Hay un libro sobre crianza que se llama All Joy And No Fun: The Paradoxes Of Modern Parenthood.
Habla de cĂłmo tener un hijo no te hace feliz, en el sentido de darte un montĂłn de momentos felices, porque a menudo es cansado, y nunca estás en flow. Sin embargo, te da mucha alegrĂa. Una alegrĂa explosiva, existencial, difĂcil de describir.
Por ejemplo: este viernes pasado. Pablo y yo habĂamos pasado la mañana trabajando mientras Alana estaba con Lua, la canguro. DespuĂ©s de comer, quedamos con ellas en el parque para relevar a Lua y llevarnos a la nena para casa.
ĂŤbamos andando por las calles del centro, con Pablo casi corriendo mientras me tiraba de la mano como un niño que va a ver a los Reyes. «¡Alana, Alana —exclamaba—, ¡vamos con Alana!».
Yo andaba a velocidad normal, porque quiero a mi hija con el alma, pero un viernes de sobremesa no estaba para muchos trotes.
Cuando llegamos al parque, Pablo empezĂł a mirar para todas partes, buscando el carrito rosa fucsia que la hortera de una servidora le comprĂł a la nena. Por fin, la localizĂł y empezĂł a llamarla mientras corrĂa hacia ella.
Yo seguĂ caminando, cegada por el sol de media tarde, hasta que la vi. Llevaba dos coletas, que yo casi nunca le hago porque se las quita enseguida y me desespera, e iba vestida con una sudadera roja con capucha y unos vaqueritos caĂdos, como un rapero diminuto.
Caminaba hacia mĂ con el sol de espaldas, que hacĂa brillar sus dos coletas con un halo dorado. Era de una belleza dolorosa. ¿Sabes cuando estás con un chico guapo, y camina hacia ti, y no puedes creerte que sea tuyo y que seas tĂş la destinataria de esos pasos? AsĂ me sentĂa yo. Sin poder creerme que esa fuera mi hija.
Después jugamos a perseguirnos, y Alana golpeó con un palo una escultura metálica durante HORAS, y se tiró en el suelo revolcándose en el polvo como una croqueta.
All Joy And Quite A Lot Of Fun, dirĂa yo.