AquĂ dejo algo que se me ocurriĂł el otro dĂa cuando fui a correr. Y eso que yo pensaba que tenĂa todas las neuronas ocupadas exclusivamente en sobrevivir...
"No iba al parque a pasear ni a relajarse. Cuando llegaba la primavera y las tardes se alargaban, el recinto se llenaba de parejas besuconas y de padres con carritos y niños de la mano. Él solĂa ir un rato cada dĂa. Se sentaba en un banco, en mitad del recorrido que hacĂan los que practicaban footing, y esperaba a que las mujeres que corrĂan fueran, una a una, pasando por su lado. Cuando una de ellas atravesaba el fragmento de camino que controlaba, Ă©l no se paraba a mirar sus pechos, bamboleándose bajo la camiseta de deporte, ni seguĂa su culo con la mirada. Cerraba los ojos e intentaba oĂr su respiraciĂłn, apenas un par de jadeos fuertes y profundos antes de que la corredora se alejara trotando. Cada uno de esos resoplidos Ăntimos, sonoros, le trasladaba directamente a la intimidad de las mujeres, y podĂa imaginar aquellos cuerpos tumbados desnudos en una cama, o cabalgando a su amante bajo la luz acaramelada de la lampara de la mesilla. Algunas eran delgadas y fibrosas, con pantalones de marca pegados a los redondos gemelos; otras tenĂan los muslos más gruesos y resoplaban con a cara enrojecida, intentando ponerse a punto para el verano. Pero en todas Ă©l podĂa practicar ese salto cĂłsmico, esa uniĂłn instantánea con lo más privado de ellas. Y a eso se dedicaba durante las largas tardes de primavera de aquel curso."