Hoy mi padre me ha llevado a ver al dermatĂłlogo o Gran GurĂş de la IsotretinoĂna. Cuando le he contado mis males, me ha recomendado no hacer ejercicio, asĂ que he decidido dejar la danza de la panza e invertir el dinero que iba a gastar en clases y trajes para la gala de fin de curso en apuntarme a un taller literario por Internet. ¿Por quĂ©? DejĂ© los talleres porque me aburrĂa estar sentada durante tres horas y escuchar al profesor hablando por enĂ©sima vez del punto de vista del narrador, y tener que oĂr luego la sucesiĂłn de relatos en general chungos de gente que escribe por primera vez en su vida. Que no es que sea elitista, pero la etapa de los cabellos de oro y del dijo Ă©l con tristeza ya la pasĂ© hace tiempo. Aun asĂ, noto que me estoy estancando un poco. Me falta explorar, probar con propuestas nuevas, que alguien me diga quĂ© le falta a mis relatos para qu lleguen a ser todo lo que pueden ser. Alguien con criterio. Y lo de los talleres en Internet no me parece mala idea: el profe lee tu relato y te lo comenta, tĂş puedes criticar y dejar que te critiquen los demás y no tienes que andar aguantando clases magistrales ni conversaciones intelectuales de pausa para el cigarro.
Cuando se lo he contado a mi padre mientras tomábamos una caña en una terraza, me ha dicho que dĂłnde se enteraba uno de eso. "¿Por quĂ© quieres saberlo?", le he preguntado. "Por nada, porque me he puesto a escribir Ăşltimamente, pero escribo muy mal... tengo las cosas muy claras en mi cabeza, pero cuando salen hay algo que falla. Lo reviso y es como leer una mala novela". Dice que está buscando pasatiempos para la jubilaciĂłn, y que escribir le apetece. Que quiere escribir un relato sobre las cajas: sobre cĂłmo antes no se compraban ni se vendĂan, sino que se reutilizaban, y la costura iba a las cajas de latĂłn de los bombones cuĂ©tara, y las fotos a las cajas blancas de las camisas.
QuĂ© tierno, mi padre cirujano, temblando de inseguridad frente a la hoja en blanco. ¿DĂłnde está la facultad de escribir bien o mal? Mi padre lee muchĂsimo y habla muy bien, hilvanando las ideas con claridad y fluidez, sin repetirse. Sin embargo, se pone a escribir y dice que le parece estar leyendo una novela mala; y me fĂo, porque creo que ya he dicho alguna vez que mi padre y yo tenemos gustos parecidos. Si uno registra directamente lo que piensa, no le salen más que frases inconexas, absurdas, entrecortadas. Si se para demasiado, acaba bloqueándose y la escritura se hace forzada. A lo mejor se escribe bien cuando se consigue acallar a las demás voces de la cabeza y escuchar sĂłlo a una, y darle el espacio suficiente como para que pueda terminar sus frases. Entonces tĂş no tienes más que transcribir lo que te dice. Supongo que por eso escribir acaba siendo relajante, catártico: porque el confuso flujo de la conciencia se desenreda por unos minutos y los pensamientos se cierran, completos, hermosos, y da la sensaciĂłn de que la vida empieza al principio de la página y termina cuando tĂş decides poner el punto.
Lo bueno es que, bien o mal, cualquiera puede escribir, y encima están los blogs e internet, democratizando el derecho a publicar y a ser leĂdo. Y escribas como escribas, sobre cajas o sobre porno, para ser famoso o para matar el tedio de la vejez, al final descubres quĂ© es lo que tiene esto de mágico y de tremendamente divertido y te dejas seducir. Y escribes. Y eso es lo importante.