De mis Muy Mejores Amigas, Aran fue la Ăşltima en llegar, aunque Ăşltima en nuestro grupo signifique que hace diez años que la conocemos en lugar de veinte. Aun asĂ, se pica un poco cuando le llamamos llamo "la nueva", o cuando le digo que le vamos a convalidar la infancia para que no se sienta marginada. Es intĂ©rprete de lengua de signos y está especializada en sordociegos, y tambiĂ©n tenemos cierta coña con el tema de que su hobbie en la vida sean los discapacitados. Lo que no sĂ© si ella sabe es lo mucho que admiro el trabajo que hace y su manera de poner el corazĂłn en dar palabras a quien no las tiene.
Es valiente de cojones. Se fue a vivir a Mallorca sin conocer a nadie por un sueldo de seiscientos euros y acabĂł enamorada de la ciudad. Recuerdo cuando nos invitĂł a pasar unos dĂas allĂ con ella. Por aquella Ă©poca trabajaba por las tardes con Julio, un sordociego adulto, y le tocĂł llevarlo a comer uno de los dĂas en que estábamos de viaje. De camino al restaurante ella iba delante con Ă©l, agarrándole de las manos mientras signaba. Nosotras caminábamos detrás, y recuerdo perfectamente cĂłmo miraba a mi amiga, que llevaba una falda vaquera y una cinta verde en el pelo, y pensaba en lo fuerte y hermosa que me parecĂa y en lo orgullosa que me hacĂa sentir.
Ahora vive en un pueblo de Teruel. AllĂ la mandaron cuando ya se habĂa acostumbrado a Mallorca, e igual que no se lo pensĂł la primera vez, no lo pensĂł despuĂ©s y allĂ anda, adorando a la niña con la que trabaja y apañándoselas para sentirse en casa. De todas nosotras, Aran es la Ăşnica que tiene problemas de verdad. Problemas serios y tristes de los que ella no tiene la culpa. Pero tira para adelante, porque su capacidad para soportar el dolor y, aun asĂ, mantenerse dulce y entera, es espectacular.
Aran es la que siempre va a estar ahĂ para mĂ, y eso lo sĂ© y me tranquiliza. El año en que fuimos a pasar la Nochevieja a Granada y agarrĂ© una infecciĂłn de orina de caballo, y me levantĂ© por la mañana llorando de dolor y sin haber pegado ojo, sabĂa que a quien tenĂa que despertar para que me acompañara a la farmacia era a Aran. Si alguien tiene que llevarte al aeropuerto, o pagarte los billetes de aviĂłn para que hagas un viaje con ella, o hacerte un regalo espectacular, Ă©sa es Aran.
Porque hace los mejores regalos del mundo. No se trata sĂłlo de que se gaste el dinero, sino de que realmente te observa e intenta averiguar quĂ© es lo que te harĂa ilusiĂłn, y te fabrica cosas, y hace montajes fotográficos con mĂşsica para verlos contigo y que llores de la emociĂłn. Es muy, muy cariñosa y nunca olvida un cumpleaños.
Y además está llena de poesĂa. Como a mĂ, le emocionan y conmueven las palabras, y a veces inventa algunas, como acurrucosa: dĂcese de la persona o cosa susceptible de ser acurrucada. De vez en cuando nos manda al correo textos sobre su vida en Alcañiz, sobre la niña con la que trabaja o la trompeta que está aprendiendo a tocar.
Tiene mucho talento y no sĂ© si lo sabe. Le gusta la vida, le entusiasman las cosas hasta fronteras ridĂculas, le encanta la comida alta en carbohidratos y el ajo en polvo del Mercadona. Es limpia y cuidadosa, siempre huele bien y sabe hacer cajitas con postales. Adora a su familia, a sus amigos y a su chica. Es realista y entusiasta, activa y perezosa, dura y dulce. Tiene una gigantesca, enorme, indescriptible y admirable capacidad de amar.
Chanchita, te quiero mucho. SĂ© que están siendo unas navidades difĂciles. Ojalá pueda contribuir un poco a hacĂ©rtelas más fáciles.
Ciego te crees al sentir que no ves nada.... pero hasta que no cierres los ojos y veas color ante ellos, seguirás ciego y vacĂo de sentimientos.
(Lo escribiĂł Aran el verano en que la conocĂ, creo que en una cajetilla de cigarros. Y ahĂ se quedĂł, clavado en mi corazĂłn y en mi memoria, exactamente igual que ella).
