massobreloslunes: 02/07/12

martes, 7 de febrero de 2012

De libros malos y pollos mutantes

Con los libros pasa como con los tĂ­os: encontrarte uno malo de vez en cuando es más o menos normal, pero cuando se te junta una rachita de dos o tres te empiezas a mosquear y a preguntarte, con las manos en las mejillas como el niño de Solo en casa, "¿por quĂ©, Dios? ¿Por quĂ© yo?".

Hace un par de dĂ­as decidĂ­ que iba a dejar de arrastrar de un lado a otro La casa de los encuentros, de Martin Amis. Lo llevaba ahĂ­ en el bolso un poco por penita, pero en lugar de leer me dedicaba a tuitear. Y cuando prefiero tuitear a leer ya es como para preocuparse, sobre todo porque lo sentimos, pero sigue sin gustarme twitter, y mira que lo intento.

La cosa es que ayer me fui a la librería y desplegué mi sofisticada estrategia de selección de libros, a saber: me voy a Anagrama, veo si han sacado algo nuevo, compruebo que no, muevo la cabeza con desencanto. Busco libros con cubiertas bonitas. Leo las sinopsis a la velocidad del rayo. Descarto todo lo español, histórico o demasiado exótico. Descarto lo vergonzoso y romanticoide. Me voy a Anagrama Compactos. Compruebo que me los he leído casi todos. Miro los clásicos de bolsillo, pienso que debería leer a los clásicos, pienso que al carajo los clásicos. Y entonces, cuando justo he perdido la esperanza y pienso que soy un ser extraño o que en realidad leer no me gusta, encuentro algo que me llama la atención, echo un ojo al primer capítulo, compruebo la textura de las hojas y, si todo eso está más o menos bien, me lo compro.

Ayer iba todo muy mal hasta que vi dos opciones interesantes: Diario de invierno, lo Ăşltimo de Paul Auster, y una novela de un español desconocido llamada Vive como puedas. ¿Por quĂ© me gustĂł el libro del español desconocido? Pues a ver. Me gustĂł el tĂ­tulo como filosofĂ­a de vida. Vida resignada. Haz lo que puedas y ya se verá lo que pasa. Me gustĂł que lo publicaba Tusquets en Andanzas, y que en general suelen tener buen criterio. Y bueno, me gustĂł que Almudena Grandes hacĂ­a un comentario halagĂĽeño en la vitola, algo como "¡¡Por el amor de Dios, tienen que leer esta novela, promĂ©tanmelo, es genial!!". Soy carne de marketing chungo, lo reconozco, porque pensĂ©: joder, la Grandes. Que te puede gustar o no, pero tiene oficio y sabe lo que se hace.

¿Por quĂ© preferir el libro de un español (argh) desconocido al de mi querido Paul? Por dos razones. La primera, porque creo que Paul está gagá. Creo que está entrando en una especie de espiral depresiva polĂ­tico postmoderna y que va a terminar como Neruda: muriĂ©ndose de pena en su casa de Brooklyn cuando el mundo colapse. Su Ăşltimo libro me puso tan triste. Pero no una tristeza literaria y verdadera, sino una tristeza de "por quĂ©, Auster, por quĂ© has escrito un libro en el que aparece la palabra culinchi". La segunda razĂłn es que Diario de invierno, que tambiĂ©n tiene un tĂ­tulo alegre por los cojones, está escrito en segunda persona. Un ratito en segunda persona sĂ­, Paul Auster, como en Invisibles, que la verdad no me pareciĂł mala. Pero ¿un libro entero? Uf, quĂ© va. Y mira que me gustas a la par que me pones. Que parece mentira que tengas sesenta y cuatro años y aun asĂ­ estĂ©s tan poderosamente frinkable.

Así que allá que fui y me compré el libro del español desconocido, que a partir de ahora pasará a ser conocido como El Lamentable Tipo Sin Talento Del Que Tengo La Desgracia de Estar Leyendo Una Novela. Uf, es demasiado largo hasta para las siglas, así que vamos a llamarle Lament. De Lamentable.

Bueno, pues cuando me meto en la cama asĂ­ en plan vale, no tengo novio pero tengo un nĂłrdico genial y una almohada cara y un libro nuevecito entre mis manos, y empiezo a leer a Lament expectante y confiada, descubro que bueno, que el libro es malo con alevosĂ­a. Pero muy, muy malo. Y me pregunto cĂłmo se me ha podido escapar. Que me leĂ­ el primer capĂ­tulo entero en la librerĂ­a y no me pareciĂł tan terrible. Que lo recomienda Almudena Grandes.

¿Por quĂ© es malo? Pues yo quĂ© sĂ©. Está mal escrito. Es una mezcla entre repipi y burdo que me aberra. Los diálogos son muy, muy poco creĂ­bles. Los personajes están muertos por dentro; el argumento digamos que a la altura de la página 133, que es por donde voy ahora, no tiene ni pies, ni cabeza, ni perspectivas de mejorar. Me he reĂ­do dos veces, eso sĂ­; una de ellas porque el protagonista droga sin querer a su anciana madre. Pero por lo demás, muy malo.

Entonces una piensa ¿quĂ© le pasa a la gente? Lo de Almudena lo vamos a dejar. Que estarĂ­a en un sarao literario planteándose si su siguiente libro alcanzarĂ­a las veinte ediciones o más bien las veinticinco y le dijeron "va, Almudena, di algo bonito de este muchacho, que hemos invertido mucho en editar su segunda novela y no queremos arruinarnos". Y Almudena elevĂł graciosamente su martini y dijo "Jijiji pues yo quĂ© sĂ©... algo como... ¡¡quĂ© novela más buena!! ¡¡leedla!!". Y tal cual, a la vitola.

Pero lo de este notas tiene más delito. Rosa Montero escribió hace tiempo un artículo sobre el drama de los escritores sin talento. Decía que les anima el mismo fuego que a los otros, pero sin esperanza de conseguir producir nunca algo bello, y a veces (las peores veces) de darse siquiera cuenta de que no son capaces. Y este chico... pues no sé, que eres filólogo, que se supone que tienes un bagaje. Mi profesor del taller decía que no se puede inventar la bicicleta. Que para escribir peor que los demás o para escribir mediocre, no escribas. Y no sé, pero a mí lo que me preocupa es que creo que escribir bien es sobre todo una cuestión de sensibilidad: tienes más registros, la realidad pulsa en ti más teclas y tú tienes el acierto de saber reflejarla. Tampoco hace falta añadir tanto. La vida por sí sola tiene la suficiente riqueza de detalles y de humor como para bastarle a la literatura. Por eso los escritores malos me dan tanta pena: porque me los imagino un poco ciegos, con cierta agnosia mental para la belleza.

Aquí es donde me planteo si me estoy poniendo nazi, si sobre gustos no hay nada escrito, si a lo mejor no tengo ni puta idea de hacia dónde va el panorama literario español. Si yo debería ser también filóloga para que me gustara la novela de Lament. Pero quiero creer que no. Quiero creer que escribo bien y que sé, más o menos, dónde está lo bueno. Siempre he respetado el esfuerzo que supone escribir una novela, y a lo mejor, de hecho, el problema no está en el autor, sino en la cadena mongoloide de agentes y editores y Almudena Grandes que ha llevado ese libro a las tiendas del mundo.

En fin, que no me está gustando. Que no sé si ir a devolverlo, aunque igual es un poco chungo. Que para colmo me tienen baneada de la biblioteca hasta San Valentín, y encima soy pobre como las ratas después de que hoy en la tienda ecológica me hayan colado un pollo de corral de tres kilos que me ha costado un ojo de la cara. Pero que en realidad igual la culpa es mía y solo mía. Como con los tíos. Por no fijarme bien en el interior. Por dejarme llevar por los impulsos. Por hacerle caso a la flamante vitola roja con cosas bonitas escritas en ella que todos nos esforzamos por llevar alrededor del cuello.

Y bueno, esto no tiene nada que ver pero, por el amor de Dios: tenéis que ver mi ecopollo.



Por favor. Un pollo de tres kilos. Que podría ser yo qué sé, un hijo. O un tiranosaurio. Que no sé si lo de ecológico quiere decir que lo mataron cuando él quiso porque la vida ya le aburría. O cuando dejó de respirar por una apnea del sueño. Que no me cabe en el congelador. Que me ha destrozado el presupuesto del mes. Maldita sea mi bondad, que diría Susanita.

Hasta mañana, pequeños.

PD: Espero no haber herido la sensibilidad de ningún vegetariano/vegano con la foto del ecopollo. Pero es que sabéis que me puede demasiado hacer las cosas en aras del humor.