Mi dĂa de hoy ha sido asqueroso nivel oncologĂa, asĂ que en lugar de ponernos serios y hablar de que igual se me está pirando un poco la olla porque voy viendo a la muerte en todas partes, rollo Destino Final, vamos a escribir un post absurdo para olvidar que la realidad es básicamente una puta mierda.
El post se subtitula: por qué si eres un maromo bueno, interesante, escalador y razonablemente atractivo debes tener sexo conmigo PRONTO.
Antes de continuar, querido lector, tĂłmate tu tiempo. Los humanos somos seres rapidillos a los que nos gusta anticiparnos y buscar explicaciones. Estarás pensando que te voy a contar otra vez que soy a la par estupenda y entusiasta, y que lo explĂcito de mis posts con la etiqueta "no puedo creer que no tuviera etiqueta para sexo" habla por sĂ solo. DespuĂ©s lloriquearĂ© un rato diciendo que quiero un novio, empezarĂ© a penar porque San ValentĂn se acerca y culminarĂ© con un intento de salvar mi dignidad diciendo "pero el sexo sin compromiso no me afecta, asĂ que venid a mĂ".
Pues no. Listo, que eres un listo.
Resulta que de un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que mi querido nĂłrdico, el que comprĂ© en el Hipercor de Granada (pronĂşnciese hipercá) hace ya cinco años, no abriga tanto como antes. No sĂ© por quĂ©. Quizá las plumas han perdido plumicidad. Quizá envejezco y soy más friolera. Quizá me he quitado una capa cálida de grasita corporal. La cuestiĂłn es que Ăşltimamente el frĂo y yo hemos entrado en escalada, como EEUU y la URSS, y cuando me he querido dar cuenta, estaba durmiendo con leotardos tĂ©rmicos, leggins, calcetines, camiseta tĂ©rmica, pijama, forro polar, el nĂłrdico y una manta. VerĂdico. A pesar de eso, me levantaba helada. Esta casa no está muy bien aislada y es un ático, asĂ que de madrugada se parece demasiado a un iglĂş.
AsĂ que hoy, despuĂ©s de darle un par de vueltas y concluir que total, en algĂşn punto tendrĂ© que empezar a alimentarme de arroz blanco asĂ que de perdidos al rĂo, me he plantado en El Corte InglĂ©s a aprovechar la Semana Fantástica de las Sábanas, o algo parecido. Que todas las semanas son fantásticas en el Corte InglĂ©s, por otra parte, asĂ que no tiene mĂ©rito haber pillado esta. He enganchado a un señor muy amable, nivel el Vendedor Motivado de los vaqueros de este verano, y le he dicho que quiero un edredĂłn calentito con buena relaciĂłn calidad-precio. Este señor ha tenido más suerte que VM, porque como el edredĂłn no tiene por quĂ© hacerme buen culo, soy menos sibarita. Me ha vendido un nĂłrdico tirolĂ©s con nosecuántos millones de plumas de ganso y cientos de hilos de satĂ©n entretejidos, que encima estaba a mitad de precio y que venĂa en una cĂłmoda funda de algodĂłn.
"Es una buena compra", repetĂa el señor mientras me cobraba. "Más le vale - he contestado -, porque como siga pasando frĂo por las noches, va a tener usted un karma horrible". Ha sonreĂdo con pavor. No sabe que se lo digo en serio.
DespuĂ©s he llegado a casa lista para hacer la cama y cambiar mi vida nocturna. He sacado el edredĂłn antiguo y me disponĂa a guardarlo cuando he recordado algo. Una de las que llamaremos "las lecciones para la vida de Marian Keyes". Ahora mismo sĂłlo recuerdo otra, que es: "si me quedara una hora de vida, la pasarĂa haciendo galletas en forma de zapato", pero seguro que hay más, porque MK es muy sabia. Lo que he recordado hoy es algo que hacĂa la protagonista de uno de sus libros y a lo que llamaremos el sandwich de plumas.
El sandwich de plumas no es una mera comodidad. Es lujuria. Es pereza. Es todos los pecados capitales a la vez, menos quizá la gula, pero sólo porque no puedes comer edredón nórdico.
Consiste en que utilizas dos nórdicos, dos. Uno lo colocas sobre el colchón y lo tapas con la bajera; el otro lo metes en su funda y lo pones encima. Como resultado, duermes con nórdico por arriba y otro por abajo, en un maravilloso bocadillo de calor y suavidad del que el despertador te arrancará sin piedad y con lágrimas en los ojos.
AsĂ es mi cama ahora.
Y por eso, maromo bueno, interesante, escalador y razonablemente atractivo, éste (y no otro) es el momento óptimo para tener sexo conmigo. Porque podrás experimentar el sandwich de plumas con una rubia natural emocionalmente deprivada y debes hacerlo ahora, antes de que llegue la primavera y tenga que decirle adiós a mis dos maravillosos nórdicos. Asà que ya sabes: no pierdas el tiempo. Esto es como la Semana Fantástica del Corte Inglés: luego habrá más oportunidades de conseguir beneficios, pero éstos, concretamente, tienen fecha de caducidad.
(Aprovecho para decir que quien quiera seguir mis estupideces musicales en Melomarina, e incluso apuntarse a escuchar los disquitos conmigo, lo mejor que puede hacer es agregarme a twitter -> @marinalunes, porque he configurado el Tumblr para que se coordine con twitter y avisar cada vez que publique algo nuevo. He dicho)
lunes, 4 de febrero de 2013
Mi Ăşltima estupidez
Mi última estupidez no es haber perdido mi cámara réflex, aunque eso es algo que ha sucedido hoy. Lo de la cámara se lo he contado a los jipis de la lista de correo de psicosupervivencia, que son amor, y ya está aceptado y superado. Mi última estupidez es que hoy he ido a la Fnac y no se me ha ocurrido otra cosa que comprarme "1001 discos que hay que escuchar antes de morir". Que yo sé que estoy muy pesada con la muerte y tal, pero esta vez la cosa iba más de música que de muerte.
Mi absoluta carencia de gusto musical es de mis mayores vergĂĽenzas. Soy una persona que por las mañanas se sube al metro y se pone Gangnam Style sĂłlo para mirar a la gente, imaginarles bailando en plan flashmob y reĂrse sola. Acto seguido, continĂşo mi programaciĂłn matutina con "La raja de tu falda", "Hips don't lie" y perlas asĂ. Lo Ăşnico que me salva de la vergĂĽenza musical es pensarme como una persona a la que al menos le gustan Sabina y Extremoduro, que son como medio dignos, y que le da mucha importancia a las letras bonitas.
Cuando empecĂ© con MQEN no sabĂa nada de la vida, asĂ que cometĂ el error de decirle que me recomendara mĂşsica. MQEN es amor y es musicĂłlogo, pero de recomendar(me) mĂşsica no tiene ni idea. Creo que en algĂşn lugar de su mente esperaba que yo mutara y me transformara en el tipo de persona que valora las suites de rock sinfĂłnico de veinte minutos de duraciĂłn, pero eso no iba a suceder. Yo hacĂa esfuerzos descomunales por comprender y apreciar su mĂşsica, pero terminaba quedándome con las baladas sencillitas de cada álbum.
TerminĂ© con MQEN y decidĂ escuchar lo que me saliera del potorro el resto de mi vida, y aquĂ me veo. Veintisiete años, un halo de culturilla polivalente y los gustos musicales de una espectadora de FĂscia o QuĂmica (porque yo NUNCA he visto FĂsica o QuĂmica, quĂ© va, y además Cabano no me ponĂa nada, nonono). Y bueno, a estas alturas no es que me importe lo que nadie piense de mĂ, pero opino que quizá me estĂ© perdiendo algo. La oportunidad de apreciar otros niveles de belleza. En realidad me gusta la mĂşsica, y cuando encuentro algo que me conmueve soy muy feliz. El problema es que estoy un poco perdida. Mis padres nunca le han dado mucha importancia a la mĂşsica; son de gustos más bien sencillotes. Mi hermano tuvo su Ă©poca reggaetĂłn y su Ă©poca rap, y no sĂ© bien por dĂłnde anda ahora, asĂ que tampoco es Ăştil. J. era igual de terrible que MQEN para encontrar convergencias musicales conmigo, y mis amigas hacen cosas como confesar en momentos insospechados que se escapaban en feria para ir a los conciertos de Andy y Lucas. VerĂdico.
AsĂ que bueno, sĂ© que es como muy cutre comprarse un libro que se llame "1001 discos que hay que escuchar antes de morir" y pretender escucharlos en el Spotify. La cultura musical, en teorĂa, no se adquiere asĂ. Mola más el rollo "yo tenĂa doce años y con mi paga semanal me compraba cintas para que me las grabara el vecino" Pero quĂ© querĂ©is que os diga. Me gusta organizarme. Me gusta que las cosas tengan un mĂ©todo y orientarme en el espacio tiempo. Me mola que alguien seleccione artistas, discos y canciones, y que encima me explique cosas de unos y otros. Me da sensaciĂłn de seguridad.
AsĂ que aquĂ estoy, con mi libro y mi suscripciĂłn premium (que ya la tenĂa de antes, por cierto, para escuchar a Shakira sin interrupciones publicitarias). No tengo claro por dĂłnde empezar. Por orden cronolĂłgico me aberra un poco; si tengo que estar meses escuchando mĂşsica de los 50, quizá pierda el interĂ©s por este proyecto. AsĂ que creo que voy a ir saltando un poco entre Ă©pocas, segĂşn me vaya fluyendo la movida. Me gustarĂa escribir sobre los discos que voy escuchando, pero tengo un problema serio con la escritura, a saber: me paso. Escribo DEMASIADO para tener además un trabajo a jornada completa. Aun asĂ, como no tengo remedio, he abierto un tumblr para la ocasiĂłn, porque además creo que es la Ăşnica red social que me falta por explorar (junto con Pinterest, que no lo pillo guay, pero bueno; dadme tiempo. Las redes sociales son como los pantalones de pitillo: al principio te horripilan y luego no podrĂas vivir sin ellos).
Resumiendo el percal: voy a escuchar mĂşsica y quizá escriba algo sobre ello. Quizá no. Tampoco os matĂ©is mirando el tumblr porque igual duro dos dĂas. Si duro más de dos dĂas, os lo harĂ© saber para que volváis por allĂ. Si voy a buen ritmo, quizá llegue a los treinta años con... bueno, no con un culturĂłn musical de la ostia, pero al menos con respuestas menos vergonzosas para la pregunta "y a ti quĂ© mĂşsica te gusta".
Y digo que es una estupidez porque mi vida es un macroproyecto constante y todo, en realidad, ¿para quĂ©? Cualquier dĂa me dejo de metas e historias y me tumbo delante de la tele a ver Sálvame mientras me alimento de tuppers del chino. Cualquier dĂa, como dirĂa Miguelito el de Mafalda, doy el marinazo.
Tened una muy feliz semana, lectores queridos. Moláis.
Mi absoluta carencia de gusto musical es de mis mayores vergĂĽenzas. Soy una persona que por las mañanas se sube al metro y se pone Gangnam Style sĂłlo para mirar a la gente, imaginarles bailando en plan flashmob y reĂrse sola. Acto seguido, continĂşo mi programaciĂłn matutina con "La raja de tu falda", "Hips don't lie" y perlas asĂ. Lo Ăşnico que me salva de la vergĂĽenza musical es pensarme como una persona a la que al menos le gustan Sabina y Extremoduro, que son como medio dignos, y que le da mucha importancia a las letras bonitas.
Cuando empecĂ© con MQEN no sabĂa nada de la vida, asĂ que cometĂ el error de decirle que me recomendara mĂşsica. MQEN es amor y es musicĂłlogo, pero de recomendar(me) mĂşsica no tiene ni idea. Creo que en algĂşn lugar de su mente esperaba que yo mutara y me transformara en el tipo de persona que valora las suites de rock sinfĂłnico de veinte minutos de duraciĂłn, pero eso no iba a suceder. Yo hacĂa esfuerzos descomunales por comprender y apreciar su mĂşsica, pero terminaba quedándome con las baladas sencillitas de cada álbum.
TerminĂ© con MQEN y decidĂ escuchar lo que me saliera del potorro el resto de mi vida, y aquĂ me veo. Veintisiete años, un halo de culturilla polivalente y los gustos musicales de una espectadora de FĂscia o QuĂmica (porque yo NUNCA he visto FĂsica o QuĂmica, quĂ© va, y además Cabano no me ponĂa nada, nonono). Y bueno, a estas alturas no es que me importe lo que nadie piense de mĂ, pero opino que quizá me estĂ© perdiendo algo. La oportunidad de apreciar otros niveles de belleza. En realidad me gusta la mĂşsica, y cuando encuentro algo que me conmueve soy muy feliz. El problema es que estoy un poco perdida. Mis padres nunca le han dado mucha importancia a la mĂşsica; son de gustos más bien sencillotes. Mi hermano tuvo su Ă©poca reggaetĂłn y su Ă©poca rap, y no sĂ© bien por dĂłnde anda ahora, asĂ que tampoco es Ăştil. J. era igual de terrible que MQEN para encontrar convergencias musicales conmigo, y mis amigas hacen cosas como confesar en momentos insospechados que se escapaban en feria para ir a los conciertos de Andy y Lucas. VerĂdico.
AsĂ que bueno, sĂ© que es como muy cutre comprarse un libro que se llame "1001 discos que hay que escuchar antes de morir" y pretender escucharlos en el Spotify. La cultura musical, en teorĂa, no se adquiere asĂ. Mola más el rollo "yo tenĂa doce años y con mi paga semanal me compraba cintas para que me las grabara el vecino" Pero quĂ© querĂ©is que os diga. Me gusta organizarme. Me gusta que las cosas tengan un mĂ©todo y orientarme en el espacio tiempo. Me mola que alguien seleccione artistas, discos y canciones, y que encima me explique cosas de unos y otros. Me da sensaciĂłn de seguridad.
AsĂ que aquĂ estoy, con mi libro y mi suscripciĂłn premium (que ya la tenĂa de antes, por cierto, para escuchar a Shakira sin interrupciones publicitarias). No tengo claro por dĂłnde empezar. Por orden cronolĂłgico me aberra un poco; si tengo que estar meses escuchando mĂşsica de los 50, quizá pierda el interĂ©s por este proyecto. AsĂ que creo que voy a ir saltando un poco entre Ă©pocas, segĂşn me vaya fluyendo la movida. Me gustarĂa escribir sobre los discos que voy escuchando, pero tengo un problema serio con la escritura, a saber: me paso. Escribo DEMASIADO para tener además un trabajo a jornada completa. Aun asĂ, como no tengo remedio, he abierto un tumblr para la ocasiĂłn, porque además creo que es la Ăşnica red social que me falta por explorar (junto con Pinterest, que no lo pillo guay, pero bueno; dadme tiempo. Las redes sociales son como los pantalones de pitillo: al principio te horripilan y luego no podrĂas vivir sin ellos).
Resumiendo el percal: voy a escuchar mĂşsica y quizá escriba algo sobre ello. Quizá no. Tampoco os matĂ©is mirando el tumblr porque igual duro dos dĂas. Si duro más de dos dĂas, os lo harĂ© saber para que volváis por allĂ. Si voy a buen ritmo, quizá llegue a los treinta años con... bueno, no con un culturĂłn musical de la ostia, pero al menos con respuestas menos vergonzosas para la pregunta "y a ti quĂ© mĂşsica te gusta".
Y digo que es una estupidez porque mi vida es un macroproyecto constante y todo, en realidad, ¿para quĂ©? Cualquier dĂa me dejo de metas e historias y me tumbo delante de la tele a ver Sálvame mientras me alimento de tuppers del chino. Cualquier dĂa, como dirĂa Miguelito el de Mafalda, doy el marinazo.
Tened una muy feliz semana, lectores queridos. Moláis.
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