El viernes no venĂa mi mĂ©dico y estuve toda la mañana en cirugĂa menor. Que la noche anterior pensaba yo: quĂ© se te ha perdido a ti en cirugĂa menor, Marina, si tĂş eres psicĂłloga y en parte lo eres porque es una especialidad como mucho más limpita. Pero si hay algo que me está gustando de AtenciĂłn Primaria es la fisicalidad. Es curioso, porque algunos mĂ©dicos pueden ser emocionalmente distantes, pero son muy fĂsicos. Recuerdo uno de los primeros dĂas como residente, cuando le comentĂ© al MIR de psiquiatrĂa que me habĂan hecho la prueba del mantoux para ver si tenĂa tuberculosis. Él me agarrĂł el antebrazo y empezĂł a palparme la piel a ver si se me habĂa inflamado, y a mĂ me sorprendiĂł esa invasiĂłn tan sĂşbita de mi espacio personal y la confianza con que me tocaba sin casi conocerle.
AsĂ que ya os digo: cirugĂa menor. Yo pensaba observar y punto, asĂ que cuando el enfermero me colocĂł el bisturĂ elĂ©ctrico en la mano y me dijo “esa verruga la quitas tĂş”, pensĂ© “ni de coña”. Pero como estoy loca y no sĂ© decir que no, agarrĂ© el bisturĂ con una mano, la pinza con otra y cortĂ© una verruga con estas manitas. Y luego otra. El enfermero que hace cirugĂa menor es una de estas personas que parece perfectamente feliz con su vida y su trabajo, que sabe que ocupa un lugar en el mundo, que tiene una funciĂłn y la desempeña bien. Le gusta explicar y lo hace con paciencia y claridad. Piensa que no hay ningĂşn problema en que una psicĂłloga lista y habilidosa empuñe un bisturĂ elĂ©ctrico sin tener ni puñetera idea.
DespuĂ©s habĂa que extirparle nosequĂ© cosa de la cara a una anciana graciosĂsima y verborrĂ©ica: noventa y tres años de vitalidad en silla de ruedas. Nos lavamos a lo quirĂşrgico, sacamos el material estĂ©ril, nos pusimos los guantes y nos movimos con las manos levantadas como en AnatomĂa de Grey. LimpiĂ© la sangre mientras el enfermero rebanaba y suturaba. ObservĂ© cĂłmo pasaba el hilo por la grasa subcutánea para no dejar cicatriz. Nunca en mi vida habĂa pensado que podĂa tener tanto estĂłmago.
La cuestiĂłn de todo este rollo de la AtenciĂłn Primaria y la fisicalidad tiene que ver con algo que oĂ hace un par de semanas en una peli tremendamente chunga que vi con mi amiga MarĂa. La ha dejado el novio y está tristĂsima, y como yo habĂa viajado hasta Toledo para unas jornadas, decidĂ acercarme un dĂa a Madrid para consolarla un poco. Vimos, como os digo, una peli terrible llamada “La niñera y el presidente”. Bueno, pues en un momento dado la protagonista le decĂa a una de las niñas a las que cuidaba “hay que aguantar, querida, porque nunca se sabe cuándo las cosas van a empezar a cambiar”. Estas Ăşltimas semanas estaba un poco triste, pero me repetĂ esa frase, siendo consciente de que es todavĂa más triste repetirte una frase que has oĂdo en una pelĂcula chunga de sobremesa con esta señora como protagonista.
AsĂ que hoy estaba pasando consulta con la mĂ©dico de cabecera, observando gargantas y oĂdos, renovando recetas y repasando analĂticas, y han llamado por telĂ©fono. Era el enfermero, que necesitaba ayuda para una intervenciĂłn y me preguntaba si querĂa bajar. ¡A mĂ! Nunca jamás en la vida me hubiera podido imaginar que ayudarĂa a alguien a hacer cirugĂa menor. Al sacar los guantes estĂ©riles de la estanterĂa me ha preguntado cuál era mi talla. El seis y medio, he contestado yo con seguridad. Y he pensado: “Heme aquĂ, sabiendo mi talla de guantes quirĂşrgicos”. No quiero decir que esto sea un cambio a mejor en mi vida, sino que constantemente pasan cosas inesperadas, constantemente te encuentras superando lĂmites y conociendo a personas, ampliando el campo de tu experiencia. Y eso es bonito.
Y con esto y un bizcocho, dejo aquà el post para que me dé tiempo a publicar antes del plazo estipulado por el TMC. Esto quiere decir que no me da tiempo a corregirlo, asà que perdonadme por lo inconexo.
Ah, por Ăşltimo: ahĂ tenĂ©is una prueba documental de mis experiencias cirujanas. Y creo que los guantes me quedan un poco grandes, asĂ que igual el prĂłximo dĂa los pido del seis :D
