Es curioso cĂłmo cambia nuestra percepciĂłn de las cosas a travĂ©s de los años. Como algunos sabrĂ©is, hace ya casi seis años empecĂ© a estudiar periodismo en la AutĂłnoma de Barcelona. Siempre me habĂa gustado escribir y pensaba que el periodismo me allanarĂa el camino. Al mes de estar allĂ, me empecĂ© a preocupar. No me imaginaba ejerciendo y corriendo entusiasmada detrás de la noticia. Para navidades ya tenĂa clarĂsimo que no querĂa ser periodista. AsĂ que, como buena estudiante responsable, aprobĂ© los exámenes de febrero para conseguir crĂ©ditos de libre configuraciĂłn para mi futura nueva carrera y me volvĂ a casa. DespuĂ©s de darle muchas vueltas a todas las posibilidades, me vine a Granada a estudiar psicologĂa. El resto, como se suele decir, es historia.
Durante mucho tiempo vi mi regreso de Barcelona como un fracaso. Incluso Granada era un fracaso para mĂ: un sucedáneo, la ciudad que estaba lo suficientemente cerca de Málaga como para permitirme ir a menudo y evitar la nostalgia. Barcelona estaba tan lejos. Los primeros años en Granada todavĂa me escocĂa la humillaciĂłn de haber puesto lo mejor de mĂ en aquella empresa y haber tenido que volverme con el rabo entre las piernas.
Hace un par de años, o quizá el año pasado, no lo sé con exactitud, empecé a ser capaz de ver mi decisión con un poco más de ecuanimidad. Intentaba reinterpretarlo en términos de: "mira todo lo que has aprendido después, todos los acontecimientos de tu vida te han hecho lo que eres ahora, etc". Mi posición respecto al asunto se volvió neutra.
Últimamente, lo que pensaba era: "Menos mal. Qué suerte tuve de darme cuenta. Qué bien hice", pero siempre con una especie de suspiro de alivio por haberme librado de una catástrofe casi por casualidad.
Hoy estaba en el taller de escritura con CĂ©sar, que ha venido a hablar a los alumnos de su experiencia como periodista y escritor. Hace poco que ha dejado el periodismo para dedicarse en serio a escribir y a sus otros proyectos, y dice que se alegra, porque escribir para el periĂłdico estaba robándole la energĂa y aplastando su estilo. Mientras le escuchaba he recordado como casi me convierto en periodista y, como dice mi madre, se me han abierto las carnes. Y, por primera vez en cinco años, he pensado: "QuĂ© valor tuve. QuĂ© huevos le echĂ© dejando la carrera, a pesar de la presiĂłn del gasto que estaba suponiendo para mi familia, a pesar de la expectativas de todo el mundo. QuĂ© favor más grande me hice. HabrĂa sido muy infeliz como periodista". Le he agradecido a la yo de 18 años que fuera lo suficientemente avispada como para salir pitando de la AutĂłnoma en cuanto vio de que iba aquello. Ella no sabĂa mucho de la vida, pero intuĂa lo suficiente sobre la yo que soy ahora como para reunir valor y pararse cuando aĂşn estaba a tiempo.
Pues eso, que es curioso cĂłmo cambian la percepciĂłn de las cosas.