Cuando saquĂ© el PIR, mi padre me regalĂł una pluma azul y plateada muy bonita. Fue un regalo de mierda, no os equivoquĂ©is, porque yo no escribo a mano casi nunca y no escribo con pluma Jamás. Él me lo vendiĂł como que "una escritora debe tener una pluma", y tambiĂ©n me dijo que asĂ podrĂa firmar con ella mi primer contrato.
Recuerdo cuando me la entregĂł. HabĂamos ido a comer a un japonĂ©s fusiĂłn muy bueno que hay en el centro de Málaga y atacábamos un surtido de maki sushi. Cuando me dio la pluma pensĂ© esto mismo que os estoy contando: que si lo primero que me dices cuando me das el regalo es "yo sĂ© que tĂş no escribes con pluma, pero aun asĂ te la voy a regalar", me estás demostrando que lo que yo necesite o quiera te importa un carajo. A lo mejor estoy siendo un poco dura, pero el tema de los regalos me toca especialmente las narices. No es tan difĂcil ser capaz de mirar al otro el tiempo suficiente como para encontrar lo que le hace ilusiĂłn.
Todo esto viene a que llevo peleada con mi padre desde el jueves pasado por su apoyo más bien justito a mi huelga indefinida. Entre otras cosas. Esto es un poco como lo de la pluma: una incapacidad para mirar más allá de su ombligo. A ver, papá, que eres mi padre. Que deberĂas ser algo asĂ como mi fan number one. Si a mĂ me pinchan, tĂş sangras, y si yo me voy a la huelga, tĂş conmigo a muerte hasta que el cuerpo aguante. AsĂ que me he declarado en huelga indefinida de hijismo hasta que me relaje un poco y sea capaz de renegociar nuestra relaciĂłn en tĂ©rminos justos.
Hoy he encontrado la pluma en mi bolso. Hace un par de semanas decidĂ tratar de utilizarla más a menudo y me la coloquĂ© en el bolsillo de la bata, pero resultĂł que se le habĂa acabado la tinta y me la traje para cambiarle el cartucho. Al desenroscar la parte superior ha caĂdo un papelito enrollado. En Ă©l pone lo siguiente:
¡Hola!
Si estás leyendo esto, significa que he perdido mi pluma. Me la regalĂł mi padre y es muy importante para mĂ. Te agradecerĂa mucho que me la devolvieras. Ofrezco gratificaciĂłn. DespuĂ©s añado mi telĂ©fono y mi firma.
Una nota de socorro en un regalo de mierda. Ese es el retrato de mi relaciĂłn con mi padre.
Y lo peor es que en esta huelga está bastante claro quién dará el primer paso hacia la negociación.