
Fotito de este finde en las escasas horas del dĂa en que no hacĂa calor. ¡Mirad, tengo bĂceps!
Ahora estoy sentada en mi salĂłn, con la ventana abierta y el aire acondicionado puesto, en un derroche de frescor veraniego que puedo justificar porque llevo tres dĂas siendo natural y dejándome la vida en
Estar aquĂ en pijama, con la ventana abierta, el ordenador encendido y los ojos como platos me recuerda al verano de los diecisĂ©is años, cuando me habĂa hecho colega de la gente del club de montaña del colegio porque uno de ellos me molaba y me ignoraba. Curioso cĂłmo se repiten los patrones; al año siguiente me hice amiga de otra gente totalmente distinta porque MQEN me molaba y me ignoraba. Menos mal que al final conquistĂ© su corazĂłn y mi amistad de conveniencia no fue del todo inĂştil.
Como decĂa, cuando tenĂa diecisĂ©is años quedaba con la gente del club en el paseo marĂtimo de Pedregalejo. No sĂ© si alguien de ese grupo me leerá todavĂa, porque Ăşltimamente me sale peña antigua por todas partes, pero si estáis ahĂ disculpad lo que voy a decir: vuestro plan era aburrido a morir. Nos limitábamos a sentarnos en el poyo del paseo marĂtimo y a charlar de chorradas. Además, el chaval que me gustaba era muy guapo, muy lindo y tenĂa una tripa perfecta, pero su conversaciĂłn estaba al nivel de la de una ameba. Lo que yo hacĂa aquel verano era pasar unas horas muriĂ©ndome del aburrimiento en aquel paseo marĂtimo, hacerle ojitos a Guapo Simple (en adelante, GS) y largarme a casa cuando la cosa empezaba a decaer.
Cuando llegaba a casa mi madre y mi hermano solĂan estar dormidos o ausentes. Entonces encendĂa mi enorme ordenador de mesa y me quedaba en pantalones de pijama y sujetador. Por aquella Ă©poca conseguĂ la enorme proeza de acumular unos tres sujetadores de mi mini talla y me encantaba ponĂ©rmelos y sentirme adulta. AbrĂa las dos ventanas de mi cuarto, enchufaba el antimosquitos y me dedicaba a escribir y a hablar por el messenger con Joan, un chico catalán al que habĂa conocido despuĂ©s de colgar un poema en un foro (ya apuntaba maneras, yo).
Joan era muy majo. Tampoco es que le diera el coco para mucho muchĂsimo, pero era un chico dulce y como superexĂłtico, ¡¡catalán!! Yo me lo imaginaba guapĂ©rrimo. En aquella Ă©poca no existĂa el Facebook, recordemos, y tampoco habĂa dos cámaras digitales por habitante, asĂ que Joan y yo no habĂamos visto fotos el uno del otro. Él se describĂa como delgado, moreno, pelo rapado y ojos verdes y claro, en mi mente se dibujaba un cañón monumental (imagino que parecido al que se proyectarĂa en la suya cuando yo le dijera que era delgada, rubia, ojos castaños y pequeña-pero-proporcionada... cuando en realidad yo con diecisĂ©is años era un callo pero total, admitámoslo).
En resumen, que Joan y yo hablábamos un montĂłn de rato por el messenger todas las noches. Él tenĂa la letra roja y cometĂa muchas faltas de ortografĂa porque decĂa que el castellano se le daba mal. Con Ă©l aprendĂ mi primera frase en catalán, chispas, que era "et veig als meus somnis" (te veo en mis sueños). SĂ, de ese rollo Ăbamos Joan y yo. QuiĂ©n me iba a decir a mĂ que acabarĂa viviendo en Barcelona y parlant catalĂ com la que mès.
A pesar del planazo vital que me traĂa yo, a saber: babear por GS, aburrirme, volver a mi casa y dedicarme a escribir y chatear, recuerdo aquel verano como muy agradable. Me lo pasaba muy bien charlando con Joan. Era emocionante. TambiĂ©n escribĂa mucho, y fue entonces cuando empecĂ© mi novela fĂsica o quĂmica recientemente terminada y a la espera de ser impresa y quemada en un vertedero. A las tres o a las cuatro de la mañana bajaba a la cocina y cogĂa guarradas de comer, como pavo mojado en salsa de yogur o salchichas crudas con ketchup y mayonesa. SubĂa y comĂa con una mano mientras tecleaba con la otra. Me acostaba a las mil, me levantaba a las mil y en fin, veraneaba a lo adolescente furibunda.
Al final quedĂ© con Joan un par de veces en Barcelona: una cuando fui a hacer la matrĂcula con Elsa y otra cuando ya vivĂa allĂ. De la vez con Elsa no recuerdo nada. Creo ese dĂa nos habĂamos levantado a las cuatro de la mañana para coger el aviĂłn y que luego desayunamos cinco veces, asĂ que entre eso y que me parece que Joan traĂa marihuana, la amnesia es casi comprensible. Desde aquĂ proclamo: Els, si tĂş te acuerdas de cĂłmo era el chaval, por favor, refrĂ©scame la memoria. La otra vez fui a su casa y escuchamos mĂşsica en el ordenador mientras su madre y su abuela veĂan la tele en el cuarto contiguo. Su madre estaba medio depresiva y su abuela tenĂa una pinta muy extraña, sĂşper arrugada, vestida de negro y catatĂłnica como el padre de Torrente. De Joan recuerdo dos cosas: una, que era más bien feo, y otra que parecĂa mucho más interesante por el Messenger que en la realidad. Aun asĂ, le tengo cierto cariñito.
Ahora mi vida ha mejorado, en general, y me lo paso mejor en el mundo 3D. Chateo menos y charlo más. Ah, y me pongo en pijama, que el sujetador a estas alturas me incomoda un poco. Pero diez años después no dejan de tener su gracia las noches de verano, cuando no hay que madrugar y puedes escribir con las ventanas abiertas, comer guarradas a media noche e ir conociendo poco a poco a algún chico guapo de ojos verdes al que encontrarte después en la realidad y en los sueños.