Supongo que esto de llevar bien la soledad tiene que ver con meditar y con que ahora mi mente está mucho más tranquila que hace años. Me acuerdo de que cuando fui a Barcelona era incapaz de gestionar el tiempo que pasaba sola. Mi mente me engullĂa y me aterraba con la inmensidad de su confusiĂłn. Me levantaba por las mañanas intentando decidir quĂ© hacer ese dĂa, en constante tensiĂłn por aprovechar mi tiempo y mis horas, esforzándome hasta la mĂ©dula en que mi vida mereciera la pena. Hiciera lo que hiciera, al final nunca estaba contenta. Siempre deseaba estar en otro sitio. A mi dĂa siempre le faltaban horas.
Ahora mi vida es sumamente normal, pero por dentro me siento salvaje. No sĂ© cĂłmo explicarlo, pero es como si todos los actos de mi dĂa estuvieran llenos de significado, y el simple hecho de sentirme contenta y tranquila en un mundo donde lo normal es estar agobiado y triste pareciera subversivo.
Una de las cosas que más me está costando vencer en mi camino espiritual/personal es el apego a las ideas, a las emociones y a las experiencias. Cuesta renunciar a la intensidad, sobre todo cuando te lo pasas tan bien como yo enganchándote al drama. Tanto el sufrimiento emocional como las discusiones intelectuales proporcionan una pseudosatisfacciĂłn pajillera de la que es difĂcil desengancharse.
Sin embargo, cuando atisbas aunque sea un resquicio de paz interior te das cuenta de que es todo lo que hace falta. Tienes paz y eres capaz de hacer todo eso que dicen los libros de autoayuda de disfrutar las cosas pequeñas, de encarar los dĂas con la energĂa y la capacidad suficiente para actuar conforme a lo que crees y a lo que quieres conseguir. Al lado de la paz, la intensidad que antes te resultaba placentera ahora te parece una basura, un sucedáneo violento y ansioso de la felicidad verdadera.
Es una pena que esa paz sea difĂcil de alcanzar y conservar. Enseguida viene algo que te desequilibra y te olvidas, te vuelves a enganchar a las emociones y a las ideas y sientes el breve respiro de estar arrastrado por la misma corriente de deseo y de ego que el resto de la humanidad. Lo subversivo es difĂcil y solitario a veces, y lamentablemente Ă©ste no es un camino recto. Pero si sĂłlo fuera capaz de mantener el recuerdo de cĂłmo me siento ahora, de lo sencillo que me parece todo, del descanso que supone abandonar la lucha y la tensiĂłn, creo que harĂa lo que fuera por continuar viviendo de esta manera.