Llevo un rato aquĂ sentada pensando sobre quĂ© escribir. A veces me noto... no sĂ© cĂłmo explicarlo... descontextualizada. Como si mi escritura no estuviera relacionada con mi vida. Sobre todo hoy, que es sábado pero estoy sola en casa y sin ganas de salir. PodrĂa ser cualquier dĂa. Creo que la gente se está manifestando en GĂ©nova, y no me importarĂa ir si tuviera con quiĂ©n. Ahora mismo, sin embargo, estoy sentada con Mia sobre el regazo (es tan ligera esta gata; parece de pluma) y no tengo intenciĂłn de levantarme para manifestarme por nada.
He pasado la mañana comprando pintaúñas con Laura, una lectora que podrĂa ser amor pero es odio, porque me acaba de presentar una marca maravillosa de esmaltes a diecisiete euros el tarro. Aun asĂ, lo hemos pasado muy bien. Laura es estupenda, es preciosa y divertida hasta hacerte llorar. La expresiĂłn "tengo la vejiga como la gaita de Hevia" ha llegado hoy a mi vida para quedarse.
Sin embargo, aquĂ estoy yo sentada y pensando otra vez en la muerte.
Ayer por la mañana estaba en un ordenador del curro, grabando un CD con instrucciones de relajaciĂłn para una paciente terminal. HabĂa estado practicando con ella unos minutos antes y, madre mĂa: su cuerpecito tumbado inmĂłvil en una cama es bastante más de lo que cualquiera deberĂa soportar. Bajaba yo despuĂ©s las doce plantas hasta psiquiatrĂa pensando: "por favor, por favor, que sea capaz de hacer esto, que tenga fuerzas, por favor", y no sabĂa ni a quiĂ©n se lo estaba pidiendo, porque no creo para nada en el Hombre del Espacio. No escribo esto para que pensĂ©is que soy fuerte, ni valiente, ni que pobrecita yo. He elegido estar ahĂ y no creo que sea más fuerte ni más valiente que nadie. Mi sensaciĂłn con esto es muy rara. Al principio no sentĂa más que una piedad espantosa y mal entendida, un horror sin fisuras. Ahora es algo más parecido a una percepciĂłn global de todo. Algo un poco más ecuánime. Como si mirara a los moribundos y comprendiera de forma intuitiva que yo estarĂ© ahĂ tambiĂ©n en algĂşn punto. Que hoy te toca a ti y mañana a mĂ, y que todo forma parte de algo más grande, más colectivo, como si estuviĂ©ramos desempeñando papeles aleatorios en una obra de teatro gigante.
Mientras grababa el CD se acercĂł mi tutora. "¿Para quiĂ©n es eso?", preguntĂł. "Para una paciente de la catorce, que tiene mucho dolor". "¿CĂłmo estás llevando el tema del dolor?". Me encogĂ de hombros. "El dolor no lo llevo mal - contestĂ© -. Lo que llevo fatal es la muerte". Me llevĂł a un despacho y estuvo hablando conmigo un rato. Que si onco es duro, que si es normal que se pase mal, etcĂ©tera. "Si sales de Ă©sta, todo lo demás te va a parecer muy fácil. Incluida tu vida".
Tiene razĂłn. La imagen de mi paciente tumbada me acompaña todo el rato en estos dĂas. Es como un contraste constante con mi realidad y no me pone triste. Al contrario. Me hace sentir tan, tan contenta de tener todavĂa un futuro. Tan contenta de cualquier cosa, de todas las estupideces mĂnimas, de poder caminar escuchando mĂşsica y cantando en voz alta cuando el trepidar del metro disimula mi voz. Te das cuenta de que lo estabas enfocando mal. De que todo lo que defines como molesto, u horrible, o angustioso, no es más que vida, afortunados pedazos de vida humana, oportunidades para olerlo todo, saborearlo todo, sentirlo todo.
Ayer hablaba con Cris sobre esto y sobre todo lo que harĂamos y dirĂamos si nos fuĂ©ramos a morir en tres meses. ConfesarĂamos nuestros amores silenciosos, serĂamos valientes y honestas. "Lo que pasa es que no nos vamos a morir en tres meses", dijo Cris. "Ya".
Yo no creo que haya que vivir como si te fueras a morir mañana. SerĂa todo demasiado loco y extremo. SĂ hay que vivir como si te fueras a morir en algĂşn punto. A lo mejor no es tan difĂcil. A lo mejor basta con comprender que todo está iluminado y que no se trata de buscar lo positivo. No hay positivo ni negativo. Hay vida, eso es todo, y las cosas van pasando y tĂş sĂłlo te tienes que quedar ahĂ, lo más presente y atento posible. Disfrutar de esto que estás viviendo: experimentar tu tristeza y tu miedo con la misma profundidad que tu alegrĂa y darte cuenta de que los momentos son preciosos. Todos. Es hermoso el momento en que te enamoras y tambiĂ©n cuando te parten el corazĂłn. Son hermosos el calor y el frĂo, el placer y el dolor.
Pensadlo asĂ: casi todo está bien cuando no estás muerto.
Buenas noches y feliz domingo.