
Ya dije en la primera entrega de esta magna saga que me parecĂa que, a menudo, lo que actualmente llamamos amor no es más que una lista de caracterĂsticas que básicamente son las nuestras. De repente descubres a alguien a quien tambiĂ©n le gustan David Lynch, Murakami y los bocadillos de sardinas con tomate y piensas: "¡Fabuloso! ¡Una casualidad astral! ¡Somos dos almas gemelas destinadas a amarse en la eternidad!". ComentĂ© tambiĂ©n que creo que un amor basado en ese tipo de coincidencias está destinado a agotarse una vez que te das cuenta de que el otro no es un calco de ti, sino un ente individual con ¡sorpresa! cerebro propio.
Sin embargo, hay parejas que funcionan justo al contrario, que parecen basar la relaciĂłn en el desequilibrio. Uno de los miembros es muy creativo, o muy inteligente, o un intelectual, o muy carismático, y el otro es más soso/lento/sin inquietudes o, como dijo alguien, "tonto como una piedra". Yo antes era un poco escĂ©ptica respecto a este tipo de parejas. Me daba la sensaciĂłn, sobre todo cuando era el tĂo el más listo/interesante, de que buscaban una tĂa guapa, dĂłcil y calentita que no les hiciera sombra. Ahora, además de que intento no criticar, me planteo que, como dice un personaje de Woody Allen en una de las Ăşltimas pelis, si la cosa funciona, ya va bien. El que la lleva la entiende.
Ahora bien: yo no paso por ese aro.
¿Por quĂ©? Pues porque ya lo he vivido. He vivido la experiencia de estar con alguien a quien consideraba bastante menos estuplĂ©ndido que yo en muchos sentidos. Y, si os digo la verdad, no es agradable. No es agradable para una misma y, sobre todo, no es agradable para el otro, porque se acaba dando cuenta. La lĂnea que separa la aceptaciĂłn de la condescendencia es lamentablemente fina.
Porque le acabas cortando el pelo al amor y decidiendo que te basta con esto, mientras el otro sea buena persona, friegue los platos cuando a ti no te apetece y estĂ© calentito por la noche. Pero la energĂa ni se crea ni se destruye, sĂłlo se transforma, y si para ti es importante meditar, reĂrte con los Monty Phyton o hablar de Kafka, y no lo haces porque a tu pareja se la pela a tope o porque, en tu opiniĂłn, no es lo suficientemente inteligente como para pillar los chistes, pues vas acumulando un caudal de frustraciĂłn que tiene que escapar por otro sitio. O por otra persona.
Sobre todo, porque creo que está bien ofrecer lo que pides.. Y yo quiero que mi pareja piense que soy la hostia. Con mis taras, claro, y mis errores; borde, impulsiva, con cicatrices de acné y la circulación defectuosa, pero la hostia. Quiero que me quiera, pero también quiero gustarle. Asà que actualmente creo que no puedo estar con alguien si no pienso que es la hostia. Sobre todo, porque si quieres a alguien aunque no te guste mucho, debes darle la oportunidad la oportunidad de buscar a otra persona que sà lo piense.
Y bueno, ya sĂ© que Ăşltimamente están los comentarios poco animados, pero me gustarĂa saber vuestra opiniĂłn. ¿CreĂ©is que existe el concepto ensalada de acompañamiento, o me lo estoy inventando? ¿QuĂ© habĂ©is encontrado, quĂ© andáis buscando, quĂ© creĂ©is que busca la gente? ¿HabĂ©is hallado el tĂ©rmino medio en un nutritivo kiwi?
Venga, va, subidle la moral a esta bloguera o tendrĂ© que comentar yo bajo pseudĂłnimo, y serĂa muy triste.