que no hay identidades reales detrás de cada cuenta. Un operario suele manejar entre diez y veinte trolls al mismo tiempo. Y una sola persona puede mantener operativos, a través de un software, a miles de bots.



Fuente bibliográfica
STRUMINGER, BRENDA, 2 de mayo de 2018. Mundo troll: el detrás de escena de las fábricas de insultos en las redes sociales. [en línea]. [Consulta: 4 mayo 2018]. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/2129427-mundo-troll-el-detras-de-escena-de-las-fabricas-de-insultos-en-las-redes-sociales

13 dic 2017

Los trolls y las noticias falsas en la red

Por: Vicente Magro Servet 




La veracidad y seriedad en el contraste de las informaciones es una de las máximas que los medios de comunicación han puesto siempre en práctica con absoluta profesionalidad. Una forma de actuar que se ha destacado en las facultades de periodismo para que los profesionales contrasten las informaciones y las corroboren antes de salir a la luz. Sin embargo, el poder omnímodo de las redes sociales ha puesto en práctica que algunas personas con fines concretos y personalistas lancen por los diversos canales de comunicación de internet noticias que son falsas y con claras intenciones de desprestigiar a personas, convertir en víctimas a quien no lo es, o dar por ciertos en general hechos que son absolutamente falsos.

Además, debemos añadir a esta mecánica que la población suele creerse estas informaciones sin ponerlas en duda, siempre que les interesen también por ser partidarios de esa información que se da, lo que les lleva a compartir la información, produciendo un tremendo efecto expansivo. Y es que la mera difusión de una noticia falsa no compartida por millones de personas no provoca el impacto que sí está produciendo esa distribución de la noticia falsa que por el efecto multiplicador de la acción de retuitear, o compartir en Facebook es lo que provoca el efecto dañino de la noticia falsa.

Pero esto no es una maniobra que se le ocurre a una persona, sino que es producto de un serio estudio con fines concretos en cada noticia y con la base de una organización y preparación. Por ello, un estudio de la Universidad de Oxford (verlo en internet titulado Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation) identificó en 28 países las tareas más habituales de los agentes oficiales u oficiosos que moldean a la opinión pública y que se llaman trolls, para identificar a quienes, según la Universidad de Oxford, actúan como «un fenómeno organizado, por gobiernos y partidos políticos que dedican recursos importantes al uso de las redes sociales para la manipulación de la opinión pública». Tan relevante papel ejercen estos trolls, que se trata de auténticos profesionales de la difusión de información falsa, ya que no es una maniobra de unos descerebrados que quieran difundir una noticia falsa que a ellos se les ha ocurrido para comprobar el efecto expansivo de su idea, sino que se trata de una verdadera organización, de tal manera que cada noticia falsa lanzada por los trolls está perfectamente estudiada y diseñada de forma «profesional» por un equipo que definen la política de la tendencia que deben seguir estas noticias, valorando cada momento en que estas se difunden y con el objetivo de conseguir un fin concreto.

Por ello, los gobiernos de todos los países, y los propios prestadores de servicios que permiten el uso de internet y estos canales de difusión de información, deben poner en práctica sistemas de control de estas noticias falsas y bloqueo de su difusión, así como llevar a cabo políticas internacionales de persecución a los autores de estas maniobras. Cierto y verdad es que la metodología de actuación está basada en el anonimato en internet. Y ello, basado tanto en la posibilidad de no identificarse como la de asumir una identidad falsa, ante lo que deberíamos abrir un debate acerca de esta permisividad de usar cuentas en internet sin un control objetivo acerca de quién ha abierto un blog, o una cuenta concreta en internet, pudiendo, para controlar la autoría, abrir dependencias físicas de registro donde, al igual que sucede con la telefonía y el registro físico para poder darse de alta en una línea telefónica, se tuviera que registrar «físicamente» cualquier persona que quiera operar en internet, para evitar este anonimato que es lo que favorece la proliferación de estas organizaciones para difundir noticias falsas en la red.

Para evitar estos impactos negativos se está recomendando seguir a los usuarios de internet una serie de protocolos para evitar creerse las noticias falsas, como contrastarlas en páginas web antes de redifundirlas, pero es que resulta que quienes lo hacen están interesados en que la noticia sea verdad, porque participan de la crítica a la persona o institución a que se refiere la noticia falsa, y aunque no pertenezcan a la organización sí que son el medio fácil y sencillo que estas tienen para conseguir el efecto multiplicador del fin pretendido con esa ideación de la noticia falsa.
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Así, los trolls elaboran con maestría la noticia apoyándola en fotografías que nada tienen que ver con ese hecho que difunden, pero que les da un signo de verosimilitud...


Fuente bibliográfica
MAGRO SERVET, VICENTE, 12.12.2017. Los trolls y las noticias falsas en la red. [en línea]. [Consulta: 13 diciembre 2017]. Disponible en: http://www.diarioinformacion.com/opinion/2017/12/12/trolls-noticias-falsas-red/1967222.html. 
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