Es de todos sabido que me gusta pintarme las uñas. Hoy llevaba un precioso tono nude que estoy probando para el bodorrio, a juego con los super zapatos peep toe, y me he pasado todo el dĂa sulibeyada por la elegancia de mis manitas. Que tuviera heridas en ellas despuĂ©s de escalar el martes no me preocupa. Tengo que encontrar un nuevo vocablo que mezcle divina, lista y aventurera: ¿divisturera? ¿diviturista? ¿avendivista? Oh, un mundo de posibilidades neologĂsticas se abre ante mĂ.
Durante el café, José Luis me ha preguntado que cuántos esmaltes tengo. "No tantos", he dicho, "diez o doce". Luego me he puesto a contar y he tenido que parar en veinticinco porque me daba vergüenza, sobre todo porque la enumeración es del tipo "el morado normal, el morado guinda, el morado fúcsia, el morado con textura de vinilo, el rojo oscuro, el rojo claro, el rojo casi coral", etcétera.

El sector rosa-morado de mis esmaltes. En la imagen no se aprecia, pero son MUY distintos unos de otros.
De fondo, mi cocina-armario
Si os pasa como a mĂ y estáis fascinadas por la increĂble variedad de tonos y texturas que hay en el mundo del esmalte de uñas, puede que os cueste escoger. Pero tranquilas, queridas, que aquĂ estoy yo para guiaros en el mundo fascinante de la onicoterapia. A mĂ me sirve, verĂdico.
Los rojos son para sentirse sexy. Eso está bastante claro. He tenido Ă©pocas de pintarme las uñas de los pies de rojo en invierno, con calcetines y sin novio ni posibilidad de amante, sĂłlo porque me sentĂa guapa y atractiva cuando me quitaba los zapatos por las noches y me miraba los pies. Pero hay que tener cuidado; un rojo inadecuado puede hacer que tus manos recuerden a Drácula y den grimita. Yo prefiero el rojo oscuro. TambiĂ©n mola muchĂsimo para beber vino tinto en elegantes copas; sabe mejor con las uñas rojas, en serio. Lo que pasa es que yo apenas bebo y no le saco rendimiento a ese aspecto de la onicoterapie.
Si quieres sentirte una buena profesional, prueba el negro o el marrĂłn oscuro. El año pasado, cuando temblaba de pánico en la mesa de la consulta, tener las uñas pintadas de oscuro me hacĂa sentir competente y poderosa. Por supuesto, estamos hablando todo el rato de uñas bien pintadas y cuidadas; las uñas negras deterioradas harán pensar que eres una gĂłtica chunga con mochila en forma de cadáver y quizá te despidan.
Los morados son colores imaginativos, espirituales, artĂsticos. Escribo mejor con las uñas moradas. Además, tengo tanta ropa morada que es fácil que me haga juego con ella y vaya combinadita y mona. Por cierto, si llevas las uñas pintadas, por dios, combina con ellas la ropa que te pones o mandarás la onicoterapia a tomar viento porque aberrará la combinaciĂłn de tus uñas rosa con tu camiseta roja.
Verdes y azules. Alegres, complicados, no a todo el mundo le gustan. Pensarán que eres una modernilla trasnochada o un espĂritu libre. Pero los verdes y los azules son increĂblemente terapĂ©uticos, sobre todo si te los pones poco. Cambian la manera en que estás acostumbrada a verte las manos y, por extensiĂłn, tu perspectiva de la vida. Combina uñas verdes y ropa rosa; si todavĂa estás triste, tienes derecho a que te invite a una caña.
Si quieres sentirte elegante y fashion, lo suyo es el nude o el gris. Si das con el tono adecuado para tu piel, fliparás. Además, pegan con toda la ropa y te harán sentir una persona glamourosa y fina que lo tiene todo controlado. El esmalte que me he comprado para la boda es ma-ra-vi-lloso, una mezcla indescriptible entre color carne y café que va per-fec-to con el vestido, los zapatos, mi piel y la alineación de las estrellas.
Por Ăşltimo, el rosa. El rosa es genial y ya lo sabĂ©is todos. A mĂ me da ganas de jugar, de no tomarme demasiado en serio, de comer piruletas y comprarme gafas de sol en forma de corazĂłn y ligar con tĂos mayores. Por otra parte, a lo mejor estoy talludita ya para esas cosas. El caso es que el rosa, y por extensiĂłn el coral y si me apuras ciertos tipos de naranja, están hechos para esos dĂas en los que te das cuenta de que estamos aquĂ por casualidad para vivir puteados y al final morirnos, pero por alguna razĂłn eso hoy no te importa y todo te hace muchĂsima gracia.
PĂntate las uñas de las manos con tiempo y calma. DedĂcate sĂłlo a eso y deja que se sequen bien. No te apresures: las uñas rayadas son el mal. Compra algĂşn acelerador de secado y te desesperarás menos. Las de los pies son más agradecidas. Prueba a pintarlas en invierno y verás cĂłmo te sorprendes cuando te quites los calcetines por la noche y veas tus dedos alineados como alegres soldaditos.
Por Ăşltimo: marcas. Elige a poder ser Mercadona, KIKO y Bourjois. Digan lo que digan, Essence no está tan mal y es baratĂ©rrimo. Pero, sobre todo, cĂşbrelo todo con toneladas de brillo secante DeliplĂşs y olvĂdate del mundo.
Y recuerda: en este mundo chungo y desalmado las uñas pintadas son uno de los Ăşltimos resquicios de imaginaciĂłn y alegrĂa en los que te podrás refugiar siempre. Es barato, es inofensivo, es verĂdicamente terapĂ©utico. AsĂ que a disfrutarlo.