Hoy me faltaba tu anillo. Casi nueve meses despuĂ©s de quitármelo definitivamente del anular, esta mañana, en mitad de una clase de psicobiologĂa, he sentido su ausencia diminuta alrededor de mi dedo, como si me lo hubiera quitado ayer mismo y mi piel extrañara su presiĂłn. QuĂ© cosas, ¿verdad?
¿CĂłmo se describe la ausencia? Durante un par de meses tuve una linea más blanca en la mano morena de finales de verano, pero luego se esfumĂł, y ahora no hay ninguna señal fĂsica que indique que ahĂ descansĂł, durante más de un año, un circulito de plata con dos nombres grabados dentro. “QuĂ© horterada”, dirĂ©is algunos. “Te creĂa más bohemia, menos apegada a anillos y demás convenciones. PensĂ© que lo tuyo seria un rollito alternativo, en plan tĂş-y-yo-sabemos-que-nos-queremos-y-no-nos-hace-falta-más. Y mĂrate, con anillo y todo, como las yolis”. Pues ya vĂ©is.
Me levantĂ© en Pamplona la mañana de mi cumpleaños, en una cama que no era ni tuya ni mĂa, pero que los dos compartĂamos, y te dije “quiero un anillo”. SabĂa que sĂłlo lo llevarĂa yo, porque es verdad que a ti sĂ que no te van esas cosas, y no me imagino ningĂşn tipo de adorno en tus largos dedos de hombre clásico, pero me daba igual. TĂş, como siempre solĂcito y colaborador, me despertaste de la siesta con un anillo de plata que me quedaba grande incluso en el pulgar. “Pero yo lo que quiero es una alianza”, protestĂ© (para variar), inconfundiblemente convencional, decididamente clásica. Fuimos juntos a la joyerĂa y encargamos una tan pequeña que la tuvieron que pedir, porque en la tienda no habĂa. Como yo me iba camino del sur un par de dĂas más tarde, me la mandaste por correo, en su cajita, envuelta en papel de burbujas. Durante un año y pico, mi bohemiez y yo lucimos orgullosas aquella especie de candado simbĂłlico. ¿Para quĂ©? Como prueba. ¿CĂłmo prueba de quĂ©? TĂş y yo lo sabemos, que tampoco vamos a contarlo aquĂ todo.
Mientras escuchaba distraĂda a la profesora de psicobiologĂa, me he preguntado por quĂ© mis neuronas han decidido precisamente hoy acordarse de la alianza. En el pulgar de la otra mano, un corte desafortunado mientras picaba cebolla me trastocĂł permanentemente la sensibilidad de la yema, y la siento siempre como si estuviera un poco irritada. Supongo que tĂş, de alguna forma, me cortocircuitaste muchas neuronas durante el tiempo que pasamos juntos, y no me extrañarĂa que algunas de ellas acabaran precisamente en mi anular.
Moraleja:
Incluso en estos tiempos
Veloces como un cadillac sin frenos
Todos los dĂas tienen un minuto
En que cierro los ojos y disfruto
Echándote de menos.
Sabina dixit.