Estoy sentada en el salón de mi piso, mirando con nostalgia anticipada las luces epileptógenas del árbol de navidad. El enchufe no hace bien contacto, asà que cada dos por tres se reiniciar y se pone en modo variado, convirtiendo la esquina de mi salón en un momentáneo Las Vegas.
Este año me da pena que se acabe la navidad. En primer lugar, porque me he tomado mis primeras vacaciones totales (es decir, completamente desconectada del mail y del trabajo) en casi tres años. Esto no quiere decir que haya estado tres años trabajando sin parar; quiere decir que no me he tomado periodos de desconexión totales en este tiempo, lo que no me hace fuerte y trabajadora, sino poco organizada.
En realidad, son las primeras navidades completas y de verdad que tengo desde el instituto. Durante la universidad, los exámenes de febrero siempre planeaban amenazadores sobre mi cabeza. TenĂa trabajos pendientes y libros que leer. Y durante el PIR casi nunca podĂa tomarme todos los dĂas. AsĂ que hacĂa mucho que no tenĂa unas navidades como cuando era pequeña: tiempo libre a espuertas para vaguear y desayunar mantecados con el pijama puesto.
Ahora estoy un poco triste. Creo que me doy miedo a mĂ misma. Me da miedo entrar otra vez en la espiral de no parar de trabajar y sentir que todo el peso del mundo recae sobre mis hombros.
Tengo intenciĂłn de seguir escribiendo aquĂ. Pero estoy oxidada a niveles máximos, asĂ que es posible que durante un tiempo solo veáis posts como este: desconectados y con bastante poca chicha.
Por otra parte, mi novela sale en breve ;) Esta vez de verdad. Y por "en breve" quiero decir "en menos de un mes". AsĂ que stay tuned.