Genie. You're free. pic.twitter.com/FWQWPDPP42
— Evan Rachel Wood (@evanrachelwood) agosto 11, 2014
Ya lo he visto un montĂłn de veces y me sigue partiendo el corazĂłn. En caso de que hayas vivido en una cueva los Ăşltimos dos dĂas, te explico que hace referencia a la actuaciĂłn de Robin Williams, fallecido el lunes a causa de un aparente suicidio, como el Genio de Aladdin.
La muerte de Robin Williams me tiene triste y confusa por varias razones.
La primera es que mientras vivĂa creo que nunca, nunca escuchĂ© o leĂ a nadie decir de Ă©l que era un actorazo. Las opiniones iban más bien en sentido contrario: era ese tipo de los ojos muy azules y la sonrisa un poco irritante, que te daba mal rollo por alguna razĂłn que no sabĂas describir bien. Igual que Michael Jackson pasĂł de pederasta a leyenda despuĂ©s de su muerte, Robin Williams ha pasado de actor mediocre a magnĂfico comediante en cuestiĂłn de horas.
La razĂłn está clara. Chequeas la Wikipedia para acordarte del nombre de la peli aquella que te gustĂł en la que hacĂa de gay, o para confirmar si salĂa en To Wong Foo con mi querido (y tambiĂ©n muerto) Patrick Swayze, y repasas su filmografĂa. Te das cuenta de que, casi sin quererlo, te has tragado entre cinco y diez pelĂculas en las que salĂa el tipo. Yo le he visto en Jumanji, en Hook, en Una jaula de grillos, en Señora Doubtfire, en Más allá de los sueños, en Will Hunting, en Jack, en Patch Adams, en el mencionado A Wong Foo, en el Club de los Poetas Muertos y Aladdin no la cuento, porque mi corazĂłn pertenece a Josema Yuste.
No son pelis de culto. Son pelis que has visto de pequeño, o en un autobús, o en un taller sobre el duelo y la muerte, o en la preparación de un voluntariado con niños, o en una noche en casa cuando la pasaban por la tele. Algunas sà que las alquilaste (o bajaste) y todo, pero son las menos. El tema es que te das cuenta de que Robin Williams y tú habéis compartido un extraño montón de momentos, aunque nunca te haya parecido un actorazo.
Además, te recorre el espinazo un inconfundible respeto. Ok, sĂ, era fácil decir que Williams era un petardo cuando vivĂa, pero ahora ves todas esas pelis listadas una detrás de otra y piensas: pues igual no era tan fácil. Igual este hombre ha dedicado su vida a algo con una intensidad demoledora.
Entonces viene la segunda cosa que me desconcierta, y es imaginármelo ahorcándose en casa con su cinturĂłn. A lo mejor por eso me daba mal rollo y no sabĂa bien por quĂ©; ahora, con la claridad que da ver las cosas a posteriori, casi percibo cierto miedo en sus ojos azules. Es triste que se suicide cualquiera; cuando lo hace alguien que en teorĂa tiene tanto como Ă©l, nos preguntamos si a los demás nos queda esperanza.
La muerte de Robin Williams es un criadero de tĂłpicos. "Precisamente los que lo tienen todo son los que más sufren", "El dinero no da la felicidad", "Cuando uno no sabe quĂ© hacer con el dinero es cuando se mete en la droga", etc. Para mĂ, es simplemente otro agujero negro de la incomprensiĂłn que deja un humano muerto. Pero es un agujero con eco: el bofetĂłn en la cara de cualquiera que vea sus pelĂculas a partir de ahora.
Me quedo con el tuit de Evan Rachel. Me niego a recordar el infierno de los suicidas del que hablaba Más allá de los sueños. No sé si Robin Williams era un genio, pero espero de corazón que, se encuentre donde se encuentre, haya quedado libre.