Obviamente, habĂa tres peluqueras y me ha tocado la NF. La parte buena es que hoy estaba muy llena la peluquerĂa y no me ha parecido que fuera una tapadera de un negocio de venta de drogas, como la vez anterior.
Yo hoy no estaba por hacerme mala sangre. La NF me ha dado el catálogo de peinados Llongueras, que me sé ya entero y que no sé para qué miro, si en general parece que a todas les hayan cortado el pelo de rapideo para mandarlas a la guillotina. En fin. Le he explicado a la NF más o menos lo mismo que la vez anterior, pero introduciendo una peligrosa innovación. Chachán.
- Nazi Flequillil, te explico: llevo como cinco años con el flequillo más o menos igual y querrĂa innovar. Quiero probar con un flequillo inclinado. TĂş sabes: la raya un poco al lado y una lĂnea que descienda suavemente a lo largo de mi frente divina.
La idea que yo tenĂa en mi mente era más o menos asĂ:

La prĂłxima vez le llevo la foto.
- Claro, claro – ha contestado la NF en un tono sospechosamente sumiso.
Ha empezado a texturizarme la cabeza como una chalada, lo cual está guay, porque la última vez no me texturizó y tuve que texturizarme yo en casa con unas tijeras de cocina, que tiene huevos si has pagado treinta y cinco pavos para que te corten el pelo. Yo levantaba de vez en cuando la vista del Hola y me iba gustando el resultado.
[Inciso: yo no sĂ© por quĂ© la gente dice que ir a la peluquerĂa le sube la moral. Personalmente, cada vez que paso más de cinco minutos leyendo una revista del corazĂłn acabo deprimidĂsima porque Halle Berry me saca veinte años y está bastante más buena que yo, porque nunca tendrĂ© la cara de Natalie Portman y porque Carlota Casiraghi está de vacaciones en el Caribe mientras yo me caliento los pies con una bolsa de cereales. Fin del inciso.]
Y hemos llegado a la parte delicada. El flequillo. Me lo ha recortado levemente de forma inclinada y luego ha empezado a secarme.
- ¿PodrĂas dejarme el flequillo más corto?
- SĂ, sĂ, lo miramos en seco.
Me tendrĂa que haber callado, porque la asertividad en la peluquerĂa, como ya expliquĂ©, tiene una reserva limitada, y para quĂ© desperdiciarla cuando el flequillo me lo pensaba mirar en seco. Me ha empezado a secar tirándome del pelo como si me odiara, pero el resultado molaba bastante y me he dejado hacer.
Entonces hemos llegado al flequillo. Me lo ha recortado un poco y me ha preguntado qué tal, en un derroche de humildad anormal en su especie.
- ¿Me lo podrĂas dejar más corto? - Ahora sĂ, asertividad: haz tu apariciĂłn.
Y aquĂ la cagamos. Porque en ese momento entra en acciĂłn el Flequillo Venganza (en adelante, FV). El FV se define como aquel flequillo que te dejan las peluqueras cuando el primero que te hicieron no te ha gustado. Es un rollo “con que no te gusta, ¿eh? Pues ahora te vas a cagar”.
Cuando me ha enseñado el resultado, me he dado cuenta de que tenĂa dos opciones.
1) Decirle que no me gustaba y arriesgarme a un flequillo aún más vengador. Un nivel de venganza muy superior, un Kill Bill de los flequillos. He temblado sólo de pensarlo.
2) Callarme como una perra e intentar arreglarlo en casa.
Obvio que he escogido la opciĂłn 2. Las otras peluqueras revoloteaban a mi alrededor diciĂ©ndome que habĂa quedado divina de la muerte, y de hecho el resto del corte está bastante chulo. Supertexturizado. Sin embargo, el Flequillo Venganza... bueno, es muy vengador.
AsĂ de vengador:
Lo peor es que volveré.
Aunque sĂłlo sea por tener temas para el blog.
